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LA "INVASIÓN" RUSA SE CONVIRTIÓ EN UNA TELENOVELA DE LA PRENSA OCCIDENTAL, EL SESGO INFORMATIVO ALEJÓ LA VERDAD

DOSSIER: 
1. Rusia-Ucrania: Una tragedia evitable

Por Atilio A. Boron

Imagen: AFP

El primer artículo de la Carta de las Naciones Unidas dice textualmente que el propósito de esa organización es “Mantener la paz y la seguridad internacionales, y con tal fin: tomar medidas colectivas eficaces para prevenir y eliminar amenazas a la paz, y para suprimir actos de agresión u otros quebrantamientos de la paz.” La experiencia demuestra que la Alianza Atlántica (Estados Unidos más los 29 países europeos que integran el bloque) ha violado permanentemente lo establecido en dicho artículo. El caso de la ex Yugoslavia, bombardeada por la OTAN sin la autorización del Consejo de Seguridad es uno de los más flagrantes, siendo presidente de Estados Unidos Bill Clinton. Producto final de ésta y una anterior campaña militar Yugoslavia quedó desintegrada, dando nacimiento a siete nuevos países: Bosnia y Herzegovina, Croacia, Eslovenia, Macedonia del Norte, Montenegro, Serbia y Kosovo.

Ninguno de los gobiernos que hoy se rasgan las vestiduras ante el reconocimiento hecho por Vladimir Putin de Donetsk y Lugansk -dos repúblicas que, referendo popular mediante decidieron separarse de Ucrania- emitió sonido alguno ante la carnicería que la OTAN practicó en los Balcanes. Tampoco lo hizo cuando esa misma organización bombardeó durante meses a la Libia de Muammar el Gadafi, acabó con su gobierno y facilitó que una turba movilizada por agentes de la CIA infiltrados en la muchedumbre linchara con inaudita crueldad al líder libio. En el 2003 esa organización había colaborado con Estados Unidos en la invasión y destrucción de Irak y sus tesoros culturales. Tiempo después la emprendió con Siria, procurando un “cambio de régimen” en ese país. Tarea ardua para un Obama impaciente de mostrar algún éxito internacional. En su desesperación buscó la colaboración del Estado Islámico y su banda de fundamentalistas aficionados a la decapitación de infieles que operaron con financiamiento, protección mediática y política de los líderes del “mundo libre.” La situación se tornó tan insostenible a causa de que, como dijera Hillary Clinton en sus memorias, “en Siria nos equivocamos al elegir nuestros amigos”, que sólo logró estabilizarse cuando Putin envió tropas rusas que pusieron en fuga a aquellos fanáticos “contratistas” de Washington.

Mientras con la aprobación de las “democracias europeas” Estados Unidos escalaba sus sanciones a Irán y profundizaba el criminal bloqueo a Cuba y Venezuela proseguía con su aventura en Afganistán, cuyo mayor éxito fue lograr que el 85 % de la producción mundial de opio se originara en ese país, bajo la atenta mirada de las fuerzas de ocupación estadounidenses. En 2013-2014 Barack Obama propició, sin el menor tapujo, un “golpe blando” en Ucrania, destituyendo, apenas un año antes de las ya convocadas elecciones presidenciales, al gobierno rusófilo, Víktor Yanukóvich. imponiendo en su lugar al empresario Petró Poroshenko y, posteriormente, al comediante y humorista Volodímir Zelenski, actualmente en el cargo. Todo, con el protagonismo excluyente de su Subsecretaria de Estados para Asuntos Euroasiáticos, Victoria Nuland, la misma que rubricó su activismo diciendo “al carajo la Unión Europea.”

Durante todo este tiempo la tensión entre la Alianza Atlántica y Rusia giró sobre la construcción de un orden legal que garantizara la seguridad de todos los miembros de la comunidad internacional y no sólo de Estados Unidos. Esto requería el repliegue de las fuerzas de la OTAN a los países en que se encontraban antes del derrumbe de la URSS. Pese a promesas formales y escritas en el sentido de que “no avanzarían ni siquiera una pulgada” en dirección a la frontera rusa se precipitaron hasta tener casi por completo cercado a ese país, desde el Báltico hasta Turquía. Sólo Bielorrusia y Ucrania no tenían tropas de la OTAN dentro de su territorio. Pero si la primera es estrecha aliada de Moscú, la segunda quedó en manos de gobiernos rusofóbicos y mechados con grupos nacionalistas y neonazis que ansiaban poder operar contando con la protección de la organización. Si la OTAN se estableciera en Ucrania sus misiles tendrían la capacidad de atacar ciudades como Moscú o San Petersburgo en 5 o 7 minutos, según el misil. Putin consideró inaceptable esa amenaza a la seguridad nacional rusa y se preguntó cómo reaccionaría Washington si su país instalara bases militares en la frontera de Estados Unidos con México o Canadá. No hubo respuesta, sólo nuevas sanciones y, por parte de Biden, graves insultos publicados nada menos que en la revista Foreign Affairs, lo cual sólo puede atribuirse a los efectos devastadores de la demencia senil y a la ineptitud de sus asesores.

