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LAS NEURONAS HUMANAS SABEN REPARAR LESIONES NERVIOSAS, PERO LO OLVIDAN EN UN MOMENTO EXACTO DEL DESARROLLO

El sistema nervioso central no se regenera tras una lesión. Eso es lo que pensábamos. Un equipo de Cambridge, usando organoides humanos, acaba de señalar exactamente por qué, y cómo revertirlo

Representación de un sistema organoide cerebroespinal humano derivado de células madre de pacientes, donde los axones crecen a través del espacio entre tejido cerebral y medular en miniatura. Imagen de síntesis. Foto: Nano Banana / Scruzcampillo.

*Santiago Campillo Brocal
muyinteresate.okdiario.com/31.05.2026

Para cualquier neurólogo, la frase "daño en la médula espinal" arrastra consigo una consecuencia casi inevitable: el daño es permanente. Las neuronas del sistema nervioso central adulto no reparan los axones cortados, no restauran las conexiones perdidas. Es uno de los pilares del conocimiento médico moderno, y ha resistido décadas de trabajo experimental. El problema, como señala el propio András Lakatos, investigador senior del Departamento de Neurociencias Clínicas de la Universidad de Cambridge, es que gran parte de ese conocimiento viene de animales. "Mucho de lo que sabemos sobre la regeneración nerviosa proviene de roedores", apuntaba Lakatos, "y sus neuronas se comportan de forma diferente a las humanas."

Ahora Lakatos y George M. Gibbons, primer autor del estudio, junto con sus colaboradores Tanja Fuchsberger, Mai Abdelgawad y Stefano L. Giandomenico, han publicado un trabajo en Cell Reports que cambia parte de esa ecuación. Usando organoides cerebroespinales en miniatura (esferas de tejido nervioso derivadas de células madre de pacientes humanos, mantenidas en el laboratorio durante más de un año) identificaron algo que los modelos en ratón no habían revelado con claridad: existe un punto exacto en el desarrollo en que los axones humanos pierden la capacidad de regenerarse. Y ese punto tiene coordenadas.

El momento en que los nervios olvidan cómo curar

Los organoides del equipo reproducen la arquitectura de la conexión cerebroespinal: los axones crecen desde el tejido cerebral en miniatura hacia el tejido medular, cruzando el espacio entre ambos. Cuando los investigadores lesionaron esos axones en organoides de distintas edades de desarrollo, observaron un patrón claro. Hasta aproximadamente el día 150 del desarrollo (el equivalente al ecuador de la gestación humana) los axones dañados crecían de vuelta con fibras largas y funcionales. Después de ese umbral, la capacidad regenerativa caía en picado. Las neuronas maduras no habían desarrollado un daño nuevo: habían aprendido a no regenerarse.

"Las neuronas tomadas de organoides menos maduros volvían a crecer con fibras largas", explicó Gibbons. En los más maduros, esa capacidad casi desaparecía.

La causa está en una red génica que regula el proceso limitante del crecimiento. No es un daño estructural, no es una cicatriz irreparable: es un programa que se activa a medida que el sistema nervioso madura. Dicho de otra forma, las neuronas adultas no han perdido la maquinaria para regenerarse. La tienen. Solo han dejado de usarla.

Figura 1 del estudio de Gibbons et al. en Cell Reports (2026). (A) Esquema del protocolo de 45 días para generar organoides de médula espinal (SPORG) a partir de células madre humanas, con tratamiento combinado de FGF2, CHIR, ácido retinoico y concentraciones crecientes del agonista de Sonic Hedgehog (SAG). (B-C) Distribución de factores de transcripción propios de distintas zonas de la médula en desarrollo según la dosis de SAG; el mapa de calor muestra la expresión génica relativa. (D) Imágenes de inmunofluorescencia de organoides a 45 días en cultivo, con interneuronas V2a (CHX10+, verde-amarillo), interneuronas V2b (GATA3+) y motoneuronas (ISL1+, verde). Las barras de escala representan 200 μm y 60 μm (recuadro). (E) Cultivos disociados de organoides a 29 días tratados con distintas combinaciones de factores de crecimiento (BDNF, GDNF e IGF-1); la combinación triple maximiza la supervivencia de motoneuronas. (F) Western blot confirmando la expresión de CHX10, GATA3 e ISL1 según la concentración de SAG y la presencia de factores de crecimiento. (G-H) Comparación entre organoides sin embeber y embebidos en Matrigel a 25 días: el Matrigel aumenta significativamente la distancia y el grosor del nicho de células progenitoras (SOX2+, NESTIN+). Imagen: Gibbons et al., Cell Reports, 2026.

