La disputa por la Conquista es, en realidad, una disputa por el presente, no resulta casual que todavía persistan discursos que presentan la invasión española como reconciliación cultural o como origen armónico del mestizaje
Enrique Dussel sostuvo que América Latina continúa pensando su pasado desde una visión profundamente eurocéntrica de la historia, una narrativa donde Europa aparece como centro exclusivo de la civilización y del progreso humano. Foto Yazmín Ortega Cortés
Pablo Martínez*
lajornada.com.mx/30 de mayo de 2026
En su conferencia sobre modernidad, conquista y colonialidad, el filósofo Enrique Dussel sostuvo que América Latina continúa pensando su pasado desde una visión profundamente eurocéntrica de la historia, una narrativa donde Europa aparece como centro exclusivo de la civilización y del progreso humano. Frente a ello, Dussel propuso la necesidad de “decolonizar la historia”, desmontando las categorías que durante siglos presentaron la conquista de América como descubrimiento, encuentro cultural o nacimiento de la modernidad occidental.
La tesis de Dussel resulta incómoda porque cuestiona uno de los relatos más arraigados de Occidente, la modernidad europea no nació únicamente de la ciencia, la razón o la Ilustración; nació también del saqueo colonial, de la explotación de América y de la subordinación de pueblos enteros convertidos en periferia del nuevo orden mundial.
La disputa por la Conquista es, en realidad, una disputa por el presente, no resulta casual que todavía persistan discursos que presentan la invasión española como reconciliación cultural o como origen armónico del mestizaje. Dussel pensaba exactamente lo contrario, para el filósofo argentino-mexicano, la conquista de América fue uno de los acontecimientos más violentos y decisivos de la historia mundial; no un episodio local ni una anécdota latinoamericana, sino el momento en que Europa comenzó a constituirse como centro del sistema moderno mediante la dominación de otros pueblos. La modernidad, decía, tiene un lado oscuro que Europa prefirió ocultar, la colonialidad.
La historia oficial suele contar que Europa “descubrió” América en 1492, Dussel cuestionaba incluso esa palabra. ¿Descubrir qué? Los pueblos originarios existían desde siglos atrás, habían construido ciudades, sistemas agrícolas, formas complejas de organización política y visiones filosóficas del mundo, lo que ocurrió no fue un descubrimiento, sino un “encubrimiento”. Europa impuso sobre América una mirada que negó la humanidad plena del otro.
Enrique Dussel criticaba la expresión “encuentro de dos culturas”, un encuentro supone cierta igualdad entre quienes se encuentran, pero la Conquista estuvo marcada por la guerra, las epidemias, el trabajo forzado, la destrucción de comunidades enteras y la explotación sistemática de millones de personas. Bartolomé de las Casas ya denunciaba en el siglo XVI que la llamada “pacificación” consistía en matar a quienes intentaban vivir en libertad. Dussel recuperaba esas voces porque entendía que la colonialidad no pertenece únicamente al pasado; continúa operando en el presente.
Todavía hoy buena parte de América Latina sigue siendo pensada desde categorías europeas, la idea de desarrollo, progreso o modernización continúa asociada a parecerse a Europa o Estados Unidos, mientras las culturas indígenas son reducidas al folclor, la artesanía o la nostalgia turística.
El colonialismo sobrevivió incluso después de las independencias nacionales porque también es una estructura mental, Dussel insistía en que la descolonización debía ser política, económica y cultural, pero también epistemológica, aprender a pensar desde nuestra propia historia.
Por eso las estatuas, los monumentos y los espectáculos históricos nunca son neutrales, hablan menos del pasado que del presente que decide celebrarlos; convertir a Cortés en héroe cultural no significa únicamente recordar un personaje histórico, implica normalizar una visión donde la Conquista puede interpretarse como hazaña civilizatoria y no como proceso de sometimiento.
La discusión no consiste en borrar la historia ni en negar el mestizaje, pero reconocer la complejidad histórica no obliga a romantizar la violencia colonial, el problema comienza cuando la memoria pública transforma al conquistador en símbolo moral y reduce a los pueblos originarios al papel de víctimas silenciosas o pueblos derrotados.
Dussel proponía otra cosa, mirar la historia desde quienes quedaron abajo, desde quienes cargaron el peso de la Conquista y de la modernidad colonial. Decolonizar la historia significa dejar de narrar el mundo únicamente desde la mirada del vencedor. Significa reconocer que América Latina no fue una periferia vacía esperando ser civilizada, sino parte fundamental de la construcción del mundo moderno.
Tal vez por eso las ideas de Dussel siguen provocando incomodidad, porque obligan a cuestionar relatos profundamente arraigados y porque recuerdan algo que todavía muchos prefieren ignorar, la Conquista no terminó en el siglo XVI. Sus formas continúan presentes en el racismo cotidiano, en las desigualdades históricas y en las narrativas que convierten la dominación en motivo de orgullo cultural.
*Profesor
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