Todo esto pese a que, en 1997 y bajo el impulso de Bill Clinton, la OTAN y Rusia, entonces presidida por Boris Yeltsin, firmaron “Acuerdo de Relaciones Mutuas, Cooperación y Seguridad” y que en 2002 se creara un “Consejo Rusia-OTAN” con el propósito de estimular la cooperación entre ambas partes. Con el golpe ucraniano del 2014 esta laboriosa construcción se derrumbó como un castillo de naipes. Recordemos que como lo dijera el New York Times tantas veces, el “nervio y el músculo de la OTAN es el Pentágono”, y éste no conoce el significado de la palabra “diplomacia”. Se ensañaron en un peligroso “bullying” con Putin y los resultados están a la vista. Una tragedia que podría haberse evitado y ante la cual no hay neutralidad posible: hay un bando agresor: Estados Unidos y la OTAN, y otro agredido, Rusia. En esto no puede haber confusión alguna.
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2. Treinta años de errores catastróficos que precipitan otra vez a Europa en la guerra


Patricia Lee Wynne

Como sonámbulos, los países de la OTAN liderados por EEUU se han precipitado en esta nueva crisis aplicando durante 30 años una política de asedio a Rusia y enterrando la cabeza en estos ocho años para negar la grave situación en el Donbás.

Esto lo reconocen los propios y más importantes observadores de la política exterior de EEUU: en su columna para el diario The New York Times, Thomas Friedman escribió el 21 de febrero, refiriéndose a la ampliación de la OTAN iniciada en 1994 bajo el Gobierno del demócrata Bill Clinton:
"El misterio es por qué EEUU —que durante la Guerra Fría soñaba que Rusia tuviera algún día una revolución democrática y un líder que, aunque a regañadientes, tratara de hacer de Rusia una democracia y unirse a Occidente— eligió tan rápidamente empujar a la OTAN a la cara de Rusia cuando esta estaba débil".
Friedman recuerda su oposición y la de algunos funcionarios, entre ellos, el secretario de Defensa Bill Perry, quien en 2016, ya iniciada la crisis en Ucrania, dijo en una conferencia para The Guardian:

"En los últimos años, la mayoría de la culpa se ha atribuido a las acciones de Putin. Pero en su comienzo, tengo que decir que EEUU tiene gran parte de la culpa. Nuestra primera acción que nos puso en una mala dirección fue cuando la OTAN empezó a expandirse, acogiendo a las naciones del este de Europa, algunas de ellas fronterizas con Rusia".

El 2 de mayo de 1998, cuando el Senado de EEUU ratificó la expansión de la OTAN, George Kennan, el gran diplomático estadounidense que fue el arquitecto de la política de contención durante la Guerra Fría, le dijo a Friedman que la expansión de la OTAN era "un error trágico. No había ninguna razón para ello. Nadie amenazaba a nadie. Esta expansión haría que nuestros padres fundadores se revuelquen en sus tumbas".

"Nos hemos comprometido a proteger a un montón de países, aunque no tenemos ni los recursos ni la intención de hacerlo seriamente", y agregó: "Realmente me molestaron las referencias a Rusia como un país que se muere por atacar a Europa Occidental". Y cuando Rusia reaccione, "van a decir que siempre dijeron que los rusos son así, pero está mal".

Esto, escrito en las páginas editoriales del principal diario de EEUU, es toda una confesión de la política agresiva llevada adelante desde hace 30 años en relación con Rusia.

Una sucesión de errores catastróficos

El mundo de posguerra basó su estabilidad en el equilibrio estratégico entre EEUU y la Unión Soviética, que se repartieron las zonas de influencia y mantuvieron, en términos generales, la paz. Ese equilibrio se rompió hace 30 años, con la caída del Muro de Berlín, la unificación de Alemania y la disolución de la URSS.

Quedó un mundo unipolar en el cual EEUU y la OTAN aprovecharon la extrema debilidad de Rusia en los años noventa, y se explayaron por todo el planeta invadiendo e imponiendo sus condiciones.
Para mencionar solo algunas de las acciones ofensivas:
  1. 1990: Primera guerra del Golfo contra Irak.
  2. 1999: Guerra contra Yugoslavia.
  3. 2001: Invasión de Afganistán.
  4. 2003: Invasión de Irak.
  5. 2011: Ataque a Libia y asesinato de Muammar Gaddafi y comienzo de intervención armada en Siria.
Sobra recordar las catastróficas consecuencias de cada una de estas acciones, que culminaron, hace poco, con la vergonzosa retirada de las tropas de EEUU de Afganistán, revelando la fragilidad de EEUU.
Sin lugar a dudas la política más peligrosa fue la extensión de la OTAN y el despliegue de las fuerzas y el armamento de EEUU, incorporando a los países del viejo Pacto de Varsovia incluyendo repúblicas de la antigua URSS, colocando sus misiles en las fronteras de Rusia.

Las advertencias recurrentes de Moscú contra la extensión sin fin de la OTAN no fueron escuchadas. La línea roja fue cruzada en 2014, con la pretensión de incorporar a Ucrania a la Unión Europea y la OTAN y la agresión del nuevo Gobierno de Kiev a las regiones pro rusas de Donetsk y Lugansk, que no son injertos, sino donde por siglos han convivido los rusos y los ucranianos en paz.
Pero ante las agresiones del nuevo Gobierno, en el cual tenían participación grupos de ultraderecha y neonazis reconocidos, estas regiones proclamaron su independencia.

