El bienestar psicológico de los docentes es fundamental para el éxito del aprendizaje de los estudiantes, según un estudio
La emoción del docente influye en el aprendizaje de los alumnos. / Archivo.
Redacción T21
elperiodico.com/Madrid02 JUN 2026
Un amplio estudio internacional demuestra que las emociones de los profesores influyen en la calidad de la enseñanza y en la autoeficacia, el interés y el rendimiento de los alumnos, en diferentes culturas, desde China hasta España.
Enseñar matemáticas exige mucho más que dominar el temario. Exige una disposición emocional que, cuando se quiebra, arrastra consigo a los alumnos. Un estudio publicado en el Journal of Educational Psychology ha medido hasta qué punto el estado de ánimo de un docente altera la calidad de su enseñanza y, como consecuencia directa, las calificaciones de la clase.
Los investigadores acudieron a los datos del proyecto Global Teaching InSights de la OCDE. Rastrearon el comportamiento de 679 profesores y más de 17.500 adolescentes de unos 15 años durante el aprendizaje de las ecuaciones cuadráticas. La muestra cubre ocho territorios con sistemas educativos y culturales muy dispares: Alemania, Chile, China, Colombia, España, Japón, México y Reino Unido. El objetivo era averiguar cómo dos emociones muy comunes, el placer de enseñar y la ira, rebotan contra las paredes del aula.
Cambio pedagógico
El mecanismo detectado refleja un cambio profundo en la pedagogía. Un profesor que disfruta de su trabajo gestiona de forma más eficiente el ruido y las interrupciones, establece vínculos de apoyo más fuertes con los alumnos y eleva la exigencia. Lanza retos que obligan a pensar más allá del piloto automático, una práctica que los académicos denominan "activación cognitiva".
La irritación crónica provoca justo el efecto inverso. El enfado empuja al docente a dar clases más autoritarias y menos estimulantes. En esas condiciones, el aula se vuelve tensa, se pierde el apoyo personal y el nivel de los ejercicios decae porque el profesor tiende a refugiarse en métodos de repetición mecánica.
Todo este clima impacta de lleno en el pupitre. Según desgrana el estudio, una gestión firme y positiva del aula dispara el interés de los adolescentes por las matemáticas. A su vez, percibir que el profesor es un apoyo real anima al estudiante a esforzarse, mejorando sus resultados. Pero la clave del rendimiento está en la activación cognitiva: obligar a los alumnos a salir de la rutina mental es el factor que más dispara tanto su autoeficacia (la confianza en su propia capacidad para resolver problemas) como sus notas en los exámenes finales.
Doble sentido
Los autores del análisis advierten de la doble dirección del problema. Un aula caótica o apática genera enorme frustración en el adulto, creando un bucle que empeora aún más la docencia. Al tratarse de un análisis transversal, resulta difícil separar qué fue antes, si la desmotivación del grupo o el enfado del maestro, aunque la evidencia apunta a una retroalimentación destructiva constante.
Este hallazgo resta peso a la idea de que el éxito escolar depende exclusivamente del currículo, las ratios o la tecnología. En ocho culturas distintas, el patrón emocional se repite con idéntica claridad.
Cuidar la salud mental del profesorado y evitar que terminen quemados por la tensión diaria deja de ser un asunto puramente laboral. A la luz de los datos, proteger al docente se perfila como una estrategia educativa imprescindible para garantizar el aprendizaje, concluye este estudio.
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Referencia
Linking teacher emotions, teaching quality indicators, and student outcomes in mathematics: Results from the Global Teaching InSights study. Pfeifer, M. E. et al. Journal of Educational Psychology (2026). DOI:https://doi.org/10.1037/edu0001036
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