G20 Hamburgo, capital mundial de la protesta
La ciudad está sitiada por la policía y han llegado refuerzos de otros estados de Alemania. Los disturbios se suceden mientras los líderes mundiales prosiguen sus encuentros. Este sábado se esperan cientos de autobuses y trenes con manifestantes procedentes de toda Europa.
Barricadas arden ante manifestantes en Hamburgo. /REUTERS
HAMBURGO
LAURA CRUZ
La reunión del G-20, que dio comienzo este viernes en Hamburgo, ha congregado a miles de manifestantes antiglobalización en la ciudad alemana. Durante todo el fin de semana se esperan numerosas protestas, convocadas desde principio de año y que traerán autobuses de varias ciudades europeas. La marcha “Welcome to hell” (bienvenidos al infierno) recorrió ayer la ciudad natal de Angela Merkel y en ella participó el llamado “Black bloc” (bloque negro).
Es una táctica nacida en Alemania en los 80 y utilizada en muchas manifestaciones de todo el mundo. Consiste en formar un bloque en el que los manifestantes vayan vestidos totalmente de negro para que sea más difícil su identificación. Al grito de “a-anti-anticapitalista”, marcharon por la ciudad hasta que la policía los reprimió con cañones de agua y gas pimienta.
Los organizadores se quejaban de que se ha abusado de estas herramientas y que el agua de los cañones venía de dos direcciones, arriconando en medio a quienes protestaban. Algunos portaban paraguas y chubasqueros para intentar hacer frente a la policía, que ha prohibido las manifestaciones en un ratio de 35 kilómetros e, incluso, ha pedido refuerzos a otros Bundesländer (Estados federados).
Disturbios y violencia
La seguridad de las familias de algunos líderes no pudo ser garantizada y Melania Trump tuvo que quedarse esta mañana en su hotel, al no poder asistir a la excursión en barco por el río Elba, que estaba programada para los acompañantes de los gobernantes. El ministro alemán de finanzas, Wolfgang Schäuble, también suspendió un encuentro con estudiantes internacionales por motivos de seguridad.
Los disturbios se prolongaron varias horas y la policía cargó contra los manifestantes. En Alemania es muy normal mandar a un número muy elevado de policías a disolver manifestaciones aunque no se produzca violencia en ellas. En este caso, algunos participantes sí lanzaron piedras contra los Bullen (nombre con el que despectivamente se conoce a los policías en Alemania, que significa literalmente ‘toros’) y botellas de cristal de la cerveza Astra, fabricada en Hamburgo.
Un grupo de policías antidisturbios corren hacia manifestantes en Hamburgo. /REUTERSEl FC St. Pauli ha ofrecido 200 plazas para dormir en las instalaciones de su estadio a los manifestantes que se quedaron sin poder acampar
Hamburgo es una ciudad con tradición reivindicativa, sobre todo en el famoso barrio de St. Pauli, donde todavía sobreviven algunas de las famosas casas “okupa” de la ciudad. Su equipo de fútbol, el FC St. Pauli, ofreció ayer 200 plazas para dormir en las instalaciones de su estadio a los manifestantes que se quedaron sin poder acampar, ya que la policía desmanteló su campamento. En las calles del barrio se podían ver carteles en contra del G-20 y algunos en los que se recordaba a Carlo Giuliani, asesinado por las fuerzas de seguridad en Génova en 2001 durante la cumbre del G8. También eran frecuentes las consignas en contra del presidente estadounidense, Donald Trump.
Coches calcinados y fogatas
Tras la primera manifestación, se han sucedido en Hamburgo otras espontáneas a lo largo del día y la ciudad ha vivido una noche de violencia callejera. Numerosos automóviles han aparecido calcinados y las redes sociales se han llenado de vídeos en los que los vehículos esquivan numerosos objetos que arden en llamas en medio de la carretera. La policía ha cortado varias calles, sobre todo las que dan acceso al centro de conferencias donde se desarrollan los encuentros de los líderes internacionales y algunas líneas de metro. Las barricadas de contenedores ardiendo se sucedían en los aledaños de la calle Beck y en otros puntos de la ciudad."Me manifiesto porque el mundo no puede seguir girando en contra de los intereses de la gente"
Phil Butland es un activista de Die Linke que ha viajado desde Berlín para manifestarse en contra del G-20. Cuenta que “hoy Hamburgo es una ciudad sitiada, la policía ocupa toda la ciudad y está reprimiendo duramente con cañones de agua. Me manifiesto porque el mundo no puede seguir girando en contra de los intereses de la gente. La causa principal de la crisis actual son líderes como Trump, Merkel, Erdogan o Putin, que este fin de semana se reúnen en Hamburgo y miles de personas les están demostrando que no son bienvenidos”.