En los últimos ocho años Rusia advirtió y advirtió, firmó los acuerdos de Minsk de 2014 y 2015, que establecían una amplia autonomía para esas regiones, pero Kiev nunca cumplió.

La propuesta de desmilitarización de Rusia que EEUU y la OTAN rechazaron
El 15 de diciembre Rusia presentó sus propuestas a EEUU y la OTAN:
  • Las partes "no tomarán acciones que pongan en peligro la seguridad de la otra parte" y "no utilizarán territorio de otros estados para preparar o atacar militarmente a la otra parte".
  • EEUU se compromete a excluir cualquier ampliación de la OTAN hacia el este, negándose a incorporar a la Alianza a los estados que antes pertenecieron a la URSS, no colocará bases militares en territorios de países que pertenecieron a la URSS, ni usará su infraestructura para actividades militares.
  • Las partes se abstendrán de desplegar sus fuerzas armadas y armamento en lugares "donde la otra parte lo pueda tomar como una amenaza a su seguridad nacional".
  • Las partes se comprometen no realizar vuelos de bombarderos pesados o submarinos y barcos por fuera de su espacio aéreo y aguas territoriales, desde donde puedan atacar al territorio de la otra parte.
  • Las partes se comprometen a "no desplegar cohetes terrestres de media y larga distancia por fuera de sus territorios nacionales", a no desplegar armamento nuclear fuera de su territorio, devolver el armamento que ya haya sido desplegado fuera de su territorio nacional y "destruir toda la infraestructura para desplegar armamento nuclear por fuera de su territorio".
  • Rusia propone que la Alianza Atlántica retrotraiga la situación de sus fuerzas armadas y armamento en territorios de otros estados de Europa a nivel de 27 de mayo de 1997 y se comprometa a no expandirse más, incluyendo a Ucrania y otros estados, y se abstenga "de cualquier acción militar en territorio de Ucrania y de otros estados de Europa del Este".
Estas propuestas indican la pretensión de Rusia de desescalar el avance del armamentismo en Europa en las últimas tres décadas, pero EEUU y la OTAN las rechazaron. No escucharon las demandas de seguridad de Rusia, un país que derrotó a Napoleón, que sobrevivió a la invasión de más de 20 ejércitos extranjeros después de la Revolución de 1917 y que derrotó a Hitler poniendo 26 millones de muertos. Y Rusia dijo basta.

Se escuchan condenas a Rusia desde todos los sectores del espectro político. A lo sumo, algunos dicen que hay que estar al mismo tiempo contra el "imperialismos occidental y ruso", como si fueran lo mismo, equiparando a Rusia con la OTAN, asumiendo una posición de "ni los unos ni los otros", perdiendo la perspectiva histórica de los 30 años de avance sostenido de la OTAN, de las guerras en Afganistán, Irak, Siria, Yugoslavia y Libia, y los ocho años de sufrimiento en el este de Ucrania.

Se vienen enormes sanciones para Rusia: ya se suspendió el gasoducto Nord Stream II en Alemania, que era el objetivo de Washington, quien ahora aprovechará la situación para vender su gas a Europa. Los que pagarán las cuentas serán los ciudadanos europeos, que verán cómo los precios de la energía suben cada vez más. Y mientras tanto, las grandes transnacionales de armamento estarán haciendo números de sus futuras ganancias.

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3. Ucrania: la difícil verdad


El presidente de Rusia, Vladimir Putin, anunció la madrugada del jueves el inicio de una operación militar especial en las regiones de Donietsk y Lugansk, en el este de Ucrania. En el transcurso del día, lanzó además una serie de bombardeos con los que –a decir de Moscú– quedaron neutralizadas 74 instalaciones terrestres de infraestructura militar, incluidos 11 aeródromos de la fuerza aérea, tres puestos de mando, una base naval y 18 estaciones de radar, e inició un despliegue de tropas que en pocas horas avanzó hacia diversas ciudades ucranias.

En su mensaje televisado, el mandatario afirmó que su objetivo es desmilitarizar y desnazificar Ucrania para defender a las personas que en los pasados ocho años han sufrido vejaciones, un genocidio perpetrado por el régimen de Kiev, en alusión al hostigamiento contra ciudadanos rusófonos, y en particular a las hostilidades entre el gobierno ucranio y los territorios que desde el lunes son reconocidos por el Kremlin como repúblicas independientes. Las reacciones de Occidente no se hicieron esperar: el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, aseguró que su nación planta cara a los matones, calificó de tirano a Vladimir Putin y afirmó que será un paria en el panorama internacional. El demócrata dio a conocer nuevas sanciones contra integrantes de las élites rusas y sus familiares, además de un control sobre las exportaciones, pero reiteró su postura de no enviar soldados estadunidenses a Ucrania.

La primera dificultad para enfocar estos acontecimientos es que, como reza el conocido aforismo, cuando se declara la guerra, la primera baja es la verdad. En efecto, no sólo asistimos a una extrema ideologización y parcialidad en la cobertura de los hechos, sino que las mentiras y los sesgos característicos de los tiempos bélicos se ven potenciados en las redes sociales y llevan a la hipertrofia de una masa informativa fuera de todo control y verificación.

