En el Continente, la contradicción se encona
Por: Carlos Gutiérrez
Le Monde Diplomatique
http://www.adn.es/fotos/20090331/IMA-0810-INTERNACIONA
Palanquero (Colombia). Palmerola (Honduras). Manta (Ecuador): con la indudable cuenta de cobro que hará el Pentágono por su cierre. Con bases militares, la disputa polí tica se ahonda en nuestro continente. Incluso, como novedad, hasta en el seno del poder de los Estados Unidos.
No sorprende. Era un vaticinio del año electoral en curso* y al cual se suman nuevos ingredientes: uno de ellos, el militar –de la mano de Estados Unidos y su vertiente del Pentágono que añora a Bush. Como son testigos los resultados, en la mayoría de los comicios realizados durante 2009, la izquierda, en sentido general, dio cuenta de sus adversarios: Guatemala, Paraguay, Ecuador, El Salvador, Bolivia (referendo por la nueva Constitución). En estos y otros países de la región, sus sociedades y su memoria urgen, esperan y desean cambios.
Panamá y la consulta legislativa en Argentina fueron dos lunares en esa tendencia de giro político, que debiera ser refrendada en las elecciones presidenciales por llevarse a cabo en Uruguay (octubre 25, ver “Mujica propone reinventar el capitalismo”, pág. 12) y Chile (diciembre 11). Todo indica, sin duda, un resultado a favor de Evo Morales en Bolivia (diciembre 6). El giro a la izquierda que gana y profundiza su ángulo por toda América Latina, aunque sin grados de ruptura –conceptuales y estructurales de un calado sistémico, de raíz, contra el capitalismo–, sí desliza y conmueve a la región. Crea un terreno movedizo para el mercado cautivo y la hegemonía política que hizo tradicional la potencia del Norte.
En efecto, el poder estadounidense, a la cabeza del capital transnacional, sin moral ni resignación alguna defiende sus espacios, ya de conquista, ya cedidos por gobiernos abyectos hace más de un siglo. Todavía hoy, la Casa Blanca, su Secretaría de Estado y el Pentágono se afincan en los postulados del llamado ‘consenso de Washington’, con su significado de desnacionalización de los proyectos de industria de los países de la periferia y de reforzamiento de la división internacional del trabajo, por la vía del mandato de la banca multilateral o de los tratados de ‘libre comercio’, con diplomacias y ayudas militares abiertas o ‘encubiertas’ con diferente intensidad.
Más allá de lo estrictamente formal, las loas y las críticas que los grandes conglomerados de comunicación hacen de unos y otros gobiernos de América Latina, proyectan luces sobre los límites y los riesgos de un proceso de cambio que en esta América vive sus años de infancia. Y como tal, sin madurez y sin personalidad teórica, sometido a intensas disputas internas con los poderes parcialmente desplazados, y sin total decisión en pos de un rumbo que en realidad rompa con las herencias y la tradición. Un marco que expone este proceso de cambio, en lo poco o lo mucho en que avanza hasta ahora, a profundas debilidades y al riesgo de reversión por la escala de contraofensiva de la derecha. O su extravío.
Como es evidente, ante los nuevos acontecimientos del continente, Estados Unidos no está ni quedó paralizado. Si bien su reacción en un primer momento no fue oportuna ni activa –abrumado por la creciente inconformidad de los migrantes, su deterioro comercial y el papel patrón de su moneda, y por sus prioridades militares en África y Asia–, ahora su respuesta es múltiple. Teje, estimula la reacción de la derecha por doquier.
El movimiento de sus fichas responde ahora a la reorganización de un plan estratégico para garantizar su supervivencia global como potencia o imperio, con unos pasos obligados de reacomodo regional que incluyen el despliegue militar; con los complementos en tierra y aire, de la reactivación de la IV Flota, que hacen evidentes sus intenciones de control y dominio sobre el extenso territorio americano, como también su opción por la rápida movilidad aérea militar hacia el continente africano (para lo cual es indispensable la dotación y la infraestructura con las cuales contarán en la Base de Palanquero, como pivote). Dos muestras tenemos a disposición:
- La ofensiva de la dirigencia colombiana contra sus vecinos (cambio en la naturaleza de 10 bases militares), que, además de prolongar la vía militar del conflicto interno y alinderarse sin cuestionamiento alguno a la “estrella polar” en su geoestrategia militar, no deja dudas sobre el papel de alfiles que han aceptado jugar en la región.
- Sin dejar dudas, el golpe de Estado en Honduras recuerda que, en asuntos de dominio, economía y política, nada definido hay en América Latina.
- bien por vía de la derrota electoral –como inconformidad no resuelta y como castigo de los ciudadanos por hacer lo mismo que los otros;
- bien por la mano militar de los Estados Unidos y sus aliados –dispuestos ahora sobre un teatro de operaciones que en pocos minutos puede cubrir todos los flancos, en busca de un efecto que varíe el apoyo electoral, como sucedió en Nicaragua a finales de los años 80 del siglo XX con el sandinismo.