Un estudio del premio nobel de economía Joseph Stiglitz, demuestra que el 90% de los que nacen pobres, mueren pobres, por más esfuerzo o mérito que hagan, mientras que el 90% de los que nacen ricos, mueren ricos, sin importar el mérito que hagan para ello
Polarización: el mejor escenario
En Colombia se necesitan 11 generaciones para que una familia con el rango más bajo de ingresos, suba a un nivel medio de ingresos, lo que equivaldría a más de 300 años.
El encubrimiento de los conflictos de las clases sociales por parte de las élites, no es algo exclusivo de la realidad colombiana, sino que, es respuesta casi “refleja” de las clases privilegiadas por mantenerse en el poder. Pero, a diferencia de otros países que lograron tramitar la diferencia de clases por vías civilistas, en Colombia la lucha de clases ha sido resuelta con la eliminación material y simbólica del otro.
Por María Fernanda Valencia y Carlos Duque
Tras ocho años de ausencia, el ‘uribato’ recupera el poder político en Colombia. Lo recupera cabalgando sobre una seguidilla de triunfos electorales: plebiscito de 2016, elecciones parlamentarias, consulta de derechas y dos vueltas presidenciales. Lo recuperan con el apoyo de millones de electores, así como de todo el bloque social dominante.
Sin embargo, el país que encuentran no es el mismo de antes. El viejo opositor armado ha hecho tránsito a la vida democrática y la nueva oposición la encabeza un formidable movimiento popular que alcanzó -contra todo pronóstico- 8 millones de votos en la segunda vuelta presidencial. Su líder indiscutible: Gustavo Petro Urrego. Su programa: la Colombia Humana.
Este escenario, de un gobierno de derechas y una oposición de izquierdas, había sido señalado por muchos sectores como el peor desenlace posible de la elección presidencial de 2018: el escenario de “polarización”, de “división”, que solo obstaculizaría un proceso de unidad, o de desarrollo de nación.
Quienes asumen esto, implícitamente piensan que no existen diferencias sociales, económicas y políticas sustanciales entre los grupos sociales.
Visto así, las personas serían simples partículas que interactúan armoniosamente en el mercado, y a su vez se ven representadas eficazmente en las instituciones democráticas liberales. Por tanto, las partículas (ciudadanos) no establecerían ninguna relación de “clase social”, pues estas categorías serían solo argumentos retóricos anacrónicos o populistas.
A pesar de ello, la reciente campaña y elección presidencial evidenció que, de la mano del programa de la Colombia Humana y su vocero, vastos sectores de la población colombiana han comenzado a tomar conciencia de las profundas desigualdades económicas, sociales y culturales que sufren. O, empleando el viejo lenguaje: empezaron a tomar conciencia de clase.
Uno de los temas en los Petro insistió acertadamente, fue la desigualdad como producto de las fuertes diferencias de clase, entendiendo que, las clases privilegiadas del país han gestado y reproducido uno de los mayores niveles de desigualdad del mundo. Más aún, una parte de los problemas de la corrupción fueron explicados por Petro como un fenómeno derivado de las carencias materiales de las mayorías, y de la concentración del poder político y económico en unas minorías.
Dicho análisis provocó las respuestas más feroces no solo de los que llamaban a no polarizar, sino también de los sectores más retardatarios, quienes catalogaron a Petro como promotor del “odio de clases”. Así pues, la diferencia de clases se redujo a una falsa sinonimia, según la cual los reclamos sociales equivalían a robarle a los ricos para darle inmerecidamente a los pobres, quienes serían holgazanes por naturaleza. Iletrados sin dios ni ley, que habrían de acabar iglesias, expropiar terratenientes e instaurar un régimen Castrochavista.
Lo que es perfectamente ordinario es que los conflictos de clase existan y persistan, y las evidencias científicas son incontestables sobre estos hechos. Un estudio del premio nobel de economía Joseph Stiglitz, demuestra que el 90% de los que nacen pobres, mueren pobres, por más esfuerzo o mérito que hagan, mientras que el 90% de los que nacen ricos, mueren ricos, sin importar el mérito que hagan para ello.
Según la OCDE, en Colombia se necesitan 11 generaciones para que una familia con el rango más bajo de ingresos, suba a un nivel medio de ingresos, lo que equivaldría a más de 300 años. Siendo el promedio mundial menos de 5 generaciones, o menos de 150 años.
Tampoco puede desconocerse cómo los mercados por sí solos tienden a acumular la riqueza en manos de pocos, más que a promover su amplia distribución, o, cómo las políticas de gobierno ayudan a acentuar dichas diferencias, dándole ventaja a los más ricos frente al resto. Ni mucho menos cómo las relaciones clientelares entre las élites políticas y las elites empresariales favorecen la acumulación de capital.
Es innegable la reproducción en los últimos años de la brecha entre los más ricos y pobres en el país, situación que desmejora el bienestar social, lo que puede incrementar la criminalidad, y afectar efectivamente la salud pública, la nutrición de las familias vulnerables, entre otros indicadores socioeconómicos.
El encubrimiento de los conflictos de las clases sociales por parte de las élites, no es algo exclusivo de la realidad colombiana, sino que, es respuesta casi “refleja” de las clases privilegiadas por mantenerse en el poder. Pero, a diferencia de otros países que lograron tramitar la diferencia de clases por vías civilistas, en Colombia la lucha de clases ha sido resuelta con la eliminación material y simbólica del otro.
Quizás los ocho millones de ciudadanos que salieron a votar en favor del programa de Petro, sean la primera constatación irrebatible de que en Colombia hay conflictos de clases, y que vastos sectores de la población están tomando conciencia de sus intereses de clase y apoyándolos por medio de su voto.
Fuente: https://lapipa.co/polarizacion-el-mejor-escenario/
