Un estudio cuestiona la aleatoriedad de la Naturaleza
Las especies de mariposas y polillas reutilizaron los mismos dos genes. Crédito: Pavel Kirillov / Wikimedia Commons
Guillermo Carvajal
labrujulaverde.com/1 May, 2026
Investigadores de la Universidad de York y el Instituto Wellcome Sanger lideran un trabajo que revela un mecanismo genético compartido por mariposas y polillas desde la era de los dinosaurios.
Un equipo internacional de científicos ha comprobado que la evolución ha empleado el mismo repertorio genético durante más de 120 millones de años, lo que sugiere que los patrones de cambio en la vida sobre la Tierra podrían ser más predecibles de lo que se creía. El hallazgo, publicado en la revista PLoS Biology, se basa en el análisis de varias especies de mariposas y polillas de las selvas tropicales de Sudamérica, organismos que, pese a su lejanía evolutiva, comparten diseños cromáticos casi idénticos en sus alas como advertencia para los depredadores.
El equipo, dirigido por científicos de la Universidad de York y el Wellcome Sanger Institute, en colaboración con investigadores de diversos países sudamericanos, se propuso identificar los genes que controlan estos patrones de mimetismo en siete linajes de lepidópteros distantemente emparentados entre sí.
La elección de las especies no fue arbitraria: todas ellas son tóxicas y desagradables para las aves, y sus alas exhiben colores y dibujos convergentes que funcionan como una señal unívoca para los depredadores: un patrón específico significa no me comas, soy venenoso. Cuando un ave ha aprendido a reconocer esa señal, cualquier otra especie que la imite obtiene una ventaja inmediata, al reducir la probabilidad de ser atacada.
Los resultados del estudio muestran que, a pesar de que los siete linajes divergieron hace decenas de millones de años, todos ellos han recurrido a los mismos dos genes –denominados ivory y optix– para desarrollar sus dibujos alares de advertencia. La convergencia no se detiene en la identidad de los genes, sino que se extiende a la maquinaria reguladora que los controla.
Distribución geográfica de los tres subgrupos de mimetismo del tigre: banda amarilla, naranja-negro y rayado, según Doré y colaboradores (2021) [26], junto con taxones representativos de cada subgrupo. Crédito: Y. Ben Chehida et al. 2026Los científicos observaron que las alteraciones genéticas responsables de las diferencias en los patrones cromáticos no ocurrieron dentro de las secuencias codificantes de ivory y optix, sino en unos ‘interruptores’ moleculares análogos que determinan cuándo y dónde se activan estos genes durante el desarrollo de las alas.
El caso más sorprendente se registró en una especie de polilla diurna. Este insecto utiliza un mecanismo de inversión cromosómica –un gran fragmento de ADN que se invierte en su orientación original– para lograr el mismo efecto. Este truco genético resulta prácticamente idéntico al que emplea una de las mariposas estudiadas, a pesar de que los linajes de mariposas y polillas han seguido trayectorias evolutivas separadas desde el período Cretácico.
Kanchon Dasmahapatra, profesor del Departamento de Biología de la Universidad de York y uno de los autores principales del trabajo, explicó que la evolución convergente –el fenómeno por el que especies no emparentadas desarrollan independientemente el mismo rasgo– es frecuente en el árbol de la vida, pero rara vez los investigadores tienen la oportunidad de examinar sus bases genéticas con este nivel de detalle.
Al investigar siete linajes de mariposas y una polilla diurna, señaló Dasmahapatra, demostramos que la evolución puede ser sorprendentemente predecible, y que las mariposas y polillas han estado utilizando exactamente los mismos trucos genéticos repetidamente para lograr patrones de color similares desde la era de los dinosaurios.
Joana Meier, investigadora del Wellcome Sanger Institute y coautora del estudio, añadió que la toxicidad compartida por estas especies explica la presión selectiva que mantiene la convergencia. Estas mariposas y la polilla, aunque distantemente emparentadas, son todas tóxicas y desagradables para las aves que intentan comerlas. Se parecen mucho porque, si las aves ya han aprendido que un patrón cromático específico significa ‘no comas, somos tóxicas’, resulta beneficioso para otras especies mostrar los mismos colores de advertencia, indicó Meier.
La investigadora destacó que el trabajo demuestra que estos patrones de advertencia son especialmente idóneos, ya que parece relativamente fácil evolucionar hacia los mismos diseños debido a la base genética altamente conservada durante 120 millones de años.

Los hallazgos del equipo trascienden el caso concreto de los lepidópteros sudamericanos. La constatación de que la naturaleza sigue rutas particulares, y no es tan aleatoria como se suponía, proporciona a los biólogos una herramienta para anticipar cómo otras especies podrían responder a sus entornos o a fenómenos globales como el cambio climático.
Saber que ciertos caminos evolutivos son más probables porque han sido recorridos una y otra vez a lo largo de decenas de millones de años permite formular hipótesis sobre las adaptaciones futuras de los organismos.
El estudio, que contó con la participación de investigadores de varios países sudamericanos donde habitan las especies analizadas, subraya además la importancia de conservar la biodiversidad de regiones como la Amazonía y sus ecosistemas asociados, no solo como reservorio de especies sino como laboratorio viviente donde se escribieron algunas de las reglas más duraderas de la evolución.
La reutilización de los mismos interruptores genéticos en linajes separados por más de cien millones de años sugiere que ciertas soluciones morfológicas están profundamente arraigadas en la arquitectura del genoma, y que la evolución, lejos de ser un proceso gobernado exclusivamente por la contingencia, opera sobre un catálogo limitado de herramientas moleculares que han demostrado su eficacia a lo largo de las eras geológicas.
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FUENTES
Ben Chehida Y, van der Heijden ESM, Page E, Salazar C PA, Rosser N, Córdova KGG, et al. (2026) Genetic parallelism underpins convergent mimicry coloration in Lepidoptera across 120 million years of evolution. PLoS Biol 24(4): e3003742. doi.org/10.1371/journal.pbio.3003742
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