Lo que está operando es precisamente un fascismo renovado. Actualizado a las dinámicas comunicativas digitales
Manifestación "Mano a Mano" contra el Fascismo en Berlín — Flickr / Stefan Müller
Elvin Calcaño*
diario-red.com/31/08/2026
Estos tiempos donde un puñado de oligarcas tecnológicos concentran fortunas astronómicas y controlan todo lo que llega como “información” a nuestros dispositivos digitales, al tiempo que directamente compran presidentes y a otros los imponen vía manipulación masiva en redes sociales lo que está operando es precisamente un fascismo renovado
Una de las grandes debilidades de los sectores de izquierda, progresistas y democráticos en general de hoy es su incapacidad de nombrar las cosas tal como son. Por ello, aun con los claros indicios de que estamos en un momento fascista de la historia, poca gente de esos espacios pueda afirmarlo así. No obstante, para quienes asumimos el análisis político desde una perspectiva histórica, si algo nos queda claro de todo lo que estamos viendo hoy (genocidio, discursos de odio, anti izquierdismo, racismo, gobiernos que defienden el supremacismo blanco, etc.) son precisamente los signos fascistas de esta época.
Dicho lo anterior, a continuación, explico en tres puntos porqué decimos que estamos en un momento fascista de la historia:
Primero: El capitalismo, desde su consolidación con el Estado legal-burocrático moderno, procesa sus crisis incentivando la lógica fascista. El fascismo siempre se expresa como una alianza entre sectores militares reaccionarios, clases medias precarizadas y segmentos empresariales asustados. En escenarios de crisis esta alianza crea o fomenta la aparición de expresiones políticas de signo fascista para que operen como su brazo político con el cual confrontar las alternativas de izquierdas críticas del capitalismo. Todas estas figuras de ultraderecha que vemos hoy (Trump, Milei, Vox, Bolsonaro, De la Espriella, Kast y demás) no son más que ese brazo político de corte fascista operando en el terreno político y cultural actual a fin de garantizar que el procesamiento de las crisis que hoy asuelan nuestros países no gire hacia el surgimiento de alternativas de izquierda o progresistas que desmonten el esquema de privilegios y márgenes de acumulación imperante.
En el caso latinoamericano esto adquiere una especificidad, la cual tiene que ver con la concepción patrimonial del poder de nuestras élites dominantes, lo que les viene de la urdimbre colonial en la que se constituyeron nuestros países; y que, en consecuencia, orienta la visión de mundo de los ricos de esta parte del mundo. Bajo los gobiernos de izquierda y progresistas regionales que hubo tanto en el ciclo 1998-2015 (que se extendió desde el primer triunfo electoral de Chávez en Venezuela hasta la llegada de Macri en Argentina) como en el más reciente que reunió a Petro, Boric, Xiomara Castro, y Lula los ricos ganaron más dinero.
Para ellos, más que ganar dinero (igual ya tienen demasiado) lo importante es mandar. Y el fascismo les garantiza precisamente mandar, disciplinar las mayorías y aplastar toda respuesta política y socialmente organizada desde la izquierda.
Con las políticas desarrollistas y de fuerte inversión pública, con el Estado como actor dinamizador de la economía, los pobres latinoamericanos tuvieron más ingresos y las clases medias se expandieron. Lo que significó más consumo. Y, ¿dónde consumían esas mayorías? En las grandes tiendas, almacenes y centro comerciales propiedad de los grupos económicos dominantes. Sin embargo, esos mismos grupos oligárquicos se dedicaron a utilizar sus medios de comunicación e influencers a sueldo para atacar y deslegitimar a aquellos gobiernos progresistas y de izquierda. Y ahora abiertamente militan la ultraderecha fascista. Para ellos, más que ganar dinero (igual ya tienen demasiado) lo importante es mandar. Y el fascismo les garantiza precisamente mandar, disciplinar las mayorías y aplastar toda respuesta política y socialmente organizada desde la izquierda.
