El estroma de D. rex es una columna carnosa, blanquecina cuando es joven y amarillenta con la edad, cubierta de una pelusa fibrosa y salpicada de puntos negros, que son los orificios por los que escapan las esporas
Estromas de Dianjunus rex en el campo. Crédito: J. Song et al. 2026
Antonio García
Labarujulaverde.com/14/101/2026
Un equipo científico de China, Tailandia y México describe en los bosques de Yunnan un hongo de hasta 50 centímetros de alto y 2,2 kilos, tan distinto de sus parientes que ha obligado a crear un género y una familia nuevos. Su linaje habría surgido hace unos 65 millones de años, poco después de la extinción de los dinosaurios.
Hasta ahora, los cuerpos fructíferos más grandes conocidos entre los ascomicetos, el grupo más numeroso de hongos, medían entre 20 y 30 centímetros de altura, lo que un folio DIN A4 puesto de pie. Investigadores del Instituto de Botánica de Kunming (Academia China de las Ciencias) han encontrado en Yunnan, al suroeste de China, uno que alcanza los 50 centímetros y que llega a pesar 2,2 kilos.
La especie se llama Dianjunus rex y acaba de presentarse en la revista Frontiers in Fungal Biology. El gigante tiene además otra particularidad: no encaja en ninguna familia conocida. Por eso los autores proponen una nueva, Dianjunaceae, dentro de los xilariales, un orden de hongos al que pertenecen muchas especies que viven sobre madera muerta.
Indunil C. Senanayake, profesora asociada del Banco de Germoplasma de Especies Silvestres del Instituto de Botánica de Kunming, describe el hallazgo como una ventana poco habitual a la evolución de formas fúngicas extremas.
Un hongo que no es una seta
Cuando se piensa en un hongo se imagina una seta, con su sombrero y su pie, pero los ascomicetos funcionan de otra manera. Con más de 64.000 especies, no desarrollan setas verdaderas. Sus esporas, las diminutas células con las que se propagan y que cumplen un papel parecido al de las semillas, salen de pequeños sacos microscópicos situados dentro o sobre la superficie de unas estructuras llamadas estromas.
El estroma de D. rex es una columna carnosa, blanquecina cuando es joven y amarillenta con la edad, cubierta de una pelusa fibrosa y salpicada de puntos negros, que son los orificios por los que escapan las esporas. Según la descripción del estudio, su forma varía entre cilíndrica, de huso y palmeada, y a veces se ramifica desde la base. La parte que queda bajo tierra es negra y lisa, y hace de pie.
Los ejemplares se recogieron en tres puntos de la provincia, entre agosto de 2024 y julio de 2025. Dos son bosques templados de coníferas, cerca de Damaidi (en el municipio de Kunming) y de Yipinglang (en Lufeng). El tercero es una selva tropical cerca de Nanbang, en la prefectura de Xishuangbanna, en el sur de Yunnan.
Según la nota de prensa de la revista, crecían sobre raíces leñosas de alcornoque chino y brotaban de la rizosfera, la franja de suelo que rodea las raíces. El estudio describe a la especie, en general, como una que surge de las raíces de plantas hospedadoras moribundas.
Dianjunus rex. Crédito: J. Song et al. 2026
Medio metro, pero ¿el más grande?
El propio artículo presenta a D. rex como el hongo con las mayores fructificaciones documentadas entre los ascomicetos, aunque conviene afinar. En su introducción, los autores recuerdan a Engleromyces goetzei, un hongo que crece sobre cañas de bambú y del que se documentó en Kenia un ejemplar de dos lóbulos de unos 30 centímetros de diámetro y alrededor de 3,2 kilos (Gibson y Kimeria, 1962; Whalley y colaboradores, 2010). Con los datos del propio estudio, el hongo de Yunnan gana en altura, pero ese ejemplar africano lo supera en peso.
Tampoco debe confundirse con el récord de tamaño absoluto entre los hongos, que corresponde a otra cosa. Un ejemplar de Armillaria ostoyae del Bosque Nacional Malheur, en Oregón (Estados Unidos), se extiende bajo tierra por unos 9 kilómetros cuadrados. Es una red de filamentos enterrada casi por completo. Lo de Yunnan es la estructura visible que sirve para soltar esporas.
Para decidir que no era una especie más, el equipo combinó el estudio de la forma con la comparación del ADN de varios fragmentos con el de unas doscientas cepas de hongos emparentados, y secuenció además el genoma de tres ejemplares. El análisis lo sitúa como grupo hermano de Graphostromataceae, una familia a la que pertenece, entre otros, Graphostroma platystoma. Este es su pariente más cercano conocido, vive sobre madera muerta de árboles de hoja ancha por todo el hemisferio norte y forma por sí solo esa familia.
