Los estragos del invierno son responsabilidad del Estado
Por Ludwing Niccolò Romanovich
Sin embargo, de lo que no han hablado los medios, es de la responsabilidad histórica del Estado colombiano. Porque así se quiera presentar la catástrofe como causa del calentamiento global o de la inclemencia del fenómeno de la Niña, no cabe duda de que las consecuencias que hasta el momento deja la ola invernal son el producto de la indolencia criminal del régimen.
La gran mayoría de victimas y damnificados son de los sectores populares más olvidados. Las inundaciones por el rebosamiento de las alcantarillas, los ríos desbordados, el rompimiento de los diques y los aludes de tierra han hecho estragos en familias que se han visto obligadas a ubicarse en zonas de riesgo, sin acceso a servicios públicos, no por una decisión irresponsable, como se ha querido mostrar, sino porque no han tenido otra oportunidad, ya que el Estado no asumió su tarea de ofrecer vivienda digna a las clases populares. Las que el sector privado construye para los estratos bajos son minúsculas y a precios inalcanzables; no faltan los casos de urbanizaciones en áreas de peligro y con materiales defectuosos.
El abandono de los gobiernos se refleja en las condiciones en que están las vías de comunicación de departamentos enteros que, como el Chocó, se encuentran incomunicados y al borde de agudizar aún más su penosa situación. Los mismos padecimientos soportan los habitantes de los barrios más pobres de la capital colombiana –y de gran parte del país–. Podrían enumerarse uno a uno los desastres que han azotado a comunidades enteras a lo largo y ancho de Colombia, mas la lista sería interminable y copiosa en infortunios.
Estas calamidades tienen como principal elemento el olvido estatal y la falta de planeación para enfrentar apropiadamente sucesos de esta naturaleza. El hecho de que el país en general presenta dos largos periodos climáticos durante el año (uno seco y otro de lluvias) es conocido de vieja data. No obstante, todos los años, hacia la misma época, surge el mismo problema: inundaciones que afectan municipios, deslizamientos que aplastan viviendas y carreteras que quedan inservibles. ¿Cuántos años llevan las poblaciones aledañas a los ríos Magdalena y Cauca –por mencionar un par de ellos- soportando los desbordamientos y pidiendo al gobierno de turno mayor atención? ¿Cuántas veces, en época de lluvias, se ha escuchado a los habitantes de los barrios construidos en zonas de alto riesgo clamar por ayuda al Estado?
La ruina que provoca el invierno no es de ayer, y si hoy se evidencia como una catástrofe nacional es porque a las clases dirigentes no les ha interesado dar soluciones estructurales al problema, siempre han actuado de manera coyuntural e improvisada; eso son las campañas de donación y las teletones que tanto gustan al gobierno y a los medios de comunicación, que no responden efectivamente al problema, pero si desvían la atención sobre la responsabilidad estatal.
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