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Enviado por: "Escuela Ideológica"
Por Ulises Casas Jerez
El chamanismo del primitivismo humano ha trascendido a los médicos y políticos modernos.
La Humanidad ha devenido del culto a los fenómenos naturales al culto de personajes de toda laya que con elementos de ese primitivismo tribal responden a las condiciones del modernismo capitalista.
El que una entidad oficial contrate a un charlatán que funge de mago o simplemente de chaman para reivindicar sus supuestos poderes de comunicación con las fuerzas de la naturaleza, indica el grado en el cual se encuentra la estructura del Estado moderno.
Pero lo anterior es apenas parte del cuadro social: los políticos, los profesionales de todos los grados, excepcionalmente escasos en los espacios económicos, sociales y culturales, ejercen similar oficio: los clérigos que ofician rogativas para que llueva o para que no llueva pero que calculan el tiempo para que coincida su rezo con el fenómeno natural y así afianzar la credulidad de sus parroquianos, el abogado que promete sacar al preso si le cuentan muy bien sus honorarios e invoca alguna divinidad para que le ayude, el médico que se encomienda a su dios o santo para que le salga bien la operación o el tratamiento y que siempre agradece si le va bien pero endilga a algo negativo su fracaso, los profesionales de diversos oficios que siempre se encomiendan a sus divinidades, etc.; todos ellos son creídos entre las grandes masas en las cuales la ignorancia posee un florecimiento permanente.
De todos los anteriores chamanes los de más capacidad son los políticos: estos viven del chamanismo, entendido éste, como el arte de engañar mediante la palabra; a veces les ganan a los clérigos de todas las religiones habidas en el planeta. El político tiene el poder de Estado y el clérigo se lo legitima: son dos personajes gemelos, forman una simbiosis tan natural que embaucan a todo el conjunto social en cualquier parte del mundo. En el ciclo de las monarquías teocráticas, el Papa era el representante del dios de los cristianos en la tierra y en esa calidad repartía el poder político en la Europa feudal. La burguesía arrebató de las manos de la teocracia esa legitimidad para instaurar la democracia; pero es la democracia de ella, de la burguesía; la clerecía se pasó al bando burgués y éste la aceptó porque le legitima su poder político, es decir, hubo un cambio para que todo siguiera igual como ya lo dijo un famoso pensador italiano.
Como orquestando al mundo de los chamanes nos encontramos con los artistas: comediantes, cantantes, pintores, poetas, malabaristas de circo y sus comparsas, alegran el mundo de los creyentes. Cuando barbudos, calvos, y de otras vestimentas se presentan con sus estridentes y burdos instrumentos a los que llaman musicales a lanzar sus gritos y ruidos ensordecedores, miles de jóvenes de todos los sexos se aglutinan a su alrededor y al compás de ese ruido y el consumo de toda clase de estupefacientes lanzan, también, alaridos, gritos, para acompañar el espectáculo; termina éste y el escenario es un fangal de mugre y los alrededores devastados por la barbarie moderna incitada por los chamanes de dichos espectáculos, los cuales reciben grandes sumas de dinero que, a la vez, invierten en el vicio que sustenta su actuación profesional.
Estamos presenciando similar fenómeno al que en el ocaso del imperio romano se daba en lo que se llama pan y circo. Los gobiernos de esta era histórica, prohíjan el espectáculo porque con él se sostiene su poder ideológico, político y cultural; todo esto sobre la estructura de su poder económico capitalista moderno.
Sin embargo, la estructura se agrieta cada vez más y el colapso histórico les está llenando de pánico.
Podrán, por mucho tiempo o menos tiempo, sostenerse con vida, pero nunca podrán detener su final histórico. Nosotros invitamos a la poca existencia humana que ha logrado un elevado nivel de racionalidad a sostener los criterios que ella genera, con el convencimiento de ser el presente parte del devenir histórico.
Ulises Casas Jerez casasulises@hotmail.com">