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¡Que vivan los estudiantes!
DISPAROS AL AIRE
CAMILO A. GONZÁLEZ PACHECO
Reapareció políticamente la juventud. Ya era hora. De nuevo Francia volvió a presenciar manifestaciones multitudinarias de jóvenes que se oponen a una propuesta legislativa impulsada por el Gobierno de elevar la edad de retiro de 60 a 62 años.
Contrario a las anteriores e históricas movilizaciones, en especial la de mayo del 68, esta vez no pedían el cambio de sociedad, sino expresaban su oposición al mencionado proyecto de ley, por cuanto consideran que atrasa por más años el ingreso al empleo en su país. Buscaban derechos para ahora, en el presente, más que sanas utopías futuras. “No queremos vivir peor que nuestros padres”, era una de sus principales consignas.
Resulta entonces interesante evidenciar que la juventud europea parece interesarse por la política, cuando la apatía en relación con esa actividad, asimilada allá –al igual que por acá- por lo general a corrupción y monotonía, les resultaba poco interesante. Y, causa envidia de la buena ver movilizada conscientemente a la juventud francesa, mientras la colombiana no se mueve políticamente ni para exigir paz, igualdad o justicia social, que reclaman en desesperante silencio las mayorías sociales de nuestra Patria.
Y, a estas alturas, ¿en qué anda la juventud colombiana? No la sentimos preocupada por el futuro político del país. Además, muy pocas veces lo ha estado. De ahí que esta haya sido una sociedad cerrada a los cambios, con los ojos en la nuca. Inmersa en un pasado de explotación, violencia y desigualdad. Se movilizó tímidamente, en la promoción de la papeleta que dio origen a la Constitución del 91. Afortunadamente. Pero de resto, nada. Los debates electorales, por ejemplo, ni los registra. La indiferencia política es por demás preocupante, teniendo en cuenta también que poderosos sectores de la sociedad colombiana confunden perversamente oposición con subversión armada.
Otro mensaje que podemos recibir de la movilización juvenil en Francia, contra un Gobierno calificado de centro derecha, es sólo una confirmación histórica: la juventud se mueve a través de organizaciones democráticas de izquierda. La derecha, la motiva a la movilización, pero no la moviliza. De ahí, por ejemplo, que el socialismo siga siendo un patrimonio político de la juventud. Ese es otro gran escollo en Colombia: surgen organizaciones políticas con probada presencia nacional, pero no expresan opciones de cambio democrático. Quizá también por ello nuestra juventud –políticamente hablando- duerme una prolongada siesta existencial.
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