
En obra negra
Está en obra negra un país que quiere elegir por tercera vez a un presidente que ha debilitado las instituciones y cree estar por encima de la Constitución.
“El país aún está en obra negra”, escribió hace pocos días un lector de El Tiempo a raíz de un artículo sobre una familia que, como millones en Colombia, apenas sobrevive con 400.000 pesos mensuales. Dice, además, que si “no hay programas serios contra la pobreza” no hay esperanzas de un futuro mejor para quienes viven en condiciones tan adversas y que le duele “ver que el gran presupuesto es para la guerra”. El lector tiene razón.
Está en obra negra un país con índices de inequidad por encima del promedio latinoamericano, en donde cerca de 21 millones de personas viven en la pobreza y ocho millones en la indigencia, y en donde los beneficios del crecimiento no se distribuyen sino que se concentran en manos de unos pocos, mientras aumentan el desempleo y la informalidad.
Está en obra negra un país que figura como el segundo en el mundo con la mayor crisis humanitaria a causa del desplazamiento (más de tres millones de desplazados, el 52 por ciento son mujeres y cerca de 1,2 millones menores de edad, según Acción Social), un fenómeno que, según cálculos del Banco Mundial, la Contraloría General y Pastoral Social, ha significado el abandono por expulsión o venta forzada de entre cuatro y seis millones de hectáreas de tierras productivas, y que según Acnur ha obligado a cerca de 400.000 personas a buscar refugio en Venezuela (más de 100.000) y Ecuador (cerca de 300.000).
Está en obra negra un país en el que entre 14.000 y 17.000 menores se han vinculado a los grupos ilegales por cuenta de la pobreza, la falta de oportunidades o la violencia intrafamiliar, y más de 200.000 están involucrados en actividades relacionadas con la producción de drogas ilícitas.
Está en obra negra un país que asiste indiferente a los atropellos contra los indígenas y a la violación de los derechos humanos, que cree que el fin justifica los medios en la lucha contra la guerrilla, hasta las ejecuciones extrajudiciales.Está en obra negra un país que no ha sido capaz de solucionar un conflicto de más de 40 años, que no ha hecho reformas fundamentales como la agraria; donde subsiste una guerrilla degradada hasta los tuétanos y en donde, pese a la publicitada desmovilización de las Auc, bandas nuevas y viejas de paramilitares y narcotraficantes siguen alimentando la violencia.
Está en obra negra un país que se muestra indiferente a la suerte de más de 2.800 secuestrados por las guerrillas y a la de cientos de miles de víctimas de los paramilitares para quienes las posibilidades de que haya justicia, verdad y reparación son cada vez más inciertas.Está en obra negra un país en el que gente sale a las calles a protestar contra las Farc y el presidente Chávez pero permanece callada frente a las alianzas de políticos, empresarios, miembros de la fuerza pública y funcionarios del Estado con las mafias del narcotráfico y la corrupción.
Está en obra negra un país que asiste impávido al choque de trenes entre el Ejecutivo y la Corte Suprema, que no se rebota por las ‘chuzadas’ del DAS a magistrados, periodistas y opositores del Gobierno, que elige elección tras elección a los mismos que siempre los defraudan.Está en obra negra un país que permanece inmutable frente a la corrupción y el clientelismo de un Gobierno que, apoyado en un Congreso signado por la ilegitimidad, ha demostrado sin pudor que está dispuesto a todo para perpetuarse en el poder.
Está en obra negra un país que quiere elegir por tercera vez a un presidente que busca concentrar todo el poder, que desprecia la separación de poderes propia de las democracias, que ha debilitado las instituciones y cree estar por encima de los controles establecidos en la Constitución.
Está en obra negra un país que, pese a las lecciones de la Historia, corre hacia el despeñadero de la mano de un caudillo que se cree providencial e imprescindible. Como dicen las monjitas, “Dios nos coja confesados”.
Maria Elvira Samper