DOSSIER:
Pruebas irrefutables de la criminalización de la protesta social en Colombia por parte del Gobierno del Nobel de Paz Juan Manuel Santos
Pruebas irrefutables de la criminalización de la protesta social en Colombia por parte del Gobierno del Nobel de Paz Juan Manuel Santos
1. ¡Ciudadanos! miren Buenaventura, Chocó, Guajira, Catatumbo
“La única manera posible que la institucionalidad llegara a estas zonas fue movilizada en forma de ESMAD para reprimir la protesta social y ahogar los gritos de desesperanza”
José Fernando Salcedo Martínez

Colombia atraviesa un momento convulsionado: paro de maestros, paro de servidores públicos, paros en la rama judicial, paros cívicos en Buenaventura y Tumaco. Lo peor de todo es que este no es un momento coyuntural, sino la manifestación viva de una realidad que había estado enterrada, oculta en un segundo plano gracias a la indiferencia de la sociedad colombiana, la falta de respuesta efectiva del Estado y la irresponsabilidad de los medios de comunicación privados al informar lo que ocurre más allá de Bogotá. Pareciera que la pobreza y el color de la piel estuvieran íntimamente relacionados: el pacífico una zona llena de afrocolombianos es una de las zonas con mayor pobreza, miseria y falta de presencia estatal en todo el país. Tenemos una población negra que sufre los designios de la mala administración, los prejuicios, la intolerancia y la incomprensión.
No son las “marchas cívicas en Buenaventura”, sino “los disturbios violentos”; mientras que al mostrar la situación venezolana exaltan el valor de los ciudadanos, estudiantes y demás sectores para salir a “multitudinarias protestas y manifestaciones contra el régimen despótico de Nicolás Maduro”. Por el contrario, acá las marchas cívicas son mostradas como “disturbios y actos vandálicos en Buenaventura y Chocó”, dejando a un lado las verdaderas razones por las cuales los habitantes están en la calle: un grito de auxilio a un Estado que hace mucho tiempo los sumió en el mayor de los olvido, en el olvido de la memoria.
No es posible que el mayor puerto sobre el pacífico y el de mayor tráfico de mercancías en Colombia, Buenaventura, no cuente con hospitales de segundo nivel sino que los enfermos tengan que ser trasladados en Ambulancia hacia Cali, muchos de ellos perdiendo la vida en el camino. Calles sin pavimentar, tasas de mortalidad materna e infantiles enormes, gente sumida en la mayor de las miserias sin perspectivas de futuro que vayan más allá de enfrentar las realidades de vivir entre la opulencia del puerto, la miseria de los barrios y la conflictividad de las pandillas, los grupos herederos del paramilitarismo y las casas de pique.
Chocó es un lugar común al momento de hablar de zonas del territorio colombiano sumidos en la pobreza, el hambre, el abandono estatal y la supervivencia de diferentes tipos de violencia. Los habitantes están tan cansados, exhausto; no saben que más hacer, cómo más alzar su voz. Paros cívicos vienen, marchas van, pero todo sigue igual. No hay hospitales, se roban los recursos de educación, pueblos enteros sumidos en la violencia, presencia de ELN, Grupos herederos del paramilitarismo y pandillas, niños muriendo de hambre, hectáreas enteras de selvas consumidos y cauces enteros de ríos contaminados por la minería ilegal que intenta arrancar a la tierra sus tesoros.
La única manera posible que la institucionalidad llegara a estas zonas fue movilizada en forma de ESMAD para reprimir la protesta social y ahogar los gritos de desesperanza, auxilio que grita un pueblo que no soporta más el hambre, la amargura del conflicto y que intenta buscar el rumbo en un país en transformación. Una muestra clara de cómo se sigue manteniendo esa visión de la protesta social como algo que debe ser reprimido violentamente por el Estado y con un exceso de fuerza, acompañado de una campaña de desprestigio. ¿No se suponía que con el posconflicto también venía la posibilidad de no criminalizar la protesta social y una policía que entienda su papel como garante de la vida en sociedad pacífica, sin agredir al ciudadano que debe proteger?