En medio de esta penumbra, para el ciudadano medio e incluso para los actores estatales no involucrados, lo más sensato es lamentar el conflicto por lo que éste implica en términos de sufrimiento humano y destrucción material e insistir en la necesidad de una solución pacífica mediante el diálogo. Es importante respaldar la postura del gobierno mexicano en contra del uso de la fuerza, en contra de que se ponga en duda la integridad de un país independiente, y en favor de la Organización de Naciones Unidas y sus resoluciones.

Un factor de entendimiento que puede ponerse por encima de la infodemia coyuntural es la génesis histórica del conflicto. Éste hunde sus raíces en la compleja relación ancestral entre rusos y ucranios desde la fundación de la Rus de Kiev en la Alta Edad Media, y se complica con el desarrollo de la revolución rusa de 1917, los brutales reordenamientos territoriales y demográficos efectuados bajo el puño de Stalin en el segundo cuarto del siglo XX, la disolución de la Unión Soviética en 1991 y todas las complicaciones irresueltas de este terremoto geopolítico, entre las que ocupa un lugar primordial la preocupación de Rusia por la seguridad de sus fronteras y por los grupos étnicos rusos que quedaron en varias ex repúblicas soviéticas.

En este drama, Occidente dio la espalda a cualquier papel constructivo y se empeñó en utilizar la transitoria debilidad rusa para crear un mundo unipolar regido por Washing-ton, para lo cual transgredió sistemáticamente el compromiso de no expandir hacia el este el manto militar de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). En una prolongación de la guerra fría, Occidente se empeñó en instalar en Kiev un gobierno rusófobo, con lo cual dio pie a la rebelión de las regiones de mayoría rusa y gestó una suerte de guerra civil que sirvió de caldo de cultivo para el fortalecimiento de grupos ultranacionalistas e incluso neonazis que han permeado a las instituciones ucranias.

Como se ve, es necesario poner sobre la mesa todos los elementos y no sólo los que convienen a los gobiernos occidentales, pues poco contribuye a la comprensión la perspectiva según la cual Putin y su gobierno se mueven por mera ambición y maldad. Sin dejar de lado la condena al recurso de la violencia militar por parte de Moscú, debe evitarse caer en el maniqueísmo y ponderar las motivaciones que explican el conflicto.

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4. Estalló la guerra en el este de Europa y Kiev dice que sus aliados lo dejaron solo
Conflicto Rusia-Ucrania: bombardeo ruso, alarma mundial y más sanciones de Occidente
La invasión de Ucrania por parte de las tropas rusas es, hasta ahora, el escalón más elevado del conflicto que opone a Rusia y Occidente desde hace más de tres décadas.

Por Eduardo Febbro

Un vehículo militar ruso incendiado cerca de la ciudad de Sumy, este de Ucrania . Imagen: AFP

Desde París

El ultimo reducto aún encendido de una guerra en Europa giró de pronto hacia un conflicto de perfil gigantesco. La invasión de Ucrania por parte de las tropas rusas es, hasta ahora, el escalón más elevado del conflicto que opone a Rusia y Occidente desde hace más de tres décadas en torno tanto a la ampliación de la Alianza Atlántica, al conflicto en las regiones separatistas situadas en el este de Ucrania o la configuración política del mundo.

Se trata, además, de la embestida militar más importante que se haya producido en Europa desde el fin de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). Ya no es más la Guerra Fría o la post Guerra Fría sino una guerra frontal, cara a cara, visión del mundo contra visión del mundo, sin palabras edulcoradas que envuelvan las intenciones. Cuando anunció el inicio de la ofensiva, el presidente ruso Vladimir Putin dijo: ”cualquiera que pretenda interponerse en nuestro camino o amenazar a nuestro país o a nuestro pueblo debe saber que la respuesta rusa será inmediata y tendrá consecuencias jamás vistas en nuestra historia”.

El avance ruso

Con una "superioridad aérea absoluta", el ejército ruso se acercaba el jueves a Kiev, la capital de Ucrania, con la intención de "decapitar al gobierno" para colocar uno prorruso, según fuentes militares occidentales. Tras haber disparado más de 160 misiles contra objetivos militares ucranianos, las fuerzas rusas avanzaron rápidamente desde Bielorrusia hacia el sur y "se fueron acercando a Kiev" a lo largo del día, dijo un alto funcionario del Pentágono. "Básicamente tienen la intención de decapitar al gobierno e instalar su propia forma de gobierno, lo que explicaría este avance inicial hacia Kiev", estimó. Según un alto funcionario de inteligencia occidental, "las defensas aéreas de Ucrania han sido eliminadas y no les queda fuerza aérea para protegerse".

El presidente ucraniano Volodimir Zelenski lamentó el viernes que su país ha quedado "solo" para defenderse ante la invasión rusa, que se cobró al menos 137 vidas en las primeras 24 horas. "Nos han dejado solos para defender nuestro Estado", dijo Zelenski en un video publicado en la cuenta presidencial. "¿Quién está dispuesto a combatir con nosotros? No veo a nadie. ¿Quién está listo a dar a Ucrania la garantía de una adhesión a la OTAN? Todo el mundo tiene miedo", lamentó.