Los líderes del G20, durante la cena oficial en Hamburgo. /REUTERS
La primera jornada del G-20 ha finalizado con un concierto en la filarmónica del Elba, edificio que tardó más de quince años en estar finalizado y cuyos sobrecostes han sido diez veces más elevados que los 77 millones de Euros inicialmente presupuestados. Mientras los líderes mundiales disfrutaban de un concierto en las instalaciones del moderno edificio, en las calles continuaban las protestas. Para mañana se esperan cientos de autobuses y trenes con manifestantes procedentes de toda Europa, que marcharán por las calles de Hamburgo desde las 11 de la mañana, en la que se espera que sea la mayor manifestación de esta cumbre del G-20.
http://www.publico.es/internacional/hamburgo-capital-mundial-protesta.html
Trump, el Brexit y las protestas marcan una cumbre mundial cargada de tensión
El poder político mundial chequea sus tensiones y temores en una cumbre en la que el aislacionismo de Trump y su tendencia al estrés institucional convivirán con la manifiesta incapacidad del grupo para resolver los retos que lleva una década planteándose
Trump y Merkel ya protagonizaron un estruendoso diálogo de sordos en la cumbre del G-7 de mayo.
EDUARDO BAYONA
El poder mundial chequea la resistencia de sus costuras este fin de semana en Hamburgo, donde, entre multitudinarias protestas contra los tratados internacionales de comercio y los recortes de libertades, los presidentes de los estados teóricamente más poderosos y/o económicamente potentes del planeta celebran la decimosegunda cumbre del G-20.
El foro, que reúne a los dirigentes de los países del G-7, la UE y otros doce estados entre los que destacan los BRIC (Brasil, Rusia, India y China, 28 billones de dólares de PIB), México, Indonesia y Turquía, se reúne de nuevo tras nueve convulsos meses (“turbulentos”, en palabras de Donald Tusk, presidente del Consejo de Europa) que han puesto sobre la mesa la fragilidad de sus equilibrios.
Las cosas han cambiado mucho desde que el G-20 se reuniera a primeros de septiembre del año pasado en la ciudad China de Hangzou. En cuanto al reparto, se estrenan un aislacionista Donald Trump que colecciona focos de tensión política y económica, un Emmanuel Macron que encadena dimisiones de ministros mientras siente en la nuca el aliento electoral de la antieuropeista Marine Lepen, presidentes bajo sospecha como el brasileño Michel Temer, una Theresa Maycon tendencia a apuntar hacia su zapato y una UE que, políticamente convulsionada por el Brexit, no acaba de saber qué será dentro de unos años, cuando decrezca.
Refugiados, África, elusión fiscal
En lo que se refiere al guión, siguen sobre la mesa buena parte de los asuntos que centran sus cumbres desde su inicio en 2008, aunque con mayores tensiones en unos ámbitos, como ocurre con las políticas de cambio climático tras el abandono del Acuerdo de París por EEUU y con las políticas comerciales tras el cambio de posición de EEUU con el TTIP, y con manifiestas muestras de incapacidad para resolver otros como la crisis de los refugiados y los migrantes, el desarrollo del continente africano (Guinea y Senegal, por la Unión Africana y la Nueva Asociación para el Desarrollo de África, reforzarán la solitaria presencia de Sudáfrica en el grupo), la llamada lucha contra el terrorismo internacional (con Arabia Saudí en la mesa), las políticas contra la elusión fiscal o el diseño, casi una década después de que la crisis de las hipotecas basura hiciera tambalear la economía planetaria, de un sistema monetario y financiero resiliente.
Objetivos, tareas pendientes y misiones imposibles se entremezclan y confunden en el G-20, cuyas cumbres, como las del G-7 y otros foros similares, no suelen dar lugar a acuerdos prácticos y efectivos aunque en ocasiones sí generan declaraciones de intenciones.
En esta ocasión, sin embargo, el foco de atención va a estar en si el propio grupo se resiste a sí mismo en su primera edición con un Trump que hace bandera del aislacionismo económico y comercial mientras colecciona encontronazos con países como China, Alemania y México (aliados comerciales de EEUU hasta hace unos meses), mientras asuntos como la guerra de Siria y las presuntas ciberinjerencias electorales de Rusia tensan las relaciones de este último país con otros miembros del foro.
