El “ultimátum” de Trump se fijó para el 6 de abril. ¿Es posible y tiene de por medio un cese al fuego como señal de “buena voluntad”? No, nada de eso está en las previsiones de los expertos y analistas más optimistas
23 de marzo de 2026, Nueva York, Estados Unidos: Protesta contra la guerra a Irán. Crédito: Ron Adar, M10s / Zuma Press / ContactoPhoto
diario-red.com
Editorial/28/03/26
Este fin de semana se cumple un mes del inicio de una guerra impulsada por Israel, con el membrete de “Furia épica”, con todo el apoyo y participación directa de EE.UU., bajo el supuesto de garantizarle al mundo paz por la presunta existencia de armas nucleares en Irán. Claro, de existir ese armamento, por el solo hecho de haberlo descubierto, ya habría sido motivo para su uso de parte de quien está siendo atacado y con todo el derecho a defenderse.
Pero las consecuencias de este mes de conflicto son de orden humanitario (por todo lo que implica para una nación atacada con lo mejor de la industria bélica estadounidense) y a nivel económico, en particular en el llamado mundo occidental. No solo por el incremento de los precios del petróleo, sino también por el costo mismo de la movilización militar para los dos atacantes, que supuestamente resolverían este “conflicto” en 48 horas, pero ahora gastan más de mil millones de dólares diarios. El Center for Strategic and International Studies (CSIS) y fuentes del Congreso estadounidense sitúan el gasto base en aproximadamente USD 890-900 millones diarios, para el gobierno de Donald Trump.
Lo que fue un anuncio arrogante, un despliegue mediático cinematográfico y una promesa de quedarse con el petróleo iraní para resolver su codicia expansionista, se han convertido en un cambio sustancial de la percepción del “todo poderoso” que no sabe cómo salir del atolladero, pidiendo ayuda al resto del planeta y extendiendo los plazos de su ultimátum contra Irán hasta el 6 de abril, mientras Israel ha anunciado que "intensificará" y "extenderá" sus operaciones militares tras abatir al jefe de la Marina de la Guardia Revolucionaria.
Y por si fuera poco, este fin de semana EE.UU. contempla el envío de 10.000 soldados adicionales a la región ante “la persistencia de las hostilidades” y la constatación de que el conflicto afecta a intereses puntuales e imperiales no solo en Medio Oriente.
Las consecuencias de este mes de conflicto son de orden humanitario (por todo lo que implica para una nación atacada con lo mejor de la industria bélica estadounidense) y a nivel económico, en particular en el llamado mundo occidental
Por supuesto que el costo mayor recae sobre la nación agredida convirtiéndose en una crisis humanitaria con infraestructura destruida y miles de civiles desarraigados, una cifra desconocida de muertos y heridos, además de la inversión en la misma respuesta armada, el abastecimiento logístico permanente y el reemplazo de mandos y equipos aniquilados por la “furia letal” de un Trump amparado en la “bendición” de los líderes religiosos de su país.
Además, el bloqueo iraní del Estrecho de Ormuz cumple un mes, afectando la navegación de una veintena de petroleros y disparando los precios del crudo a nivel mundial por encima de las barrera de los USD 100, con lo cual en marzo la inflación se ha elevado al 3.3% debido al choque directo del conflicto en los costes energéticos, además del impacto en el consumo de poblaciones en la India, que han tenido que restringir la presencia física de empleados y trabajadores, acortar las horas laborales y disminuir la movilización general de millones de personas. En la región del Golfo, los precios de los alimentos han subido entre un 40% y 120% debido a la interrupción de las rutas comerciales.
A esto se suma, por si fuera poco, que en los mercados financieros las bolsas internacionales y los bonos han sufrido caídas significativas debido a la incertidumbre y la presión sobre las rutas comerciales, sin que en el corto plazo se prevea una mejora o paliar con otro tipo de medidas. Tanto que las comparaciones hechas del impacto de la guerra entre Rusia y Ucrania dan lugar a pensar que una recuperación podría tomar, al menos, una década para reestablecer el estado económico de la región antes del 28 de febrero de 2026. A diferencia de lo que ya plantea Rusia: una recuperación presente y en constante ascenso.
¿Es viable una pacificación inmediata?
Seguro que no. Ninguno de los analistas más informados y con la ayuda de herramientas de todo tipo dan por hecho o pronostican que el conflicto se resuelva antes de la llegada del verano. Y con ello, lamentablemente, varios eventos (incluido el Mundial de la FIFA en junio) no detendrán el impacto en el espectáculo que quería mostrar Trump para jactarse de ser la “mayor y eterna” potencia del planeta.
Hasta este 27 de marzo de 2026, algunos expertos advertian de una ventana diplomática abierta pero extremadamente frágil. Trump sostiene que hay "negociaciones en curso", pero Irán ha negado oficialmente cualquier diálogo directo. De hecho, en el terreno de las declaraciones, EE.UU. no logra convencer al resto del mundo que cada palabra de su presidente tenga ahora un reflejo en la realidad o sea verificable en el minuto inmediato de hacerla pública.
Ninguno de los analistas más informados y con la ayuda de herramientas de todo tipo dan por hecho o pronostican que el conflicto se resuelva antes de la llegada del verano
El “Plan de Paz” de EE.UU. es una propuesta de 15 puntos, que lo ha presentado, a través de mediadores como Pakistán. Allí se reitera el pedido de un desmantelamiento nuclear, el cierre de las tres principales instalaciones nucleares y el fin del enriquecimiento de uranio. Además, pide la suspensión total del desarrollo de misiles balísticos, la reapertura inmediata y permanente del Estrecho de Ormuz para el tráfico marítimo global, el fin del supuesto respaldo financiero y militar a grupos como Hezbolá y los hutíes.
Del otro lado, Irán ha calificado la propuesta estadounidense de "maximalista e irrazonable". Sus condiciones para un alto al fuego son el cese total de los ataques de EE.UU. e Israel en territorio iraní; compromisos formales de que no se reanudará la guerra en el futuro; una compensación económica por la destrucción de infraestructura causada durante el último mes, que debería llegar a los USD 500 billones.
El “ultimátum” de Trump se fijó para el 6 de abril. ¿Es posible y tiene de por medio un cese al fuego como señal de “buena voluntad”? No, nada de eso está en las previsiones de los expertos y analistas más optimistas.
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