Lo más preocupante es que Chocós, Buenaventuras, Túmacos existen en todo el país: La Guajira, Catatumbo y otras tantas zonas donde la pobreza es la constante de cada día, conocen más la violencia que la paz y todavía están anhelando esa esperada y prometida paz. Reclaman acciones urgentes y sostenidas por parte del Estado, y no por actos de caridad, sino para que cumplan su deber y hagan presencia efectiva en territorios que han sido olvidados, gobernados por los grupos ilegales, sumidos en una profunda crisis humanitaria, donde el hambre y los niños son un solo conjunto, donde el agua potable es una historia que parece lejana, donde ir al colegio es un lujo. Necesitamos que nuestras mentes se abran a estas realidades, no podemos seguir cerrando los ojos y simplemente seguir nuestra vida como si nada pasara. Parte de la solución de estos y otros problemas del país, atraviesa porque los ciudadanos tomemos un papel activo en la toma de decisiones, le exijamos al Estado y ejerzamos nuestra labor como veedores a las acciones de los servidores públicos. El pueblo valiente y aguerrido sigue en las calles, les quitaron el miedo y ya están cansados de mendigar ayuda; están pidiendo lo que les corresponde como ciudadanos: Condiciones de vida digna.
¡Resista el paro cívico de Chocó, Buenaventura, Túmaco!
¡Levántate Guajira poderosa y hazte sentir!
¡Catatumbo exige la protección de tus campesinos y condiciones de vida digna!
https://www.las2orillas.co/ciudadanos-miren-buenaventura-choco-guajira-catatumbo/
2. Buenaventura: un caso de apartheid
“Buenaventura no necesita mesías alguno. Tampoco asistencialismo. Nadie les resolverá sus problemas de manera desinteresada”
Edgar Velásquez Rivera

Los colombianos durante el mes de mayo de 2017 observaron un paro cívico en Buenaventura. No es el primer movimiento social, tampoco será el último al cual recurren los habitantes de esa ciudad para expresar su inconformidad por los múltiples problemas que le aquejan. El apartheid fue un fenómeno que, originado en Namibia y Sudáfrica, tuvo connotaciones predominantemente raciales, expresadas en la segregación. En el caso de Buenaventura estamos frente a un caso de apartheid, más perverso y siniestro que el ocurrido en los países africanos. Se trata de un apartheid además de racial, económico, social, cultural, religioso, sexual y político.
La responsabilidad de este apartheid en Buenaventura recae, en primera instancia, en los gobiernos nacionales, departamentales y municipales (en segundo lugar) independientemente del tiempo y de las esencias ideológicas de los mismos. Ningún gobierno nacional ha tenido una visión geopolítica sobre la importancia de este puerto sobre el pacífico. Desde la monótona y lanuda Bogotá de vestimenta alcanforada se le mira, de manera racista, como un espacio habitado por colombianos de quinta categoría dados al jolgorio, la holgazanería y los goces paganos de raíces africanas; a través del cual ingresan no pocas mercancías que suplen sus fantasías de consumismo periférico y exportan materias primas esquilmadas en economías de enclave.
Desde Cali (un pueblo grande) a Buenaventura se le trata en términos edulcorados como un villorrio anárquico y peligroso. La gobernación del Valle (en toda su historia) ha sido incapaz de integrar a Buenaventura (tan importante polo de desarrollo) a la vida del departamento y del país. Los impuestos generados por la actividad que implica ser el principal puerto de Colombia, no se expresan en inversión en agua potable, alcantarillado, energía eléctrica, telecomunicaciones y su conexión vial con el resto del país. En ese sentido, Buenaventura continúa, guardadas las proporciones, con deficiencias típicas del siglo XIX.
Los distintos gobiernos de Buenaventura (alcaldes) han carecido, sin excepción, de una visión responsable y estratégica sobre los destinos de dicha localidad. Llegan al cargo para beneficiarse a sí mismos, a sus clientelas, a sus familias y a sus jefes políticos. Una oportunidad que no pueden dejar pasar, parecer ser la divisa de quienes llegan a ser alcaldes. El monto y la destinación de los presupuestos, los episodios de corrupción, el desorden administrativo y la visión predatoria de lo público, así lo atestiguan.
En Buenaventura, como en cualquier puerto del mundo, cohabitan los poderes ficticios de la institucionalidad y los poderes reales de las mafias; crece, urbanísticamente, de manera desordenada; compiten las distintas confesiones religiosas; es una ciudad de bienes y servicios; los asesinatos por encargo (con distintas modalidades de sevicia como los descuartizamientos) son los métodos predominantes para resolver los líos en algunos sectores sociales; la inoperancia de la administración de justicia es proverbial, la ineficiencia e ineficacia de los organismos policiales da lugar al ejercicio de la justicia por mano propia.
