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GROENLANDIA NO SOLO LIBERA AGUA AL DERRETIRSE: EL HIELO ESTÁ ENVIANDO MERCURIO AL OCÉANO

El deshielo suele medirse en toneladas de agua y centímetros de nivel marino. Un estudio revela que también activa un viaje químico capaz de llevar mercurio desde el interior de Groenlandia hasta sus fiordos

Recreación artística de la llegada de agua de deshielo cargada de sedimentos desde Groenlandia al fiordo de Kangerlussuaq. ChatGPT, César Noragueda.

César Noragueda, Periodista especializado en cine, ciencia y pensamiento crítico.
Muyinteresante.okdiario.com/4.08.2026

Visto desde lejos, un glaciar parece un bloque inmóvil. Sin embargo, bajo su corteza circulan ríos, la roca se tritura y bolsas líquidas permanecen aisladas durante meses. Con la llegada del verano, esa maquinaria oculta despierta y enlaza el corazón helado con el océano.

Lo que vas a descubrir en este artículo
  • El mercurio no solo sale de las fábricas
  • Cómo termina dentro y debajo del hielo
  • Seguir una gota desde Groenlandia hasta el mar
  • Un verano de lluvia extrema y conexiones repentinas
  • La mayor parte llegó desde el mundo subglacial
  • El viaje no termina en el fiordo
  • Menos mercurio de lo que se temía, pero no irrelevante
  • El deshielo también reescribe la química del planeta
  • Referencias
Durante décadas, la gran pregunta sobre Groenlandia ha sido cuánta agua perderá y cuánto elevará el nivel del mar. Pero la fusión arrastra además sedimentos, nutrientes y metales. Comprender ese equipaje invisible es esencial para anticipar la respuesta de los ecosistemas árticos.

Como cuenta Communications Earth and Environment, Un equipo internacional siguió ese recorrido durante la temporada de ablación de 2023 —el periodo en que se pierde nieve y hielo—, desde la cubierta congelada hasta el fiordo de Kangerlussuaq. Buscaban averiguar de dónde procede el mercurio, qué rutas toma y qué sucede cuando abandona el continente.

El mercurio no solo sale de las fábricas

El mercurio es un contaminante global, pero su historia no comienza únicamente en las chimeneas. También forma parte de minerales y rocas. Las emisiones humanas han elevado su presencia atmosférica, de modo que puede recorrer enormes distancias antes de depositarse con la lluvia, la nieve o partículas en suspensión.

Las emisiones humanas han elevado la presencia atmosférica del mercurio y puede recorrer enormes distancias antes de depositarse con la lluvia, la nieve o partículas en suspensión.

El Ártico recibe parte de ese cargamento transportado por el aire. Allí queda retenido en el manto nivoso, los suelos congelados y los sedimentos. Tales reservorios funcionan como archivos químicos: acumulan durante años aportes naturales y antropogénicos. Mientras continúan helados, buena parte permanece inmóvil. El calentamiento reorganiza las conexiones hidrológicas y pone en circulación lo que estaba encerrado.

No todas las formas del elemento plantean el mismo riesgo. El mercurio inorgánico puede convertirse en monometilmercurio, una molécula que los organismos absorben con facilidad y se concentra al ascender por la cadena alimentaria. Importa, por tanto, conocer la cantidad liberada y determinar en qué estado químico alcanza ríos y mares.

Cómo termina dentro y debajo del hielo

La capa de hielo groenlandesa no fabrica mercurio. Lo recibe desde arriba y lo encuentra abajo. Las precipitaciones incorporan compuestos atmosféricos; el permafrost —suelo congelado durante al menos dos años— conserva materia orgánica y contaminantes; el lecho rocoso alberga una reserva geológica movilizable mediante erosión y alteración química.

Una imagen clara para entenderlo es una cinta transportadora gigantesca. El agua de la superficie penetra por grietas y conductos, alcanza la base, fluye bajo kilómetros de espesor y regresa cargada con granos finísimos. Mientras la masa glacial avanza, raspa el sustrato como una lija colosal. Ese desgaste libera partículas reactivas capaces de llevar adherido el metal.

