Editorial
Emancipación N° 1047 –
Imagen E.o con Copilot
Democracia en disputa, ciencia en resistencia
Nos encontramos en medio de un proceso electoral colombiano marcado por graves deficiencias democráticas e irregularidades denunciadas que según el Observatorio Electoral Internacional COHESIA “…no puede considerar que el proceso presidencial haya reunido plenamente las condiciones de una elección justa y democrática”. La democracia colombiana está en jaque. Un proceso electoral plagado de anomalías, marcado por cerca de 5.000 documentos remitidos a organismos observadores por ciudadanos denunciando presuntas alteraciones que se resumen en: injerencias indebidas extranjeras en campaña, manifiestas desvergonzadamente por el reyezuelo Trump; reiterados discursos de odio incompatibles con los principios democráticos catapultados por una prensa amarillista delirante; pluralidad informativa casi inexistente; profusas denuncias de compra de votos y alteraciones fraudulentas descaradas de actas que se virilizaron en redes sin que los órganos institucionales se vean enterados; ausencia total de transparencia en los sistemas informáticos utilizados durante el proceso; cuestionamientos graves sobre el voto significativo de los colombianos en el exterior, cuyo reconteo físico fue rechazado por las autoridades electorales… desnudan a granel la debilidad institucional y la naturaleza neocolonial del Estado Colombiano.
La crisis colombiana no es aislada, Perú vive su propio drama similar al de Colombia y el resto de América latina, reflejo igualmente de un patrón regional: el avance de la ultraderecha montada por los poderes de las élites y el capitalismo imperialista, la inminente amenaza expresada en el discurso virulento y acciones de sus acólitos en el continente con el propósito de desmantelar el Estado, los derechos y las reivindicaciones forjadas en décadas, la represión laboral, física y psicológica contra manifestantes o posibles “alteradores del orden” y en fin, el desgaste del Estado de bienestar. En el plano internacional, la geopolítica se reconfigura: Oriente Medio busca desescalar, Europa enfrenta sus desventuras, y Estados Unidos prosigue en su prolongada “guerra mundial por partes”. Estos procesos muestran que el capitalismo no se derrumba, sino que se reorganiza para sobrevivir.
América Latina vive entonces, el avance de la ultraderecha, la represión antisindical y la ofensiva neoliberal que minan la legitimidad de las instituciones. Panamá, Costa Rica, Honduras, Salvador, Ecuador, Chile, Paraguay, Argentina, cooptados por la secta militarista del pentágono, Venezuela convertida en nuevo protectorado a través del chantaje y la agresión de Washington, Bolivia en estado de conmoción que resiste en las calles y como ejemplo de dignidad, Cuba ante la filosa ballesta del brutal carnicero que no se amilana ni rinde; México y Brasil que se niegan a ser reducidos a la égida imperial revelan que el continente sigue siendo laboratorio de dominación, pero también de resistencia. Frente a Trump —delirante, agresor recientemente derrotado en medio oriente demuestran que la apuesta por la vida y contra el fascismo son imparables.
Las democracias se erosionan cuando la transparencia se negocia, el miedo acorrala y el temor al desbordamiento de las masas se acrecienta más que la de los tiranos y lacayos, so pena de, no detener los nubarrones.
La ciencia, mientras tanto, abre horizontes emancipadores. Los fósiles más antiguos de parientes invertebrados cercanos a los humanos cuestionan nuestra historia evolutiva; los embriones “editados” y las nuevas técnicas de ADN reavivan debates éticos sobre el futuro de la especie; un neurogel contra el cáncer, biomarcadores ocultos del alzhéimer y estrategias para restaurar receptores cerebrales en el autismo muestran que la investigación no se detiene. Incluso la sangre menstrual se convierte en esperanza terapéutica, y un prototipo purificador de agua sin baterías ni químicos recuerda que la innovación puede ser popular y liberadora.
La disputa es clara: mientras la historia nos enseña que sin lucha no hay victoria, que el capitalismo y la opresión no se derrumban solos y mientras el capitalismo se reorganiza para sobrevivir multiplicando las crisis por doquier, con las que depreda y oprime sin cesar, la emancipación solo puede ser hija de la lucha organizada , consciente y persistente de la cultura e ideología proletaria. Ciencia, memoria y organización social son trincheras contra la barbarie.
La Redacción
GMM
