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A 90 AÑOS DE LA MASACRE DE LAS BANANERAS...NI OLVIDO...NI CLAUDICACIÓN...EDUCACIÓN Y CONCIENCIA PARA LA REVOLUCIÓN

DOSSIER: 
1. EN EL 90 ANIVERSARIO DE LA MASACRE DE LAS BANANERAS
2. La noche de la vergüenza nacional: así fue la masacre de las bananeras
***
La realidad misma obligó a los obreros a organizarse para luchar para salir de aquel infierno...las víctimas oscilan entre los 3000 a 5000 muertos, mientras que el gobierno solo reconoce 1800.

1. EN EL 90 ANIVERSARIO DE LA MASACRE DE LAS BANANERAS





La masacre de las Bananeras es una hecho imborrable en la historia; este fue el bautizo de fuego que la burguesía, terratenientes y los imperialista le propinaron a la clase obrera colombiana...En 1969 fue comprada por Zapata Corporation, una empresa relacionada con G.W. Bush —quien fuera presidente de los Estados Unidos y un reconocido asesino en masa del pueblo Iraqui— desde ese momento cambió su razón social por Chiquita Brands y aun hoy opera bajo ese nombre...

El 5 y 6 de diciembre se cumplen 90 años de la masacre de las Bananeras, es decir, de una masacre ocurrida en 1928 en el municipio de Ciénaga, Magdalena. Allá los trabajadores de la multinacional yanqui United Fruit Company entraron en huelga para exigir mejoras salariales y condiciones de vida. Los obreros vivían en la penuria y miseria, cabe resaltar que aquellos no eran semiproletarios agrícolas con un pedazo de tierra que los atara a ella, quienes laboraban en las plantaciones de banano de manera fluctuante, no; estos eran proletarios modernos quienes no disponían nada más salvo su fuerza de trabajo (sus manos). Esa clase de obreros modernos, que fue engrosada por personas de distintas regiones del país, llegó a sumar una fuerza de más de 25000 personas. Dicha fuerza social de proletarios modernos y de semiproletarios agrícolas en menor proporción, experimentaron en carne propia la explotación más cruel y salvaje de la multinacional imperialista, por sí mismos comprendieron que a pesar de quebrarse el espinazo en jornadas extensas de trabajo, literalmente de domingo a domingo, su miseria iba en aumento, sumado a las condiciones salubres miserables (tuberculosis, paludismo, el parasitismo intestinal de toda especie, la gastroenteritis infantil, y las enfermedades venéreas), hacían difícil la vida de los obreros a tal punto de que era casi imposible encontrar ancianos bananeros. La realidad misma obligó a los obreros a organizarse para luchar para salir de aquel infierno. En ese punto los bananeros pasaron por encima de la ley burguesa de prohibición de los sindicatos y crearon un sindicato y declararon la huelga para el 6 de octubre de 1928, una asamblea de la Unión Sindical de Trabajadores del Magdalena, en Ciénaga, aprobó unánimemente el pliego. Solicitaron a la United Fruit Company y a los productores nacionales la siguiente petición:
  1. Seguro colectivo obligatorio
  2. Reparación por accidentes de trabajo
  3. Habitaciones higiénicas y descanso dominical
  4. Aumento en 50% de los jornales de los empleados que ganaban menos de 100 pesos mensuales
  5. Supresión de los comisariatos
  6. Cesación de préstamos por medio de vales
  7. Pago semanal
  8. Abolición del sistema de contratista
  9. Mejor servicio hospitalario.
Como vemos el pliego no fue una cosa del otro mundo, pero los imperialistas de la compañía bananera y el gobierno local hicieron lo imposible por evitar que la huelga estallara, combinando todos los métodos sucios y abyectos, desde el terror policial, hasta el soborno. Cuando fue inevitable la huelga, la compañía acudió a los rompehuelgistas y esquiroles para continuar la recolección y distribución del banano. A pesar de aquello la simpatía por la huelga creció y toda la población de la región y otros sindicatos se sumaron a ella. Así para la noche del 11 de noviembre el Comité Ejecutivo de la Unión Sindical, el Comité Negociador y los representantes de 63 fincas se reunieron en la casa de Cristian Vengal en Ciénaga un dirigente de la Federación de Trabajadores del Ferrocarril, su casa se convirtió en sede del comité ejecutivo de la Unión Sindical durante la huelga. Lo que salió de aquella reunión fue un radical llamamiento que se distribuyó en un cartel donde se explicaba la decisión de la asamblea:

