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ORIENTE MEDIO EN LA ENCRUCIJADA: DESESCALADA Y RECONFIGURACIÓN REGIONAL

La historia de las relaciones internacionales demuestra que las crisis más duraderas no terminan cuando se firma un acuerdo, sino cuando un nuevo equilibrio de poder resulta aceptable para los principales actores involucrados

El vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance, estrecha la mano del jefe del Estado Mayor del Ejército de Pakistán, el mariscal de campo Asim Munir, junto al primer ministro pakistaní, Shehbaz Sharif, durante una reunión de alto nivel para impulsar un acuerdo que ponga fin al conflicto en Oriente Medio, en el complejo turístico Buergenstock, a orillas del lago de Lucerna, cerca de Stansstad, Suiza, el 21 de junio de 2026. REUTERS/Nathan Howard/Pool/Foto de archivo

Dr. Cherkaoui Roudani
Moderndiplomacy.eu/24 de junio de 2026

La historia de las relaciones internacionales demuestra que las crisis más duraderas no terminan con la firma de un acuerdo, sino cuando un nuevo equilibrio de poder resulta aceptable para los principales actores involucrados. El memorando suscrito entre Estados Unidos e Irán aún no constituye dicho equilibrio. Más bien, representa un intento de contener una confrontación cuyas consecuencias amenazaban con extenderse más allá del ámbito bilateral y afectar el equilibrio estratégico general de Oriente Medio.

Detrás de la cuestión nuclear, las sanciones y la libertad de navegación por el estrecho de Ormuz subyace una competencia más amplia centrada en asegurar los flujos energéticos, comerciales y marítimos que conectan el Golfo con la economía global. Esta dinámica forma parte de una geopolítica más amplia de pasos estratégicos, donde los estrechos, puertos y corredores sirven cada vez más como instrumentos de influencia tan importantes como los propios recursos.

La trascendencia de este acuerdo trasciende, por lo tanto, sus disposiciones inmediatas. Refleja el papel que cada actor busca desempeñar dentro de una arquitectura regional que aún se encuentra en proceso de redefinición. El memorando entre Estados Unidos e Irán surge tras semanas de tensiones que suscitaron preocupación por una escalada regional más amplia. Si bien puede reducir temporalmente el riesgo de confrontación, deja sin resolver los principales desacuerdos entre Washington y Teherán.

Su principal debilidad radica en la brecha entre sus objetivos declarados y las realidades regionales. El documento aborda simultáneamente el estrecho de Ormuz, el Líbano, las sanciones, la seguridad regional y la cuestión nuclear. Sin embargo, cada uno de estos asuntos responde a su propia lógica estratégica. La navegación marítima puede restablecerse con relativa rapidez. Las sanciones pueden ajustarse mediante decisiones políticas. El Líbano presenta una situación completamente distinta, donde confluyen las preocupaciones de seguridad de Israel, los intereses iraníes, la fragilidad del Estado libanés y el papel de Hezbolá dentro de la estrategia de seguridad regional de Irán.

Es en este terreno donde podría surgir la principal limitación del memorándum. Washington y Teherán podrían acordar una desescalada general sin necesariamente controlar todas las dinámicas locales involucradas. Hezbolá se ha convertido tanto en un actor interno libanés como en un socio regional de Irán. Israel, por su parte, sigue considerando la presencia militar de Hezbolá como una amenaza directa a su seguridad nacional. En consecuencia, Líbano sigue siendo el escenario donde las formulaciones diplomáticas tienen más probabilidades de chocar con las realidades de poder existentes.

La flexibilidad deliberada del texto hizo posible su adopción. Cada parte puede identificar elementos que se alineen con sus propios objetivos. Esta flexibilidad facilita el acuerdo político, pero complica la implementación a la hora de definir obligaciones precisas y mecanismos de aplicación.

