Si bien el impacto varía por país en función sobre todo de su balanza comercial energética, las primeras señales de estrés son inequívocas
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Mario Campa, economista y politólogo
diario-red.com/20/04/2026
La guerra ilegal de Trump duró más de lo pensado. En un origen, la Casa Blanca prometió una “incursión” de 4 semanas, más y más lejanas en el retrovisor. Como efecto indeseado, un shock inflacionario amenaza la estabilidad macroeconómica mundial, y América Latina no es ajena. Si bien el impacto varía por país en función sobre todo de su balanza comercial energética, las primeras señales de estrés son inequívocas.
En México, la tasa de inflación anual al consumidor subió a 4.59 por ciento en marzo de 2026 desde el 4.02 por ciento en febrero, nivel más alto desde agosto de 2024. Los precios agropecuarios y energéticos encabezaron la subida general. Los productores del campo trasladan al comprador el creciente costo de insumos clave, como las gasolinas y los fertilizantes. Otros indicadores de inflación, como el índice de precios al productor (INPP) confirman un repunte que pone en aprietos al banco central.
En Brasil, potencia energética pero líder mundial en importación de fertilizantes, la tasa anual de inflación subió en marzo a 4.14 por ciento frente a 3.81 por ciento en febrero. Las presiones inflacionarias se intensificaron más en el transporte (3.69 por ciento vs. 2.49 por ciento), impulsadas por un salto en los precios del combustible para vehículos (4.32 por ciento vs. 0.32 por ciento). El incremento tuvo dos respuestas inmediatas: mientras que el banco central recortó la tasa de política monetaria en solo 25 puntos base y no en 50 como se esperaba, Lula anunció una ampliación del subsidio al diésel, la eliminación de impuestos federales al biodiesel y turbosina y una subvención al gas de cocina.
En Colombia, otro exportador neto de energía —si bien atado al carbón y la electricidad enviada a Ecuador—, la tasa anual de inflación aumentó en marzo a 5.56 por ciento desde el 5.29 por ciento del mes anterior. A pesar del modesto incremento, es la tasa más alta desde septiembre de 2024 y descansa por encima del objetivo del banco central de 3 por ciento. Como su par Brasil, Colombia puede manejar mejor las finanzas públicas mediante el superávit comercial energético, si bien la participación minoritaria de inversionistas privados en Petrobras (Brasil) y Ecopetrol (Colombia) limitan el alcance y la duración de los subsidios estatales.
Un shock inflacionario amenaza la estabilidad macroeconómica mundial, y América Latina no es ajena
En Perú, importador de gas y petróleo, la tasa de inflación anual en Lima trepó en marzo a 3.80 por ciento frente al 2.21 por ciento de febrero. En términos mensuales, el salto de 2.38 por ciento fue el más alto desde diciembre de 1993, explicado por los precios de los energéticos y del transporte. El gobernador del banco central, Julio Velarde, atribuyó el repunte a la emergencia de gas natural provocada por la ruptura del gasoducto Camisea, así como al alza en los precios de los combustibles derivada del conflicto en Oriente Medio. Entre las economías grandes de la región, el sitio Global Petrol Prices a mediados de abril stiuaba a Perú como el país con la mayor inflación en gasolina (+35.6 por ciento) desde el inicio de la guerra.
En Chile, el más expuesto a la importación de energéticos, el ajuste al subsidio a las gasolinas desató indignación popular. Como resultado, la tasa anual de la inflación al consumidor subió en marzo a 2.8 por ciento desde 2.4 en febrero. A tasa mensual, los precios aumentaron 1.0 por ciento desde un incremento de 0.4 por ciento en febrero. Si bien (aún) manejables, los niveles actuales comprometen el tortuoso combate contra la inflación de los últimos 4 años, desatada en buena medida por la pandemia y la invasión a Ucrania. Ahora, el conflicto en Medio Oriente, otro choque de oferta del exterior, revive temores. Al 15 de abril, Global Petrol Prices registraba en Chile un alza de 50.7 por ciento en los precios del diésel desde el inicio del conflicto, tercera variación regional más alta detrás de Panamá (+63.2 por ciento) y Guatemala (+60.4 por ciento).
A nivel regional, la inflación tendrá un impacto político asimétrico
En Argentina, los precios al consumidor aumentaron en marzo 3.4 por ciento a tasa mensual (32.6 por ciento interanual) desde 2.9 por ciento en febrero. Espoleada por incrementos brutales en la educación (+12.1 por ciento mensual) y el transporte (+4.1 por ciento), la inflación repunta y está lejos de ser domada. Si bien Milei dio la espalda al libre mercado y la petrolera estatal YPF congeló los precios de los combustibles durante 45 días, los precios de fertilizantes y otros bienes importados atizan el fuego inflacionario que sofoca los salarios y las finanzas públicas. Para muestra, el estimado hacendario para todo el año era de una inflación del 10 por ciento, misma que fue casi acumulada en solo un trimestre (+9.4 por ciento) y deja entrever nuevos recortes para cumplir las metas fiscales vigiladas por el FMI. Que la carne de burro haya generado revuelo nacional como recién-descubierto sustituto de la carne de res incosteable es sintomático del momento asfixiante.
A nivel regional, la inflación tendrá un impacto político asimétrico. Por un lado, el resultado electoral en Colombia, Perú y Brasil podría cambiar por el ambiente macroeconómico, aunque la lejanía de calendario deja a Lula más expuesto que otros. Por otra parte, mandatarios en funciones que triunfaron con discursos contra la inflación —más Milei que Kast— tendrán un golpe de legitimidad, ya palpable en aprobaciones presidenciales decrecientes. Entre los grandes de América Latina, México y Claudia Sheinbaum enfrentan el menor riesgo, en buena parte por el efecto impermeable del salario mínimo aumentado, por diseño un instrumento que blinda el poder adquisitivo. Otros harían bien en tomar nota.
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