Ilustración B.E. de: http://www.ymipollo.com/photo/politica/
Francisco CajiaoDe vez en cuando, en conversaciones con maestros y padres de familia, me preguntan si se deben tratar temas de política en el espacio escolar. Los niños y los jóvenes están expuestos de forma permanente a la información que circula en los medios de comunicación y a las conversaciones y discusiones entre los adultos que se preocupan por la situación del país. Muchas de esas informaciones se refieren a acontecimientos políticos.
Hay quienes piensan que estos temas deben estar proscritos de las aulas de clase, pues se corre el riesgo de someter a los estudiantes a las mismas polarizaciones que siempre han existido y que en los últimos años se han acentuado por cuenta de los fanáticos defensores y opositores del Gobierno. Algunos temen que los maestros se conviertan en adoctrinadores de oficio. Otros más consideran que la discusión de los temas de actualidad política son fundamentales en la formación de los ciudadanos.
En mi modesta opinión, es una responsabilidad fundamental de los colegios promover estas discusiones, pues solo a partir de la realidad es posible entender los grandes problemas de la sociedad y suscitar en niños y jóvenes tanto el interés por el destino común como su responsabilidad de formarse opiniones serias que los impulsen a participar activamente en el desarrollo de su país. Sin embargo, conviene reflexionar sobre la forma adecuada de conducir estas actividades.
En estos días, la Corte Constitucional está discutiendo la viabilidad del referendo que pretende consultar si se aprueba una reforma de la Constitución para aprobar un tercer mandato consecutivo del presidente actual. Sería estúpido promover entre los estudiantes una discusión sobre si están de acuerdo o no con la nueva reelección, pues, como ocurre entre muchos de los adultos que cada día se pelean por este tema, no tienen los elementos para formarse una opinión más allá del criterio que se usa para apoyar a un equipo de fútbol. Igualmente tonto sería ponerlos a especular sobre el resultado de la discusión en la Corte, haciendo cuentas de si sus miembros son amigos o enemigos del Gobierno, como hacen los que se empeñan en no reconocer a este órgano ningún valor racional.Pero discutir el tema del referendo de manera apropiada permitiría a muchísimos buenos maestros abordar la importancia de que los pueblos sean capaces de establecer las normas que rijan su destino, ordenen las instituciones, pongan límites a los poderes, garanticen los derechos de las minorías, definan instancias para resolver conflictos y diferencias. Esta es la importancia de una Constitución Política. Y, por tanto, puede discutirse si es conveniente que las reglas de juego para todos los ciudadanos deban estarse cambiando continuamente, sin importar que esos cambios se hagan de manera poco clara. También es una oportunidad para conocer más a fondo cómo funciona la justicia, por qué es importante que sea independiente, qué significa que actúe apegada a la defensa de la ley y no sea manipulable por intereses políticos o económicos.Es muy importante que, desde la infancia, se cultive el respeto por la ley y la confianza en quienes tienen la responsabilidad de protegerla de los miles de intereses -unos legítimos y otros perversos- que pretenden manipularla y torcerla para su propio beneficio. En esto, fundamentalmente, consiste una educación política. Y una buena manera de trabajar con niños y jóvenes es ofreciéndoles la oportunidad de entender los acontecimientos políticos del país. Otro tanto ocurre si los medios de comunicación se concentran en pocas manos, o si revistas, como Cambio, son suprimidas. Si ello ocurre por razones económicas o políticas es una discusión que está abierta, pero desde el punto de vista pedagógico lo importante es que se pueda comprender lo que eso significa para la democracia.
No tengo dudas sobre la importancia de que la realidad invada las aulas escolares.
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Francisco Cajiao