La evaluación debe ser formativa, para la vida, no para los requerimientos del capital o del mercado
¿Cómo asumir colectivamente la responsabilidad de formar seres humanos conscientes, libres, solidarios, críticos y capaces de transformar efectivamente su realidad?
Imagen E.O con Nano Banana 2
EDITORIAL :
Emancipación N° 1059/
SEPTIEMBRE 19 DE 2026
Los resultados de las Pruebas PISA obligatorias
en la mayoría de países (91 en total y más de 760.000 estudiantes evaluados,
muestra representativa actual aproximada de 33 millones), coordinado por la
OCDE ha generado una alerta y preocupación mundial, dado que mide el
rendimiento educativo de menores de 15 años próximos a la finalización de la
educación formal en tres áreas principalmente a saber: Competencia Lectora
o la capacidad para comprender, utilizar, evaluar, reflexionar e interactuar
con textos que permitan obtener metas tanto en desempeño personal como social; Competencia
Matemática o la habilidad para emplear, formular e interpretar cálculos,
operaciones matemáticas en situaciones que básicamente se requieran en la
realidad; Competencia Científica o la
capacidad para desenvolverse elementalmente con temas e ideas científicas
como explicar fenómenos, evaluar, interpretar datos e investigaciones.
Titulares, cifras, análisis,
artículos de opinión y un sinnúmero de reacciones ponen en entre dicho a los
actores educativos, dependiendo del interés político que descontextualizado,
acalorado o no, se pretenden bosquejar, imponer como descargos o argumentos
para justificar o darles sentido a las cifras esbozadas. Los mejores resultados
los obtuvieron jóvenes de regiones chinas de Pekin, Shanghái, Jiangsu,
Zhejiang, y Singapur, entre otros. Pero el escándalo mayor, reside en que el
rendimiento general de los países adscritos, disminuyó como nunca antes en la
historia, especialmente relacionados con lectura: como evaluar información,
establecer conexiones entre múltiples fuentes y pensar críticamente sobre lo
leído. No obstante, los debates globales se han centrado sobre los diagnósticos
estructurales y discusiones de validez del modelo. Algunos no sin razón se
centran en los efectos de la postpandemia, la enorme disparidad de brechas
socioeconómicas en cada uno de los países y regiones, el sesgo de la
estandarización, la focalización, la distracción digital, el mal uso de la IA, el
uso político como instrumento de ataque o propaganda para señalar a algunos
actores educativos, organizaciones sociales, sindicales, gobiernos como culpables
de la catástrofe.
Pareciera que la
sociedad haya perdido el rumbo, la memoria, el saber y la obligación sustancial
de a quienes corresponde educar. Desde la antigüedad, pasando por la pedagogía
clásica hasta hoy ha sido, y es de conocimiento general que la educación involucra
sin lugar a dudas, la participación corresponsable de diversos actores:
familia, escuela, comunidad, sociedad, medios de comunicación, Estado. Es decir,
todas las personas, instituciones, grupos sociales que directa o indirectamente
intervienen en este proceso intrínseco de formación del ser humano. Por ejemplo,
se espera que la familia, los padres de familia o quienes hagan su papel, realice
la primera y fundamental formación afectiva, moral, social, cultural,
disciplinar, así lo reflexionaba Aristóteles como primer espacio donde el niño
aprende lenguaje, vínculos afectivos, normas, formas de convivencia; Juan Amos Comenio,
padre de la didáctica moderna concebía la educación desde la infancia en
relación íntima con la familia, sin delegar completamente esta responsabilidad
educativa en la Escuela. A la escuela le corresponde sistematizar
organizadamente la enseñanza asistiendo los procesos requeridos para un
desarrollo integral, lo hace enseñando conocimientos académicos, culturales,
científicos, enseñando a convivir, al respeto por las normas, a trabajar
colectiva y socialmente, a obrar de manera responsable, fomentando el
pensamiento autónomo, la reflexión crítica y la resolución de problemas en
forma respetuosa, dialogada, respetando la diversidad, la diferencia. Al docente, tan injustamente cuestionado hoy,
le corresponde mediar, orientar, acompañar, desatar las diversas dimensiones humanas
mediante aprendizajes significativos. A los medios de comunicación, los que más
incumplen hoy su función y al Estado, cuyo papel es garantizar de forma universal
el derecho a la educación, estableciendo los mecanismos, presupuestos, infraestructura,
medios para que sea efectiva al igual que el establecimiento de políticas
acordes a el respeto, la equidad, la justicia de sus propias políticas
educativas, a influir positivamente en la construcción de la verdad, del
conocimiento, valores y comportamientos afines al respeto de todo ser viviente,
del entorno, del planeta, de los intereses sociales y comunales. Se espera
siempre que el estudiante, como actor principal del conocimiento pueda adquirir
consciencia de su rol como sujeto activo y no pasivo del proceso de enseñanza
aprendizaje. En fin, educar es una responsabilidad
de toda la sociedad siempre en forma diferencial y complementaria. Sin
embargo, a la hora de evaluar los resultados las corresponsabilidades se disipan
y es fácil señalar al docente de tamaño compromiso o alguno de los actores
educativos exclusivamente.
Evaluar como proceso sistemático debe permitir allegar la más amplia información para poder valorar y establecer los resultados de la enseñanza aprendizaje de modo que permita la toma de decisiones acertadas y las correcciones necesarias que puedan surgir, lejos de las reducciones en notas o exámenes. La evaluación debe ser formativa, para la vida, no para los requerimientos del capital o del mercado, ni para establecer rankings punitivos o estigmatización de actores educativos.
Los resultados de las evaluaciones corresponden a procesos socio históricos y a responsabilidades comunes. No es que no surjan errores, faltas o traspiés o irresponsabilidades de los actores, ni proporcionadas incidencias, sólo que es más fácil culpar a alguien, de lo que nos corresponde a todos, de modo que ni es responsabilidad exclusiva de los docentes, ni la educación puede totalmente delegarse a la escuela. Como lo han afirmado los mejores pedagogos, educar es un “proceso de humanización compartida”, compleja y su consecuencia depende de las múltiples influencias familiares, comunitarias, culturales, escolares, sociales atravesadas por las posibilidades y su materialización. Por eso siempre será válida la pregunta: ¿Cómo asumir colectivamente la responsabilidad de formar seres humanos conscientes, libres, solidarios, críticos y capaces de transformar efectivamente su realidad?
Nota de Redacción
G.M.M.