“Forjar un mundo interconectado”, es el paradójico lema elegido por la presidencia alemana para la cumbre que Europa considera “ideal” para tratar medidas contra el tráfico de seres humanos a través del Mediterráneo, aunque Tusk, que aboga por que una UE en crisis hable “como una sola voz” en Hamburgo, admite que medidas como crear una lista internacional de traficantes requiere el acuerdo previo de los miembros del Consejo de Seguridad de la ONU. Aunque la forma pretenda proclamarlo, nadie sostiene en el fondo la ilusión de una reunión de iguales.
La UE aparenta unidad
Naciones Unidas es uno de los principales invitados de la cumbre, a la que también asisten representaciones del Banco Mundial, la Organización Mundial del Comercio, el FMI, la OIT, la OCDE y, por vez primera, la Organización Mundial de la Salud (OMS). España es el único Estado invitado permanente, mientras que en esta edición también estarán presentes Noruega, Holanda, Singapur y Vietnam.
La UE, el único sujeto colectivo con plaza estable en el G-20, comparece, tras el estruendoso diálogo de sordos de la cumbre del G-7 de mayo, en pleno tratamiento de autoestima tras el Brexit, el resultado de la primera ronda de las presidenciales francesas y de las legislativas holandesas y la deriva autoritaria de algunos socios como Polonia. “Una Unión fuerte y decidida es el mejor modo de promover nuestros valores e intereses, apoyar un sistema a base de reglas multilateral, y en última instancia (sic) proteger y defender a ciudadanos”, señalan Tusk y el presidente de la Comisión, Jean Claude Juncker, en una carta a los presidentes y jefes de Estado, en la que admiten cómo “muchos ciudadanos en Europa y en otros lugares todavía se sienten olvidados por la recuperación económica y son aprensivos con la globalización”.
La delegación europea se muestra ahora, vistos sus efectos intensificadores de la desigualdad, partidaria de abandonar las políticas austericidas para regresar al keynesianismo. “Trasladaremos una postura común para mejorar la eficacia y la composición de los fondos públicos para que lleven al crecimiento y la equidad”, señalan Juncker y Tusk, que consideran “necesaria” una “atención particular” a la inversión en infraestructuras y la eficacia de los sistemas de seguridad social.
Puntos de desencuentro entre EEUU y Europa
No parece que ese vaya a ser el único punto de desacuerdo entre la UE y EEUU, quizás menos distantes en materias como la aplicación de medidas de censura en internet con la excusa de atacar las vías de propaganda del terrorismo islamista. La lista de desencuentros incluirá, a priori, materias como la actuación ante el cambio climático (el acuerdo de París “no es renegociable” para Bruselas), la creación de una lista de paraísos fiscales y la aplicación de sanciones si no se adecúan a los estándares de transparencia financiera, la financiación de la lucha contra el terrorismo o el diseño de un nuevo sistema financiero internacional con el FMI como eje.
La crisis de los refugiados será otro de los ejes de las sesiones del G-20, en el que la delegación de la UE señalará el desplazamiento forzado y la migración irregular como “los principales desafíos globales”, aunque sin abandonar su política de externalización de fronteras en países como Turquía y Marruecos sino, más bien al contrario, abogando por reforzarla y por fomentar la “vuelta rápida “ de los migrantes a sus territorios de origen al mismo tiempo que su integración en los mercados de trabajo europeos.
Europa pretende combinar esa política de impermeabilización de sus fronteras con otra de desarrollo económico en África para, movilizando 44.000 millones de euros públicos y privados hasta 2020 en inversiones tuteladas, “contribuir al abordaje en origen de las causas de la migración irregular y la radicalización” en países como Costa de Marfil, Etiopía, Ghana, Marruecos, Ruanda, Senegal y Túnez.
CUMBRE G20
Graves disturbios y enfrentamientos en Hamburgo el día previo a la cumbre del G-20
La ciudad alemana se ha convertido en un campo de batalla entre los manifestantes y los antidisturbios. Más de 19.000 agentes blindan toda la urbe de cara a la cita de los líderes de las países más poderosos del mundo.
Varios agentes antidisturbios cargan contra un manifestante en Hamburgo. /REUTERS
GEMMA CASADEVALL (EFE)
HAMBURGO
Las manifestaciones contra la cumbre del G20 derivaron hoy en disturbios violentos protagonizados por grupos de extrema izquierda, en un Hamburgo asfixiado por el cúmulo de protestas convocadas ante la cita de los líderes de las países más poderosos del mundo, que se abre formalmente mañana.