La reacción de los aliados

Horas antes el mandatario estadounidense Joe Biden había reconocido la falta de unidad entre las potencias occidentales para darle una respuesta contundente al ataque ruso, a la vez que anunciaba nuevas sanciones económicas que convertirán a su homólogo ruso en un "paria". En un discurso desde la Casa Blanca, Biden dijo que Occidente sancionará a otros cuatro bancos rusos y que las restricciones a la exportación suprimirán "más de la mitad de las importaciones tecnológicas de Rusia. Esto impondrá un costo alto a la economía rusa, tanto de inmediato como a largo plazo", dijo. Sin embargo, agregó que no enviará tropas a Ucrania.

En Londres, el primer ministro Boris Johnson dijo que el Reino Unido congeló haberes de grupos bancarios y de fabricantes de armas, sancionó a cinco oligarcas más y cerró su espacio aéreo a la aerolínea rusa Aeroflot. El vicecanciller de Alemania, Robert Habeck, señaló que las sanciones occidentales "aislarán la economía rusa del progreso industrial, atacará y congelará activos y participaciones financieras y limitará drásticamente el acceso a los mercados europeos y estadounidenses".

En su alocución televisada, quien fuera hasta hace apenas tres días el principal rostro de la opción diplomática a la crisis, o sea, la, negociación con Rusia, el presidente francés, Emmanuel Macron, admitió que el momento era un salto hacia el vacío: ”es un giro en la historia de Europa y de nuestro país”. Macron calificó la invasión como un "acto de guerra”, advirtió que se responderá “sin debilidades y con sangre fría” y acusó al mandatario ruso de haber cometido una falta imperdonable: ”al renegar de su palabra, al rechazar la vía diplomática, al elegir la guerra, Vladimir Putin no sólo atacó a Ucrania: decidió llevar a cabo el más grave atentado contra la paz en nuestra Europa desde hace décadas”.
Cumbre de Europa

Palabras para condenar la invasión no faltaron, los actos para responder aún no se plasmaron. La Unión Europea se reunió en una cumbre urgente de jefes de Estado y de gobierno a fin de aprobar una nueva salva de sanciones que se agregan a las ya pactadas hace tres días cuando Putin reconoció por decreto la independencia de las regiones separatistas de Donetsk y Lugansk, en el Donbás. Las sanciones serán “graves y de enormes consecuencias” dijo la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, quien agregó que “el presidente Putin está intentando volver a los tiempos del Imperio Ruso”. Layen también precisó la doble base de las sanciones: primero, se apunta a poner a Rusia de rodillas mediante el “fin del crecimiento, el aumento de las financiaciones y la inflación, así como apurar la fuga de capitales”; en segundo lugar, cortarle a Moscú el acceso a las tecnologías. Cabe recordar no obstante que las sanciones que se adoptaron contra Rusia desde 2014 nunca disuadieron a Moscú de retener sus ambiciones en Ucrania. Además, esas sanciones fueron “medidas”, es decir, calculadas para no causar demasiado daño a Moscú y, por consiguiente, a las economías de los países que las adoptaron.

La doble cara de las democracias occidentales siempre asoma por algún conflicto donde la intensidad pone en juego sus intereses. En cuanto a la alianza militar Occidental de la OTAN, el organismo se reunió el jueves 25 para activar el artículo 5 del Tratado de la Alianza, el cual contempla la respuesta militar de la OTAN en caso de que se produzca un ataque desde el exterior contra alguno de sus miembros. Por ahora no ha sido el caso. Ucrania no integra la OTAN.

La reacción de China

Mientras tanto China adoptó una postura equidistante. Por un lado su canciller, Wang Yi, dijo que “comprende las preocupaciones razonables de Rusia en materia de seguridad”. Pero por otra parte “China siempre ha respetado la soberanía y la integridad territorial de todos los países, señaló el diplomático. "La cuestión ucraniana tiene una historia especial y complicada”, concluyó Wang.

País bisagra

Ex República soviética que accedió a la independencia en 1991, Ucrania es un país bisagra de 44 millones de habitantes situado entre Rusia y Europa. El país está dividido en una zona pro occidental al Oeste ---mayoritaria—y los separatistas pro rusos al Este que se niegan a ser absorbidos por el Oeste. El 17 por ciento de la población es de origen ruso y la parte oriental es rusófona en su mayoría. Las fricciones actuales derivan de esa configuración, en particular de la elección de un dirigente pro occidental en 2005, Viktor Louchtchenko. Fue él quién entabló el giro de Ucrania hacia Europa y la OTAN. En 2010, la elección del pro ruso Viktor Ianoukovitch puso fin a ese acercamiento y volvió a inclinarse hacia Rusia. Ello dio lugar a manifestaciones gigantescas en la Plaza de la Independencia (Maidan), en Kiev, donde los pro europeos pedían la renuncia de Ianoukovitch. Esa revolución que dejó 80 muertos precipitó la renuncia del jefe del Estado en febrero de 2014 así como la anexión de Crimea decidida por Putin.

