90 AÑOS DESPUES 10 DE FEBRERO DE 1923: FUNDACION DE LA UNION SINDICAL OBRERA (USO)
Renán Vega Cantor
Este
escrito hace parte del capítulo dos del libro de Renán Vega, Ángela Núñez y Alexander Pereira, Petróleo y protesta obrera. La USO y los
trabajadores petroleros en Colombia.
Raúl Eduardo Mahecha, fundador del sindicato y esclarecido lìder del movimento obrero colombiano
Este 10 de febrero se
conmemoran 90 años de fundación de la Unión Sindical Obrera, combativa
organización de los trabajadores de la industria del petróleo en Colombia. A
pesar de la persecución estatal y paraestatal que ha sufrido a lo largo de su
historia, la USO se mantiene en pie, afrontando los nuevos retos de nuestro tiempo,
y manteniendo en alto las banderas de la dignidad y de la soberanía nacional.
Como un homenaje a este aniversario publicamos la reconstrucción de su
fundación, para lo cual esbozamos de antemano un recuento general sobre la constitución
de los trabajadores petroleros.
Es significativo, que casi
un siglo después, en Colombia los nuevos trabajadores del sector petrolero
soporten condiciones similares a las que aquí se describen, como una muestra
palpable que, a pesar de las apariencias, las estructuras profundas de la
dominación y la dependencia se mantienen y no se han modificado la injusticia y
desigualdad que caracteriza a la sociedad colombiana.
FORMACIÓN, ORGANIZACIÓN Y LUCHA DE LOS TRABAJADORES PETROLEROS
El naciente proletariado petrolero tuvo un
origen geográfico, social y étnico muy diverso. En términos sociales, la mayor
parte de los trabajadores colombianos era de origen campesino. Muchos de ellos
eran pequeños colonos y minifundistas, sin ninguna experiencia laboral como
trabajadores asalariados, que fueron atraídos por la leyenda que empezó a
circular en varios sitios del país sobre la bonanza económica que producía el
oro negro y los altos salarios que ofrecía la Tropical Oil Company (la Troco).
En cuanto a lo geográfico se refiere, provenían de distintos lugares del país,
preferentemente de las empobrecidas montañas antioqueñas, las sabanas de
Bolívar y la Costa Atlántica, así como de las zonas circundantes de Santander y
de otros lugares del interior del país. Esto aparece registrado en un interesante
informe de Honorio Campo, Inspector de Policía de Barrancabermeja, dirigido al
Prefecto Provincial de Zapatoca, en el cual se dice que los obreros “por ahora
se ocupan en los trabajos de construcción o desmonte del camino de ésta aInfantas en cuyo trayecto
han establecido los campamentos para las cuadrillas de los pocos peones que
tienen en su servicio, que son todos o su mayor parte colombianos”. Enseguida
señalaba:
La Empresa para llevar a
cabo la construcción de los edificios de refinería e instalación de la tubería,
se dispone a dar ocupación a un número no menor de mil peones diarios y con ese
fin hanenviado comisionados a enganchar
obreros al Departamento de Antioquia de donde únicamentehan venido dos partidas en
números reducidos, y a la Costa de donde trajeron otra partida también en
número enteramente escaso; de la primera partida sólo quedaron muy pocos y de
las otras que han llegado últimamente también se ha
disminuido notablemente y puede decirse que en los campamentos el mayor número
de peones que hay, es de gente santandereana, que son los que más soportan las
inclemencias del clima; los peones traídos de la costa ya todos se han
regresado de los campamentos por razón de lo malsano y más que todo, la mala y
escasa alimentación que según el decir de la mayor parte de los trabajadores,
no satisface a la clase de trabajo que se ejecuta; el número de peones diarios
que trabaja está reducido al 50% por quedar el resto enfermo en los
campamentos, con fiebre En lo relacionado a la configuración étnica de los
primeros núcleos obreros, sobresalieron las influencias afrocampesinas, puesto
que gran parte de los emigrantes provenían de las sabanas de Bolívar, Sucre
y Córdoba y otras regiones de la costa
atlántica. Como, a su vez, estos pobladores eran resultado de una mezcla
histórica de varios siglos entre “blancos”, indígenas y negros, lo que en
realidad se estaba reproduciendo en Barrancabermeja era la cultura triétnica, tan
importante para determinar lo propio de los habitantes del bajo y medio Magdalena, en la que sobresale
el aporte característico proporcionado por lo que puede denominarse como
“afromagdalenense”. No por azar, los primeros contingentes de trabajadores de
la Tropical, aquellos que abrían trocha eran de color oscuro, por su probada
resistencia y fortaleza para asumir las duras labores de descuajar monte a
punta de machete. Estos macheteros se cuentan entre los primeros afiliados de
la Unión Obrera, desde su fundación en 1923, por el influjo que tendrían dos
personajes, vinculados social y étnicamente con ellos, como lo fueron Raúl
Eduardo Mahecha y Escolático Álvarez,
ambos coparticipes en la organización inicial de los trabajadores petroleros
en la región de Barrancabermeja. No
sobra recordar que a Mahecha le decían familiarmente el “negro” y que
Escolástico Álvarez era, efectivamente,
un personaje con rasgos faciales negros, como puede observarse en una de sus
fotografías. En pocas palabras,
“zambaje, mulataje, morenura, y negrura digna de antepasados libertarios
cimarrones, es lo que se reveló también en la gestación oficial y extraoficial
de Barrancabermeja”2.
La importancia de esas
labores rudas, que debieron desempeñar los componentes de este naciente afro
proletariado, queda registrada en un informe de 1919, en el que se
afirmaba que “la mayor parte de los
trabajadores de Santander que la empresa ha enganchado, carecen del vigor
suficiente para soportar las inclemencias del clima, y ésta es la razón por la
cual tienen que retirarse sin haber ganado y con enfermedades que en la mayor
parte de los casos causan la muerte de los pacientes”3. Justamente, por esa razón
fueron enganchados aquellos que podían resistir durante más tiempo las
inclemencias de los duros trabajos requeridos para iniciar la explotación de
petróleo, como los hacheros y macheteros negros, antes mencionados.