En zonas profundas, oscuras y pobres en oxígeno, el líquido queda retenido mucho tiempo. Allí, el contacto con las rocas y la actividad microbiana propician procesos menos intensos en la parte iluminada. Al intensificarse el deshielo estival, las redes subglaciares se abren y expulsan ese contenido hacia el margen.

Seguir una gota desde Groenlandia hasta el mar

Para reconstruir el trayecto, los investigadores tomaron muestras diarias entre junio y julio de 2023 en el río Qinnguata Kuussua, cauce que drena unos 2.800 kilómetros cuadrados y desemboca en el fiordo de Kangerlussuaq. Examinaron además arroyos proglaciares, salidas basales, corrientes superficiales, permafrost en descongelación y puntos del brazo marino.

Recreación artística del agua de deshielo emergiendo desde la base de un glaciar groenlandés cargada de sedimentos. ChatGPT, César Noragueda.

No se limitaron a medir mercurio total. Separaron lo disuelto o muy fino de cuanto iba ligado a partículas, cuantificaron monometilmercurio y estudiaron isótopos estables. Estas variantes de un mismo elemento con diferente masa actúan como una huella dactilar: permiten distinguir contribuciones atmosféricas, superficiales o procedentes del lecho.

El planteamiento “del hielo al océano” evitó una fotografía aislada. Los glaciares evolucionan rápidamente durante el verano; una muestra tomada un día puede coincidir con aguaceros extremos, poco caudal o máxima fusión. El seguimiento de toda la estación mostró cómo se redistribuían los orígenes conforme cambiaba el drenaje.

Un verano de lluvia extrema y conexiones repentinas

La campaña coincidió con un julio cálido y húmedo. Varios ríos atmosféricos —franjas de aire cargadas de vapor— alcanzaron el oeste de Groenlandia y dejaron precipitaciones intensas. Durante uno de esos episodios, el caudal casi se duplicó y crecieron los niveles de mercurio filtrado, partículas contaminadas y monometilmercurio.

Las lluvias abren rutas entre depósitos terrestres y el cauce del río Qinnguata Kuussua.

Al principio, el agua atravesó terrenos saturados y la capa activa del permafrost, la franja superior que se descongela cada verano. Esa descarga llevaba carbono orgánico, capaz de unirse al metal y facilitar su desplazamiento. Un arroyo alimentado por suelo helado en degradación presentó el valor más alto de la campaña para la porción filtrada. La coincidencia indica que las lluvias abren rutas entre depósitos terrestres y el cauce del río Qinnguata Kuussua.

La proporción de monometilmercurio también fue especialmente elevada durante esa fase. El dato apunta a una producción activa o a su arrastre desde ambientes ricos en materia orgánica donde ya se había formado. Así, los primeros pulsos no procedían principalmente de la zona superior del glaciar, sino del terreno situado delante del frente del glaciar —el extremo o borde terminal de la masa de hielo, el lugar donde termina y comienza el terreno libre de ella— y de reservas profundas conectadas por las precipitaciones.

La mayor parte llegó desde el mundo subglacial

Con el avance del verano, el río pasó de estar dominado por contribuciones terrestres ricas en materia orgánica a recibir volúmenes crecientes de fusión glaciar. Cabría esperar que tanta agua limpia diluyera el contaminante, pero la señal persistió. La cantidad unida a partículas incluso aumentó junto con el caudal y la carga sedimentaria.

Las salidas de los glaciares Russell y Leverett arrojaron valores comparables a los del curso principal, mientras que las corrientes sobre la cubierta helada contenían mucho menos. Esa diferencia señalaba un origen situado bajo la masa gélida. La abrasión basal —el desgaste que produce la base del glaciar al rozar y raspar la roca sobre la que se desplaza— aportaba granos, y las reservas líquidas confinadas en zonas aisladas podían sumar fracciones disueltas y monometiladas.

Los isótopos reforzaron esa interpretación. El balance estimó que las fuentes supraglaciares, situadas sobre el hielo, aportaban entre el 20 y el 48 por ciento del mercurio filtrado exportado, según el momento de la temporada. Incluso durante el máximo deshielo, la mitad seguía surgiendo de ambientes subglaciares. Ese resultado convierte al mundo oscuro bajo el glaciar en protagonista de la descarga estacional.