Segundo: No hay fascismo sin violencia extrema y limpieza étnica de algún grupo que la racionalidad fascista-capitalista ubica por fuera del ideal de lo humano. Si ayer fueron judíos, gitanos y gente no blanca del llamado tercer mundo quienes el fascismo intentó exterminar para mantener la dominación de la “raza superior", hoy son los palestinos el grupo que sufre esa violencia extrema y justificada desde los grandes poderes del Norte global. Para la perspectiva fascista de hoy, la gente Gaza se puede masacrar en nombre de la “libertad” y hasta de la “paz” (vaya crueldad). Son seres no suficientemente humanos a los que, como no se cansa de decir Trump, se puede castigar haciendo que conozcan el “infierno”. Esto si no hacen lo que les toca: entregarse a los designios de los dueños del mundo y desplazarse a otro lugar que no tenga valor inmobiliario en el sacrosanto mercado de capitales.
Bajo esa misma lógica fueron los ataques a las supuestas narco lanchas en el Caribe. Donde el ejército estadounidense, bajo órdenes ilegales de Trump y el nazi Hegseth, mató más de 100 pescadores pobres caribeños sin ninguna prueba que comprobara que estaban envueltos en actividades ilícitas al momento de su ejecución. Por otro lado, es también la misma lógica que subyace al intento de limpieza étnica que ejecuta el ICE. Esos migrantes que arrastra y humilla ese cuerpo cuasi paramilitar son parte de esos no suficientes humanos que en la racionalidad fascista se pueden atropellar, encarcelar sin más y, cuando sea necesario, eliminar físicamente.
Se equivocan (y es propio de esa incapacidad de nombrar las cosas con claridad) quienes afirman que las actuales ultraderechas son “iliberales”. Son fascistas, punto
Tercero: El liberalismo puede convivir con el fascismo: Se equivocan (y es propio de esa incapacidad de nombrar las cosas con claridad) quienes afirman que las actuales ultraderechas son “iliberales”. Son fascistas, punto. El liberalismo no necesariamente es incompatible con el fascismo. Esto cuando comprendemos que el liberalismo, en lo que tiene de libertad negativa y dada su tendencia a despolitizar la sociedad, puede ser un facilitador de la lógica fascista. Como ocurrió en la Europa de entreguerras. Por otro lado, el liberalismo que llega a nuestros días no es el de raigambre republicana que todavía en autores como Mill se podía articular a la noción de un pueblo democráticamente constituido. Antes bien, el liberalismo que finalmente su impuso a finales del siglo XIX es el que privilegia los derechos de propiedad frente a la democracia. Y que, puesto a elegir, prefiere un régimen que limite las libertades republicanas pero que sostenga las ganancias del gran capital, a uno que ponga límites a estas últimas en nombre de la libertad sustancial de las mayorías. Y esta forma de liberalismo, como lo vieron claramente Mises y Hayek, puede ser perfectamente compatible con la lógica fascista. Ya que esta última en los hechos siempre es favorable al gran capital.
De modo que en estos tiempos donde un puñado de oligarcas tecnológicos concentran fortunas astronómicas y controlan todo lo que llega como “información” a nuestros dispositivos digitales, al tiempo que directamente compran presidentes (como Trump) y a otros los imponen vía manipulación masiva en redes sociales (Milei, Kast, De la Espriella, etc.) lo que está operando es precisamente un fascismo renovado. Actualizado a las dinámicas comunicativas digitales. Pero que, en el fondo, persigue lo mismo que el fascismo clásico entendido como respuesta del capitalismo en tiempos de crisis: garantizar los privilegios, poder y márgenes de acumulación de las élites propietarias.
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*Politólogo dominicano latinoamericanista. Máster en Teoría Política por la Universidad Complutense de Madrid. Formación en Ciencias Políticas en Puerto Rico y México. Investigador, docente universitario y consultor electoral con experiencia de estudios y trabajo en cinco países de América Latina. https://www.youtube.com/@ElvinCalcañoTV
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