Ormuz, en tan solo dos meses, se ha transformado en un laboratorio experimental de la desdolarización y la multipolarización económica, en el cual la proyección de poder de Washington se está viendo seriamente cuestionada, como nunca antes
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William Serafino
diario-red.com/24/04/26 |10:00
18 de abril de 2026, Washington, DC, EE. UU.: El presidente de los Estados Unidos, Donald J. Trump, habla durante la firma de una orden ejecutiva relacionada con los psicodélicos en el Despacho Oval.
En una paradoja geopolítica a todas luces inquietante, la guerra de tipo blitzkrieg que EE.UU. lanzó contra Irán con el objetivo de proyectar poder en Asia occidental y barrer de la escena a una potencia del nuevo orden multipolar, se ha convertido en una amenaza estratégica para la reliquia más importante del poder imperial norteamericano, el petrodólar, hoy transitando un camino similar, en cámara lenta, al del mitológico uróboro.
Semanas que parecen décadas
A finales del mes pasado, en una columna dedicada al petroyuan publicada en esta tribuna, caractericé el funcionamiento del esquema del petrodólar, pasando por su origen histórico, y describí cómo la tensión militar en el estrecho de Ormuz podría intensificar la presencia de la divisa china en el paisaje financiero del agitado golfo Pérsico, una tendencia preexistente al conflicto bélico.
Para mediados de marzo, los reportes de prensa indicaban, sin ofrecer mayores detalles de corte procedimental, que Teherán tenía la disposición de exigir pagos en yuanes para permitir el paso de buques petroleros por Ormuz. Pocos días después, en un nuevo salto cuántico de la guerra, la propia realidad demostró que no se trataba de una especulación sin asidero.
De acuerdo con Fars News, en el parlamento iraní un proyecto de ley para establecer peajes comenzó a configurarse, contemplando un cobro de tarifas. Mohammad Reza Rezaei Kochi, presidente de la Comisión de Ingeniería Civil, aseveró que la recaudación de un tributo era un mecanismo necesario para garantizar la seguridad en el estrecho, doblemente bloqueado tras la decisión de Trump de apostar a la armada norteamericana en sus adyacencias.
Posteriormente, se sumó la declaración del portavoz de la Unión de Exportadores de Petróleo, Gas y Productos Petroquímicos de Irán, Hamid Hosseini, quien detalló que las tasas podrían sufragarse en criptomonedas.
Hasta hace dos meses, era impensable que una petromonarquía alineada con Israel y dependiente de Washington en materia de defensa tan siquiera insinuara la posibilidad de operar por fuera del petrodólar
En paralelo, medios estadounidenses como The Wall Street Journal señalaron que el yuan también formaba parte de las monedas habilitadas para pagar el peaje establecido por Teherán, visto ya no desde la amenaza latente, sino como una realidad operativa en curso, por más que todavía no tenga una confirmación oficial.
Lo realmente relevante de la secuencia es cómo Ormuz, en tan solo dos meses, se ha transformado en un laboratorio experimental de la desdolarización y la multipolarización económica, en el cual la proyección de poder de Washington se está viendo seriamente cuestionada, como nunca antes.
Siguiendo el análisis de Mallika Sachdeva del instituto de investigación del Deutsche Bank, el conflicto por el control de esta crítica arteria comercial de tan solo 30 kilómetros “podría ser el catalizador de la erosión del dominio del petrodólar y el inicio del petroyuan”, una premisa que sigue acumulando evidencias empíricas que la respaldan.
Más bloqueo, más tensiones
A medida que los efectos negativos del doble bloqueo se profundizan, las líneas de falla del petrodólar también se amplifican. Tras dos meses de conflagración bélica, la drástica reducción de las exportaciones de crudo y la destrucción de infraestructura energética ha llevado a los países del golfo a pedir el auxilio de Washington.
En días recientes, Emiratos Árabes Unidos (EAU) solicitó al Departamento del Tesoro de EE.UU. una línea de swap en dólares, con la que Abu Dabi busca garantizar el respaldo de su moneda local, fortalecer sus reservas internacionales y cubrirse de una potencial recesión económica en caso de que el conflicto empeore. Según los medios que reseñaron la solicitud, EAU amenazó con recurrir al yuan u otras opciones monetarias si su exigencia no es atendida.
El conflicto por el control de esta crítica arteria comercial de tan solo 30 kilómetros “podría ser el catalizador de la erosión del dominio del petrodólar y el inicio del petroyuan”, una premisa que sigue acumulando evidencias empíricas que la respaldan
Hasta hace dos meses, era impensable que una petromonarquía alineada con Israel y dependiente de Washington en materia de defensa tan siquiera insinuara la posibilidad de operar por fuera del petrodólar. Por su parte, el propio secretario del Tesoro, Scott Bessent, reconoció que no solo Abu Dabi pidió ayuda, sino también otros “socios regionales”, lo que podría entenderse como una referencia indirecta a Arabia Saudita.
