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SEÑALES DE INTELIGENCIA

Los candidatos de los dos partidos nacionales son desaprobados por mayorías –62 por ciento desaprueban a Biden y 60 por ciento a Trump– y 26 por ciento tienen una percepción negativa de ambos

David Brooks

 
▲ En Estados Unidos se vive una crisis de confianza política y social. Las mayorías no creen en la propaganda del poder sobre cómo funciona este país. Para fuerzas progresistas, el desafío es convencer de que otro futuro es posible. Eso se está haciendo desde hace tiempo y tomó forma a escala nacional con la campaña del demócrata-socialista Bernie Sanders (en imagen de archivo), y hoy continúa en diversos movimientos sindicalistas, ambientalistas e inmigrantes, entre otros.Foto Ap

La maravillosa obra de teatro La búsqueda de señales de inteligencia en el universo –que se estrenó en Broadway en 1985 y más tarde se hizo en película con la gran Lily Tomlin interpretando a todos los personajes, incluyendo la que es el eje, Trudy, una sin techo que vive convencida de que está en comunicación con extraterrestres que la escogieron para ser su guía en esa búsqueda del título– está repleta de sabiduría. Tan pronto la humanidad empezó a descubrir la verdad sobre sí misma, nosotros empezamos a encubrir esa verdad. Pero tal vez eso es mejor: nuestra capacidad de engañarnos podría ser una herramienta de supervivencia importante, es una. Otra: ¿sabían que en todo el universo se piensa que somos la única forma de vida inteligente que tiene un concurso Miss Universo?

Todo esto viene al caso al intentar reportar lo que ocurre en este país hoy día, y también lo que serían las observaciones de Trudy ahora. Entre los incesantes sondeos, análisis y más, sobre lo que todos insisten en llamar crisis, aparecen posibles señales de inteligencia en Estados Unidos, entre éstas:

Los candidatos de los dos partidos nacionales son desaprobados por mayorías –62 por ciento desaprueban a Biden y 60 por ciento a Trump– y 26 por ciento tienen una percepción negativa de ambos.

Sólo 4 por ciento de los adultos estadunidenses consideran que el sistema político está funcionando muy bien y seis de cada 10 expresan poca confianza sobre el futuro de ese sistema.

Sólo 16 por ciento del público dice confiar en el gobierno federal siempre o la mayoría del tiempo –un largo deterioro desde 1958, cuando tres cuartas partes de los estadunidenses confiaban en su gobierno.

83 por ciento dicen que a los políticos electos no les importa qué piensan los ciudadanos ordinarios. Tres cuartas partes de los estadunidenses (76 por ciento) opinan que el gobierno está bajo el dominio de unos cuantos grandes intereses y donantes ricos que financian las campañas electorales.

Por otro lado, la confianza en los grandes medios se ha desplomado a sólo 32 por ciento, el nivel histórico más bajo (casi cuatro de cada 10 no tienen confianza en los medios, el más alto registrado).

Estos indicadores, tomados de los resultados de encuestas recientes de Pew Research y Gallup, son interpretados en general como evidencia de una crisis de confianza política y social. Pero son sólo eso desde la perspectiva de los guardianes del orden institucional actual. Vistos desde otro ángulo, indican que mayorías no se están tragando la versión oficial, la propaganda del poder, sobre cómo funciona este país. Por lo tanto, pueden ofrecer esperanza de que el futuro puede escaparse del marco definido por los poderosos.

Esta crisis de credibilidad y confianza en la democracia estadunidense ofrece un vacío que por ahora ha sido llenado y usado de manera efectiva por fuerzas derechistas y neofascistas que una y otra vez dicen que este sistema actual necesita más ley y orden basado en el mito reaccionario del gran país que supuestamente existía antes. Esa es la maniobra de Trump y sus aliados, y dentro de estas condiciones, es sumamente peligrosa.

Para fuerzas progresistas, el desafío es formular y convencer de que otro futuro es posible en este país. Eso se está haciendo desde hace tiempo en diferentes esquinas del universo estadunidense y que se expresó nacionalmente con la campaña del demócrata-socialista Bernie Sanders, y que continúa hoy en diversos movimientos –desde ambientalistas, defensores de derechos y libertades civiles, sindicalistas progresistas, activistas contra la violencia de armas, inmigrantes que encabezan o participan en varias de estas luchas sociales, entre otros– que forman parte de las fuerzas democratizadoras dentro del país que presume ser la máxima democracia del mundo.

Hay señales de inteligencia, pero está por verse si son suficientes como para llevar a otro destino a este país. O como le gusta responder Trudy a turistas que le preguntan cómo llegar a Carnegie Hall: practica.
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