En lo geopolítico es mucho lo que está en juego para Washington
El petrodólar es la condición base de su gasto militar expansivo, de su endeudamiento crónico y de la implementación óptima de guerras económicas bajo la modalidad de sanciones punitivas
29 de julio de 2023, China: En esta ilustración fotográfica, se muestra un billete de 100 RMB con algunos billetes de USD y RMB al fondo. Crédito: Sheldon Cooper / Zuma Press / ContactoPhoto
William Serafino
diario-red.com/27/03/26
En el marco de la cada vez más angustiante guerra entre el binomio EE.UU.-Israel e Irán no solo se está dirimiendo el equilibrio de poder en Asia occidental o la gobernanza del estrecho de Ormuz, sino también el futuro del sistema monetario internacional como lo hemos conocido desde la década de los 70: anclado en el petrodólar, al servicio de la hegemonía imperial norteamericana e instrumentalizado contra los rivales de Washington, adquiriendo durante los últimos años un carácter progresivamente crónico.
Breve repaso histórico
Informes recientes no oficiales han señalado que Teherán estaría condicionando el paso de buques petroleros por el crítico paso marítimo que conecta al golfo Pérsico con el de Omán y el mar Arábigo al pago del hidrocarburo en yuanes. La medida implica un desafío geopolítico explícito al petródolar, con el cual EE.UU., desde el acuerdo alcanzado entre Richard Nixon y el Rey Faisal de Arabia Saudita en 1974, ha garantizado y defendido su poderío financiero global.
Para Washington se trataba de un negocio redondo: a cambio de garantías de seguridad, los productores del golfo comercializarían el petróleo exclusivamente en dólares, lo que permitiría sostener la demanda de la divisa al alza (afianzado su peso internacional) y su posterior reciclaje en bonos del Tesoro y activos financieros norteamericanos (cubriendo el déficit interno).
En el marco de la guerra contra Irán, no solo se está dirimiendo el equilibrio de poder en Asia occidental o la gobernanza del estrecho de Ormuz, sino también el futuro del sistema monetario internacional como lo hemos conocido desde la década de los 70: anclado en el petrodólar, al servicio de la hegemonía imperial norteamericana e instrumentalizado contra los rivales de Washington
Así, con los petrodólares entrando en masa al torrente sanguíneo de la economía, EE.UU. podía elevar la deuda sin restricciones e incrementar el gasto militar sin debilitar su signo monetario, preservando, a su vez, una relación de dominio sobre las monarquías del golfo para impedir posibles asociaciones con potencias rivales.
No veas el fact-checking, sino las tendencias
Es precisamente este esquema petrodolarizado hecho a medida de EE.UU. el que está sufriendo un cortocircuito estructural con la respuesta de Irán a la ofensiva bélica de Washington y Tel Aviv. Las continuas oleadas de drones y misiles iraníes han socavado estratégicamente las garantías defensivas prometidas por Nixon, mientras que su control sobre Ormuz pone de manifiesto la capacidad asimétrica de infligir un profundo daño a la economía estadounidense, volcando sobre sí misma el costo de sus niveles delirantes e insostenibles de deuda. Básicamente, un blowback del mismo petrodólar.
La información que dio la vuelta al mundo sobre el plan de yuanización petrolera de Ormuz no requiere de fact-checking, ya que se circunscribe en una tendencia de reconfiguración monetaria que ha venido cobrando fuerza en los últimos años. Entre 2015 y 2018, China institucionalizó su apuesta para convertirse en un actor financiero de alcance internacional, como correlato práctico de su indiscutido estatus de potencia económica mundial.
Primero, lanzó el Sistema de Pagos Interbancarios Transfronterizos (CIPS), una plataforma del Banco Popular de China independiente del SWIFT, controlado por EE.UU. y ampliamente utilizado para la implementación operacional de sanciones punitivas. Pocos años después, anunció los primeros contratos de futuros para operaciones petroleras en la Bolsa Internacional de Energía de Shanghái, dentro de una agenda sólida de digitalización e internacionalización del yuan, basada en reducir la dependencia de Beijing hacia el dólar.