Del exterior también
llegaron trabajadores, pues la Troco enganchó obreros calificados de origen
caribeño y antillano, conocidos genéricamente con el apelativo de Yumecas, negros fuertes y resistentes que
habían demostrado su capacidad de trabajo en empresas y enclaves de banano,
azúcar y otros productos. Paradójicamente, los
yumecas fueron considerados por los trabajadores colombianos como parte
de la elite de la empresa, que los incorporó como personal fijo y los "alojó" en instalaciones
muy superiores a los campamentos miserables y desvencijados en los que residían
los obreros colombianos. Los yumecas tenían una ventaja con respecto a los
trabajadores colombianos, puesto que hablaban inglés y tenían experiencia en
trabajos similares en otros enclaves del Caribe (tal como el del Canal de
Panamá), lo cual les permitía relacionarse de manera más fácil y directa con
los capataces, administradores e ingenieros de la Tropical. Esta situación
generó una actitud racista a la inversa por parte de algunos sectores del
naciente proletariado colombiano, que no podían entender por qué razones la
Troco los discriminaba con respecto a los caribeños y antillanos. Incluso, en
1923 cundió el pánico entre los trabajadores cuando se conoció la propuesta de
la compañía de introducir varios miles
de yumecas para sustituirlos. La
propuesta fue rechazada por las autoridades colombianas también por razones
racistas, ya que se argumentó que no era conveniente traer negros al país. Ante
la reacción suscitada la compañía abandonó la idea.
Como resultado de diversas
influencias étnicas, Barrancabermeja se convirtió desde la década de 1920 en un
crisol cultural, como lo registró pocos años después el escritor y poeta Tomas
Vargas Osorio:
Aquí, en los muelles, donde
hay barcazas olorosas a pescado agrio y donde las navajas de los negros
salpican la atmósfera de menudas escamas lucientes y las mujeres de senos casi desnudos
se agobian bajo los racimos de plátanos, juegan unos niños panzudos amasando
lodo rojizo. Sobre los planchones y bajo sucios toldos de lona duermen unos
hombres. Otros fuman tabaco negro mirando fijamente las aguas del río […]
Japoneses menudos y
avellanados; chinos reverentes y humildes; gringos con camisas de kaki fuerte y
botas ferradas; alemanes de cabeza rasurada, blancos y rollizos; negros de
Cuba, mulatosde la costa, hombres de
Antioquia y de Santander con sus camisas
blancas de seda y su andar ligero y vivo […]
Las gentes no se apresuran.
Tienen de la vida un concepto que no existe en ninguna otra parte de la república. Lo que se gana
es para divertirse. Hay mujeres venidas de los cuatro puntos cardinales de la
tierra, pianos de cola y whisky. La ciudad tiene además su dialecto especial,
su “tabla de valores” y su filosofía […] La ciudad es cruel y halagadora.
Cuando cae el crepúsculo sobre el río y el barranco se tiñe de rojeces más
vivas […] y cuando de las petroleras regresan lostrabajadores, lentos y
cansados, los bares se llenan, funcionan los pianos de cola y las mujeres, pintarrajeadas
y ebrias ya, se asoman a las puertas en actitudes incitantes. El hielo sigue tintineando
en los vasos de cerveza. Sobre el tapete verde las bolas de marfil se persiguen
topeteándose. Se baila una rumba cubana y los negros, en coro, cantan una
canción lánguida queva a morir en la orilla del
río.
Eso es Barranca la ciudad petrolera de Colombia
El naciente proletariado petrolero
se desempeñaba en disímiles actividades,
empezando por las relativas a la extracción y procesamiento del crudo (perforación
y sondeo de los pozos) que en un comienzo eran realizadas por trabajadores
calificados de Estados Unidos o por algunos yumecas pero que luego fueron
efectuadas por obreros colombianos. La configuración productiva del enclave
precisaba de un variado número de actividades, en las que también se formó el
proletariado de la región. El desmonte de selva, la construcción de carreteras, tramos férreos, instalaciones de la compañía, campamentos y
el tendido de un oleoducto de más de 500 kilómetros hasta la Costa Atlántica
fueron algunas de las actividades desempeñadas por los primeros trabajadores.
Junto a éstas se desarrollaron otras labores complementarias, como las de
cocinar, lavar, limpiar los campamentos y habitaciones de la compañía, que configuraron un heterogéneo grupo de trabajadores asalariados,
formado por hombres vinculados a la empresa, ya que las mujeres trabajadoras se
desempeñaban, algunas por su cuenta y
riesgo, en las actividades de cocinar, atender sitios de fritanga, limpiar los hoteles,
que se desarrollaban en la cabecera municipal. Estas labores eran complementarias
al trabajo masculino en los campos petroleros y se originaron por la
implantación del enclave en la región.
Desde un principio, la Troco
se preocupó por no vincular a los trabajadores de manera indefinida para evitar
conflictos sindicales y para impedir que los obreros colombianos adquirieran
conocimientos especializados sobre la industria petrolera. Por estas razones,
en los primeros años del enclave existía una población flotante, de
trabajadores y de otras personas, que iba tras una ganancia rápida que le permitiera regresar
luego a sus lugares de origen, tal como era el caso de comerciantes y
prostitutas. Sobre esta población flotante se tejió toda una leyenda negativa,
como lo expresaba un policía de Barrancabermeja:
La población existente en
Barrancabermeja es flotante, "deduciendo unas dos o trescientas personas
que con anterioridad al incremento actual, están radicadas. Lo demás se calcula
así:
1500 trabajadores de la
Tropical, 600 u 800 comerciantes, cantineros, fonderos, buhoneros, negociantes
en artículos de consumo, peones de particulares, sirvientes, carreteros, etc.;
y por losmenos 2000 entre mujeres
públicas y vagos entregados a todas las artes y oficios ilícitos, constituyendo
estos un núcleo formidable llamado por los antioqueños PERRAJE que es de manera
latente una constante amenaza de la vida y de la propiedad. En las Infantas: de
1200 a 1300 trabajadores de la Tropical, unos 200 ocupados en industrias
particulares y por lo menos 500 personas de las clasificadas como perniciosas,
que alternan entre el Puerto y la estación anotada.
