Fabrican productos nocivos
Un estudio del NEJM vincula a grandes corporaciones con la expansión global de las enfermedades crónicas
Cinco sectores comerciales contribuyen al 31% de las muertes anuales en todo el mundo, según un consorcio de investigadores vinculado a la Universidad de California en San Francisco
La Unidad del Dolor del Servicio de Anestesiología del Hospital Clínico Universitario de València. / GVA
EDUARDO MARTÍNEZ DE LA FE/T21
elperiodico.com/Madrid 31 MAR 2026
Gigantes de los combustibles fósiles, la química, el tabaco, el alcohol o los alimentos ultraprocesados operan como auténticos “vectores comerciales” de enfermedad: fabrican productos nocivos, influyen en la ciencia que evalúa sus riesgos y presionan sobre las políticas públicas para proteger sus mercados, según un estudio basado en millones de documentos empresariales internos.
Durante años, gran parte de lo que se habla sobre el cáncer, la diabetes o las enfermedades cardiovasculares ha girado alrededor de los hábitos individuales. Comemos mal, fumamos, bebemos demasiado, nos movemos poco. Sin embargo, un artículo publicado en The New England Journal of Medicine sostiene que ese enfoque, siendo cierto, se queda corto si no se mira también a las empresas que producen, promocionan y protegen comercialmente muchos de esos riesgos.
El trabajo lo firma un consorcio de investigadores vinculado a la Universidad de California en San Francisco. Su tesis es que determinadas corporaciones funcionan como “vectores” de enfermedad crónica. Es decir: ponen en circulación productos nocivos, facilitan su consumo y actúan para rebajar el coste político, científico y regulatorio de los daños que generan. Todo ello ampliamente documentado.
Cifras contundentes
Las enfermedades no transmisibles representan el 74% de las muertes globales y, dentro de ese cuadro, cinco grupos de productos comerciales aparecen como factores clave en el 31% de las muertes anuales: combustibles fósiles, tabaco, alimentos ultraprocesados, productos químicos y pesticidas, y alcohol. El artículo atribuye a esos grupos 8,1 millones de muertes al año en el caso de los combustibles fósiles, 7,2 millones en el del tabaco, 2,3 millones en el de los ultraprocesados y 1,8 millones tanto en el de los químicos como en el del alcohol.

Una estrategia empresarial contraria al interés público al descubierto. / IA/T21
Trama al descubierto
La base documental del estudio procede de la Industry Documents Library de UCSF, un archivo que reúne más de 24 millones de documentos internos de seis industrias: tabaco, farmacéutica, opioides, combustibles fósiles, alimentación y química. Son correos, memorandos, informes y actas obtenidos a través de litigios, filtraciones y mecanismos de transparencia: permiten reconstruir qué sabían las compañías y cómo actuaron cuando esa información amenazaba su negocio.
A partir de ese material, los autores describen tres patrones que se repiten. El primero es la captura del conocimiento científico: influir en la investigación, ocultar resultados desfavorables o financiar trabajos útiles para sembrar dudas. Entre los ejemplos citados figuran DuPont y 3M, que ocultaron durante años datos sobre la toxicidad de los PFAS, y la industria azucarera, que financió investigaciones que desviaban el foco desde el azúcar hacia las grasas saturadas.
El segundo patrón tiene que ver con el relato público. El artículo recupera documentos que muestran cómo Philip Morris y R.J. Reynolds trasladaron técnicas del tabaco al negocio alimentario tras controlar marcas como Nabisco, Del Monte o Kraft-General Foods. También menciona estrategias de promoción de opioides dirigidas a grupos especialmente vulnerables, entre ellos adolescentes y mujeres.
El tercer frente es el político. Según los autores, estas industrias recurren de forma sistemática al lobby, a los grupos pantalla, a las puertas giratorias y a las alianzas entre sectores para frenar impuestos, debilitar normas o retrasar controles. El texto añade que la actual administración estadounidense ha situado a antiguos lobistas y científicos procedentes de la industria química y petrolera en puestos relevantes de la EPA, la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos.
Hay que actuar
El artículo plantea que es necesario reforzar la transparencia sobre la financiación empresarial de la investigación, obligar a registrar los estudios antes de que un producto salga al mercado, limitar los vínculos financieros directos entre industria e investigadores y ampliar a otros sectores algunas barreras que ya existen frente al tabaco. Entre los modelos citados aparece el de Italia, donde tasas pagadas por la industria farmacéutica ayudan a financiar investigación independiente sobre medicamentos.
La conclusión de este consorcio de científicos es categórica: las enfermedades crónicas no son solo una suma de decisiones privadas o vulnerabilidades biológicas. También tienen detrás un entorno comercial y político que amplía la exposición al daño y dificulta corregirlo.
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Referencia
Corporate Vectors of Chronic Disease — Using Internal Industry Documents to Craft Counterstrategies. Consortium of the Center to End Corporate Harm, University of California, San Francisco. N Engl J Med 2026;394:1231-1237. DOI: 10.1056/NEJMms2507028
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Fuente:
