Dar nuestro brío a la conformación de un Frente por la vida y a colocar las calles como fortín de nuestras luchas
Editorial: Emancipación N° 1058
La crisis sistémica del capitalismo avanza
mientras condena al mundo a la explotación y acumulación sin límites, a la
guerra eterna, a la disputa violenta por los recursos energéticos y cadenas de
suministros, al agotamiento de los recursos, desempleo masivo, migraciones forzadas,
precarización, pobreza, destrucción ambiental y social. Un sistema que desplaza
permanentemente capital hacia la industria militar que le da respiro,
reforzando conflictos para sostener la acumulación. El caos global se hace
connatural al sistema, igual que la intimidación, la violación a toda norma y derecho
internacional, es decir a la barbarie, que hace que los propios capitalistas
reconozcan hoy que su sistema es un desastre, no solo para el planeta, sino
para la humanidad que enfrenta delirantes límites ecológicos y financieros. La
especulación, la agresión militar, la componenda, la compra de conciencias, la
intimidación son pan de cada día a través de arietes como los emporios,
multinacionales, la CIA, EL MOSSAD, LAS SECTAS RELIGIOSAS que como brazos híbridos
extienden la deshumanización estadounidense.
En medio de este panorama, Colombia se encuentra atrapada en la más
oscura tramoya deparada por un oprobioso destino histórico fincado de hace
mucho, bajo la férula imperial quienes, confabulados con las élites oligárquicas
criollas y el oportunismo arribista de los traidores que nunca ha de faltar, le
han facilitado su dominio a lo largo de siglos. Basta solo recordar que los
intereses estratégicos de Estados unidos siempre han estado por encima de los
intereses nacionales como por ejemplo la construcción del canal interoceánico
en Panamá, los sucesos iniciales fallidos de Washington con París para
financiar la secesión panameña y luego acaecidos en 1903, el Tratado Hay-Bunau
entre EE.UU y Panamá sin participación colombiana otorgándose el control de la
zona del Canal, dolorosos episodios que
condujeron a la separación como instigación directa y apropiación del territorio
a través de la intimidación y posesión con buques de guerra y bloqueo, consolidándose
la dependencia respecto a Washington árbitro a la sombra de su política
exterior e interior. Desde entonces ha intervenido a su antojo en temas de
seguridad, lucha “antidrogas”, “cooperación”, condicionando la soberanía, los
recursos y su suerte. La separación de Panamá no fue solo un despojo
territorial, sino que consolidó una relación neocolonial de la cual lamentablemente
no hemos podido salir.
No obstante, la resistencia frente a la influencia y dominio neocolonial ha marcado múltiples sucesos en la vida colombiana. Cómo no recordar la valerosa lucha de Jorge Eliecer Gaitán que representó una alternativa popular con propuestas concretas de reforma agraria, justicia social, soberanía y cuyo asesinato en plena novena Conferencia Panamericana (para fortalecer la OEA no dejó ninguna duda de la intervención de EE.UU en la sombra) provocaron la insurrección popular que imprimió el tenebroso sello de “la violencia” partidista e impidió una salida soberana y democrática para los desposeídos en Colombia. Este hecho cercenó la posibilidad de construir un proyecto de autonomía popular mostrando la fuerza y energía de las masas, pero también, la carencia de dirección, educación y organización sustancial para su triunfal acometido.
El pueblo colombiano ha tenido una innegable y valerosa tradición de lucha y resistencia desde los pueblos originarios que enfrentaron la conquista española, el poder colonial con figuras destacadas como Tisquesusa, Calarcá, Martín Pomala, el CRIC, entre otros, por la defensa de resguardos, sus tierras, derechos colectivos, reconocimiento político, territorial y contra el despojo, que se prolongan hasta hoy. Ahora, que decir del glorioso levantamiento de los comuneros en 1781 verdadero símbolo de soberanía popular, de las juntas provisionales en las guerras de independencia conducentes a la creación de la Gran Colombia, la constitución federal de Rionegro, las luchas campesinas, estudiantiles, profesorales, de las clases populares en pleno inicios, durante y finales del siglo XX. Grandes experiencias de resistencias frente al latifundio, la intervención extranjera, la autonomía territorial, la vivienda, el salario… porque cada avance en el reconocimiento de los derechos democráticos, en la autonomía universitaria, libertad de cátedra, salario mínimo, salud y educación como derecho universal… en el derecho mismo a la vida han surgido de las luchas populares y no de concesiones voluntarias del poder.
Hoy Colombia afronta uno de los mayores retos de su historia. La imposición cimentada (como era previsible si desde el análisis no olvidamos el materialismo dialéctico-histórico), por el norte con Trump, el sionismo, sus secuaces en América latina y las élites oligárquicas a rajatabla como presidente al ilegítimo Abelardo de la Espriella, es otro episodio de afrenta a la soberanía y a la esencia de lo que somos como pueblo. La renovada entrega a mansalva de la soberanía, los minerales críticos y la intervención militar so pretexto de cooperación como ha sido la dolorosa historia republicana, la eliminación de derechos y trasegar el sinuoso sendero del autoritarismo, nos impele a dar nuestro brío a la conformación de un Frente por la vida y a colocar las calles como fortín de nuestras luchas.
Resistencia civil contra el autoritarismo y el fascismo
Defensa soberana de los recursos frente al capital especulativo
No a bases ni militares gringas en nuestro territorio
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Nota de Redacción E.O
GMM