Para finales de 2023, consagrando la entrada del petroyuan en el paisaje monetario, el titán energético chino CNPC realizó su primera transacción petrolera en yuanes digitales a través de la Bolsa de Petróleo y Gas Natural de Shanghái. Aunque las sanciones estadounidenses contra Teherán y Moscú han intentado hundir sus respectivas industrias petroleras empleando la bala de plata del petrodólar (control sobre el sistema SWIFT), ambas encontraron en la arquitectura financiera de la República Popular una alternativa confiable para comercializar crudo.
El plan de yuanización petrolera de Ormuz se circunscribe en una tendencia de reconfiguración monetaria que ha venido cobrando fuerza en los últimos años. Entre 2015 y 2018, China institucionalizó su apuesta para convertirse en un actor financiero de alcance internacional
En la actualidad, el comercio petrolero de Irán y Rusia con Beijing se liquida mayoritariamente con la divisa china mediante el CIPS, lo que ha reducido a una expresión mínima la participación del dólar en el intercambio energético entre dos grandes potencias hidrocarburíferas y el principal consumidor de crudo del planeta.
El crecimiento progresivo del petroyuan lleva a la economista Diana Choyleva a plantear que “el declive del petrodólar en el Golfo no es cuestión de si ocurrirá, sino de cuándo, y ese cuándo se acerca más rápido de lo que la mayoría cree”. Para la economista jefe de la consultora Enodo Economics, las innovaciones financieras promovidas por China “ofrecen a los productores de petróleo alternativas no solo viables, sino potencialmente superiores a los canales de liquidación basados en dólares, que presentan una vulnerabilidad particular a las interrupciones derivadas de los avances tecnológicos”.
Ahora que el núcleo del trato ofrecido por Nixon se encuentra profundamente cuestionado, las ventajas del petroyuan comentadas por Choyleva podrían afianzarse. En este sentido, la maniobra de condicionamiento iraní en Ormuz apuntaría a crear un incentivo extra para su adopción, en un intento que combina “la geografía militar con la estrategia monetaria”, de acuerdo con el profesor de economía Kashif Hasan Khan.
Implicaciones estratégicas
Las señales de declive de la joya de la corona del imperio estadounidense no implican necesariamente que estemos a las puertas de un asalto estratégico del petroyuan, en forma de sustitución integral de un sistema por otro. Más bien, la tensión militar en Ormuz lo que está haciendo es catalizar la erosión gradual del petrodólar, mientras se abren nuevas ventanas para que Beijing fortalezca su integración con la economía del golfo Pérsico, sobre la base de grandes proyectos de infraestructura e inversiones que superan los 70 mil millones de dólares, para las cuales requiere de una plataforma autónoma que reduzca vulnerabilidades.
En la actualidad, el comercio petrolero de Irán y Rusia con Beijing se liquida mayoritariamente con la divisa china mediante el CIPS, lo que ha reducido a una expresión mínima la participación del dólar en el intercambio energético entre dos grandes potencias hidrocarburíferas y el principal consumidor de crudo del planeta
Lo que el crecimiento del petroyuan está reflejando no es solo la voluntad de la República Popular de blindarse con la desdolarización, sino un proceso de ajuste natural de multipolaridad financiera asentado en la reorganización de la economía mundial: China absorbe 37% de todo el crudo que sale por Ormuz, mientras que EE.UU. solo el 2,5%, lo que invalida al petrodólar en la propia dialéctica económica de la región. Aunque en el corto plazo la adopción masiva del petroyuan no está garantizada en el golfo, los incentivos de la convergencia geoeconómica entre productores y compradores siguen creciendo. Los continuos guiños de Arabia Saudita para yuanizar sus ventas de hidrocarburos deben considerarse desde este enfoque estructural.
En lo geopolítico es mucho lo que está en juego para Washington. El petrodólar es la condición base de su gasto militar expansivo, de su endeudamiento crónico y de la implementación óptima de guerras económicas bajo la modalidad de sanciones punitivas, cuyo objetivo es debilitar a potencias rivales. Por ende, el miedo de la Casa Blanca no yace en la posibilidad de su colapso inmediato, sino en que la ampliación del petroyuan limite estratégicamente las capacidades de poder del imperio hasta degradarlas severamente.
Lo que seguramente hace 52 años Nixon no previó fue que el esquema que había creado terminaría afrontando un dilema existencial: usar la guerra y las sanciones para proteger un sistema dolarcéntrico genera las condiciones para su debilitamiento, que es lo que estamos viendo ahora mismo de manera granular en Ormuz.
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