Los obreros de la zona bananera están dentro de la ley. No hay una sola disposición que venga a impedir el hecho de la huelga […] La United Fruit Company no cumple una sola de las leyes de Colombia referentes a los tratos y contratos con los trabajadores, declarándose en abierta rebeldía, como lo han pretendido hacer muchas otras compañías extranjeras, como la que pretendía apoderarse de las ricas regiones del Catatumbo, en Santander, para […] formar una república petrolera […] Esta huelga es el fruto del dolor de miles de trabajadores explotados y humillados día y noche por la compañía y sus agentes. Ésta es la prueba que hacen los trabajadores en Colombia para saber si el gobierno nacional está con los hijos del país, en su clase proletaria, o contra ella y en beneficio exclusivo del capitalismo norteamericano y sus sistemas imperialistas. Vamos todos a la huelga. El lema de esta cruzada debe ser Por el obrero y por Colombia.

Sin embargo, la reacción contestó con un plan macabro y abyecto, ideo un crimen que buscaba exterminar y masacrar a todos los huelguistas, aplacar la justa rebelión de los trabajadores con ríos de sangre. En tal plan macabro participaron activamente las fuerzas militares y el Estado colombiano, bajo la tutela de los imperialistas norteamericanos quienes presionaron para que se realizara la hecatombe de una forma implacable. El general Carlos Cortés Vargas se desplazó con tres batallones desde Barranquilla. La noche del 5 de diciembre el General Cortés Vargas se reunió con los agentes de la Compañía para festejar la futura matanza y se emborracharon hasta la media noche, luego reunió a los soldados y se dirigió a la plaza de Ciénaga donde se encontraba congregada la masa de huelguistas en actitud pacífica. Cortés Vargas leyó el decreto sobre el estado de sitio y sin esperar un minuto dio la orden de ¡Abrir Fuego! Ya el Ejército había emplazado varias ametralladoras de gran calibre en varios sitios, ubicadas de tal forma que rodeaban estratégicamente la plaza. Por 5 minutos las ametralladoras dispararon en todas las direcciones asesinando en el acto a cientos de hombres, mujeres y niños, los ebrios soldados extasiados por la matanza, no vacilaron cuando el criminal General ordenó rematar a los heridos a bayoneta. Después de la matanza, los muertos fueron subidos a los vagones del tren y arrojados al mar.

La cifra de muertes varía mucho por la forma sistemática como actuó el Ejército colombiano para desaparecer los cadáveres, ya que fueron desaparecidos utilizando una gran logística, es decir con trenes y botes para tirarlos al mar, maquinaria perteneciente a la compañía bananera. Existe un consenso entre varios investigadores quienes defienden la idea de que las víctimas oscilan entre los 3000 a 5000 muertos, mientras que el gobierno solo reconoce 1800. Aquel dantesco crimen quedo impune, ninguno de sus perpetradores pago un solo día de cárcel.

La multinacional United Fruit Company siguió operando y explotando mano de obra en la región. En 1969 fue comprada por Zapata Corporation, una empresa relacionada con G.W. Bush —quien fuera presidente de los Estados Unidos y un reconocido asesino en masa del pueblo Iraqui— desde ese momento cambió su razón social por Chiquita Brands y aun hoy opera bajo ese nombre. Chiquita Brands fue sacudida por escándalos de nexo y financiación de los grupos paramilitares en el Urabá antioqueño entre 1997 y el 2004, de nuevo la compañía bananera se vio implicada cometiendo otro sin fin de crímenes en contra de las masas populares, solo por mencionar algunos hechos, los grupos paramilitares financiados por Chiquita Brands cometieron el homicidio de 4.335 personas entre 1995 y 2004 en Apartadó, Turbó, Chigorodó y Carepa. También la desaparición de 1.306 personas en ese mismo periodo de tiempo, el desplazamiento de 1.675 pobladores, la persecución y asesinatos de sindicalistas del sector bananero y hasta en el extermino de los militantes de la Unión Patriótica y el Partido Comunista Colombiano (mamerto), de nuevo la multinacional quedó exenta de cualquier sanción penal o administrativa.

La masacre de las Bananeras es una hecho imborrable en la historia; este fue el bautizo de fuego que la burguesía, terratenientes y los imperialista le propinaron a la clase obrera colombiana, y a pesar de que los bufones del establo parlamentario digan que la masacre de las bananeras fue una falsificación histórica de los comunistas, el proletariado revolucionario nunca se cansará de recordar a sus mártires y de señalarle al proletariado y campesinos pobres y a todas las nuevas generaciones de luchadores sociales quiénes fueron los autores de aquel horrendo crimen y quiénes son los que hoy se vanaglorian de sus riquezas a expensas del sudor, dolor y sufrimiento humano. Sí, son esos mismos los que se benefician del asesinato de miles de líderes sociales y del desplazamiento de millones de campesinos, son toda esa clase social agrupados y protegidos por este podrido sistema burgués-terrateniente, un sistema estrechamente ligado con el imperialismo norteamericano, reaccionario hasta la medula, un sistema que históricamente nunca vaciló en usar la violencia para defender los intereses de la minoría parasitaria, ni nunca vacilará en ahogar en sangre cualquier intento de justa rebelión del pueblo trabajador.

