Levantamiento del Paro Campesino: de la Capitulación a la Traición.
Luego de ser un movimiento amplio con respaldo popular y bloqueo de vías, quedó reducido a un grupo de valientes encadenados abandonados por sus dirigentes.
En un país devastado por una contrareforma agraria impuesta a sangre y fuego por los últimos gobiernos burgueses liberal-conservadores desde mediados del siglo pasado, incrementada durante los gobiernos de Alvaro Uribe Velez con su ejército paramilitar apoyado con las mismas fuerzas institucionales y continuada con el de Juan Manuel Santos, no para beneficiar a sus propietarios naturales, campesinos, indígenas y colonos que trabajan esas tierras.
Todo este proceso es usado para impulsar el desarrollo de megaproyectos agroindustriales, apoyar a los terratenientes, a los traficantes de la titulación de tierras, a las compañías extranjeras, y a las empresas depredadoras mineras o petroleras que la necesitan para desangrarla, convertirla en grandes utilidades y beneficios que irán a parar a las arcas de banqueros e inversionistas capitalistas nacionales y extranjeros.
Lo que aparece de lleno al observar este panorama es la implantación, a sangre y fuego, de un modelo de desarrollo diseñado en función de la gran propiedad capitalista y los capitales imperialistas, volcados a una producción dirigida a la exportación que devasta las riquezas naturales y contamina el medio ambiente, acentuando las diferencias y desigualdades sociales y la distribución del ingreso, y que acentúa como nunca la dependencia económica y política de la nación y el pueblo colombiano al sistema de dominación imperialista.
Mientras tanto nos dejan las tierras productivas convertidas en potreros, las tierra para ganado en matorrales o convertidas en desiertos, dejando los ríos, las fuentes y lagunas secas y llenas con miles de cadáveres de su fauna, como ocurrió en la reciente tragedia ambiental en Paz de Ariporo, Casanare, todo con la complicidad de los gobernantes de turno lacayos al servicio de estos terratenientes, burgueses y al gran capital.
El agobiado campesinado colombiano durante el pasado 2013, cansado de cargar sobre sus espaldas, esta situación de presión, protagonizo un verdadero levantamiento popular durante algunas semanas, logrando con su lucha aglutinar a sectores populares y trabajadores, ganando las simpatías de los más pobres, y de los estudiantes y por ende el odio de la gran burguesía y los terratenientes y el temor de los inversionistas. Luchadores que lograron organizarse levantando un pliego de exigencias único, utilizando como herramientas de esta lucha popular, el paro, la movilización y los bloqueos de carreteras para exigir sus reivindicaciones dando ejemplo con su constancia y combatividad.
Estos incansables luchadores campesinos se lanzan desde hace dos semanas a una nueva lucha y en ella han aportado su cuota de sangre y sacrificio, con decenas de luchadores heridos y detenidos por el ESMAD, la policía criminal del régimen encargada de reprimir las protestas populares. Confiaban estos luchadores campesinos en que ahora sí, lograrían derrotar al gobierno de Juan Manuel Santos, y desenmascarar la farsa de su política social en plena coyuntura electoral.
Pero han sido doblegados y vencidos, pero desgraciadamente no por el régimen y su esquema represivo, sino por la mano de su propia dirección quienes levantaron el paro, negociando a espaldas de las bases, a espaldas de los luchadores campesinos, quedando con sus manos vacías, apretando un puñado de promesas que no pasan de un reconocimiento formal a su organización, porque la decisión de levantar el paro, fue tomada por las direcciones conformantes de la Comisión Política.
Cumbre Agraria, Campesina, Étnica y Popular, conformada por: la ONIC, el Congreso de los Pueblos, Movimiento Marcha Patriótica, Coordinador Nacional Agrario (CNA), la MIA, la COSMOSOC, el Proceso de Comunidades Negras (PCN), FENSUAGRO, la Mesa de Unidad Agraria (MUA), la ANZORC y Movimiento por la Constituyente Popular (MCP); han tenido como política privilegiar los acuerdos de La Habana por encima de las luchas populares, en otras palabras, han sacrificado la lucha de los campesinos a cuenta y beneficio de las ilusiones de "la prosperidad para todos" del gobierno de Santos en la cual han cifrado sus esperanzas y en quien confían todos los políticos pequeñoburgueses reformistas, que se niegan a desenmascarar las mentiras de la burguesía, de que la paz es para los inversionistas capitalistas, para que las compañías extranjeras se lleven las riquezas.
El interés de los trabajadores, de los campesinos y el pueblo no se pueden conciliar con los del capital y el imperialismo. Aprovechando la borrachera de la farsa electoral y la ilusión de un espejismo de paz que no es la suya, los dirigentes de los luchadores campesinos han traicionado a sus bases y al pueblo que les apoyaba.
Con el argumento de que es una victoria la creación de un fondo en el papel, el reconocimiento de "Cumbre Agraria" como actor político, de elaborar un documento con la promesa de unos estudios y propuestas que muy seguramente el gobierno incumplirá como sucedió con todos los acuerdos anteriores, estos reformistas y capituladores, convertidos en vendedores de ilusiones y de baratijas, pretenden validar y esconder su traición, sin ningún respeto por los campesinos que han luchado, por los caídos, sin importarles la opinión de los luchadores campesinos, porque éstos debieron ser previamente consultados en sus sitios de lucha, en las carreteras y en los pueblos.
De igual manera el gobierno con sus emisarios, se han dirigido hasta el Huila en donde aún resistían sectores de las dignidades, lo mismo que los que se mantienen sectores del Meta con las Dignidades Agropecuarias y con los compañeros que se mantienen en la Plaza de Bolívar en Bogotá en representación de las Dignidades Paperas, esperemos que los resultados no sean los mismos porque al momento de escribir esto documento se informaba sobre el levantamiento del paro y el bloqueo en el Huila.
El movimiento campesino, debe confrontar a estos dirigentes capituladores y reorganizarse conformando una dirección para la lucha, con las herramientas valiosas que habían abrazado: la huelga y la movilización, para luchar por la tierra y por sus reivindicaciones sin depositar confianza en sus verdugos, ni en los gobiernos de turno, ni en el gran capital.
Han salvado al gobierno y a las elecciones presidenciales escudándose en las conversaciones de La Habana y en la aplicación de las políticas reformistas de conciliación de clases. No ha sido otra la razón para tales acuerdos y componendas.
Hoy se inicia un paro en el magisterio liderado por la FECODE. A los educadores colombianos el año pasado les ocurrió algo similar. Iniciaron el paro a las cero horas del día programado y luego a las 10 horas las directivas sindicales levantan el movimiento porque habían pactado con el gobierno, quedando las bases desinformadas y frustradas. Esperemos que no vuelva a ocurrir lo mismo en esta ocasión.
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