¿Y si, sí?
Que la mitad de una nación se movilice a las urnas para respaldar una propuesta transformadora no es un gesto menor. Es la constatación de que hay pueblos dispuestos a defender su futuro con todas las herramientas disponibles: el voto, la calle, la organización. Esa mitad no ha claudicado. Y no va a claudicar.
7 de agosto de 2024, Buenos Aires, Argentina: Manifestantes portando una pancarta durante la movilización de San Cayetano. Crédito: Santiago Oroz / Zuma Press / ContactoPhoto
Editorial
diario-red.com/01/07/26
La derecha avanza en las urnas. El trumpismo, con su arsenal de calumnias, posverdad y manipulación mediática, está cosechando triunfos electorales en varios países de la región. También es justo admitir que las izquierdas han perdido algo de su capacidad de convocatoria, que el discurso de la esperanza se ha desgastado y que el "sueño" de otros tiempos hoy parece más una consigna repetida que una promesa viva.
Pero al mismo tiempo, hay una evidencia que no se puede ocultar: en Perú, en Colombia, y en tantos otros rincones de Nuestra América, la diferencia entre el proyecto de la derecha y el de los pueblos es de apenas un puñado de votos. Esa estrecha brecha no es un dato estadístico menor: es el reflejo de que la mitad de la población sigue en pie de lucha. Sigue creyendo que su país merece un rumbo distinto, con soberanía, con autodeterminación, con derechos y libertades que no se negocian.
Que la mitad de una nación se movilice a las urnas para respaldar una propuesta transformadora no es un gesto menor. Es la constatación de que hay pueblos dispuestos a defender su futuro con todas las herramientas disponibles: el voto, la calle, la organización. Esa mitad no ha claudicado. Y no va a claudicar.
Esa energía popular necesita ser canalizada. Necesita dirigentes que estén a la altura de las circunstancias. Líderes y lideresas que no solo escuchen el clamor de la resistencia, sino que estén dispuestos a encabezarla. Por eso celebramos y reivindicamos el llamado de Iván Cepeda a la desobediencia civil pacífica, la resistencia del pueblo cubano y la decisión de Miguel Díaz-Canel de concretar reformas difíciles sin ceder a Washington, la firmeza de Claudia Sheinbaum en la defensa del territorio, la valentía de Roberto Sánchez al convocar a proteger el voto y la tenacidad de los campesinos bolivianos que durante más de 50 días paralizaron el país para hacer escuchar su voz.
Estos son los ejemplos que necesitamos. Estas son las voces que despiertan la llama y que nos recuerdan que la lucha no ha terminado, que la batalla por la justicia social sigue abierta y que no nos han derrotado
Por eso, nos preguntamos con audacia: ¿y si sí es posible derrotar al fascismo, al capitalismo depredador, a los medios que mienten? ¿Y si sí es posible construir otro mundo, más humano, más digno, más nuestro?
¿Y si, si?
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