El estrés térmico es uno de los mecanismos de mayor incidencia en la infertilidad
En el caso de los hombres, la producción de espermatozoides requiere una temperatura ligeramente inferior a la del resto del cuerpo
Mariela León
cambio16.com/29/04/2026
La fertilidad humana atraviesa una crisis silenciosa que desafía las fronteras de la medicina y la ecología. En las últimas décadas, las tasas de fecundidad han experimentado un descenso global que no puede explicarse únicamente por cambios sociológicos o la decisión de postergar la paternidad. Detrás de esta tendencia subyace una compleja red de factores ambientales donde la exposición a toxinas químicas y las alteraciones derivadas del cambio climático han surgido como los principales catalizadores que inciden en la fertilidad.
La literatura científica analiza cómo las sustancias químicas disruptoras endocrinas, que a menudo se encuentran en el plástico, junto con los efectos del cambio climático, como el estrés térmico, están vinculadas a reducciones en la fertilidad y la fecundidad en diversas especies, incluidos los seres humanos, la fauna silvestre y los invertebrados.
Si bien los daños reproductivos de cada uno de estos problemas por separado están bien estudiados, existen pocas investigaciones sobre lo que sucede cuando los organismos vivos se ven expuestos a ambos. En conjunto, es probable que esos dos aspectos, representen una mayor amenaza para la fertilidad. El efecto acumulativo es “alarmante», afirma Susanne Brander, autora principal del estudio y profesora adjunta de la Universidad Estatal de Oregón.

Considera que “no solo te expones a uno, sino a dos factores estresantes al mismo tiempo, los cuales pueden afectar tu fertilidad, y, por lo tanto, el impacto general será algo peor”. El estudio, publicado en la revista Nature, analizó 177 investigaciones.
¿Tiene incidencia el cambio climático en la fertilidad?
Uno de los factores más críticos y omnipresentes es la exposición a los denominados disruptores endocrinos, señala el estudio. Estas sustancias químicas, presentes en plásticos, pesticidas, productos de higiene personal y envases alimentarios, poseen la capacidad de mimetizar o bloquear las hormonas naturales del cuerpo. Al interferir con el sistema endocrino, toxinas como los bisfenoles (BPA) y los ftalatos alteran la calidad del esperma y la reserva ovárica, incrementando las tasas de abortos espontáneos y dificultades en la concepción.
Esta contaminación invisible y persistente en el tiempo, actúa desde la etapa gestacional, programando la salud reproductiva del individuo mucho antes de que alcance la madurez sexual. A este panorama químico se suma la creciente amenaza del cambio climático.

El estrés térmico es uno de los mecanismos principales y de mayor incidencia. El aumento de las temperaturas extremas afecta directamente la espermatogénesis, ya que la producción de espermatozoides requiere una temperatura ligeramente inferior a la del resto del cuerpo humano. Asimismo, el cambio climático exacerba la inseguridad alimentaria y la propagación de enfermedades infecciosas, factores que debilitan la salud sistémica y, por extensión, la eficiencia reproductiva de las poblaciones más vulnerables.
Shanna Swan, coautora del nuevo artículo, participó en la producción de un estudio pionero de 2017 que reveló que los niveles de esperma entre los hombres de los países occidentales se habían desplomado en más del 50% en cuatro décadas. Hasta el 50% de los casos de infertilidad de pareja tienen un componente masculino. Otras investigaciones han demostrado que la fertilidad humana ha estado disminuyendo a un ritmo similar. Según la OMS, se requieren al menos 15 millones de espermatozoides por ml para una fertilidad normal.
Estrés térmicos y variedad de plásticos
El Instituto de Métricas y Evaluación de la Salud de la Universidad de Washington descubrió anteriormente que el mundo se acercaba a un «futuro de baja fertilidad», con más de tres cuartas partes de los países por debajo de la tasa de reemplazo para 2050.
Los autores del nuevo estudio se centraron en los efectos de los disruptores endocrinos, como los microplásticos, el bisfenol, los ftalatos y los PFAS. Estos contaminantes pueden imitar, bloquear o alterar las hormonas naturales, provocando desequilibrios que afectan la calidad de los gametos (óvulos y espermatozoides), el desarrollo embrionario y la salud reproductiva en general; por tanto, pueden ser un factor determinante en la disminución de la fertilidad.