Sin excepción, todos los países del golfo enfrentan un severo drenaje de liquidez en dólares producto del declive de las exportaciones de hidrocarburos precipitado por la guerra, generando un deterioro endémico sobre todos los presupuestos públicos en la región. Riad es un ejemplo palmario del complejo entorno actual, extensible al resto de actores del golfo. Se prevé que sus ventas de petróleo a China se reduzcan a la mitad en mayo, lo que trae consigo un impacto devastador en sus cuentas públicas y perspectivas de crecimiento.
Nudo gordiano
La situación, con tendencia a agravarse, representa un examen de estrés para un petrodólar cuyos incentivos y esquema operativo están fuertemente tensionados. Por un lado, los condicionamientos obligatoriamente ligados a toda solicitud de auxilio económico a Washington tienen un doble costo: afianzan el alineamiento de las petromonarquías con EE.UU., con lo cual quedan expuestas militarmente frente a un Teherán que las seguirá considerando actores que comprometen su seguridad al servir como puestos de avanzada del poder norteamericano.
En lo económico, recibir swaps de moneda verde puede tener un efecto coyuntural de reequilibrio contable, pero no resuelve el problema estructural de fondo: la pérdida de atractivo del dólar y el creciente déficit de confianza en torno a sus instrumentos. La caída de los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense y una muy posible corrección del mercado de valores en el corto plazo (hoy apalancado por la especulación en inteligencia artificial) debilitan la oferta de revalorización permanente de las inversiones de los estados del golfo en EE.UU., uno de los pilares fundamentales del sistema petrodólar.
Desde un ángulo centrado en lo financiero, los beneficios contractuales que ofrecía EE.UU. en la década de los 70 han desaparecido prácticamente, ya que China ha emergido como el principal cliente petrolero de la región, convirtiendo al comercio petrolero en dólares en sinónimo de costos transaccionales incómodos.
La cuestión es si Washington aceptará el cambio geoeconómico que está en curso o si luchará hasta el final para evitar la toma de la bastilla del yuan
La conclusión lógica de la suma de estas variables es que el marco que hace más de medio siglo sustentó al petrodólar está perdiendo validez, dejando de ser rentable en lo económico y lo geopolítico para los actores del golfo y Beijing, su principal socio comercial. El arcano del imperio estadounidense está herido de muerte y el siguiente hilo de eventos así lo comprueba.
El proceso de demolición del petrodólar está ocurriendo, aunque de forma progresiva y, lo más importante, en el mismo lugar donde nació. En 2022 y en 2024, Arabia Saudita se mostró abierta a comerciar petróleo en yuanes, declaraciones que tuvieron un correlato en la práctica con un acuerdo entre Aramco y Sinopec en 2023 para liquidar la mayoría de sus operaciones en la moneda china. Ese mismo año, Catar y PetroChina firmaron un acuerdo para el suministro de GNL, evitando el dólar, mientras EAU se consolidaba como epicentro bancario del comercio petrolero yuanizado entre Teherán y Beijing, facilitando la evasión de sanciones estadounidenses.
Dentro del paraguas BRICS+, Beijing, Riad y Abu Dabi están desarrollando el proyecto mBridge, alternativo al SWIFT, en cuya plataforma se habilitan canales independientes para el intercambio financiero en monedas digitales y líneas de swap en yuanes con el objetivo de brindar opciones para la diversificación de reservas en los bancos centrales del golfo.
Ahora que la guerra contra Irán ha reforzado las líneas de fractura del petrodólar que venían acumulándose en los últimos años, se comprueba que la decisión de Washington no solo fue sumamente torpe en lo político, sino también contraproducente en términos estratégicos. No en balde Sachdeva, en su magistral informe, afirma correctamente que el conflicto en Asia occidental significa “una tormenta perfecta para el petrodólar”.
Para Burak Elmali, “los estados del Golfo no ven a China como la nueva América, sino como una cobertura necesaria. Al diversificar sus carteras de seguridad y economía, optan por una póliza de seguro multipolar mucho menos arriesgada que depender de un único paraguas debilitado”.
La cuestión es si Washington aceptará el cambio geoeconómico que está en curso o si luchará hasta el final para evitar la toma de la bastilla del yuan. Esto no está del todo claro, pero la revelación del exagente de la CIA, Larry Johnson, de que Trump habría intentado acceder a los códigos nucleares de EE.UU. en medio de su desesperación por la derrota frente a Irán, no es un buen augurio.
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*Politólogo y Magíster en Historia. Investigador y analista especializado en geopolítica. Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar, mención Investigación (2019).
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