El perraje de uno y otro
lugar se moviliza frecuentemente a medida de suceso o insuceso en sus labores,
para retornar en breve tiempo con nuevos compañeros.
La apreciación pública es
que hay cerca de 3000 personas que imponen constante preocupación, las cuales
precisa expulsar paulatinamente, siendo conveniente establecer en seguida una
oficina autorizadora de inmigrantes
ante certificados honorables si conviene o no su arribo al lugar. Para facilitar
la expulsión de vagos, prostitutas y demás elementos perniciosos, precisa tener en el puerto a órdenes de la
policía, lo menos dos Gasolinas piloteadas y mantener en tierra un automóvil y
un autocamión. Las primeras para bajar y subir el río y los últimos para estar
en constante comunicación con las Infantas y auxiliar recíprocamente las dos
guarniciones, relevar y conducir infractores. Con 80 o 100 policías... tanto
aquí como en las Infantas se puede garantizar que en 90 días queda saneada la
comarca. Si no se hace con severidad y rigor lo que deje anotadomás tarde será difícil
debido al crecimiento que hay de gente extraña todos los días, perversa en parte
considerable.
A pesar de la afluencia
masiva de gentes hacia Barrancabermeja, existían momentos en que a la compañía
le faltaban brazos para trabajar. Cuando esto acontecía, se recurría al sistema de enganche,
encargando a los capataces para que salieran a buscar trabajadores en otras
zonas del país. Los enganchadores vinculaban a los trabajadores prometiéndoles
lo divino y lo humano, aunque cuando los nuevos obreros llegaban se
decepcionaban muy rápido al ver que las promesas no coincidían con la realidad.
Y esto por varias razones. En primer lugar, las condiciones climáticas y
ambientales eran muy difíciles: un clima cálido, tropical húmedo, con una temperatura promedio
de 35 grados centígrados, en un medio asolado por multitud de mosquitos que
producían diversas enfermedades:
“La enfermedad dominante en
esta región es la fiebre palúdica y últimamente sufren los trabajadores de una
ulceración en los pies debido a que tienen que trabajar sobre barriales, hasta
el punto de no poder caminar”. Las precarias condiciones de salud de los
trabajadores se agravaban porque la “empresa tiene un médico americano en
servicio, atendiendo muy poco a los peones que enferman, y permanece casi
siempre en el sitio de Infantas. La empresa carece de Hospital en este caserío
y en los campamentos”7. Incluso, el médico de la compañía aunque “tiene buenos
conocimientos profesionales”, era invalido, lo que le dificultaba “andar por
los campamentos prescribiendo tratamientos adecuados a las enfermedades”8.
Según el prefecto Provincial de Zapatota, “se nota la carencia de un Hospital
en Infantas o Barrancabermeja, pues los enfermos sufren sus novedades en tambos
descuidados y se me informa que ha llegado el caso dedejar un enfermo por la
mañana al salir al trabajo y encontrarlo muerto a la noche cuando se regresa de
él, sin que durante el día se le preste ayuda”9. Este mismo funcionario
señalaba cómo trataba la Troco a los trabajadores que se enfermaban:
Cuando un peón no puede
trabajar por haberse enfermado, le suministran la alimentación descontándole el
valor de ésta de lo que haya trabajado y si la imposibilidad pasa de cuatro
días, le retiran todo recurso y lo despachan del campamento sin auxilios de
ninguna clase, como ha pasado recientemente con unos cuantos que hay en esta
localidad enfermos, venidos de los trabajos en deplorable estado de miseria,
teniendo que implorar la caridad para alimentarse y conseguir el pasaje para
regresar a sus casas11.
Esta información era
ratificada por otro funcionario:
No hay estadística de las
defunciones ocurridas entre los trabajadores de la empresa y es cierto que
algunos peones que han trabajado con ésta, se han visto vagando por las calles
sin recursos de ninguna clase y algunos han muerto. Sobre el particular dice el
Gerente que, esto se debe a que algunos han venido ya enfermos y otros, que han
contraído la enfermedad en el trabajo, no se han sometido a los tratamientos
del médico, en vista de lo cual, la Compañía les ha puesto el dilema de aceptar
las prescripciones facultativas o retirarse, obtando (sic) los peones por lo
último.
En segundo lugar, no existía
un adecuado aprovisionamiento de agua potable para el consumo humano, pues no
había plantas de tratamiento ni acueducto. Por eso, proliferaban enfermedades
estomacales, como la disentería y la gastroenteritis,
lo que se complementaba con la mala calidad y falta de higiene en los alimentos
que les suministraban a los trabajadores:
A los trabajadores, en caso
de enfermedad, se les da alimentación hasta tanto el jornal que hayan devengado
cubra la alimentación que reciben; cubierto todo el haber, se les retira del
trabajo, pues gratuitamente no se les atiende. Otra causa de desaliento de los
trabajadores… es lo deficiente de la alimentación, aun cuando es la misma que
usan los colonos de la región para sus trabajadores, y la circunstancia de que
el médico actual de la empresa habla muy poco el español, haciéndose casi
imposible el (sic) que el enfermo pueda manifestar su novedad. (…)12.
A este respecto, el médico
Francisco Pradilla que trabajó en el hospital petrolero de la Tigra denunciaba
en 1921 las malas condiciones en “que se hallaban trabajadores colombianos…,
por falta de interés por su salud”, teniendo en cuenta que la empresa no
suministraba quinina, agua hervida,
algodón ni vendajes en buenas condiciones, y tampoco había adecuado fosos para
excusados13.
