Se derrumba el modelo Saludcoop
El Nuevo Día
LIBARDO VARGAS CELEMÍN (*)
La intervención de la EPS Saludcoop por parte del Gobierno nacional, acabó con un proyecto monopólico diseñado desde las mismas entrañas de los responsables de la Ley 100, para enriquecer a unos pocos en nombre del cooperativismo. Con rabia contenida hemos tenido que escuchar las declaraciones cínicas del señor Carlos Gustavo Palacino Antía, cuando intenta explicar a los colombianos su actuación y da los datos ofensivos sobre su salario de "noventa millones de pesos, sin más compensaciones", en un país donde una quinta de su población está desempleada.
Con un enfoque de dirección vertical que contradice los elementales principios del cooperativismo, el antiguo profesor de matemáticas creó un grupo, según lo afirman los comentarios de prensa, con más de veintiséis empresas puestas al servicio de su EPS, pero también otras con actividades en áreas distintas a las de su objeto social, como colegios, campos de golf y hasta concesionarios de automóviles, todo esto con los excedentes que quedaban del pago de las unidades por capitación que le cancelaba el Gobierno, de acuerdo al número de afiliados. Es decir, lo que debía emplearse en mejorar las condiciones de la prestación del servicio, se usaba como capital para ampliar su imperio, mientras cientos de colombianos morían por la falta de un tratamiento a tiempo, una intervención quirúrgica oportuna o por la negativa de un medicamento eficaz.
Con los excedentes de los fondos de empleados de la misma entidad, se participaba en las operaciones de la Bolsa, se comercializaban vehículos para los empleados, se fortalecían las inversiones en el extranjero y, a manera de una pirámide, se les doblaba el monto de sus aportes sociales.
Palacino actuó sin control por varios años. Las estrechas relaciones con el presidente Uribe y su familia lo blindaban contra cualquier investigación, sólo que, como dice el adagio popular, "no hay mal que dure cien años…" y el imperio se desplomó. Ahora debe explicar una serie de trapisondas que realizaba para comprar otras EPS, clínicas, laboratorios, consultorios y demás infraestructura, no sólo en el país, sino en naciones vecinas como Ecuador y Panamá.
Aunque ya desde tiempo atrás el periodista Daniel Coronell y otros medios habían hecho algunas denuncias, ahora saldrá a relucir otro carrusel mucho más impresionante y macabro, pues aunque se esfumaron miles de millones de pesos, no fueron vías las que se suspendieron, sino vidas humanas perdidas, gracias a las órdenes que en forma oral recibían los profesionales de no formular determinados medicamentos, ni solicitar exámenes o remitir los pacientes a los especialistas.
El daño hecho a la salud y a la credibilidad del cooperativismo es irreparable, por eso esperamos castigo ejemplar para Palacino y su cohorte.
(*) Profesor Asociado UT
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