Los proletarios revolucionarios somos conscientes de esa situación y apretamos la mandíbula de ira revolucionaria por tener que soportar esa realidad, una realidad que por nuestra voluntad quisiéramos transformar inmediatamente, pero para eso debemos educar al pueblo sobre sus centenarios enemigos y elevarlo al punto para que él decida vencerlo. Solo un día así, los proletarios y campesinos vengaremos a nuestros queridos mártires del pasado, solo un día así, los obreros y campesinos instauraremos en nuestro país una nueva forma de organización social, nuestro sistema social en donde el látigo entre hombres, la explotación del hombre por el hombre, va a ser una cosa del pasado, y a ese nuevo orden social lo llamaremos socialismo.

Fuente: 

REVOLUCIÓN OBRERA: https://www.revolucionobrera.com/efemerides/en-el-90-aniversario-de-la-masacre-de-las-bananeras/


2. La noche de la vergüenza nacional: así fue la masacre de las bananeras

El 5 de diciembre de 1928 fueron asesinados cientos de trabajadores de la United Fruit Company.

Pintura ‘Masacre en Colombia’, del pintor antioqueño Fernando Botero. Actualmente está exhibida en el Museo Nacional, al cual fue donada por el artista junto con otros 23 óleos.
Foto: Cortesía

Por: Santander Durán Escalona 

A las diez de la noche del cinco de diciembre de 1928, la estación del ferrocarril de Ciénaga estaba completamente llena. Miles de obreros, sus mujeres y niños, llegados de los confines de la zona bananera, habían viajado durante varios días para asistir a la cita convocada por los dirigentes de la huelga en ese amplio pedazo de playa arenosa y salobre, en donde se había construido la Estación.

Esa noche veranera de luna nueva, esperaban la posible llegada del gobernador del departamento del Magdalena y conocer el comunicado del Gobierno Nacional aceptando los nueve puntos exigidos en un pliego de peticiones que representaba las esperanzas de 25.000 obreros vinculados directa o indirectamente a la United Fruit Company, la más grande empresa productora de banano en el mundo.

Algunas horas antes, los huelguistas habían bloqueado el tránsito de trenes y cerrado las comunicaciones terrestres con Santa Marta. En las primeras horas de la noche, utilizando canoas y a golpes de remo, uno de sus grupos, saliendo de la oscuridad que ofrecían los árboles de mangle que bordeaban la ciénaga, apareció 
fantasmagóricamente para abordar y detener en el Puerto Nuevo la partida del pequeño buque de vapor, que, navegando por el caño El Clarín comunicaba a Ciénaga con Barranquilla.

Los sorprendidos pasajeros fueron obligados a desembarcar y regresar caminando hasta sus hogares situados en la pequeña ciudad, que en esos momentos, apagando velas y lámparas de petróleo, comenzaba a dormir, después de sobrevivir una noche más a la temible y vespertina hora eterna de los zancudos.

En la estación del ferrocarril, bajo un cielo azul, profundo y oscuro, iluminado solamente por el lejano resplandor de la difusa nube de estrellas de la Vía Láctea, la multitud, como una sombra gigantesca, se agitaba entre arengas, sonidos de gaitas y tambores, cantos, carcajadas, adultos dormidos en los vagones de ferrocarril que yacían desordenados en un laberinto de rieles de acero y el llanto de los niños con sueño, mientras en las aceras encendían mechones de petróleo y algunas hogueras para iluminar el lugar y se continuaba repartiendo la comida que organizados grupos de mujeres habían estado preparando durante todo el día, en improvisadas cocinas comunitarias.

Sorpresivamente, desde Aracataca, con el faro delantero encendido taladrando la oscuridad de la noche y rompiendo el silencio con el sonido largo, sollozante y quejumbroso de su pito de vapor, llegó a la estación, pidiendo el despeje de la vía, una locomotora negra arrastrando tres vagones rojos; en ella viajaba un reducido grupo de pequeños empresarios bananeros, quienes, casi al borde de la ruina, se dirigían a Santa Marta para interceder ante el gobernador, a fin de buscar soluciones concertadas al problema laboral.

