ISRAEL-PALESTINA
Tres días después todavía se van conociendo nuevos datos de la enormidad de estos actos masivos de furia palestina, mientras que los intensos bombardeos de Gaza por parte de Israel ya han causado la muerte de más de 560 personas, en su mayoría civiles, más de 120.000 personas desplazadas y miles de heridas
AMIRA HAAS
Bombardeo Israelí en la franja de Gaza
En pocos días, la ciudadanía israelí ha pasado por lo que el pueblo palestino viene sufriendo y sigue padeciendo de forma rutinaria durante décadas: incursiones militares, muerte, crueldad, niños y niñas asesinadas, cadáveres apilados en la carretera, asedio, miedo, ansiedad por la suerte de los seres queridos, cautiverio, víctimas de venganzas, fuego letal indiscriminado tanto sobre las personas implicadas en el combate (soldados) como sobre las no implicadas (civiles), posición de inferioridad, destrucción de edificios, vacaciones o celebraciones fastidiadas, debilidad e impotencia frente a hombres armados todopoderosos y dolorosas humillaciones.
Por consiguiente, hay que insistir: “ya os lo dijimos”. La opresión y la injusticia estallan en momentos y lugares inesperados. El derramamiento de sangre no tiene fronteras.
De pronto, el mundo se ha puesto patas arriba, y la pesadilla cotidiana de la población palestina ha hecho añicos la fachada de normalidad que ha caracterizado la vida israelí durante décadas. Hamás la ha destrozado mediante la operación sorpresa que ha lanzado, haciendo gala de su ingenio militar y su capacidad para trazar planes, mantenerlos en secreto y utilizar tácticas divisorias.
Sus operaciones hacen gala de una gran creatividad mediante el uso de diversos métodos para quebrar los muros de la cárcel más grande del mundo, en la que Israel ha encerrado a dos millones de seres humanos. Sus hombres armados se han embarcado en esta campaña con ánimo de sacrificar sus vidas, a sabiendas de que había muchas probabilidades de que los mataran. Algunos de ellos han asesinado a cientos de civiles israelíes en lo que parecían orgías de venganza, que sus mandos no acertaron a prevenir o no lo consideraron importante, aunque solo fuera por razones tácticas.
Tres días después todavía se van conociendo nuevos datos de la enormidad de estos actos masivos de furia palestina, mientras que los intensos bombardeos de Gaza por parte de Israel ya han causado la muerte de más de 560 personas, en su mayoría civiles, más de 120.000 personas desplazadas y miles de heridas.
Como en todas las guerras de Israel contra la Franja de Gaza en que ha estado implicada Hamás, especialmente a la vista del asesinato de civiles, debemos preguntarnos: ¿tiene esta organización un plan de acción realista y un objetivo político realista, o lo ha hecho principalmente para rehabilitar su imagen a los ojos de la población gazatí? ¿Ha estado acompañada esta vez su operación militar de un plan logístico para ayudar y rescatar a la población civil gazatí atacada? ¿O recaerá de nuevo esta tarea sobre las agencias internacionales de ayuda?
El júbilo con que la población palestina ha reaccionado ante la proeza de Hamás no debería extrañar a nadie. Después de todo, el omnipotente enemigo ha quedado expuesto en toda su desnudez: Un ejército no preparado que está ocupado protegiendo a los colonos que rezan en la ciudad cisjordana de Hawara y a los judíos que se apoderan de fuentes palestinas. Soldados y agentes de policía confusos que se habían acostumbrado a pensar que combatir significa sacar a niños de sus sueños con la bayoneta calada o invadir un campo de refugiados en un todoterreno blindado. Inventores de programas espía y agentes secretos que cuentan con redes de colaboradores estaban tan satisfechos de sus logros que despreciaron el factor humano, es decir, el deseo de libertad que comparten todos los seres humanos.
“La mitad de los habitantes de Sderot están en Gaza, y la mitad de los habitantes de Gaza están en Sderot”, bromeaban los gazatíes durante el sabbat cuando se conoció el número de israelíes capturados. Son las bromas de personas prisioneras, condenadas de por vida, gentes familiarizadas únicamente por medio de las historias contadas por sus abuelos y abuelas refugiadas con los paisajes de Jiyya, Burayr, Hamama, Najd, Dimra, Simsim y otras aldeas destruidas que hay alrededor de la actual Franja de Gaza, donde se hallan ahora los kibutz y ciudades israelíes atacadas. Pero ¿qué viene después del júbilo y de este sentimiento de satisfacción?
La conclusión automática de Israel, al igual que en ocasiones anteriores en que se ha visto un poco alterada su normalidad, es que si la muerte y destrucción no han alcanzado su objetivo hasta hoy, la respuesta son más bombardeos mortíferos, más muertes de gentes palestinas y más destrucción y venganza. Esta es la conclusión no solo del gobierno y del ejército, sino también de muchas y muchos israelíes. Como por lo visto también lo es la de los gobiernos occidentales, que se han apresurado a expresar su apoyo a Israel mientras guardan silencio sobre la violencia estructural y la crueldad israelíes y sobre el contexto de continua expropiación de tierras palestinas.
10/10/2023
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Traducción: viento sur
Amira Hass es periodista y escritora israelí y reside en Ramala (Cisjordania).
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