Los principales renglones de la economía de Buenaventura no son de sus habitantes raizales. Pertenecen, por el contrario, a comerciantes “exitosos”, a industriales “emergentes”, a piratas, bucaneros y corsarios cuyo único mérito es su olfato para la especulación comercial que están de paso, cual ave de puerto. La mayoría de la población de Buenaventura es pobre (material y espiritualmente), se registra en ella preocupantes cifras de analfabetismo, morbilidad, mortalidad y, por ende, corta esperanza de vida. Sus oportunidades (legales) son limitadas y, sin que ello sea una justificación, permite comprender la continua diáspora hacia el interior de Colombia y al exterior.
Buenaventura le ha aportado al país y al mundo, aparte de científicos, docentes, deportistas, mano de obra calificada, compatriotas dedicados al mundo de la cultura, funcionarios estatales y trabajadores que, en general, han aportado a la construcción de la nación y a su perfilamiento como país. Otros connacionales (víctimas del apartheid), de ambos sexos, ejercen la prostitución en países, predominantemente de Europa y América Latina, y otros se dedican a actividades ilegales. Múltiples organismos estatales y privados hacen presencia en Buenaventura y pese a conocer estas consecuencias del apartheid, les es peculiar su autismo y su insularidad.
A la iglesia católica, fiel a su inveterada estrategia de procurar quedar bien con todo mundo, le asiste una enorme responsabilidad histórica en la tragedia por la cual atraviesa Buenaventura y que aquí caracterizamos como apartheid. De la mano de la iglesia católica tuvo lugar la trata negrera y los horrendos crímenes en ella cometidos. De esa institución, el sector más recalcitrante, llama a una etérea paz, mientras en los palafitos los niños son devorados por los parásitos y pisoteados por las moscas; llama a la humildad, mientras la juventud es envenenada con narcóticos; llama a la paciencia, mientras miles de hogares pasan hambre. El sector menos corrompido de la iglesia católica es consciente de la problemática y formula tenues y esporádicas expresiones de apoyo a los movimientos de protesta.
Por su parte el espectro político colombiano nada tiene que ofrecerle a Buenaventura, ni la derecha modernizadora, ni la extrema derecha ultramontana. A ambas tendencias que han sido gobierno en Colombia, en el Departamento del Valle y en Buenaventura, solo la masiva y supina estupidez alienante garantiza su dominio político en dicho puerto. Los gobiernos locales, pretendidamente “independientes” o “alternativos” han resultado ser un fraude, una estafa. Las izquierdas colombianas (que aún permanecen en la guerra fría) tampoco tienen una propuesta responsable y seria para Buenaventura. Esas izquierdas atomizadas, histéricas, de cafetería y de camándula, aún no logran conectarse con la realidad concreta del país que pretenden dirigir.
El mundo académico colombiano (especialmente de las ciencias humanas y sociales) aún tiene trazas de prohijar un conocimiento anclado en el culto y no en la crítica, un conocimiento asexuado e “imparcial”. La mayoría de “intelectuales” colombianos permanecen borrachos en su propia vanidad expresada en lo autorreferencial, rumiando modas intelectuales y no logran, salvo contadas y honrosas excepciones, desatar reales procesos de emancipación con los resultados de sus investigaciones y su praxis. Distintas universidades privadas y estatales tienen presencia en Buenaventura y viven, parece ser, en un mundo sideral, en una burbuja. La naturaleza conservadora y confesional, de la mayoría de las universidades colombianas, les impide desatar reales procesos insurreccionales en materia de conocimiento y de compromiso con las víctimas del abuso del poder.
Buenaventura no necesita mesías alguno. Tampoco asistencialismo. Nadie les resolverá sus problemas de manera desinteresada. Los mercaderes de la política, con el apoyo de algunos de sus habitantes, pronto se harán presentes cual aves carroñeras. Se requiere que sus habitantes, por fortuna afros en su mayoría, recurran a la autocrítica, a sus genuinas raíces de lucha, tracen horizontes desde su propia cosmogonía y sean artífices de las soluciones a sus problemas. Produce tristeza ver a miles de bonaerenses históricamente burlados, excluidos y segregados. Mientras tanto Colombia, oficialmente, niega que en su territorio exista apartheid, diásporas y racismo. La esclavitud adquiere nuevas expresiones. Los mercachifles que impulsan la moda del giro decolonial ¿qué dirán sobre el particular?
https://www.las2orillas.co/buenaventura-caso-apartheid/
3. Al pueblo de Buenaventura, hoy, ni siquiera los truenos le silencia su voz de rebeldía
Bello puerto en el mar mi Buenaventura, donde la gente lucha y muestra bravura
Eres hoy gran ejemplo de fuerza y dignidad.