En tercer lugar, las condiciones de trabajo tampoco eran
atractivas, ya que los obreros laboraban en extensas jornadas de 10 y 12 horas,
de lunes a sábado, recibiendo muy mala alimentación y eran alojados en
campamentos inadecuados, sin ningún tipo de servicio sanitario ni de protección
que impidiera la entrada de mosquitos. Así, “el trabajo diario de los
campamentos… principia de las seis a las once de la mañana y de la una a las
cinco de la tarde”. Además, cuando un obrero abandonaba el trabajo y no portaba
el respectivo vale de la empresa, “le demoran el pago hasta que averiguan por
teléfono la cuenta del peón”. A todo ello habría que agregar el maltrato que
debían soportar los trabajadores, puesto que “entre los oficiales o ingenieros
extranjeros que ha tenido la Empresa en
Infantas y últimamente en los campamentos, se ha distinguido siempre como amigo
de ultrajar a los trabajadores el súbdito italiano Carlos Macini”14.
En cuarto lugar, las
condiciones higiénicas de las habitaciones en donde debían pernoctar los
trabajadores no eran muy halagadoras, como lo reportó el informe del delegado
del Ministro de Obras Públicas, a finales de 1916, cuando señalaba que en
Infantas se “encuentran tres enramadas abiertas para el alojamiento de los peones,
con capacidad apenas suficiente para veinte individuos; pero observé que allí
pernoctan mayor número del que permite la higiene, máxime si se tiene en cuenta
lo insalubre del clima y la pésima alimentación
que se suministra a los peones”15.
Tanto los rigores del
trabajo como las enfermedades tropicales minaban la salud de los obreros y la
empresa no mostraba ningún interés en reponer su integridad física. Por ello,
en principio no dispuso la construcción de un hospital o un centro de salud
adecuada para ellos, sino un sitio desvencijado y mal atendido, aunque sí tenía
uno de primera categoría para el personal estadounidense. Todos los elementos
señalados, son ratificados en el informe de Honorio Campo:
Basta haber viajado de ésta
(Barrancabermeja) a San Vicente para darse cuenta cualquiera de cómo sufre el
que se resigna a trabajar en esas montañas donde van los trabajos, en donde es
taninsoportable el número de
plagas y en ocupaciones como la de los macheteros o hacheros que esen lo que actualmente
trabajan, y además el jornal o diario que les pagan a los peones no es sinode un peso, del cual les
descuentan treinta centavos diarios por
la alimentación, quedando reducido el valor del jornal a setenta centavos, que
en virtud de la gran alza de los artículos de primera necesidad, es demasiado
barato; mientras que en el Departamento de Antioquia, así como en el de
Bolívar, según dicen los mismos comisionados que van a enganchar peones, el
jornal o pensión diaria es de un peso cincuenta centavos, que para los
trabajadores de esta Empresa sería un precio justo. Se viene observando desde
el principio de estos trabajos que la mayor parte de los peones que se retiran,
sea de Infantas o de los campamentos, vienen disgustados, no de los oficiales
americanos, sino de los mismos nacionales, abusando del empleo que desempeñan,
y eso mismo resulta con la alimentación, pues muchas veces los responsables de
que sea escasa o mala son los despenseros16.
En noviembre de 1922, en una
de las primeras comunicaciones conocidas de Raúl Eduardo Mahecha en
Barrancabermeja, se explicaba la difícil situación de los trabajadores:
Hace dos meses la Tropical
Oil Company ha resuelto establecer un sistema no conocido en las fábricas de
Colombia para botar a sus operarios; aquí todo trabajador sea cual fuere su
categoría, es despedido si la fatalidad lo cobija y se ve enfermo, ya sea de
fiebres palúdicas, ulceras o diarreas, conseguidas por razón de sus quehaceres
de obrero; también es despedido cuando no sepresta a la adulación,
firmando manifestaciones para el gobierno, "haciendo aparecer a la compañía
como la mejor empresa de su clase", por su rectitud, honorabilidad y
espíritu de filantropía con sus trabajadores; [...] Otro hecho de significación
y que testifica una guerra sin cuartel, es haber resuelto la compañía "no
pagar a los trabajadores más de un peso diario"; aquí donde una miserable
alimentación vale diariamente $0.60, el lavado de una pieza de ropa 0,20; total
que al trabajador solo le queda de ganancia útil "para el sepulcro",
las fiebres, ulceras y disentería, enfermedades crónicas en esta localidad y en
las Infantas, donde se han registrado hasta ciento diez defunciones mensuales;
hoy mismo andan por las calles de este municipio más de 140 trabajadores de las
petroleras de las Infantas, cargados de
ulceras y fiebres; mendigando de puerta en puerta ya que la compañía los supo
ocupar cuando la salud era su patrimonio; y hoy, los ve inútiles,
desgraciados... Las compañías petroleras desean enriquecerse, aunque para ello sea
necesario levantar pirámides de esqueletos humanos.
Es necesario que los hombres
de corazón, los que ven en los obreros el brazo
de acero y la esperanza para la patria en el mañana, tomen cartas en
esta crítica situación y hagan oír en todos los ámbitos de la República la voz
de alerta de los obreros sin pan, hartos de miseria y próximos a la muerte que
pintan el cuadro de su desgracia para ejemplo y experiencia de sus hermanos los
obreros17.
La compañía argumentaba que
las difíciles condiciones de trabajo y de vida de la población obrera estaban
compensadas por los salarios que pagaba, nominalmente los mejores del país, y
se escudaba en esta premisa para negarse a asumir las demandas obreras de
mejorar las condiciones de trabajo y aumentar los salarios. Sin embargo, la empresa nunca revelaba datos consistentes
sobre el número de trabajadores que empleaba y
el sueldo que le pagaba a cada uno de ellos. En 1922, a raíz de
denuncias de prensa sobre las lamentables condiciones de trabajo de los obreros
petroleros, la Troco respondió con guarismos tan ambiguos como que el número de
obreros que empleaba variaba entre un mínimo de 1200 y un máximo de 2000. Así mismo,
se suministraron cifras sobre los salarios de los trabajadores, pero no
se aclaró ni el número ni la nacionalidad de los trabajadores de cada
actividad, y además se mezclaba a todo el personal, obreros y administrativos,
nacionales y extranjeros18. No se requiere mucha perspicacia para intuir que la
mayor parte de colombianos se desempeñaba como peones, sirvientes o aguadores,
que eran las categorías peor remuneradas, junto con los trabajadores de cocina,
a los cuales se les pagaba entre 20 y 30 pesos mensuales más habitación y
comida. En 1922, con seguridad había muy pocoscolombianos, sí habían, desempeñándose en las categorías con más
altos salarios, como en las de ayudantes de oficina o mecánicos de
refinería. Además, como la Unión Obrera manifestaba en marzo de
1923, la Troco engañaba a los trabajadores puesto que les anunciaba un sueldo
de 1 peso con 50 centavos, pero cuando comenzaban a laborar sólo les cancelaba
1 peso.