El viaje no termina en el fiordo

Al desembocar el río en el mar, la química vuelve a alterarse. La sal favorece que parte del mercurio unido a los sedimentos se desprenda y pase a la fracción disuelta. Los granos pesados se hunden, mientras otras sustancias permanecen en capas poco profundas. El fiordo no funciona como una tubería pasiva, sino como un reactor donde confluyen aportes glaciares, escorrentía terrestre —el agua que fluye sobre la superficie del terreno tras la lluvia o el deshielo—, atmósfera y agua marina.

Recreación artística del transporte de sedimentos desde un glaciar de Groenlandia hacia un fiordo ártico. ChatGPT, César Noragueda.

Los niveles de mercurio filtrado cerca de la superficie del fiordo fueron, de media, unas tres veces superiores a los del río. El monometilmercurio allí presente también duplicó el promedio fluvial. Los autores advierten que esa acumulación no puede atribuirse solo al glaciar: intervienen otras entradas y procesos internos. Aun así, los granos minerales transportados desde el hielo pueden liberar la forma inorgánica disponible para la metilación microbiana, mediante la cual ciertos microorganismos generan monometilmercurio.

Esta etapa importa porque esa forma tóxica puede incorporarse al plancton y avanzar hacia peces, aves y mamíferos. El estudio no demuestra mayor exposición humana ni cuantifica el efecto sobre especies comerciales. Sí identifica vías químicas capaces de enlazar el deshielo con las redes alimentarias costeras.

Menos mercurio de lo que se temía, pero no irrelevante

El nuevo cálculo sitúa el rendimiento total en torno a 23 milimoles de mercurio por kilómetro cuadrado y año para la cuenca estudiada, siendo un milimol la milésima parte de un mol, la unidad que los químicos utilizan para contar átomos y moléculas. Es más de un orden de magnitud inferior a una estimación anterior, pero comparable al de grandes ríos árticos. La revisión no elimina el problema: lo encuadra en una escala más realista.

Se han hallado 23 milimoles de mercurio por kilómetro cuadrado y año para la cuenca del río Qinnguata Kuussua.

Al extrapolar los datos al margen suroccidental, los científicos calculan un flujo aproximado de 1.525 moles anuales, cerca del 1 por ciento del aporte fluvial actual al océano Ártico. Esa proporción convierte a Groenlandia en un contribuyente menor del balance total, aunque relevante para fiordos y costas cercanas. Importancia regional y dominio global no son equivalentes.

El trabajo recuerda lo difícil que resulta medir un sistema tan variable. Una tormenta, la apertura de un conducto basal o el retroceso de la línea de nieve pueden alterar las cifras en pocos días. Por eso las conclusiones sólidas exigen series largas, muestreos limpios y seguimiento simultáneo de agua, sedimentos, isótopos y especies químicas.

El deshielo también reescribe la química del planeta

La principal lección va más allá del mercurio. Solemos imaginar el cambio climático como una cuestión de temperatura, pérdida de hielo y nivel del mar. Sin embargo, al acelerar el ciclo hidrológico también reactiva almacenes químicos, modifica rutas de transporte y vincula ambientes antes separados.

Los autores prevén que la merma de masa glaciar impulsada por el calentamiento global incrementará probablemente la exportación de este elemento. Eso no significa que cada litro adicional contenga siempre la misma concentración. La respuesta dependerá de cuánto permafrost se descongele, qué regiones del lecho queden comunicadas, cuánto permanezca el líquido bajo la cubierta y cómo funcionen los fiordos. Volumen, procedencia y estado químico evolucionarán juntos.

Al terminar este recorrido, Groenlandia deja de parecer un simple depósito de agua dulce. Es una pieza activa del ciclo geoquímico ártico: guarda sustancias, erosiona roca, alimenta microorganismos y entrega material mineral al océano. Comprender esa maquinaria transforma nuestra mirada sobre el deshielo. Cada corriente azul que abandona la isla lleva una historia invisible, y el futuro del Ártico dependerá también de aprender a leerla.

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Referencias

Amina Youssef, Sarah Janssen, Carl Lamborg et al. "Mercury mobilization and export from the Greenland Ice Sheet using an ice-to-ocean approach", Communications Earth and Environment, 16 de julio de 2026. DOI: 10.1038/s43247-026-03818-z.

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