La confrontación entre Rusia y Occidente se focalizó en Ucrania. Los europeos veían un paraíso para sus valores y Putin una intromisión en un territorio esencial. La ruptura se plasmó en el Donbás, concretamente en las provincias de Donetsk y Lugansk, cuya independencia Moscú reconoció en febrero pocos días antes de invadir Ucrania. Los combates encarnizados hicieron intervenir a la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) como mediadora (2015) y luego, en 2016, a Francia y Alemania, bajo cuyo arbitraje se reactivaron las negociaciones. En 2015 se pactó un alto el fuego y se firmaron los acuerdos de Minsk. El cese de las hostilidades apenas duró 10 días y en estos 8 años de conflicto murieron más de 15 mil personas.

Las guerras de Putin

La guerra es el sol más negro que puede iluminar a Europa y sus dirigentes la alejan como a una maldición. Dos Guerras Mundiales, 1914-1918 y 1939-1945, diez millones de muertos en la primera y 50 en la que siguió, dejaron una profunda huella entre los dirigentes para los cuales, al menos en Europa, la guerra nunca puede ser una opción. La ocupación de Ucrania es una copia certificada de lo que también ocurrió en 2008 en Georgia, cuando Rusia reconoció a dos repúblicas separatistas, Abjasia y Osetia del Sur, luego de que Georgia atacara brutalmente a Osetia del Sur. Después, Moscú ocupó el 20 por ciento del territorio de Georgia. El contexto espectacular del conflicto de hoy esconde, de hecho, otros antagonismos armados alejados del teatro europeo a través de los cuales Occidente y Rusia protagonizaron sucesivas confrontaciones.

En sus 22 años de poder, el presidente ruso Vladimir Putin estuvo al frente de varios conflictos, empezando el que asentó su influencia y su aura, la guerra en Chechenia (la segunda fase, 1999, cuando Putin era Primer Ministro), la República independentista de mayoría musulmana situada en el Cáucaso Norte. Siria y Malí son los dos teatros donde, en el Siglo XXI, la participación de Rusia hizo retroceder a Europa y Estados Unidos. En 2015, Rusia se desplegó militarmente en Siria en respaldo al presidente Bachar al-Assad. El jefe del Estado enfrentaba una revuelta interna derivada de la Primavera Árabe y respaldada con armas y consejeros por Estados Unidos y Europa. Putin ordenó la intervención de su aviación y con ella y los 63 mil hombres que sirvieron en la campaña siria derrotó a la coalición local e internacional que enfrentaba al poder de al-Assad. El último “frente a frente” es más reciente. Se trata de Malí, donde los mercenarios rusos del grupo Wagner aceleraron el fin de la presencia militar francesa y europea en ese país. En 2014, Francia intervino en Malí mediante la operación Barkhane con respaldo secundario de los aliados para luchar contra los grupos armados salafistas de Al-Qaeda y el Estado Islámico instalados en la región del Sahel, en la llamada “zona de las tres fronteras” donde convergen Malí, Burkina-Faso y Níger.

De todas esas guerras entre los dos adversarios, ninguna habrá cambiado el rumbo de la historia con tanta virulencia como la ocupación de Ucrania. Tal vez estemos en la frontera de lo que China y Rusia definieron como “la nueva era” en el documento que ambos países firmaron el pasado 4 de febrero. Emmanuel Macron llamó anoche a Vladimir Putin para exigirle “el fin inmediato de las operaciones militares en Ucrania”. Putin ya lo traicionó dos veces. No lo oirá seguramente una tercera.

efebbro@pagina12. com. ar
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5. Rusia "invade", "ataca" y "lanza una ofensiva": las mentiras que nos vende Occidente

© Sputnik / Grigory Sysoev /

La "invasión" rusa se convirtió en una telenovela de la prensa occidental. Y sus episodios son alimentados por el Gobierno de EEUU que insiste en que Rusia empezó una "guerra sangrienta y destructiva", subiendo así su 'rating'. Un terreno nos han ido preparando desde hace rato para que creamos en lo que nos dicen las grandes pantallas.

Un día más nos hemos despertado de nuevo con el rugido de las amenazas y acusaciones desde la televisión y medios occidentales. Putin desata la guerra contra Ucrania (Putin unleashes war on Ukraine), en CNN; "Invasión a Ucrania: cómo atacó Rusia y qué pasa ahora" de The New York Times, Ucrania bajo un ataque ruso de gran escala (Ukraine under full-scale Russian attack) de la BBC, "Rusia ataca Ucrania con bombardeos y ataques terrestres" de la televisión española. Nos venden todo como si Rusia de verdad hubiera declarado oficialmente una guerra a Ucrania y hubiera iniciado un conflicto bélico en Europa "de consecuencias imprevisibles". "Putin es el agresor, eligió esta guerra", afirmó el presidente de EEUU. Ese ping-pong de amenazas se convirtió en una guerra de nervios en la que hay mucho en juego. Pero, ¿por qué nos lo presentan desde esa óptica?

'¡Panem et circenses!'

Parafraseando un antiguo dicho podemos decir que "la guerra está en los ojos de quien mira". Mientras nos venden las historias de la guerra que supuestamente anunció Rusia, la realidad es que las repúblicas del este de Ucrania (Donetsk y Lugansk) llevan ocho años en contra de las autoridades de Kiev. El golpe de Estado que ocurrió en 2014 provocó un rechazo entre las población de esas regiones ucranianas. Rusia no reconocía su independencia, hasta hace días, cuando los ataques contra la población rusoparlante alcanzaron su punto álgido.