Habría que considerar,
además, que a los trabajadores sólo se les pagaba por día laborado, sin
reconocérseles el domingo, cuando debían gastar en alimentación, "hacerse
arreglar la barba y el pelo, proveerse de zapatos y hacer todos los demás gastos
indispensables". Tampoco se les pagaba cuando se enfermaban, "cosa muy
frecuente en un clima tan deletéreo y tan palúdico", ya que el trabajador enfermo
era despedido por la Tropical, dejándolo "completamente abandonado a su
mísera suerte, quedando así condenado a vivir de la caridad pública o a morirse
de hambre bajo los alares de las casas o en los muladares públicos"19.
Para completar, si algún
obrero enfermaba, la compañía le cobraba cincuenta centavos por los alimentos
que consumía durante su convalecencia y si no pagaba se le dejaba morir. Los
únicos medicamentos que ofrecía la
empresa eran la quinina y la aspirina y un solo médico debía atender a todos
los enfermos. Estas denuncias de los trabajadores fueron confirmadas por los
corresponsales de prensa que cubrieron la huelga de 1927, quienes se quejaban
del excesivo costode la vida y de la carencia
de alojamientos20.
En Barrancabermeja, en razón
del súbito e inesperado crecimiento demográfico, se presentó una transformación
en el uso del suelo urbano, que repercutió en el alza en los precios de la
vivienda. Las casas se convirtieron en sitios de alojamiento, tiendas, o
expendios de licores, sin cumplir con las condiciones mínimas. De ahí que se
generalizara, de un lado, el hacinamiento, puesto que muchas personas o
familias vivían en un reducido espacio, y de otro, la concentración del suelo
en manos de terratenientes urbanos que aprovecharon la coyuntura para
apropiarse de los mejores lotes y casas
de la localidad21.
Entre las características
del boom
petrolero, la circulación monetaria, generada por la implantación del
capitalismo, atraía a comerciantes, aventureros, prostitutas y ladrones, que
buscaban mejores oportunidades para sus actividades legales e ilegales. Pero,
como algo digno de destacar, el dinero que circulaba en Barrancabermeja no
provenía de la empresa, sino de los salarios de 5000 trabajadores, cuyo monto
era el eje de la dinámica urbana. Todos los que habitaban en la localidad
tenían algo que ver con los trabajadores, o porque eran sus familiares, o
porque sus actividades dependían del gasto de los salarios, como el caso de los
comerciantes, dueños de bares y cantinas, o las mujeres dedicadas a la
prostitución. Adicionalmente, parte del dinero pagado en forma de salarios regresaba
a la compañía, puesto que los trabajadores estaban obligados a consumir los alimentos en sus comedores y a comprar en sus comisariatos, los cuales
habían empezado a funcionar desde 1916, como lo reportaba Roberto de Mares al
Ministro de Obras Públicas cuando mencionaba que la Tropical desde el mismo
comienzo de las obras estableció un “pequeño almacén de donde vende a los
trabajadores artículos de primera necesidad a precio de costo. El uso de licor en cualquiera de sus formas está
severa y absolutamente prohibido en la empresa”22.
FUNDACIÓN DE LA SOCIEDAD
UNIÓN OBRERA
En vista de las condiciones
laborales y de vida imperantes en el enclave, las protestas de los trabajadores
no se hicieron esperar. En un principio fueron espontáneas, individuales y
desorganizadas. Las quejas se referían al pésimo estado de los campamentos, las continuas enfermedades,
la inexistencia de hospital, la mala calidad de la alimentación y al mal trato
a que eran sometidos los trabajadores colombianos por los capataces, en su gran
mayoría coterráneos.
Algunas de esas quejas se
hicieron oír tímidamente fuera del marco de la Troco y de los límites de
Barrancabermeja, porque fueron conocidas por personas que visitaban la región o
difundidas por la prensa nacional. A pesar de todas esas dificultades, el 10 de
febrero de 1923 fue fundado en la clandestinidad La Unión Obrera o la Unión
Obreros, los nombres originarios de la Unión Sindical Obrera (USO). Antes de
describir este hecho, miremos las razones que explican la aparición de una organización
sindical en el seno del enclave petrolero de Barrancabermeja. Su fundación debe
ser relacionada con razones objetivas y subjetivas, que confluyeron en ese
momento y la hicieron posible. Entre los factores objetivos se encontraban las
pésimas condiciones materiales de vida y de trabajo que tenían que soportar los
trabajadores (jornadas extenuantes, pésima alimentación, falta de hospitales y
servicios médicos), las cuales fueron evidentes desde el mismo momento de
llegada de la Tropical Oil Company al Magdalena Medio en 1916, como en ese
mismo año lo denunciaba el delegado del Ministro de Obras Públicas que visitó
la región. En ese informe se destacaba el maltrato que los empresarios y las
propias autoridades colombianas dan a “nuestros infelices compatriotas que desgraciadamente
se ven obligados a buscar trabajo en esa empresa”23. Ese maltrato era
fomentado por los funcionarios estadounidenses de la Troco: “Ha llegado la
altanería de algunos empleados americanos hasta el punto de que, en alguna
ocasión, uno de ellos, Mr. W. H. Dawies, dijo que los colombianos no merecíamos
otra cosa que ser esclavos. Humillante e hiriente frase que causo profunda
indignación en el ánimo de algunos patriotas trabajadores que optaron por
retirarse inmediatamente de aquella empresa”24. Esta actitud era secundada por
las autoridades colombianas del lugar, para complacer a los nuevos amos de la
región y para obtener favores y prebendas, lo que tuvo como consecuencia que “la
justicia está en aquel Corregimiento al arbitrio de autoridades sin escrúpulo,
y que los habitantes no tienen el recurso de pedir amparo al respectivo Alcalde
por la inmensa distancia que de él los separa (3 días de Barrancabermeja a San Vicente,
que es la cabecera del Municipio)”25.
