Las temperaturas de algunas zonas del Pacífico oriental superan en 4 °C la media y los investigadores alertan de posibles daños ecológicos a escala mundial
Los bancos de algas de California, un hábitat vital para diversas especies marinas, han sido víctimas de anteriores olas de calor marinas. / Crédito: Ralph Pace / Science.
Pablo Javier Piacente
Levante-emv.com/16 OCT 2026/ 16:08
El Pacífico ecuatorial se está calentando a un ritmo excepcional: científicos de todo el planeta advierten que El Niño 2026-2027 podría convertirse en uno de los episodios más intensos registrados hasta hoy, según un artículo publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS).
Sus efectos no se limitarían a sequías, inundaciones e incendios: los cambios en la circulación oceánica amenazan también las redes alimentarias marinas, la pesca y la recuperación de ecosistemas vulnerables. En su informe del 8 de octubre, la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) registró temperaturas superficiales más de 4 °C por encima de la media en algunas zonas del Pacífico ecuatorial oriental, según informa Science.
La agencia calcula que hay más de un 83 % de probabilidades de que se mantenga un episodio fuerte o muy fuerte entre enero y marzo de 2027. Aunque algunas previsiones anteriores apuntaban al 90 %, el pronóstico oficial más reciente modera esa cifra sin alejar la preocupación.
Un fenómeno natural, pero que puede volverse extremo
El Niño es una oscilación natural del sistema océano-atmósfera. Cuando los vientos alisios se debilitan, las aguas cálidas se desplazan hacia el este y disminuye el afloramiento de agua fría cargada de nutrientes frente a Sudamérica. Ese reajuste altera las lluvias y las temperaturas en distintas regiones: cuando el episodio es extremo, las consecuencias pueden propagarse mucho más allá del Pacífico.
El impacto sobre el mar ya ofrece señales concretas. Las imágenes del satélite PACE de la NASA comparadas con las de 2025 muestran menos clorofila, un indicador de la presencia de fitoplancton, en amplias zonas del Pacífico central durante junio de 2026. Al reducirse el afloramiento, llega menos alimento a la base de la cadena trófica: el zooplancton, los peces, las aves marinas y los mamíferos dependen, directa o indirectamente, de esa producción microscópica.
Incidencia en los ecosistemas marinos
Un ejemplo es la pesca de la anchoveta peruana, una especie esencial para la economía pesquera y las cadenas alimentarias. Las autoridades han suspendido repetidamente la actividad para proteger el recurso, mientras se han observado pelícanos acercándose a puertos y zonas urbanas en busca de alimento. Si el calentamiento persiste, la presión sobre las poblaciones de peces y sobre las comunidades que viven de la pesca podría aumentar.
El artículo publicado en PNAS y firmado por trece especialistas aconseja prepararse para un episodio que podría situarse entre los más fuertes del registro moderno. Los autores plantean que el fenómeno debe entenderse como una prueba de resistencia para los ecosistemas marinos, los sistemas de observación científica y las instituciones que gestionan los recursos. El calentamiento del fondo del océano, impulsado por las emisiones de gases de efecto invernadero, eleva la temperatura de partida y favorece olas de calor marinas más intensas.

La actividad humana, muchas veces ajena a los ciclos naturales, intensifica el calentamiento global y potencia fenómenos climáticos extremos. / Crédito: Matt Palmer en Unsplash.
Impacto en el clima y la agricultura
En tierra, El Niño puede desplazar los patrones de precipitación y elevar el riesgo de impactos opuestos según la región: sequías e incendios en algunas zonas, lluvias torrenciales e inundaciones en otras. La agricultura es especialmente sensible: la alteración de las lluvias en momentos clave puede reducir cosechas, mientras el calor y la falta de agua agravan el estrés de los ecosistemas. Vale destacar que esto no significa que todos los territorios vayan a sufrir simultáneamente ni con la misma intensidad: El Niño reorganiza patrones regionales y estacionales, no produce una respuesta climática uniforme.
Los investigadores sostienen que los efectos ecológicos pueden acumularse. En otras palabras, un ecosistema sometido a repetidas olas de calor, pérdida de alimento o estrés hídrico dispone de menos margen para recuperarse. En algunos casos, las perturbaciones podrían acercar sistemas vulnerables a puntos de inflexión. No se trata aún de un colapso global inevitable, pero la relación entre cambio climático e intensidad de cada El Niño aprieta un poco más la soga al cuello en términos de equilibrio planetario.
Actuar a tiempo
La prioridad, según señalan los científicos, es anticiparse: reforzar la vigilancia del océano y las zonas de pesca, adaptar la gestión de las capturas, preparar planes frente a incendios e inundaciones y proteger los ecosistemas que amortiguan los impactos.
El Niño es natural, pero sus consecuencias dependen también de la vulnerabilidad creada por la actividad humana. La advertencia no anuncia un desastre apocalíptico: significa aprovechar las previsiones para reducir daños antes que el fenómeno alcance su máxima expresión, al mismo tiempo que funciona como una nueva y repetida llamada de atención sobre el impacto humano en el ambiente.
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Referencia
Marine ecosystems in peril: Time to prepare for super El Niño. John F. Bruno et al. PNAS (2026). DOI:https://doi.org/10.1073/pnas.2623156123
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Fuente:
