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LA LARGA LUCHA DE LOS INDÍGENAS DEL CAUCA POR SU SUPERVIVENCIA

Durante las últimas semanas se ha intensificado la campaña de asesinatos y atentados contra dirigentes de las comunidades del norte del Cauca, integrantes de cabildos y de la Guardia Indígena. 



El narcotráfico es el más reciente de los muchos enemigos que han tenido que enfrentar los pueblos indígenas del Cauca. Pero de esta larga historia se pueden extraer las enseñanzas para enfrentar el presente.

Fernando Dorado*

El gatillo del narcotráfico

Durante las últimas semanas se ha intensificado la campaña de asesinatos y atentados contra dirigentes de las comunidades del norte del Cauca, integrantes de cabildos y de la Guardia Indígena. Nueve miembros del Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC) y ocho campesinos vinculados a Fensuagro han sido asesinados en los últimos meses en esta región. Y durante el primer año de gobierno Duque en el Cauca se han registrado 55 asesinatos de líderes sociales.

La manera de cometer estos crímenes parece indicar que se trata de una acción sistemática para amedrentar a la población. De acuerdo con las denuncias, esta sería ejecutada por grupos armados ilegales (Bacrim, Gaos, paramilitares, disidencias, etc.). Sin embargo, no hay suficiente claridad sobre los perpetradores y autores intelectuales, o sobre sus intenciones y objetivos.

El gobierno ha dicho, a través de la ministra del Interior, Nancy Patricia Gutiérrez, que las fuerzas armadas del Estado no pueden hacer nada contra ese flagelo que azota a la población nortecaucana porque, supuestamente, las organizaciones indígenas no les permiten patrullar y controlar el territorio.

Esta versión fue desmentida por los voceros de las comunidades, quienes han dicho que en cada municipio hay presencia de la Policía y que el Ejército Nacional tiene siete bases militares de la Fuerza de Tarea Apolo con más de 2000 soldados, pero que no enfrentan a los criminales ni combaten el narcotráfico presente en la región.

La sensación entre amplios sectores de la población del Cauca es que el Estado “juega a la guerra contra las drogas”, pero no muestra interés en acabar con ese negocio que sigue reportando enormes ganancias. “El tráfico de drogas cumple al fin y al cabo una ley física, no se crea ni se destruye, solo se transforma”, concluye un informe de análisis situacional del Narcotráfico, elaborado por la Comunidad de Policías de América (Ameripol).

Para analizar en detalle lo que sucede en el norte del Cauca, especialmente dentro del mundo indígena, hay que mirar hacia atrás y revisar lo que ha ocurrido en esos pueblos para entender la estrecha relación que existe entre la situación actual y el avance del “extractivismo predatorio”, que es la concreción de una política de saqueo, expoliación y exterminio de comunidades que luchan por su autonomía.
Comunidades contra el narcotráfico

En el Cauca existen experiencias de comunidades organizadas que han expulsado la economía del narcotráfico de sus territorios. La primera ocurrió en la localidad de Lerma en 1988, cuando las mujeres de ese corregimiento del municipio de Bolívar se cansaron de ver borrachos a sus maridos matándose en las cantinas. Por eso prohibieron el consumo de licor y obligaron a los hombres a retomar los cultivos legales.

La segunda se presentó en los resguardos yanaconas de la cordillera Central (Rioblanco, Guachicono, Pancitará, Caquiona y otros), donde las comunidades se organizaron en 1998 para acabar con los cultivos de amapola introducidos por narcotraficantes del Cartel de Pereira. Esta acción tuvo su costo en muertes de comuneros y dirigentes indígenas, pero al final las comunidades impusieron su decisión y se libraron de esa plaga. Su ejemplo fue seguido por los Ingas en el resguardo de Aponte en Nariño.

Es posible que en muchas partes del país las comunidades hayan actuado de la misma forma. Esto se da cuando hay condiciones particulares, como la unidad interna, la ubicación estratégica de la región y otros factores como las fluctuaciones en los precios de las drogas, que determinan el comportamiento de los narcotraficantes que siempre buscan minimizar los costos y riesgos.

¿Qué factores internos y externos influyen sobre lo que ocurre hoy en el norte del Cauca? ¿La unidad interna del pueblo Nasa está resquebrajada? ¿Cómo evolucionó el movimiento indígena después de aprobada la Constitución de 1991? Estas y otras preguntas ayudan a abordar esta compleja situación.

Foto: Centro Nacional de Memoria Histórica-María Luisa Moreno. La Guardia Indígena del Norte del Cauca.

