LA CLASE OBRERA EN EL MUNDO
Una de las tesis del revisionismo contemporáneo más utilizada para fundamentar su abandono del la ideología del proletariado, es la que sostiene que el proletariado se debilita y surgen en el mundo “nuevos sujetos sociales”. Lo cierto, sin embargo es que, después del desplome de la URSS revisionista y la desaparición del campo socialista, seguidos por la conversión de la República Popular china al capitalismo, se ha duplicado el número de trabajadores en la economía capitalista mundial, pasando de 1,500 millones a 3,000 millones. Este crecimiento masivo de asalariados en el mundo ha sido explotado especialmente por las grandes transnacionales tanto para incrementar sus ganancias en el extranjero, pero también con la explotación inicua de los inmigrantes, en su propio país, es decir en Europa, EE.UU. y Japón.
La traición del revisionismo ha dado lugar a que las transnacionales de los principales países capitalistas se hayan apropiado de gran cantidad de empresas de los países de la Europa oriental y de la misma ex URSS, dando lugar al surgimiento de una enorme masa de trabajadores mal pagados, precarios, subempleados, disponibles para su explotación por lo grandes monopolios extranjeros que siempre buscan altas tasas de beneficio, en cualquier parte del mundo.
El gran capital monopolista siempre busca mano de obra barata. Esta es la razón por la cual utilizan todos los medios a su alcance para conseguir la explotación de la mano de obra en la Republica Popular China, porque su inversión es compensada con la fuerza de trabajo mal pagada, puesta a su disposición por el actual gobierno chino. Es sabido que este utiliza incluso la represión contra el movimiento cuando se moviliza para exigir mejoras salariales. A este grado de entreguismo y capitulación ha llegado el revisionismo chino.
La clase obrera ha crecido enormemente y nada podrá impedir que en el futuro cumpla su rol histórico: poner fin a la explotación del hombre por el hombre por el hombre en una sociedad donde no haya oprimidos ni opresores; una sociedad realmente democrática, sin ninguna forma de discriminación ni exclusión.