La presencia de un millar de encapuchados en el grueso de la marcha bautizada como "Welcome to Hell" -"Bienvenido al infierno"- decidió a los efectivos antidisturbios a detener la manifestación y hacer uso de cañones de agua a presión y gases lacrimógenos para dispersarlos.
Los primeros incidentes ocurrieron poco después de arrancar la marcha, en la que participaban unos 12.000 manifestantes que llevaban concentrados en una popular plaza del barrio de St Pauli desde primera hora de la tarde, a la espera de iniciar su recorrido e intentar llegar a 300 metros del centro de congresos donde se celebrará la cumbre.
Se produjeron los primeros lanzamientos de objetos contra los antidisturbios, que actuaron para deslindar a los grupos de violentos del resto de manifestantes, en su mayoría pacíficos.
La policía informó a continuación de la quema de un automóvil y de la agresión sufrida por su portavoz, Timo Zill, cuando realizaba unas declaraciones a un medio, pero poco después comenzaron los incidentes más graves, con ataques a los agentes, barricadas y la rotura de escaparates y mobiliario urbano.
Los Bomberos de Hamburgo apagan las llamas de un coche calcinado, /REUTERS
En un radio de 43 kilómetros cuadrados de casco urbano, entre el centro de congresos y los lugares donde se alojan las 36 delegaciones asistentes a la cumbre, además de las rutas previstas para sus desplazamientos, impera el veto a toda manifestación y sólo se permite el acceso a los vecinos acreditados como tales.
Manifestaciones contra el G-20
"Tienen secuestrados los derechos ciudadanos por un grupo que no representa a nadie, más que al capital", comentaba a Efe, poco antes de empezar la marcha, Andreas Blechschmidt, miembro del colectivo "Rote Flora", una casa ocupada desde hace una década, en el corazón de Hamburgo, epicentro de la protesta de los antisistema.
Al lugar marcado, a orillas del Elba, habían empezado a llegar los primeros manifestantes sobre las 14.00 GMT con pancartas recordando el "Bienvenidos al infierno" y otras llamando literalmente a "atacar" el G20.
"Es verdad, no nos contentamos con protestar contra el G20: queremos impedir que se celebre", admitió Blechsmidt, el rostro más mediático del colectivo, que explicaba sin tapujos ante los medios nacionales o extranjeros los objetivos de su marcha.
Hasta 8.000 manifestantes dispuestos a la violencia estimaban los servicios de seguridad alemanes que podían desplazarse a Hamburgo con motivo de la cumbre de los poderosos y emergentes, con Angela Merkel como anfitriona y el estadounidense Donald Trump y el ruso Vladímir Putin entre sus asistentes.
Más de 19.000 agentes forman el dispositivo policial desplegado en esta ciudad hanseática alemana con el objetivo de proteger la cumbre, sea de ataques terrorista o de alborotadores.
Hamburgo, blindada por los violentos
La crítica al G20 "es bienvenida" y el derecho a la libertad de expresión está garantizado, había advertido reiteradamente el ministro del Interior, Thomas de Maizière, respecto a la veintena de actos de protesta de diversa índole convocados contra la cumbre.
Camiones de Policía dispersan a los manifestantes con chorros de agua a presión. /REUTERS
"Es absurdo que la única manifestación a la que se ha autorizado a llegar hasta las puertas del recinto ferial sea 'Welcome to Hell' y que en cambio se haya prohibido nuestra acampada", protestaba Werner Rätz, del movimiento ATTAC, un veterano en acciones de protesta contra las citas de los poderosos.
Rätz recurrió a todas las instancias para que se autorizase la llamada "acampada anticapitalista" que debía alojar a las decenas de miles de manifestantes que espera su organización para el próximo sábado, pero las autoridades lo vetaron ante el riesgo de que se infiltraran elementos violentos.
El centro de la ciudad, de 1,7 millones de habitantes, aparecía en la víspera de la cumbre prácticamente desierta: quien podía permitírselo había optado por irse a pasar un par de días fuera. En todo el barrio de St Pauli, el corazón combativo y rebelde de Hamburgo, por donde iba a discurrir la marcha, solo se veía policía, manifestantes o periodistas.
http://www.publico.es/internacional/graves-disturbios-y-enfrentamientos-hamburgo-dia-previo-cumbre-del-g-20.html
http://www.publico.es/internacional/trump-brexit-protestas-marcan-cumbre-mundial-cargada-tension.html
