El poder de la calle: el talón de Aquiles de Santos
Por: Camila Osorio Avendaño, Juanita León
12 de Noviembre, 2011
Ayer Juan Manuel Santos retiró definitivamente la Reforma a la Educación. Lo hizo antes de que los estudiantes suspendieran el paro, que era la condición que el Presidente había puesto inicialmente. De esta forma, los estudiantes ganaron definitivamente el pulso. Y al perderlo, Santos demostró, una vez más, que el único poder que no controla es el de la calle.
El poder que conoce Santos
Siendo el sobrino nieto del ex presidente Eduardo Santos y el hijo de Enrique Santos, el entonces editor general y dueño del periódico El Tiempo, cuando El Tiempo marcaba el tiempo de este país, Santos nació en el seno del poder.
Como lo contó La Silla Vacía en el perfil que hizo de él hace un año, Juan Manuel era un niño juicioso, metido a grande, amigo de los adultos y de los poderosos desde pequeño. El ex presidente Alfonso López Michelsen, uno de sus mentores políticos, y Arturo Gómez Jaramillo, el todopoderoso presidente de la Federación de Cafeteros, eran compañeros suyos habituales, a pesar de que le llevaban varios años.
Santos aprendió a dominar los círculos del poder desde niño y a disfrutar haciéndolo. Su habilidad para la estrategia política y para diseñar las componendas elitistas en el momento oportuno es reconocida por amigos y enemigos. "Aprendió a mandar y a que le lagartearan desde chiquito", contó a la Silla Vacía en su momento un amigo suyo, que dice que desde que Santos tiene uso de razón presenció como todo el mundo lisonjeaba a los dueños del periódico. "Ningún otro candidato reciente tiene tanta familiaridad con el poder".
Lo que sucede es que el poder al que él ha estado acostumbrado a lidiar es muy diferente al poder de la calle que demostraron los estudiantes esta semana o al poder de las redes sociales que hicieron explotar el proyecto del Hotel Siete Estrellas del Tayrona. Y por eso, esta semana, quedó al descubierto el Talón de Aquiles de Santos.
Incluso cuando era ‘periodista’ de El Tiempo, Santos nunca fue a la calle a buscar las historias o a documentar lo que sucedía en esa realidad cotidiana de la gente. Él estaba a cargo del área editorial y su principal función era preparar los editoriales que en esa época eran muy influyentes o atender a los políticos que pasaban por el diario. Antes, como ahora, su hábitat natural son los espacios cerrados donde se toman las grandes decisiones, en el que se siente cómodo.
La habilidad con la que ha manejado la transición desde el uribismo a la Unidad Nacional –un logro que muy poquitas personas podrían haber conseguido de manera tan fluida- viene de su íntimo conocimiento de cómo opera el poder tradicional: desde los jefes de los partidos hasta los dueños de los medios tradicionales e incluso la mayoría de columnistas. También su capacidad para haber incorporado en su gabinete a todos sus enemigos pasados y a sus eventuales contendores.
“Todos somos para él un peón y jugamos un papel dentro de su juego. Uno puede no saber cuál, pero él sí sabe", dijo uno de los entrevistados para el perfil de hace un año refiriéndose a Santos.
El poder que no conoce
Pero la marcha de esta semana se dio por fuera de su ‘juego’. Santos puede tener cierto control sobre el mensaje que termina reproducido por los medios de comunicación, cuyos dueños y directores son casi todos cercanos a él. Pero en el mundo estudiantil –o en el de los activistas en el caso del Tayrona- la información no se difunde solo a través de esos canales tradicionales.
Por ejemplo, la Ministra de Educación María Fernanda Campo sacó varios comunicados diciendo que estaba consultando la reforma con los grupos estudiantiles y eso fue lo que reprodujeron los medios. Pero el mensaje que realmente le llegó a la base estudiantil fue que a veces la Ministra no llegaba o se iba justo después de presentar sus argumentos y luego dejaba a funcionarios de segundo rango discutiendo con los estudiantes. ¿Cómo supieron los estudiantes esto? Vía Twitter y en tiempo real los líderes estudiantiles expresaban su decepción en cada uno de los foros.
Otro ejemplo claro fue el pulso de la Ministra en Youtube. Cuando empezaron a aparecer cortos en los que actores y estudiantes llamaban a la manifestación en contra de la Reforma, comenzó también a rotar en reacción un video con supuestos estudiantes apoyando el proyecto. Aunque la Ministra nunca asumió la autoría de este video, los estudiantes asumieron que era producido por el Ministerio de Educación. En un principio el video sorprendió a los estudiantes, muy rápidamente a través de la red investigaron y se dieron cuenta que los protagonistas de este video eran actores de Sábados Felices y no estudiantes. Y obviamente, la Ministra se volvió el gran chiste del movimiento estudiantil. Los estudiantes decidieron entonces editar el video, cambiaron su mensaje en contra de la reforma, y lo rotaron por internet (vea el video a continuación).
Con este video la Ministra mostró que tiene la misma debilidad de Santos y en realidad, de casi todo su gabinete (con excepción de Angelino Garzón). No están conectados con el poder de la gente y por lo tanto, no les queda fácil llevar su mensaje directamente a ellos para establecer un debate horizontal, el único que están dispuestos a aceptar los estudiantes. Santos ha optado por tener un gabinete integrado por profesionales con alto grado de formación académica, una destacada trayectoria, pero que son sacados del mismo molde: la mayoría tienen más reconocimiento por su habilidad como tecnócratas que por su habilidad para conciliar distintas miradas sociales.
Por eso Santos tampoco logró entender el mensaje que le enviaban los estudiantes. El jueves de la semana pasada el Presidente repitió varias veces que todavía no entendía por qué los estudiantes seguían protestando si ya había retirado de la reforma el ánimo de lucro. Y su primera reacción fue la del poder tradicional: insistir en que el ‘proyecto va o va’, amenazar con que los iban a suspender de las universidades, culpabilizarlos por el gasto público o –a través de la Policía- sembrar la sospecha clásica de que las Farc tenían intenciones de infiltrarla.
Pero todas estas estrategias no pudieron romper la unidad comunicativa que construyeron los estudiantes. Y Santos se vio obligado a hacer lo que tendría que haber hecho desde el principio: construir la reforma con la comunidad académica. En esta segunda étapa los estudiantes -que quieren consolidarse como un actor político importante- tendrán que demostrar que también pueden ayudar a construir una reforma educativa realista, teniendo en cuenta las debilidades presupuestales del país y que sus iniciativas pueden pasar de ser arengas en las calles a verdaderas propuestas legales para ser discutidas en el Congreso. Por ahora ya ganaron la primera batalla, y demostraron que Santos también tiene un talón de Aquiles: la calle
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