"Se hizo evidente que Donbás estaba al borde de otra aventura militar ucraniana", dijo el representante permanente de Rusia ante la ONU, Vasili Nebenzia. "La burbuja que inflaron Occidente y Ucrania explotó y el pasado fin de semana se intensificaron los ataques ucranianos a las zonas residenciales de Lugansk y Donetsk".


Sin declarar guerras, negando en numerosas ocasiones la invasión, reiterando que Moscú está dispuesta a dialogar y que no desea romper las relaciones diplomáticas con Kiev, Rusia empezó una operación militar "por los riesgos de seguridad a los que era imposible responder por otros medios". Fue entonces cuando el mandatario ruso, explicando que no le habían dejado otras opciones, decidió reconocer a las repúblicas y fue entonces que Rusia envió las tropas rusas para salvarles del "genocidio" que están viviendo.

Esta situación fue usada de inmediato en sus propios intereses por algunos actores: EEUU y la OTAN empezaron a desplegar sus fuerzas: Aviones de combate F-35 de EEUU llegan a Lituania, EEUU desplegará 7.000 soldados adicionales en Alemania. "Gracias por reforzar la presencia militar de Estados Unidos en Polonia, y también por declarar la posibilidad de fortalecer las fuerzas de la OTAN y de Estados Unidos si surge tal necesidad", comentó el ministro de defensa de Polonia, Mariusz Blaszczak, después de reunirse con el secretario de Defensa de los Estados Unidos, LLoyd Austin .
El representante permanente de Rusia ante la ONU insistió:

"Inflando desde hace varias semanas el pánico infundado sobre una supuesta incursión de Rusia en Ucrania, los países occidentales inundaron descaradamente este país con armas, enviando a sus instructores y empujando, de hecho, a los ucranianos, que concentraron un contingente de 120.000 soldados en la línea de separación, a las provocaciones armadas en Donbás", reiteró Nebenzia.

Hace poco, el periódico Der Spiegel ha desvelado un documento que confirma que la OTAN prometió en 1991 no expandirse hacia el este. "La OTAN no se extenderá ni formal ni informalmente hacia el Este", cita el documento las palabras del representante de EE.UU., Raymond Seitz.

Pero esas promesas nunca fueron cumplidas. Rusia ha presenciado cinco olas de expansión de la Alianza. En una entrevista el ministro de Exteriores de Rusia denunciaba que los países miembros de la Organización del Tratado del Atlántico Norte "siguen moviendo cada vez más hacia el este la línea a defender". "Se ha aproximado de lleno a Ucrania, país al que también quieren arrastrar dentro, aunque todo el mundo entiende que Ucrania no está lista ni hará aportación alguna a la seguridad de la OTAN", manifestó el canciller ruso.

Una burbuja de paranoia

Recordemos que esa ola de mentiras en los medios se ha ido creando desde hace unos meses. Desde diciembre los medios como The Washington Post, CNN, Reuters, The Wall Street Journal, The New York Times, Financial Times, BBC entre otros estaban citando "fuentes de inteligencia" y publicaban información sobre los supuestos planes de Rusia de atacar. Bloomberg escribió sobre la invasión rusa como un hecho dado. La noticia estuvo colgada en el sitio web durante una media hora antes de ser retirada con un comentario sobre un error técnico.

El presidente de EEUU anunciaba días tras día nuevas fechas de la supuesta "invasión", primero decía que iba a ocurrir el 16 de febrero, luego 18 de febrero, y luego sin mencionar las fechas de la invasión decía que "ocurriría en los próximos días".

La portavoz de la diplomacia rusa, María Zajárova, ridiculizó las informaciones de la cadena CBS de que las tropas rusas habrían recibido ya la orden de invadir Ucrania. "Biden dijo que las tropas rusas invadirían Ucrania el miércoles 16 de febrero, y afirmó que los servicios de inteligencia corroboraron que todo estaba listo para ello".

La información de la inteligencia de EEUU más parece ser un objeto de dudas o una cortina de humo para vender su propia verdad. En ese contexto, merece atención un reciente duelo verbal entre el portavoz del Departamento de Estado Ned Price y el periodista de AP Matthew Lee, cuando en vez de presentar unas pruebas reales de la inteligencia, Price le sugirió imprimir sus propias declaraciones si quería pruebas del plan ruso de desinformación.

"Pero no es una prueba, Ned. Es usted quien lo dice. Me gustaría ver alguna prueba que pueda demostrar lo que los rusos están haciendo. Llevo mucho tiempo en esto... Me acuerdo de las armas destructivas en Irak y recuerdo que Kabul no iba a caer. Recuerdo muchas cosas. Así que, ¿dónde está la información desclasificada, aparte de que usted salga y lo diga?", dijo Matthew Lee de Associated Press.

¿Dónde ya lo habíamos visto?


"Tras los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001, las autoridades estadounidenses empezaron a desclasificar material sobre las ambiciones de Irak de tener un programa de armas de destrucción masiva. Aunque finalmente se demostró que no era cierto, la inteligencia nos presentó un argumento convincente para que Estados Unidos actuara contra el régimen iraquí. Y, como ya había ocurrido durante la crisis de los misiles en Cuba, la prensa estadounidense parecía tener un montón de detalles sobre lo que las fuentes clandestinas decían a los espías estadounidenses", dice la revista.