Junto a las difíciles
condiciones materiales en que se fueron formando los trabajadores asalariados
en el enclave petrolero de la Tropical, deben destacarse los factores
subjetivos que hacen posible la constitución de una embrionaria conciencia de
clase, la cual sólo se adquiere y se consolida mediante la lucha contra la
explotación y la opresión. Y en este plano, es notable constatar cómodesde los primeros momentos
se fue gestando un sentimiento de dignidad y de justicia por parte de los
trabajadores, puesto en evidencia desde los primeros momentos de la
implantación del enclave. Desde 1916, en virtud de “los abusos que han cometido
las autoridades colombianas de aquel lugar para complacer a los Empresarios, y
que éstos recompensan por medio de sobresueldos”, “un grupo de honorables
vecinos, inspirándose en sentimientos de humanidad y patriotismo, fundaran un
periódico manuscrito, para censurar aquellos funestos procedimientos, a la vez
que impulsar la prosperidad de su tierra”26. Este periódico hecho enteramente a
mano, del cual solo se alcanzó a publicar un número, era una muestra de la
dignidad que asumieron importantes sectores de trabajadores y de migrantes
relacionados directamente con ellos. Ese periódico llevaba como nombre “El dedo en el ojo del” y
se presentaba como un Semanario de InteresesGenerales, trayendo además
la ciudad y la fecha: Barrancabermeja, octubre 15 de 1916. Escrito a dos
columnas y a mano, como muestra de las difíciles condiciones allí imperantes,
donde es obvio que no debía existir nada que hiciera posible la publicación de
un periódico “normal” (tipografías o cosas parecidas), era un indicador de un
sentimiento nacionalista y antiimperialista, pues allí puede leerse un
comentario de esta índole:
Verdadera desgracia ha
venido a este pueblo con esta compañía yanqui, pues donde quiera que se
nombre (¿?) o se escuche ese nombre hace
helar los corazones recordando los hechos consumados (en) 1903 en que la garra
del Coloso del Norte hirió mortalmente nuestra patria. Eserecuerdo horrendo estará en
la mente de cada colombiano hasta la tumba. La autoridad debe velar porque
estos compromisos se hagan efectivos en el menor plazo posible para no vernos
inundados periódicamente por esta raza absorvente (sic)27.
Como una muestra de lo que
iba a venir en los años posteriores, debido a la intolerancia de la
Tropical a cualquier intento de
organización y reivindicación por parte de los trabajadores, “dicha hoja,
fundada con fines tan laudables y nobles, no tuvo larga duración, porque tan
pronto como apareció el primer número, se prohibió la publicación y circulación
por medio de un Decreto dictado por el inspector y Corregidor. Tal medida fue
puesta en práctica tan solo porque en el mencionado papel hay un sueldo (sic)
tendiente a censurar la conducta de los Americanos”28.
Desde luego, en la zona de
Barrancabermeja incidieron los cambios políticos que se empezaron a dar en el
país después de 1918, con la oleada de huelgas y de luchas sociales, que se
expresaron en la fundación del Partido Socialista en Bogotá, organización que
adquirió una notable fuerza en las riberas del río Magdalena, donde se empezó a
escuchar una prédica social en la que se hablaba de terminar con la clerical y
retardataria hegemonía conservadora.
En 1921 llegaron a
Barrancabermeja Carlos Avendaño y Teodoro Lozano, enviados por el Comité
Regional Socialista de Antioquia. Ellos intentaron organizar una marcha para el
primero de mayo de ese año, exigiendo como primera reivindicación la
destitución de un odiado capataz de la Troco, Rafael Ariza, medida que fue
respaldada por los trabajadores. La respuesta de la Compañía fue negativa,
argumentando que los delegados de los trabajadores no eran empleados de la
empresa. En respuesta se intentó organizar un paro, que fue reprimido y los socialistas
fueron expulsados de Barrancabermeja29.
Durante los primeros años,
cuando las condiciones de organización, movilización y lucha por parte de los
trabajadores eran muy complicadas, la empresa y las autoridades locales optaron
por la represión y la persecución de cualquier intento de protesta adelantado
en la región. Se recurría a las fuerzas
policiales para expulsar a las personas que protestaban catalogándolos como
sujetos malsanos e indeseables. Así, en agosto de 1922, Martiniano Valbuena,
Comisario de Policía, procedió a desterrar a José Calixto Mesa, por haber
intentado organizar una huelga contra la Troco, "determinando la pena de
expulsión por el término de seis meses del territorio santandereano adyacente a
las laderas del Magdalena y sobre el cual tiene jurisdicción esta
Comisaría"30. Esto hizo parte de una serie de protestas en 1921 y 1922, lo
que produjo pánico tanto a la empresa
como a la policía nacional, el servicio de seguridad de la Troco, que
registraba con temor la llegada de "elementos socialistas", y las
proclamas en las que se convocaba a la resistencia obrera contra los desmanes
de la empresa y se anunciaba una próxima huelga31.
En 1922 se presentó un
cambio significativo en las condiciones de organización y de lucha de los
trabajadores petroleros, cuando llegó a la región el curtido líder obrero y
popular Raúl Eduardo Mahecha, con experiencia
combativa en diversos lugares del país, en especial en los puertos del
río Magdalena. En septiembre de ese año Mahecha se instaló como un inquilino
más en una de las atiborradas casas de la población, ofreciendo sus servicios
como abogado para solucionar todo tipo de pleitos. Inmediatamente, inició un
trabajo de organización en la zona de colonización, desde donde influyó en las
cuadrillas de perforación de la Troco. Mahecha empezó organizando a los
campesinos, para lo cual fundó una tienda, administrada por Jesús Piedrahita,
en la cual los colonos compraban a bajo costo los artículos de primera
necesidad. Estos campesinos fueron afiliados a una organización que Mahecha denominó
La Sociedad Unión Obrera o Sociedad Unión Obreros o simplemente Unión Obrera.