Un modelo más humano que los ratones

Y es que aquí está la diferencia que hace relevante este trabajo más allá de los datos concretos. La biología de la regeneración axonal en roedores es notoriamente más permisiva que en humanos: sus neuronas, incluso maduras, conservan mayor plasticidad. Eso ha llevado durante décadas a resultados prometedores en el laboratorio que no encontraban reflejo en la clínica. El modelo de organoides cerebroespinales de Cambridge resuelve en parte ese problema al trabajar directamente con tejido derivado de células madre de pacientes, mantenido en condiciones funcionales durante meses. Los axones crecen, se conectan, y en el extremo del sistema medular llegan a desencadenar contracciones musculares. Es, funcionalmente, lo más parecido a un circuito nervioso humano que puede cultivarse fuera del cuerpo.

Esto, que suena técnico, cambia bastante el panorama de lo que podemos inferir de estos resultados. Cuando un hallazgo se observa en organoides humanos, la distancia al paciente real es menor, aunque siga siendo enorme.

El fármaco que reactivó el circuito

El equipo no se quedó en la descripción del mecanismo. Una vez identificada la red génica responsable, probaron si era posible interferir en ella farmacológicamente. El candidato fue el lynestrenol, un progestágeno sintético que actúa como principio activo en algunos anticonceptivos y tratamientos para trastornos menstruales, con afinidad por receptores de progesterona presentes en el sistema nervioso. El lynestrenol mejoró notablemente la regeneración de los axones dañados en organoides maduros, reactivando parcialmente el programa de crecimiento que el desarrollo había silenciado.

El lynestrenol no es un fármaco diseñado para la médula espinal. Lo que el estudio indica es que el mecanismo que bloquea la regeneración puede interferirse. El siguiente paso es comprender exactamente cómo, y en qué ventana terapéutica.

Es un resultado de prueba de concepto, no un tratamiento. Pero la lógica es directa: si la pérdida de capacidad regenerativa es un programa activo, tiene sentido buscar formas de interrumpirlo.

La pequeña gran diferencia

Cuidado aquí: el modelo de organoides no replica el entorno de una lesión medular real. No hay inflamación, no hay tejido cicatricial, no hay la cascada biológica que sigue a un traumatismo. Esos factores pueden interferir de forma significativa con cualquier estrategia de regeneración, y el propio equipo señala que queda por demostrar si este enfoque consigue restaurar conexiones funcionales entre tejido cerebral y medular en condiciones reales. El lynestrenol, en concreto, tiene un perfil hormonal definido para usos ginecológicos. Su aplicación en neurología sigue siendo una hipótesis de trabajo.

El camino de aquí a un ensayo clínico tiene probablemente décadas, y algunos de sus tramos aún no están trazados. Lo que el estudio sí deja claro es que la pregunta ha cambiado. Durante décadas el problema de la lesión medular se planteaba como una limitación estructural: los nervios no se reparan porque no pueden. Lo que los organoides de Cambridge sugieren es que no se reparan porque han sido programados para no hacerlo. Y eso es un tipo de problema diferente, con un tipo de soluciones diferente. La diferencia parece pequeña pero, no lo es.
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*Santiago Campillo Brocal. Biólogo. Máster en Biología Molecular y Biotecnología, Director de Muy Interesante Digital
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Referencias

Gibbons, G. M., Fuchsberger, T., Abdelgawad, M., Giandomenico, S. L., et al., & Lakatos, A. (2026). Human corticospinal organoids reveal mechanisms of axon regeneration loss during development. Cell Reports, 45(6), 117399. DOI: 10.1016/j.celrep.2026.117399
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