Las primeras declaraciones emitidas tras la firma del memorándum sugieren que la atención se está desplazando gradualmente de la diplomacia a la implementación. El establecimiento de mecanismos de seguimiento, comités especializados y grupos de trabajo refleja una importante evolución en el proceso de negociación. El objetivo ya no es simplemente alcanzar un compromiso político, sino determinar si los compromisos generales pueden traducirse en medidas concretas. Como suele ocurrir en los procesos diplomáticos complejos, los mayores desafíos surgen no en el momento de la firma de los acuerdos, sino durante su implementación.

En este sentido, la especial atención prestada al Líbano resulta reveladora. La creación de un mecanismo de seguimiento específico confirma implícitamente que el Líbano representa una de las principales vulnerabilidades del memorándum. Si bien los firmantes pueden coincidir en el principio de desescalada regional, siguen enfrentándose a dinámicas locales que solo controlan parcialmente y que continúan estando condicionadas por las preocupaciones de seguridad de Israel, el papel de Hezbolá y las persistentes debilidades del Estado libanés.

El estrecho de Ormuz sigue siendo igualmente importante, ya que sus implicaciones van mucho más allá del ámbito regional y afectan a los equilibrios energéticos y comerciales mundiales.

El estrecho de Ormuz representa otra dimensión delicada del acuerdo. Al respaldar el principio de libertad de navegación durante un período de transición, el memorándum reconoce indirectamente la influencia de Irán sobre uno de los corredores energéticos más importantes del mundo. Dicha influencia se convierte, por consiguiente, en una valiosa baza negociadora.

Al mismo tiempo, esta influencia sigue dependiendo de la ausencia de rutas logísticas alternativas capaces de reducir la centralidad estratégica del estrecho. Los esfuerzos por diversificar los corredores comerciales y energéticos podrían, a medio plazo, alterar esta situación y disminuir la capacidad de Teherán para utilizar el estrecho de Ormuz como su principal palanca geoestratégica.

Desde esta perspectiva, el memorándum se asemeja a una forma de ganar tiempo estratégicamente. Teherán busca aliviar las limitaciones que pesan sobre su economía al tiempo que consolida su posición regional. Washington, por su parte, busca estabilizar su entorno estratégico y fomentar el desarrollo de corredores alternativos que podrían disminuir gradualmente la centralidad geopolítica de Ormuz.

La atención que se presta al tema nuclear no debe eclipsar un cambio más profundo en las prioridades estratégicas regionales. El tema nuclear sigue siendo una preocupación central, pero cada vez forma parte más de una ecuación más amplia en la que la seguridad marítima, el suministro ininterrumpido de energía y la protección de las redes logísticas adquieren mayor relevancia.

Más allá del estrecho de Ormuz, se observa una evolución más amplia en las relaciones de poder contemporáneas. Los estrechos, los puertos, los corredores energéticos, la infraestructura digital y las redes logísticas se están convirtiendo cada vez más en instrumentos de influencia geopolítica. Esta transformación del entorno estratégico también ayuda a explicar los objetivos que persiguen tanto Washington como Teherán.

Irán no solo busca el levantamiento de las sanciones, sino también el reconocimiento como actor indispensable en la gestión de los principales equilibrios estratégicos de la región. Su influencia reside tanto en su alcance regional como en su posición en asuntos relacionados con la energía, la seguridad marítima, las redes de aliados y la cuestión nuclear.

Estados Unidos, en cambio, persigue un objetivo más limitado. Su principal preocupación es prevenir un conflicto de mayor envergadura, preservar la estabilidad en los mercados energéticos y mantener un marco para el diálogo sobre el programa nuclear. Este enfoque refleja una tendencia cada vez más evidente en los últimos años: priorizar la gestión de los equilibrios regionales sobre los ambiciosos esfuerzos por reformar los sistemas políticos locales.