Brander señaló que los efectos nocivos de estas sustancias químicas suelen ser los mismos en todos los organismos, desde invertebrados hasta humanos. Los ftalatos, por ejemplo, se han relacionado con alteraciones en la forma de los espermatozoides en invertebrados, la espermatogénesis en roedores y la reducción del recuento de espermatozoides en humanos. De manera similar, se cree que las sustancias perfluoroalquiladas (PFAS) afectan la calidad del esperma, y ambas están relacionadas con la alteración hormonal.
Estas sustancias químicas están en todas partes. En los productos de consumo, por lo que los humanos suelen estar expuestos a ellas con regularidad. Mientras tanto, investigaciones anteriores han demostrado cómo el aumento de las temperaturas, la disminución de los niveles de oxígeno y el estrés térmico, entre otros problemas asociados con el cambio climático, pueden exacerbar de manera similar la infertilidad.
Mientras tanto, investigaciones anteriores han demostrado cómo el aumento de las temperaturas, la disminución de los niveles de oxígeno y el estrés térmico, entre otros problemas asociados con el cambio climático, pueden extremar de manera similar la infertilidad.
Factores conjuntos, resultados adversos
El estudio analizó algunos de los efectos combinados de la exposición a sustancias químicas y el cambio climático en diversos grupos taxonómicos, desde invertebrados hasta humanos. Por ejemplo, la exposición de las aves al aumento de la temperatura, a los PFAS, a los organoclorados y a los piretroides, cada uno por separado, puede causar anomalías en el esperma. Mayor mortalidad de los polluelos, anomalías testiculares y disminución de la población.
“¿Qué ocurre si se exponen a más de uno de esos factores estresantes al mismo tiempo? Se ha investigado poco sobre esta cuestión. Aunque no se hayan realizado muchos estudios que los analicen simultáneamente, si dos factores diferentes provocan el mismo efecto adverso. Es probable que su efecto sea acumulativo”, afirmó Brander.

Katie Pelch, científica sénior del Consejo de Defensa de los Recursos Naturales -una organización sin fines de lucro- y que no participó en el estudio, sostuvo que los autores revisaron estudios científicos de alta calidad. Añadió que le gustaría ver más ejemplos de la superposición de impactos, pero coincidió con la premisa general. “Es probable que (múltiples factores estresantes) tengan un efecto aditivo, como mínimo, incluso si tienen diferentes mecanismos de daño”.
La solución a los problemas sistémicos implicaría controlar el cambio climático y reducir el uso de sustancias químicas tóxicas. El estudio cita la reducción global del uso de DDT y PCB lograda en virtud del Convenio de Estocolmo como ejemplo de una medida eficaz, pero aún queda mucho por hacer. Según Brander, “existen pruebas suficientes en ambos ámbitos para actuar y reducir nuestro impacto en el planeta”.
Entorno hostil para la vida
El entorno urbano moderno ha introducido una sinergia de riesgos que potencia los efectos de las toxinas y el clima. La contaminación del aire, compuesta por partículas finas (PM2.5) y metales pesados, no solo afecta las vías respiratorias, sino que se ha relacionado con una mayor fragmentación del ADN en los gametos. Este bombardeo constante de agentes externos genera un estado de estrés oxidativo en el organismo, donde las células encargadas de la reproducción ven comprometida su integridad estructural y funcional.
La fertilidad humana contemporánea no puede ser analizada de forma aislada de su contexto ambiental. La convergencia de un mundo saturado de químicos sintéticos y un planeta en desequilibrio climático ha creado un entorno hostil para la vida en su nivel más fundamental. Abordar este desafío requiere un cambio de paradigma. No basta con avanzar en tecnologías de reproducción asistida. Es imperativo mitigar la huella tóxica de nuestras industrias y frenar la degradación ambiental si aspiramos a preservar la salud reproductiva como un pilar del bienestar humano.
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