La sociedad indígena

Quienes no conocen la historia de los pueblos indígenas de Colombia tienden a homogeneizarlos, ya sea para idealizarlos adjudicándoles características como vivir en armonía, sabiduría, dignidad, etc., o para demonizarlos y convertirlos en salvajes, sectarios y enemigos del desarrollo.

Lo que es evidente es que antes de la llegada de los españoles existía una gran diversidad de pueblos nativos, con múltiples estadios de desarrollo, que evolucionaron a lo largo de la Colonia y República en diferentes direcciones. Otros pueblos, como los yanaconas, fueron traídos desde Perú y Ecuador para las guerras de conquista y hoy son una parte integrante de nuestro país.

Con el paso del tiempo, la mayoría de los pueblos indígenas del Cauca fueron convertidos en “terrajeros” y desarrollaron una mentalidad campesina sin perder completamente su sentido comunitario. En los años sesenta del siglo XX comprendieron que su lucha debería centrarse en la recuperación del territorio como pueblos autónomos, con autoridades, lenguas, usos, costumbres y cosmovisiones propias. Y en esa tarea están avanzando, con tropiezos y dificultades.

Después de recuperar las tierras de manos de los grandes terratenientes caucanos durante las décadas de 1970 y 1980, lograron un gran avance con la Constitución de 1991, la cual reconoció a la nación como multicultural y pluriétnica. Además, se aprobaron las transferencias a las Entidades Territoriales Indígenas (ETIS) y se avanzó parcialmente en la creación de la jurisdicción especial indígena (justicia propia). No obstante, la verdadera autonomía (que no es independencia) está lejos de ser lograda.

Pero la unidad lograda en la lucha por la recuperación de las tierras y del territorio se ha visto debilitada después de 1991 por diversos factores. Hubo una especie de relevo generacional para responder a los retos administrativos, legales y políticos que imponía la ley, y los indígenas pobres, con pocas tierras o sin tierra, se vieron desplazados por dirigentes de familias acomodadas que, en muchos casos, no habían apoyado las luchas de la etapa anterior.

Esa especie de “lucha de clases interna” (no reconocida por la dirigencia indígena) se ha expresado de diferentes maneras:
  • Han aparecido divisiones en los cabildos por el control de los recursos de transferencias,
  • Se estimuló la expansión territorial “hacia afuera”, lo que creó conflictos de tierras con campesinos y entre los mismos pueblos indígenas,
  • Proliferan las iglesias cristianas y pentecostales financiadas desde el exterior, que intervienen cada día con mayor fuerza en asuntos políticos y territoriales,
  • Han aparecido guerrillas y otros grupos armados que han servido de cobertura para que familias y jóvenes se vinculen a bandas delincuenciales, y
  • Los cultivos de uso ilícito penetraron en la vida de esos pueblos, creando problemas de todo tipo (lo que llaman “desarmonización”).
Un panorama poco alentador

Las contradicciones internas que han aparecido en las últimas décadas entre los pueblos indígenas del Cauca son aprovechadas por los enemigos del movimiento indígena para crear caos y terror.

Foto: Centro Nacional de Memoria Histórica-María Luisa Moreno. Los indígenas han peleado por décadas por su supervivencia contra actores armados ilegales y la desidia del Estado.

La economía del narcotráfico hoy es la principal amenaza a la resistencia indígena y popular en áreas rurales en Colombia. El narcotráfico está presente en casi todos los países de Latinoamérica. Por ejemplo, en la frontera entre Guatemala y México se presenta la misma situación.

La crisis que ahora afecta a la economía global ha creado las condiciones para que las economías ilegales se vuelvan cada vez más importantes. En un estudio realizado por la Asociación Nacional de Instituciones Financieras (ANIF) sobre el desarrollo de la economía subterránea (informal + ilegal) se señala que esta “habría ascendido a valores promedio del 19 por ciento del PIB en 2012 a nivel mundial”, y que “en Colombia llegó casi al 35 por ciento de la producción total del país durante 2017”.

Para enfrentar esta situación es urgente que la dirigencia indígena del norte del Cauca reflexione, reconstruya su unidad interna e impulse la unificación de todos los sectores sociales, gremiales, empresariales y políticos de la región. La prioridad es la defensa de la vida y la supresión total de la economía del narcotráfico y de la minería ilegal.

Para lograrlo se podría retomar la filosofía del “taita” Juan Tama de la Estrella, quien en 1700 lideró una tregua con la Corona española para neutralizar la acción de los encomenderos criollos, que eran sus principales enemigos en esa época. Con ella logró la unidad de su pueblo y garantizó la supervivencia de sus comunidades con visión de futuro.
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*Activista social del Cauca, ex diputado por un movimiento agrario y presidente de la Asamblea Departamental del Cauca entre 1995 y 1997, sindicalista obrero y autodidacta.

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