Las personas con esta enfermedad o con riesgo de padecerla presentan una composición específica de microbios intestinales determinada incluso antes de desarrollar síntomas
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Mariela León
cambio16.com/22/04/2026
La microbiota intestinal es una herramienta de diagnóstico muy potente para detectar, predecir y comprender una diversidad muy amplia de enfermedades, desde las metabólicas, autoinmunes, neoplásicas y neurológicos hasta el Parkinson, como trastorno neurodegenerativo del sistema nervioso central.
Los análisis de microbiota permiten evaluar el equilibrio microbiano -bacterias, hongos, levaduras, arqueas- e identificar sus características y desajustes; el por qué de las alteraciones, sus razones y consecuencias. En ese rastreo se pueden distinguir enfermedades inflamatorias intestinales, como la de Crohn, colitis ulcerosa, síndrome de intestino irritable, enfermedad celíaca e infecciones.
También puede ayudar a explicar la obesidad, el hígado graso, el cáncer, el alzhéimer y, entre otros, el autismo. Así como otros problemas de salud como estreñimiento, diarrea crónica, molestias digestivas, cefaleas e incluso problemas en la piel como la rosácea.

Un nuevo estudio liderado por el University College London (UCL) en el Reino Unido, afirma que análisis de la microbiota intestinal revelan si una persona tiene riesgo elevado de Parkinson antes de que haya desarrollado algún síntoma externo.
Datos de la Organización Mundial de la Salud advierten que cerca de 12 millones de personas la padecen en todo el mundo. Es la segunda enfermedad neurodegenerativa más común y la que más rápido está aumentando su prevalencia. Se estima que el número de estos pacientes se duplicará en los próximos años, llegando a afectar a unos 20 millones de personas en 2050.
Alrededor de 160.000 personas viven con la enfermedad de Parkinson en España y, debido al progresivo envejecimiento de la población, el número de afectados llegará a triplicarse en los próximos 25 años, precisa la Sociedad Española de Neurología.
La microbiota intestinal esconde muchos secretos
Los científicos consideran que uno de los grandes retos frente a esta enfermedad es adelantar su diagnóstico, con la finalidad de anticipar tratamientos y atenciones específicas. El equipo del University College London descubrió que las personas con Parkinson, presentan una composición específica de microbiota intestinal que actúa como un biomarcador temprano de la enfermedad. También ocurre en individuos sanos que tienen un riesgo genético de padecerla, señala el estudio publicado en Nature Medicine.
“Nuestros resultados muestran que medir el grado de alteración del microbioma intestinal permitiría identificar a las personas con más riesgo de Parkinson. E incluso para ofrecer asesoramiento nutricional que mitigue este riesgo”, dice a la agencia española SINC Stanislav Dusko Ehrlich, investigador del Instituto de Neurología Queen Square de la UCL.

El Parkinson es una afección neurodegenerativa caracterizada por síntomas motores y no motores, que a menudo aparecen solo después de que se haya producido una pérdida sustancial de neuronas productoras de dopamina, afectando el movimiento y el control muscular. Los síntomas incluyen temblor en reposo, rigidez muscular, lentitud de movimientos (bradicinesia) e inestabilidad postural.
Los investigadores analizaron datos clínicos y fecales de casi 500 personas de Reino Unido e Italia: 271 pacientes con la enfermedad, 43 portadores de la variante GBA1 (una variante genética que puede multiplicar por 30 el riesgo de padecerla) sin síntomas clínicos. Y 150 participantes sanos como grupo de control o grupo de comparación.
Descubrieron que más de una cuarta parte de los microbios que componen la microbiota intestinal —176 especies diferentes— presentaban diferencias en cuanto a su abundancia al comparar a las personas enfermas con los participantes sanos del grupo de control. Así, algunos microbios eran más comunes entre las personas con Parkinson, mientras que otros lo eran más entre las personas sanas.
Composición específica de microbiotas
Este patrón era más notable entre las personas en estadios más avanzados de la enfermedad. “Esto nos sugiere que las alteraciones del microbioma intestinal se correlacionan con la gravedad de la enfermedad en los pacientes”, señala Ehrlich.
Además, los resultados mostraron que la mayoría de estos microbios también diferían de forma sistemática en cantidad al comparar los controles sanos con las personas portadoras de la variante del gen GBA1 que aún no habían experimentado ningún síntoma de la patología. En estos casos, la composición de la microbiota intestinal era similar a un patrón intermedio entre individuos sanos y con Parkinson.

El equipo investigador, recoge SINC, corroboró sus hallazgos comparando sus resultados con una cohorte adicional de personas del Reino Unido, Corea y Turquía, que sumaba un total de 638 personas más con la enfermedad y 319 sanos del grupo de control. Una pequeña proporción de los participantes sanos también presentaba microbiomas intestinales similares a los de las personas con riesgo de desarrollarla, lo que plantea la cuestión de si ellos también podrían estar en riesgo.
El estudio integró un análisis profundo de los hábitos alimenticios de los participantes, revelando una correlación directa entre el estilo de vida y la salud neurológica. Los datos demuestran que aquellas personas que mantienen una dieta equilibrada y variada presentan una menor predisposición a desarrollar la composición bacteriana asociada al riesgo de Parkinson. Este hallazgo sugiere que la intervención nutricional no es un complemento, es una herramienta de prevención primaria.
Dieta sana y variada
Stanislav Dusko Ehrlich destaca que una nutrición óptima podría actuar como un freno biológico, retrasando la aparición de la patología. Esta tesis se alinea con investigaciones previas sobre la dieta MIND (una combinación de la Mediterránea y la DASH), la cual ha demostrado tener el potencial de postergar el desarrollo de enfermedades neurodegenerativas en una década o incluso más.
Sin embargo, la comunidad científica mantiene una postura de prudencia respecto a la dirección de esta relación. Expertos como José Manuel Fernández-Real, del IDIBGI, subrayan que, debido a la naturaleza transversal del estudio, todavía no es posible establecer una relación de causalidad inequívoca.

Esto implica que sigue en el aire una pregunta crucial: ¿son los cambios en la microbiota los que impulsan el Parkinson, o es la propia enfermedad, en sus fases más tempranas e invisibles, la que altera el ecosistema intestinal? Aunque los resultados son consistentes con la literatura científica actual, la validación definitiva de estas bacterias como predictores reales o dianas terapéuticas dependerá de futuros estudios longitudinales que sigan a los pacientes durante años. Permitiendo confirmar si la modificación de la dieta puede, efectivamente, cambiar el destino clínico de una persona.
En 2025, se difundió un estudio liderado por investigadores españoles sugiere que el análisis genético de una muestra de sangre podría convertirse en una herramienta eficaz para diagnosticar de forma temprana la enfermedad de Parkinson.
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