La indignación seguirá siendo rentable mientras las redes sociales lo permitan
Un estudio publicado en Science revela que las publicaciones falsas generan mayor indignación y se comparten más que las verídicas, amplificando el fenómeno de la desinformación.
Fake News. / Pixabay.
María P. Martínez
La indignación vende, y en la era de las redes sociales, también se comparte. Un reciente estudio publicado en la revista Science ha confirmado que las publicaciones con información falsa generan niveles de indignación más altos que las que contienen datos fiables. Este hallazgo refuerza la teoría de que las emociones, especialmente las negativas, son clave para la rápida difusión de noticias en línea.
El estudio, liderado por Killian McLoughlin, doctorado en psicología y política social en la Universidad de Princeton, analizó más de un millón de enlaces en Facebook y 44.000 publicaciones en la red social X (antes Twitter). También realizó experimentos con 1.475 personas para medir su reacción ante titulares falsos y verídicos. La conclusión fue contundente: las personas tienden a compartir contenido indignante sin comprobar su veracidad, motivadas por la necesidad de señalar su postura moral o pertenencia grupal, más allá de la veracidad de la información.
Expertos como Ramón Salaverría, catedrático de Periodismo en la Universidad de Navarra, consideran que el estudio aporta evidencias empíricas sobre cómo la indignación actúa como motor de la difusión de falsedades. “Este fenómeno no solo responde a patrones psicológicos, sino que también está incentivado por las propias redes sociales”, señala Sander Van Der Linden, director del Laboratorio de Toma de Decisiones Sociales de Cambridge. Plataformas como Facebook o X amplifican las publicaciones que generan mayor interacción, que muchas veces son las más indignantes y, paradójicamente, las menos fiables.
Una falsa sensación de conocimiento
Otro dato alarmante lo aporta un estudio reciente de Nature Human Behavior: tres de cada cuatro usuarios comparten noticias sin leerlas. Esta práctica, conocida como snacking o picoteo informativo, genera una falsa sensación de conocimiento y fomenta la polarización ideológica. Para Ana Sofía Cardenal, profesora en la Universitat Oberta de Catalunya, “este comportamiento refuerza las burbujas de información, dificultando el diálogo y aumentando la segregación ideológica”.
¿La solución? Según los especialistas, debe comenzar en las plataformas digitales. Propuestas como añadir alertas para frenar el impulso de compartir, limitar el número de publicaciones que un usuario puede compartir o implementar sistemas de credibilidad son algunas opciones. Sin embargo, expertos como Shyman Sundar, de Penn State, también subrayan la importancia de la educación digital para que los usuarios reflexionen antes de compartir contenido.
La indignación seguirá siendo rentable mientras las redes sociales lo permitan. Pero en un mundo hiperconectado, las consecuencias de la desinformación son demasiado graves para ignorarlas. Solo un esfuerzo conjunto entre plataformas, gobiernos y usuarios podría frenar esta peligrosa tendencia.
@mundiario
María P. Martínez
Colaboradora.
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La autora, MARÍA PAULA MARTÍNEZ, colaboradora de MUNDIARIO, es Comunicadora social, especializada en Periodismo Impreso. @mundiario
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