El memorándum surge, además, en un contexto marcado por el auge de la dinámica multipolar, donde las relaciones entre Washington y Teherán se ven cada vez más influenciadas por los cálculos estratégicos de Pekín, Moscú y potencias emergentes importantes como la India. Para Washington, uno de los objetivos es evitar que una nueva crisis regional profundice aún más la convergencia entre Irán, Rusia y China. Para Teherán, el acercamiento con Estados Unidos también representa una oportunidad para ampliar su margen de maniobra frente a sus socios orientales, al tiempo que fortalece su posición negociadora en múltiples frentes simultáneamente.

Además, la durabilidad del acuerdo dependerá en parte de la capacidad de los Estados del Golfo —en particular Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos— para preservar la dinámica de desescalada surgida en los últimos años. Para estos actores, la estabilidad regional se ha convertido tanto en un imperativo económico como en un objetivo de seguridad. La protección de las inversiones, la garantía de las exportaciones de energía y el impulso de proyectos de diversificación económica a gran escala han incrementado el valor estratégico de la estabilidad regional.

En ese sentido, el memorándum podría contribuir a reducir temporalmente las tensiones. Sin embargo, deja sin respuesta varias cuestiones fundamentales. En el Líbano, la cuestión principal sigue siendo la relación entre el Estado y los actores armados no estatales. En el Golfo, se trata de la seguridad a largo plazo de las rutas marítimas. En el ámbito nuclear, se plantea la cuestión de los mecanismos de verificación y aplicación a lo largo del tiempo. Más allá de las preocupaciones de seguridad, la dimensión económica del memorándum también suscita interrogantes importantes.

El fondo propuesto para la reconstrucción de la economía iraní es un ejemplo de ello. Su importancia dependerá menos de su tamaño que de cómo se utilice. Si se destina a inversiones productivas, podría impulsar la recuperación económica. Sin embargo, en ausencia de mecanismos de supervisión fiables, también podría contribuir al fortalecimiento de las capacidades estratégicas existentes.

En términos más generales, el acuerdo refleja un entorno regional en el que ningún actor individual es capaz de imponer sus preferencias a todos los demás. En este contexto, los compromisos limitados reemplazan cada vez más a los acuerdos integrales sin eliminar los desacuerdos subyacentes.

En este sentido, el memorándum también subraya que ninguno de los principales actores ha logrado imponer su solución preferida al conflicto. A pesar de la magnitud de los recursos movilizados, las operaciones militares no han resuelto las disputas que dividen a las principales partes. Por lo tanto, la negociación se presenta menos como la culminación de una victoria que como la consecuencia de un desequilibrio de poder sin resolver.

La cuestión central no es si el memorándum sobrevivirá al período de implementación previsto por sus firmantes, sino si podrá generar un nivel mínimo de estabilidad en ámbitos donde los intereses estratégicos de los actores involucrados siguen divergiendo significativamente. El Líbano, el estrecho de Ormuz y la cuestión nuclear serán las principales pruebas de su capacidad de adaptación.

El memorándum no representa la culminación de un nuevo orden regional. Más bien, refleja una fase de transición en la que ningún actor es capaz aún de imponer su visión del equilibrio estratégico de Oriente Medio. Su vigencia dependerá menos de su redacción que de su capacidad para contener las tensiones que siguen marcando al Líbano, el Golfo y las principales rutas de la energía y el comercio mundiales.

Dr. Cherkaoui Roudani

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Cherkaoui Roudani es un distinguido profesor universitario especializado en Diplomacia, Relaciones Internacionales, Seguridad y Gestión de Crisis. Es reconocido por su experiencia en temas geoestratégicos y de seguridad. Exmiembro del Parlamento del Reino de Marruecos, también fue miembro político de la Asamblea Parlamentaria de la Francofonía (APF). Sus contribuciones al diálogo global fueron galardonadas con el prestigioso premio "Líderes Emergentes" del Instituto Aspen. Consultor muy solicitado por canales de televisión nacionales e internacionales, el Sr. Roudani Cherkaoui es un destacado orador internacional en temas de seguridad, defensa y relaciones internacionales. Su liderazgo intelectual se extiende a numerosos análisis publicados en importantes periódicos y revistas nacionales e internacionales.

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