No esperaron al primer rayo de sol para custodiar el ingreso de tracto mulas con mercancía y agredir a todo aquél que tratara de evitar su paso por el Puerto. El 2 de junio, una vez más, el Esmad y el Ejército Nacional agredieron a la población de Buenaventura; pero una vez más, este pueblo le muestra al país su capacidad de resistencia.
Al amanecer, 3:00 am; amparados en la oscuridad, llegaron 2 tanquetas del Esmad y 2 del Ejército Nacional, policías motorizados y un helicóptero, todo un equipamiento como para un combate militar, pero en ese caso para rodear y tomar el control de los barrios Isla de la Paz, Oriente, Cima y Vía Alterna. Llegaron en silencio, con alevosía, desplegando toda su fuerza para atacar las viviendas y a las familias que allí residen; familias comprometidas con el impulso y defensa del paro; familias convencidas de la justeza de esta lucha. Unas pocas horas después, un camión que transitaba por el sector sufrió el impacto de las llamas. ¿Llamado de atención por su actitud violenta y de violación de los derechos humanos de decenas de familias que gozaban del derecho al descanso?
En otro territorio
Mientras en el ambiente de estos barrios aún los gases lacrimógenos lanzados por el Esmad no habían sido dispersados del todo por el viento y el ambiente en los barrios afectados era denso y de ira por lo sucedido, arribaban a Bogotá dos delegados del Comité Coordinador del Paro Cívico, asì como dos indígenas habitantes del sector La Delfina, para reunirse en la Procuraduría con delegados gubernamentales, espacio propiciado por Todd Howland alto comisionado de los derechos humanos de las Naciones Unidas para Colombia. No era para menos, en los organismos internacionales hay preocupación por los reportes de ataques y violación de los derechos que están sufriendo los bonaverenses.
El propósito de esta reunión no es negociar ni mucho menos, como informaron en horas matutinas los medios oficiosos de comunicación, los delegados viajaron a escuchar al gobierno frente a los constantes ataques que sufridos por cientos de personas que protestan de manera pacífica por parte del Esmad, la Policía y el Ejército, durante los 18 días de paro.
A la fecha, los ataques arrojan 300 heridos, de los cuales el 20 por ciento son niños, más dos madres gestantes que perdieron sus bebés a causa de los gases y ataques violentos por parte de la fuerza pública. La situación de violencia es tal, que de acuerdo con William Riascos, sacerdote de la Catedral de Buenaventura, los diálogos serán suspendidos hasta que el Esmad no sea retirado de las zonas donde la gente se concentra para hacer sentir sus cánticos de protesta. (...)
Un paro con fuerza y convicción de triunfo. Diecisiete días de parálisis y de cohesión social, durante los cuales el Gobierno ha dilatado de diferentes maneras el arribo a una resolución final del mismo, procurando por todos los medios llevarlo a su fin por vía de la violencia y el temor.
Son diecisiete días de protestas pacíficas y de ataques violentos por parte de la mal llamada fuerza pública; dos semanas y unos días más durante los cuales el único interés efectivo demostrado por el gobierno nacional es por la mercancía acumulada en las bodegas del Puerto, para que la misma salga hacia sus destinos en el interior del país. Y precisamente en impedir que la mercancía salga hacia tales rutas radica la posibilidad de triunfo del pueblo bonaerense. Pueblo que ya no cree ni confía en la palabra oficial, pues conoce su falsedad.
Lo que evidencia esta actitud oficial da lástima –más que lástima–, pues desnuda al alto gobierno en su mezquindad: las pérdidas económicas para los grandes empresarios y comerciantes del país tienen más peso que el bienestar de 415.640 habitantes, que durante décadas han sufrido el olvido, el abandono y la explotación propia de un país corrupto y en guerra como el nuestro.