La cercanía genética contrasta con el aspecto. Las esporas del hongo de Yunnan, pardas al madurar, presentan una hendidura en forma de S que lo distingue de sus vecinos, y esa diferencia, junto con las del ADN, bastó para proponer la familia nueva. Los nombres figuran a nombre de Fuqiang Yu, Jesús Pérez-Moreno (del Colegio de Postgraduados, en México) y Senanayake.
El nombre del género guarda la historia de la región. Dianjunus une «Dian» con jūn, que en chino significa «hongo», y rex alude a su tamaño regio. El reino de Dian fue una sociedad de fundidores de bronce que se asentó en torno al lago Dian, junto a la actual Kunming, hasta que en el 109 a.C. quedó anexionado por la China de la dinastía Han bajo el emperador Wu.
Sus reyes se enterraron en Shizhaishan, donde en 1956 apareció un sello de oro con la inscripción «Sello del rey de Dian», el que según el historiador Sima Qian entregó el emperador al soberano tras su sumisión. Esa historia nos queda a unos 2.100 años. El linaje del hongo, a más de 30.000 veces esa distancia.
Una familia nacida tras la gran extinción
Para fechar el origen de Dianjunaceae, los autores recurrieron a un reloj molecular. El principio es sencillo. Los genes acumulan cambios a un ritmo más o menos regular, de modo que, comparando el ADN de especies cuyas fechas de separación ya se conocen, se puede estimar cuándo surgió un linaje nuevo.
El resultado sitúa el nacimiento de la familia hace unos 65 millones de años, a comienzos del Paleoceno, apenas un millón de años después de la extinción masiva que acabó con los dinosaurios y, según el estudio, con cerca de tres cuartas partes de las especies animales y vegetales.
Senanayake plantea una posibilidad. Tras aquella catástrofe los bosques cambiaron de forma drástica y apareció de golpe una enorme cantidad de vegetación muerta, así que a los hongos que se alimentan de ella pudo abrírseles un abanico de oportunidades nuevas. Es una hipótesis, no una conclusión, y conviene recordar que una fecha obtenida con un reloj molecular es una estimación con su margen de error, no un año exacto.
Un genoma con menos herramientas de las esperadas
Los xilariales son conocidos por fabricar compuestos químicos muy variados y por contar con enzimas capaces de romper las moléculas más resistentes de las plantas, y los autores apuntan que esas enzimas podrían ayudar también a D. rex a digerir la madera muerta. El genoma de los tres ejemplares secuenciados añade un matiz.
Estos hongos descomponen la materia vegetal con un repertorio de enzimas especializadas en trocear azúcares complejos, y el de D. rex resulta ser el más reducido de los comparados, con menos de la mitad de las que tienen parientes como Xylaria o Daldinia. Algunas, como las que atacan la pectina (el pegamento natural que une las células vegetales), casi no aparecen.
Qué significa esa austeridad para su modo de vida queda por aclarar. El dato llama la atención en un hongo que brota de raíces leñosas, y lo publicado hasta ahora no permite saber qué implica para su forma de alimentarse.
Yunnan, un bosque aún por catalogar
Yunnan ocupa unos 394.000 kilómetros cuadrados, casi cuatro quintas partes de la superficie de España, y en su territorio se cruzan tres de los cuatro puntos calientes de biodiversidad (zonas especialmente ricas en especies y a la vez amenazadas) con que cuenta China, según un trabajo de 2023 sobre los hongos de la región. A veces se la llama «el reino de los hongos». Aun así, una estimación de Feng y Yang (Plant Diversity, 2018), recogida en ese trabajo, apunta a que apenas se ha descrito en torno al 6 % de los hongos que podrían vivir allí.
Senanayake atribuye esa laguna a la dificultad logística del trabajo de campo, a que muchos hongos fructifican solo en ciertas épocas y de forma discreta, y a que históricamente se han estudiado sobre todo los de interés económico. Los autores esperan más hallazgos en el subtrópico chino, pero quedan preguntas sobre el propio gigante. Su hipótesis es que una estructura que sobresale de la hojarasca y de la vegetación del suelo podría esparcir mejor sus esporas con el viento en bosques densos.
Levantar algo así exige mucha energía, así que la estrategia solo habría evolucionado donde el beneficio compensase el coste. Por ahora es una conjetura, a la espera de comprobar si ser alto compensa de verdad en los bosques de Yunnan.
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FUENTES
Song J, Yan Z, Pérez-Moreno J, et al. (2026), Unearthing a fungal giant: Dianjunaceae fam. nov., a novel Paleocene lineage of Xylariales harboring Dianjunus rex gen. et sp. nov. Front. Fungal Biol. 7:1940464. doi: 10.3389/ffunb.2026.1940464
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