Aunque todas estas actividades eran clandestinas, la Tropical las descubrió y
valiéndose del recién llegado comisario de policía Martiniano Valbuena,
desalojó con violencia a Jesús Piedrahita y decomisó los alimentos de la tienda32.
El 10 de febrero de 1923, en
la clandestinidad se reunió la primera junta directiva de la Unión Obrera, a
orillas de la quebrada La Putana. Entre las personas que se encontraban ese día
estaban los dirigentes socialistas Manuel Francisco Hernández, José María
Blanco, Pedro Sosa, Dionisio Vera, Juan F. Moreno, Víctor Pájaro, Alfredo
Campos y Rozo Carrascal, quienes declararon fundada la Sociedad Unión Obrera y
distribuyeron los cargos directivos. El primer presidente de la Sociedad Unión
Obreros, su denominación original, fue E. Sánchez Sanmiguel y como Secretario
General fue escogido Raúl Eduardo Mahecha33.
Pese a que este último sólo
fue designado como su presidente hasta 1924, era el nervio de la embrionaria
organización de trabajadores, su promotor y constructor. Para posibilitar el
funcionamiento del naciente sindicato se aprobó una cuota de 10 centavos por
afiliado, la cual empezó a ser cancelada por una importante cantidad de
trabajadores, a pesar de que representaba un gran porcentaje de su salario.
Según información de prensa,
en 1923 el sindicato ya contaba con más de 400 colonos y 1500 afiliados, y un
año después la cifra de afiliados llegaba a los 3000- 34.
Con respecto a la fundación
de la USO, es necesario hacer dos clarificaciones, con referencia a la fecha en
que por primera vez se reunió el sindicato y al nombre utilizado. En cuanto a
la fecha, reiteramos que el 10 de
febrero de 1923 fue fundada la USO y no el 12 de febrero de ese año y tampoco
ninguna otra fecha de 1922. La duda queda zanjada de una vez por todas con el
breve documento, que más adelante citamos en su totalidad, que constituye la
primera referencia de la
Unión Obrera o de la Unión Obreros,
en donde se dice: “La junta Directiva UNION OBREROS de esta localidad… en su
sección (sic) inaugural del 10 del Pte….”. No hay duda alguna, el documento fue
emitido el 12 de febrero pero la reunión clandestina inaugural se llevó a cabo
el día 10 de febrero de 1923. En cuanto al nombre utilizado para denominar a la
organización, es pertinente
indicar que se empleó no
uno, sino por lo menos tres, a saber: Unión Obrera, Unión de Obreros y Unión
Obreros. Estas tres denominaciones aparecen en el documento que abajo citamos.
Hasta ahora se había dicho que el nombre inicial era el de Unión Obrera,
tomando como fuente una afirmación de Ignacio Torres Giraldo, historiador de
las gestas populares de comienzos del siglo XX, que después casi todos los
historiadores han repetido. La referencia original de este autor dice así:
“Pero ya el 12 de febrero de 1923 se había creado la ‘Unión Obrera’ de
Barrancabermeja que habría de conducir grandes batallas por la soberanía nacional
y los derechos de los trabajadores”35. Por nuestra parte, hemos tenido la fortuna
de encontrar unos documentos de 1923 en los que queda claro que el primer
nombre que empleó, lo que luego se llamaría la USO, no fue el de Unión Obrera
sino Unión Obreros. Podría pensarse que es un error tipográfico, perocuando en dos documentos de
1923 y 1924 aparece este nombre se disipan las dudas. En efecto, la comunicación original dice así:
UNION OBRERA
(PRESIDENCIA)
Barrancabermeja, Febrero 12
de 1923
Señor
Presidente del Consejo
Municipal HH. Consejales (sic)
E. S. D
La junta directiva UNION
OBREROS de esta localidad, que me honro en presidir en su sección (sic)
inaugural del 10 del Pte, aprobó la siguiente proposición:
La Junta directiva al
iniciar sus labores en pró del obrerismo de este Municipio, se permite saludar atenta
y respetuosamente a las Autoridades de la República y al Honorable Consejo
Municipal, esperando obtener los sagrados derechos de protección, apoyo y
garantías para la UNION de OBREROS.
Dios guarde a ustedes
E. Sánchez Sanmiguel
Raúl Eduardo Mahecha,
Secretario36.
Un documento posterior, de
octubre de 1924, confirma que se usaba con más frecuencia el nombre Sociedad
Unión Obreros. El documento en mención está dirigido al Gerente de la Tropical
Oil Co. y constituye el Pliego de Peticiones de aquel año, el cual, en vista
del rechazo de la empresa, originó la primera huelga petrolera en
Barrancabermeja. El encabezado de ese documento, escrito a máquina, dice así en
su parte superior: “REPUBLICA DE COLOMBIA/ Departamento de Santander/ SOCIEDAD UNION OBREROS/ PRESIDENCIA/ BARRANCABERMEJA”. Y el texto se inicia de la siguiente manera:
“Tengo el gusto de transcribir a usted, la proposición aprobada por unanimidad
de votos de la Junta Directiva de la Sociedad Unión Obreros de esta localidad,
en su sesión del cuatro del presente mes y año, para los fines del caso”37.
De tal manera que una de las
primeras denominaciones del sindicato de petroleros fue la de Unión Obreros,
apelativo que de manera directa daba a entender el sentido de la recién creada
organización de los trabajadores petroleros, era una unión de obreros
establecida para luchar contra el pulpo imperialista de la Tropical Oil
Company, como se verá en su primera prueba de fuego en 1924, cuando se realiza
la primera huelga en el enclave petrolero.