Últimos reportes de los ataques

Boletín 05 y Boletín 06
https://www.desdeabajo.info/colombia/31662-al-pueblo-de-buenaventura-hoy-ni-siquiera-los-truenos-le-alzan-la-voz.html
4.ELNOBEL DE PAZ"EN MODO"REPRESIÓN EN BUENAVENTURA
Abilio Peña - @Abiliopena
Primero el dios mercado
Eran tolerables las protestas en Buenaventura hasta que los ciudadanos se cansaron de observar que las protestas no eran atendidas y que las mercancías eran tratadas con sumo cuidado al descender de los barcos y al ascender a los camiones y viceversa, como si fueran divinas. Tomaron la decisión de afectar su circulación, pues tanta comodidad para las cosas era ofensiva para ciudadanos sin agua, sin luz, sin vivienda, sin salud, sin empleo.
Lo sagrado no se toca, respondió el poder estatal y ordenó atacar a los potenciales manifestantes antes de que salieran a manifestar, aprovechándose de la oscuridad y del sueño reparador de fuerzas. En otros lugares se llama guerra preventiva, asegurar que el dios mercado pueda circular, así sea necesario sacrificar para su satisfacción el sueño de las mujeres, de los hombres, de los animales, pero también su salud y si fuera necesario su vida. Ya ha pasado en el puerto. Muy buenos estudios han mostrado que su ampliación y la de el malecón, financiado por accionistas extranjeros, se construye en áreas donde antes vivía gente que fue desplazada o en los lugares en que se entronizaron las barbaras casas de pique en la que desmembraron a mujeres y hombres.
Para rendirle culto a ese dios, valen los sacrificios. Pareciera que se reanimara, que se llenara de más fuerza y poder, que sus sacerdotes se enorgullecieran del humo de las granadas y de la sangre con la que se le abre camino para que pueda circular sin interferencias. Las protestas son sólo obstrucciones a la libre circulación del mercado fácil de resolver. Así como para la basura se utilizan escobas, para los que se atraviesan en el camino de las mercancías está la fuerza de choque de la policía – El Esmad- , los helicópteros que lanzan bombas aturdidoras y la presencia aterradora de la marina. No conmueve el llanto de las niñas y niños, el clamor de sus mamás.
“Son demasiados, demasiados, atacando a la comunidad -dice una mujer llorando- fumigando desde arriba, solamente con el propósito de sacar la carga del muelle, que la población no les importamos nada. Por favor necesitamos la solidaridad del mundo entero. No dejen que nos maten”.
El nobel de paz, luz en la calle y sombra en la casa, es el primero que en Colombia ha recibido ese premio, el mismo al que en en Asís, Italia le entregaron la lampara del santo de la paz, del pobre Francisco. El es el jefe de esa policía y de ese ejercito que reprime a los bonaverenses. El no sabe del Dios de Francisco, él adora al dios mercado. El tiene planes que la realidad le fue cambiando. Quería convertir a Buenaventura en el epicentro del Plan Pacífico, aquella área de libre comercio para la mitad mundo del que el puerto es uno de sus estandartes. Ese atrio extendido para su dios, preparado con detalles por medio de sacrificios humanos, de repente empezó a ser visto por defensores de derechos, humanos del mundo y medios de información como el epicentro del horror y la barbarie tras los hallazgos de las casas de pique, que primero las “autoridades” querían tapar, como si se pudiera ocultar el sol con un dedo, y luego a fuerza de desvergüenza debieron reconocer.
La gran cumbre de presidentes de los países del grupo del pacífico, debió trasladarse de Buenaventura a Cartagena, donde la pobreza no se viera. La sangre de los sacrificios del dios mercado no se puedo lavar bien y esa mancha gritó al cielo, así como ocurrió con la sangre de Abel luego de haber sido asesinado por su hermano Caín, en la metáfora bíblica.
Dentro de un mes se realizará en Cali otra cumbre de la Alianza Pacífico de la que hace parte Colombia con tres países más y cuarenta y nueve países observadores. El nobel de paz recibirá de Chile la presidencia protempore. El principal objetivo de la Alianza, ha dicho el gobierno del nobel, “ es conformar un área de integración profunda que impulse un mayor crecimiento, desarrollo y competitividad de las economías participantes, mediante la búsqueda progresiva de la libre circulación de bienes, servicios, capitales y personas”. Ya había dicho que la paz facilitaría esos negocios. Nadie se puede oponer a la libre circulación del mercado, el dios de éste mundo. Si así ocurriere, lloverá represión y muerte, a pesar de que su máximo profeta en Colombia sea un premio nobel de paz.
http://www.contagioradio.com/el-nobel-de-paz-en-modo-represion-en-buenaventura-articulo-41596/

