Gran acumulación de la deuda pública y su alto costo tiende a ser un problema financiero estructural y no un asunto de coyuntura
La emisión de bonos es una fuente de recursos de los gobiernos para financiar los déficits públicos crecientes. Foto Afp
León Bendesky
jornada.com.mx/31 de agosto de 2026 00:06
Los bonos conforman el mercado global más grande de instrumentos de deuda. La emisión de bonos es una fuente de recursos de los gobiernos para financiar los déficits públicos crecientes. La naturaleza política del mercado de bonos expresa la necesidad de los gobiernos de atraer recursos a un costo que haga posible financiar las enormes deudas derivadas de sus objetivos políticos. Por su lado, los inversionistas responden a los riesgos que representan las políticas fiscales ante la tensión financiera derivada de la deuda y su costo.
Esas fuerzas dan cuenta de un entorno conflictivo que se exacerba según la naturaleza de la gestión de los déficits públicos. La tasa de interés expresa las condiciones de este mercado.
El escenario en Estados Unidos es el de una significativa presión alcista sobre las tasas de interés derivada de una deuda muy grande y creciente en el marco de una configuración de alto riesgo. El asunto se configura en torno al elevado déficit fiscal y las presiones para su financiamiento.
Se trata de las consecuencias de una situación en la que un país gasta continuamente más de lo que ingresa, acumulado una deuda y su servicio, es decir, el pago de los intereses que aumentan en relación con los ingresos. Así, la política de la deuda pública es la expresión de un conflicto creciente expresado en el presupuesto que expone el dilema de cortar el gasto público o subir los impuestos.
Esta especie de acertijo implica el dilema entre las políticas públicas que priorizan las miras electorales y las inevitables consecuencias sobre las cuentas fiscales. Las medidas fiscales están estrechamente relacionadas con la política, pues se trata, esencialmente, del proceso de redistribución entre las personas, los grupos, las regiones e incluso las generaciones, cuestión esta última que no puede perderse de vista. Ese es el meollo del conflicto político.
El mercado de bonos de Estados Unidos es el mayor en la economía global, con un valor en alrededor de 58 billones (trillones de allá) de dólares, mientras el valor total es del orden de 160 billones.
La deuda pública de aquel país rebasó recientemente 40 billones de dólares (trillones, según se mide allá), con un rápido crecimiento en los años recientes. Dicha deuda se financia principalmente por medio de la emisión de bonos del Tesoro a largo plazo, con vencimientos a 10 y 30 años y que se venden a inversionistas, sean individuos, empresas u otros gobiernos. Japón es el mayor tenedor de bonos del Tesoro, seguido de China y Gran Bretaña.
La deuda pública de Estados Unidos es una condición clave del sistema financiero global, pues los instrumentos denominados Treasuries cumplen con la función de ser un activo seguro y de alta liquidez. Esto quiere decir que pagan el interés establecido y se pueden comprar y vender con facilidad.
La tasa de interés de los bonos a 30 años está en el nivel más alto desde 2007, en torno a 5.3 por ciento; la tasa a 10 años supera la alcanzada a principios de 2025 y ronda 4.7 por ciento. Estas altas tasas encarecen la colocación de la nueva deuda pública, en un entorno en que la política fiscal está orientada a un fuerte crecimiento del gasto y sin un correspondiente aumento de los ingresos, provenientes, principalmente, de los impuestos.
Gran acumulación de la deuda pública y su alto costo tiende a ser un problema financiero estructural y no un asunto de coyuntura. Su relevancia no se limita al entorno interno, muy serio sin duda, sino que repercute en la economía global; todo acomodo será costoso.
La situación pone en relieve la intricada relación entre la política monetaria y la política fiscal. En este caso aparece como una condición conflictiva puesto que, para el Departamento del Tesoro, la medida requerida es una rebaja de las tasas o, cuando menos, evitar su alza, para no desbordar el costo creciente del servicio de la deuda.
Para el Banco de la Reserva Federal (Fed, el banco central), en cambio, el objetivo es cumplir su mandato de conseguir el máximo nivel de empleo compatible con la estabilidad de los precios; hoy esto requiere un alza de la tasa.
Este es el diferendo que enmarca la actual disputa política entre el gobierno y el banco central de ese país, mismo que tiene un estatuto de independencia.
Este fue uno de los asuntos centrales que se trataron en el reciente simposio que cada año organiza el Banco de Reserva Federal de Kansas, en la localidad de Jackson Hole. Éste se enfocó en la resistencia a la baja de la inflación y la presión alcista sobre las tasas que surge de las condiciones actuales del sistema financiero, por ejemplo, la gran demanda de recursos del propio gobierno, a la que se suman los fondos requeridos por las empresas de tecnológicas.
Esta situación repercute en la emisión de nueva deuda de bonos del Tesoro. Kevin Warsh, presidente de la Fed, afirmó que las tasas podrían subir como medio para abatir la inflación. Así, elevó la disputa con el secretario del Tesoro que hace unos días intervino directamente y de manera atípica en el mercado de los bonos para intentar bajar la tasa de interés, una medida poco ortodoxa en materia monetaria y fiscal que no resultó como esperaba. El contexto es el de un enorme déficit fiscal, una inflación persistente y altas tasas de interés. Un escenario complicado y con repercusiones financieras globales.
Uno de los aspectos relevantes del caso es el carácter independiente de la Fed, estatuto que Kevin Warsh ha tenido que sostener ante las presiones del gobierno. El marco institucional exhibe su relevancia en un sistema de contrapesos frente al poder político. Un asunto de índole general que está constantemente expuesto a las tentaciones de control de los gobiernos.
___________
Fuente:
