JUAN GABRIEL TRIANA CORTÉS
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SÁBADO 15 DE AGOSTO DE 2009 00:00
Que lío que se ha armado en la calle 15: comerciantes que buscan defender su derecho a trabajar, residentes que buscan defender su calidad de vida, y la Alcaldía que pese a buenas intenciones, se ve incapaz para regular la dinámica urbana en la ciudad. Este hecho, es solo una muestra más de que en Ibagué no existe la planeación, puesto que parece ésta sigue siendo entendida simplemente como el diseño de vías, andenes y poco más.
Habría que comenzar esta reflexión aclarando que la planeación del desarrollo, es un proceso en el cual se debe articular, no sólo el soporte físico de las actividades urbanas, sino también, los procesos económicos, sociales, culturales, ambientales y políticos. La decisión de abrir o ampliar una vía, de permitir la ubicación de ciertos usos urbanos, entre otras, generan impactos previsibles en la estructura urbana; es necesario adelantarse a esta posibilidad, generando posibles acciones antes de que ocurran estas afectaciones (lo que se denominan escenarios de planeación), no tratando de "contener y atajar" de manera posterior. Sí se permite ubicar establecimientos en los cuales se vende licor y se pone música a un alto volumen, seguramente esto afectará la tranquilidad de los residentes del sector; o si se mezclan usos no compatibles como lo son la vivienda y la industria, seguramente se generarán conflictos ambientales, e implicaciones tanto para la calidad de vida, como para las actividades productivas que allí se pensaban desarrollar.
Hace un año tuve la oportunidad de comentar para la Cámara de Comercio de Ibagué, la política territorial del Plan de Desarrollo "Porque Ibagué esta primero". Una de las principales conclusiones, fue que en el documento se presentaban una serie de "intenciones sectoriales", pero que no existía una visión integrada de como ellas se relacionaban con el territorio de la ciudad; en este documento se mencionan por ejemplo, planes de mejoramiento de infraestructura de equipamientos (escuelas, centros de salud, bibliotecas, etc..), pero no las implicaciones de estos planes, ni sus articulaciones con la movilidad urbana, con el sistema de espacio público, con otros equipamentos, etc… ni como estos equipamentos permiten tejer ciudad y ciudadanía, articulando usos y apropiaciones en las escalas barrial, zonal y municipal; obviamente una visión parcial de la ciudad.
Lo que hoy vemos en Ibagué, es que tenemos una ciudad que comparte rasgos de modelos de ciudad compacta (recuperación de centro y concentración de actividades) , de ciudad extendida (soluciones de vivienda periférica, extendiendo redes y servicios), pero que no hay una definición clara de un modelo urbano; el crecimiento de la ciudad es vegetativo, y pareciera liderado más por el interés del constructor o del inversor inmobiliario, que no necesariamente, por las autoridades municipales o por el interés de que es lo más conveniente para la ciudad.
Hoy en día sufrimos contaminación visual (publicidad no controlada), contaminación auditiva (establecimientos comerciales muy ruidosos), invasión del espacio público (¿álguien lo duda?), construcción ilegal (sin licencias y permisos); todos estos fenómenos afectan la cotidianidad del ibaguereño, porque de manera inconsciente y paulatina, nos vamos haciendo más agresivos : o si no, ¿cómo reaccionar cuando es necesario esquivar obstáculos en los andenes (si es que estos existen) y lanzarse a las calles para poder circular?; ¿cómo reaccionar cuando en el espacio público somos agredidos por anuncios comerciales de todo tipo a un altísimo volumen?; ¿cómo reaccionar cuando los vehículos no ceden el paso al peatón aunque el semáforo le permita a este cruzar?; ¿cómo reaccionar cuando todo esto ocurre y no hay una autoridad que lo controle?
juan_triana@yahoo.es