Frente al vaciamiento tecnocrático de la vida, la economía, la política, la educación, la pedagogía es urgente defender la solidaridad, la crítica, el humanismo, la soberanía, la defensa de los derechos democráticos, el antimperialismo, la justicia social, que son inseparables de la emancipación humana
Imagen Ilustrativa E.O con Nano Banana 2
Editorial: Emancipación N° 1057, septiembre 5 de 2026
Trasegamos una época no de perturbación temporal, sino de agotamiento estructural del capitalismo, incapaz de dar solución a los ingentes problemas de la vida humana, porque en sí, se ha convertido en su antítesis, es decir, en la causa esencial de su inestabilidad, amenaza civilizatoria y existencial.
El deterioro ambiental no cesa, se incrementa sobre todo en lo relacionado con el clima, agua, territorio habitable, recursos comprometiendo sin par las bases materiales, ambientales, sociales, políticas, económicas, tecnológicas e incluso militares del vivir colectivo en amistad y desarrollo. Los combustibles fósiles son responsables de la mayoría de emisiones de CO2, de más del 80% de la energía primaria del planeta, de la liberación de partículas a la atmósfera que causan prematuramente la muerte de millones por enfermedades cardiovasculares o respiratorias. La contaminación por derrames y residuos minero energéticos afectan ecosistemas, cadenas alimentarias y vida misma. Pero el problema ambiental, no para ahí, redefine la geopolítica, porque no afecta a todos por igual, el poder económico impone qué proteger y quién paga su deterioro generando mayor desigualdad estructural del sistema. El rebasamiento climático es ya inevitable, así lo reconoció la ONU recientemente, de que el calentamiento global superará los 1.5 °C.
La denominada “transición ecológica” se devela como una estrategia quimérica atada, además de los límites físicos del planeta, por la demostración de que a pesar de los aumentos en eficiencia tecnológica no se reduce el consumo dominante de recursos energéticos fósiles (petróleo, carbón y gas natural), sino al contrario, se acumulan y expanden, dada la lógica del capital que prioriza rentabilidad sobre mesura, depredación sobre cuidado, avaricia sobre pobreza e insatisfacción de las necesidades humanas.
La confrontación ha sido llevada al extremo. La disputa del poder del capital no es solo militar, es multidimensional: económico, energético, tecnológico, de datos, financiero, geoestratégico, ideológico, cultural, geopolítico. Refleja la lucha por definir el orden mundial. La guerra por delegación a favor del imperio (Ucrania contra Rusia), el choque militar directo y la “guerra económica” (EE.UU Vs Irán) expresan la resistencia hegemónica imperial frente al mundo multipolar, otra forma del capitalismo, aún menos rapaz, pero capitalismo al fin. Si bien, para el imperio la escalada bélica le ha resultado en desgaste, mayor pérdida de influencia, la respuesta asimétrica en el caso de Irán lo ha debilitado económica, militar y políticamente, dado que puso al descubierto el rotundo fracaso de la coerción (a través del mayor equipamiento militar, amenaza, chantaje, bloqueo marítimo, sanciones, “operación paria”…), pero también, ha acelerado la transición energética hacía tecnologías chinas y más desdolarización, permitiéndole al dragón quedarse con mayor influencia diplomática y de reconstrucción en Oriente medio y Asia Central sin disparar un solo tiro. No obstante, para Latinoamérica siguen resonando tambores de recolonización y embestida imperial que se ampara en su denominado “patio trasero” para aupar sus fuerzas, recuperar el desgaste, acelerando en todos los frentes su despótica iniciativa.
La recolonización de Venezuela después del secuestro de su presidente constitucional, le ha dado a la superpotencia occidental un nuevo aire de poder y amenaza, a más del apoyo incondicional de unas élites lacayas, dispuestas a vender su alma al diablo. La imposición de la tutela política sobre la corrupta dirigencia venezolana encabezada por Delcy Rodriguez, le acaba de dar una victoria al imperio para recuperar su reserva estratégica a través de un “acuerdo petrolero” por 100 años de duración, asumiendo el control de producción de un 55% de 17 campos estratégicos, equivalente a la astronómica suma de 65.000 mil millones de barriles a precio de coste, desangrando al pueblo de su principal recurso. Es el despojo de la soberanía y la pérdida de autonomía material que viene imponiendo a Latinoamérica el acusado de abusador sexual de la Casa Blanca.
La transformación de la guerra en una carnicería tecnificada, la imposición de códigos tecnológicos para el control social, político y militar en la vida de las naciones con la denominada cadena de muerte digital llevada a cabo por empresas estadounidenses e israelíes militares y de ciber espionaje, análisis masivos de datos como “Palantir”, demuestran que la cacareada “libertad de mercado” o “democracia occidental”, son simplemente una vía autoritaria imperial a través del denominado “tecno fascismo” y el “gobierno del algoritmo” que además de promover una concepción vertical basada en la imposición de ideologías de derecha, relatos, datos y algoritmos de inteligencia artificial, hacen efectiva la manipulación de sistemas de escrutinio electoral, fraude como lo ocurrido recientemente en Colombia, Chile, Bolivia, Ecuador, Perú, el Salvador… para moldear artificial y masivamente la opinión de las mayorías en su interés o la de sus acólitos. La restauración de la guerra total en Colombia propugnada por el facho pelele impuesto por la metrópoli desde Washington, sigue esta deriva neoreaccionaria de incondicionalidad con el eje Bélico Occidental de EE.UU. Políticas de permitir operaciones militares conjuntas con el Comando sur sobre el supuesto de enfrentar a las bandas del narcotráfico, o facilitar mejoras de seguridad, va acompañada de una “batalla cultural” que tiene por objeto reimplantar la privatización de empresas del Estado, criminalizar las agendas de derechos humanos, diversidad, educación sexual, autonomía universitaria, libertad de cátedra, movilizaciones sindicales, indígenas, campesinas, estudiantiles…
La estrecha alianza entre la extrema derecha y los magnates de Silicon Valley o “Magníficos 7”( Apple, Microsoft, Alphabet (Google), Amazon, Nvidia, Meta (Facebook) y Tesla), las grandes tecnológicas, facilitan el apoyo ideológico y político a esta restauración neoconservadora respaldando la vuelta de hoja al oscurantismo, rechazando el universalismo de la igualdad, el respeto a la diversidad, al autogobierno de las mayorías.
El fascismo contemporáneo, dice Slavoj Žižek, no se presenta como dictadura sino como populismo autoritario que manipula la democracia y la tecnología para perpetuar desigualdades. Por eso frente al vaciamiento tecnocrático de la vida, la economía, la política, la educación, la pedagogía es urgente defender la solidaridad, la crítica, el humanismo, la soberanía, la defensa de los derechos democráticos, el antimperialismo, la justicia social, que son inseparables de la emancipación humana.
La Redacción
GMM