NOTAS
1. En tiempos de la Tropical, Ediciones Aury Sará,
2009, pp. 120-1362. Informe de Honorio Campo, Inspector de Policía de
Barrancabermeja, al Prefecto Provincial de Zapatoca, octubre 9 de 1919, en
Archivo General de la Nación, Ministerio de Minas y Energía, Tropical Oil
Company, Concesión de Mares, Transferencias 2,
f. 238. (En adelante será citada como AGN, MME, TOC.)
2. David López Rodríguez y Henry Eljure Acosta,
“Barrancabermeja y la vertiente afromagdalénica”, Vanguardia Cultural
(suplemento cultural de Vanguardia Liberal), No. 1721, mayo 14 de 2005, p. 11;
ver también: Edgar Rey Sinning, El hombre y su río, Armonía Impresores, Bucaramanga,
2002, pp. 134 y ss.
3. Informe de Rafael Antonio Ariza, Prefecto
Provincial de Zapatota al Secretario de Gobierno, al Secretario de Gobierno de
Santander, noviembre 10 de 1919, AGN, MME, TOC, CM., fs. 240-241.
4. Ver al respecto: "Carta de F. Montaron
representante legal de la Tropical Oil Company", diciembre 16 de 1922, en
Archivo General de la Nación, Fondo Ministerio de Gobierno, Sección Primera, T.
985, fs. 367-368 (En adelante será citado como AGN, FMG, S. 1); Martiniano Valbuena,
Memorias de Barrancabermeja, Editorial El Frente,
Bucaramanga, 1947, pp. 207-210; Mauricio
Archila, Aquí nadie es forastero. Testimonio sobre la formación de una cultura
radical: Barrancabermeja 1920-1950, Cinep, Serie Controversia No. 133-134, s.f,
pp. 104-107.
5. Tomas Vargas Osorio, “La ciudad junto al río”,
en Tomas Vargas Osorio y Segundo Algevis, Santander, alma y paisaje, Editorial
UNAB, Bucaramanga, 2001, pp. 41-44.
6. Informe de Policía, 1922, AGN,
FMG, S. 1, T. 899, fs. 440-441.
7. Informe de H. Campo, op. cit., fs. 238-240.
8. Informe al Secretario de Gobierno,
Barrancabermeja, noviembre 22 de 1919 (sin firma), en AGN,
MME, TOC, CM f. 243.
9. Informe de R. A. Ariza, op. cit., fs. 240-241.
10. Informe de H. Campo, op. cit., fs.
238-240.
11. Informe al Secretario de Gobierno,
Barrancabermeja, noviembre 22 de 1919,
fs 243-244.
12. Informe de R. A. Ariza, op. cit., fs. 240-241.
13. Telegrama de J. M. García Hernández dirigido al
Presidente de la República y al Ministro de Obras Públicas, Bucaramanga, marzo
12 de 1921, AGN, MME, TOC, CM., f. 271.
14. Informe de H. Campo, op. cit., fs.
238-240. 14
15. Comunicación de Carlos Neira al Ministro de
Obras Públicas, Bogotá, diciembre 9 de 1916, en AGN, MME, TOC., f. 194.
16. Informe de H. Campo, op. cit., fs.
238-240.
17. Raúl Eduardo Mahecha y Francisco Marigo,
"La vida en Barrancabermeja",
El Porvenir, noviembre 20 de 1922, p. 4.
18. El Tiempo, octubre 6 de 1922.
19. El Porvenir, 15 de marzo de 1923 (comunicado de
la Unión Obrera, firmado por Fortunato Filippo y Raúl E. Mahecha), p. 1.
20. Diario Nacional, agosto 3 de 1922; AGN,
FMG, S. 1, T. 872, f. 168; El Porvenir,
enero 30 de 1927.
21. Jacques
Aprile-Gniset, Génesis de
Barrancabermeja. Ensayo,
Instituto Universitario de la Paz,
Barrancabermeja, 1997, pp. 194 y ss.
22. Roberto
de Mares, Comunicación al Señor Ministro de Obras Públicas, Bogotá,
febrero 29 de 1916, en AGN, MME, TOC. f. 244.
23. Comunicación de C. Neira, AGN, MME, TOC., f.
196.
24. Ibíd., f. 196.
25. Ibíd., f. 198.
26. Ibíd., f. 197.
27. Anexo a la Comunicación de C. Neira, AGN, MME, TOC., f. 199.
28. Comunicación de C. Neira, AGN, MME, TOC., f.
197.
29. Gustavo Almario, Historia de los trabajadores
petroleros, Cedetrabajo, Bogotá, 1984, p. 54.
30. AGN, FMG, S. 4, T. 156, f. 493.
31. AGN, FMG, S. 4, T. 156, f. 498; Simon Galvis,
Monografía de Barrancabermeja, Alcaldía
de Barrancabermeja, 1997, pp. 161-162.
32. G. Almario,
op. cit., p. 56, M. Valbuena, op.
cit., p. 176.
33. Ignacio Torres Giraldo, Los Inconformes.
Historia de la rebeldía de las masas en Colombia, Tomo. 3, Editorial Latina,
Bogotá, s.f., p. 724.
34. El Espectador, octubre 4 de 1924.
35. I. Torres Giraldo, op. cit., p. 724
36. Carta al Consejo Municipal, Barrancabermeja,
febrero 12 de 1923, Archivo USO, Carpeta No. 45, Consejo Municipal
Barrancabermeja, 1922-1923, 1930/33, 1948.
No hay duda de la originalidad del documento, pues aparece a máquina,
con la fecha del 12 de febrero de 1923 y con las firmas de Sanmiguel y Mahecha.
Debe ser un documento originario del Concejo de Barrancabermeja, aunque no lo
localizamos allí cuando visitamos ese archivo a mediados de 2005.
37. Carta de la Sociedad Unión Obreros al Gerente
de la Tropical Oil Co., Barrancabermeja, octubre
5 de 1924,
en Archivo USO, Carpeta No. 45 Consejo Municipal Barrancabermeja,
1922-1923, 1930/33, 1948. (Énfasis nuestro).
http://www.rebelion.org/docs/163485.pdf