Al detenerse el tren, desordenadamente, los huelguistas se tomaron los vagones del vehículo para bloquear la continuidad del viaje. En un descuido, tres o cuatro agricultores lograron desenganchar la locomotora de sus vagones y, junto al maquinista y al fogonero, apretujados y sudorosos en el pequeño espacio detrás de la caldera, lograron evadirse de la estación para continuar el recorrido. Al llegar a Santa Marta fueron detenidos por el Ejército.

A la una y treinta de la madrugada, como sombras sigilosas, un piquete de soldados traídos desde Barranquilla, dirigidos personalmente por el general Carlos Cortés Vargas, recorrió las seis cuadras que separaban el cuartel del Ejército, de la Estación de Ciénaga; los uniformados ocuparon posiciones estratégicas frente a la multitud, situándose en una doble fila en el costado norte de la estación, desde donde, en caso de ser necesario, podrían disparar hacia el sur, una zona enmontada, sin peligro de que sus balas impactaran las casas del poblado, que, a sus espaldas, dormía a esa hora.

En una de las esquinas de la amplia plaza, los soldados montaron la ametralladora austrohúngara Schwarzlose de 7mm, modelo 1912.

Una letal arma de guerra muy usada en los combates de la Primera Guerra Mundial.
El redoble de un tambor llamó la atención de los huelguistas, imponiendo un sorprendido silencio. Entonces, desde la oscuridad se escuchó una autoritaria voz militar leyendo el bando por medio del cual se declaraba el estado de sitio que prohibía reuniones de más de tres personas y exigiendo a gritos a los huelguistas que se retiraran, por haberse ordenado a partir de ese momento, el “toque de queda”.Nadie se movió...

Minutos después sonó por primera vez el clarín del Ejército, ordenando “retirada”.
La multitud, sorprendida, sin entender el significado de ese sonido militar, respondió con un grito unánime: “¡Viva la huelga!”.

Pasados unos minutos se escuchó el segundo toque del clarín. La respuesta desde la plaza fue la misma: “¡Viva la huelga! ¡Viva el Ejército de Colombia!”.

De nuevo, la voz militar, desde la oscuridad, ordenó a los asistentes que se retiraran o el Ejército abriría fuego, en tres minutos.Nadie le creyó...

Una voz anónima respondió gritando desde la multitud: “¡Les regalamos esos minutos, cabrones!”.

Al tercer toque del clarín, el grito colectivo de “¡Viva la huelga!” fue cortado por la mitad, ahogado por el angustiante tableteo de la ametralladora y los disparos de fusiles Mauser.

Al callar los disparos, nada más se escuchó.

Sonidos de muerte y vergüenza patria que aún resuenan en la estación del ferrocarril de Ciénaga y en el alma de nuestra nación

Un doloroso e interminable silencio, solo quebrado por gritos de dolor, se extendió por la plaza de la estación y, en alas de la brisa que soplaba desde la Ciénaga Grande, llenó cada uno de los rincones de la pequeña ciudad.

Un rato después, las calles se llenaron de carreras, lamentos, llanto de niños, gritos de auxilio y disparos esporádicos de los soldados que gritaban “¡Alto!” antes de disparar a quienes, indefensos, corrían por las oscuras calles buscando refugio en cualquier puerta entreabierta.

Sonidos de muerte y vergüenza patria que aún resuenan en las noches de diciembre en la estación del ferrocarril de Ciénaga y en el alma de nuestra nación.

El 6 de diciembre amaneció triste y silencioso. Una brisa fría y seca bajaba de la Sierra Nevada, y el sol, entre brumas de verano, demoró un poco más de lo habitual en salir para iluminar la población.

A media mañana, para sorpresa de quienes lentamente desafiaron el miedo y se atrevieron a llegar hasta la estación, solo se encontraron nueve cadáveres esparcidos en la inmensa plaza arenosa. Cada cadáver, simbólica e irónicamente, representaba uno de los nueve puntos planteados por los huelguistas de la United Fruit Company en su pliego petitorio.

La tradición oral cuenta que, esa misma noche, cientos de personas, muertas o heridas, fueron arrojadas por los soldados de Cortés Vargas al mar, para alimento de los tiburones.

Pocos días después, finca por finca y pueblo a pueblo, comenzó la cacería a muerte de los huelguistas en toda la zona bananera.

Santander Durán Escalona
santanderduran@gmail.com 
_____________________________
*Reconstrucción literaria basada en datos históricos y versiones orales recibidas de testigos o protagonistas de estos hechos, recopiladas personalmente por el 
autor en la década de los 80.

Fuente: https://www.eltiempo.com/colombia/otras-ciudades/asi-fue-la-masacre-de-las-bananeras-la-noche-de-la-verguenza-nacional-302386


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