¿Pero, para qué la CIA cunde el pánico? Aquí cabe recordar que su actual director, Williams J Burns, fue secretario de Estado adjunto para asuntos de Oriente Medio de Colin Powell, el entonces secretario de Estado de EEUU. Burns fue responsable del acuerdo palestino-israelí y de Irak. Y fue Colin Powell quien enseñaba un frasco en la ONU insistiendo que Sadam Husein, el expresidente de Irak, poseía armas de destrucción masiva.

En un reciente discurso del actual secretario de Estado de EEUU, Antony Blinken, ya describió cómo Rusia tomaría Kiev. Algo que hizo a los usuarios de Twitter trazar paralelos.

Y mientras el presidente de Ucrania ordena realizar una movilización general dentro de los próximos 90 días, las FFAA de Rusia reiteran que en ninguna ocasión atacan a la población ucraniana. Y basta con prestar atención a la frontera entre las repúblicas de Donbás y Ucrania para ver el cóctel de peligro que vive la población y por qué necesita defensa.

Eso mientras la OTAN está cercando a Rusia y que Ucrania, con el apoyo de esta alianza y de EEUU, podría convertirse en una "plataforma" de ataques contra Rusia porque ahora desde ese país vecino podrían lanzar misiles hipersónicos que solo tardarían entre cuatro y cinco minutos para llegar a Moscú.
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6. Escalada en Ucrania: "La responsabilidad de EEUU, el Reino Unido y la OTAN es absoluta"


BUENOS AIRES (Sputnik) — Estados Unidos, Reino Unido y la OTAN son los principales responsables de la escalada de conflicto en Ucrania, sostuvo a la Agencia Sputnik el periodista argentino y analista de relaciones internacionales Rubén Guzzetti.

"La responsabilidad de EEUU, el Reino Unido y los socios menores de la OTAN es absoluta y no deja lugar a dudas", dijo a esta agencia el director del Instituto Argentino de Estudios Geopolíticos (IADEG).
Opinó que desde 1991 Ucrania está en la mira del bloque militar como pieza central para el dominio del continente euroasiático.

De acuerdo con el experto, el Gobierno del expresidente Petró Poroshenko, que se instaló en Ucrania en 2014, alentó "a las bandas ultranacionalistas y nazis que participaron en el golpe de Estado de ese año".

"Estos sectores son responsables de la matanza de Odesa cuando incendian la Casa de los Sindicatos", recordó Guzzetti.

Hoy en día, indicó, la OTAN apoya a Volodímir Zelenski y a los seguidores del líder nacionalista ucraniano Stepán Bandera (1909-1959), quienes acosaron durante ocho años a la población de Donetsk y Lugansk, mayoritariamente rusa.

La madrugada del 24 de febrero, el presidente de Rusia, Vladímir Putin, anunció el lanzamiento de una "operación militar especial" en el territorio de Ucrania alegando que las repúblicas populares de Donetsk y Lugansk, ya reconocidas por Rusia como Estados soberanos, solicitaron ayuda frente a la agresión por parte de Kiev.

Guzzetti opinó que la intención de estas fuerzas agresoras ucranianas es "aislar a Rusia de Europa, hacer su propio negocio con el gas, dar un golpe a la Ruta de la Seda, intentar distraer la atención de una crisis pavorosa en Ucrania y que EEUU intente darle una sobrevida a un mundo unipolar que se derrite".

Numerosos países condenaron en términos contundentes la operación militar de Rusia en Ucrania.

El secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, pidió al presidente Putin "en nombre de la humanidad, retirar las tropas a Rusia" y "no permitir que en Europa comience lo que podría ser la peor guerra desde comienzos de siglo".
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7. Ocho años de conflicto dejan a su paso dolor y desolación en Donbass

Iglesias, cementerios, edificios residenciales, o incluso escuelas y hospitales conservan las marcas de los bombardeos de las fuerzas ucranianas.

Un edificio en Donetsk alcanzado por proyectiles de las fuerzas ucranianas (imagen de archivo)Foto: Sputnik

Las cámaras de RT han recorrido algunos de los numerosos lugares en la República Popular de Donetsk donde hasta el día de hoy permanecen visibles las graves secuelas que dejaron los bombardeos de las fuerzas de Ucrania sobre estos territorios ubicados en Donbass.


Uno de estos sitios se encuentra en las afueras de la ciudad Donetsk, cerca de la línea de contacto que había sido establecida en el 2014. El impacto de proyectiles contra todo tipo de objetivos —ya sean iglesias, cementerios, edificios residenciales, o incluso escuelas y hospitales— se ha vuelto algo común aquí.

Entre los edificios que conservan las marcas de disparos está el monasterio Iverski, una de las caras de la región. Fue construido en el 2001 y pertenece al Patriarcado de Moscú de la Iglesia ortodoxa.

Desde el 2014 el templo religioso es blanco de constantes ataques. Pero a pesar de todos los intentos por destruirlo, aquí siguen celebrándose misas y los fieles acuden al monasterio a rezar para que se acabe de una vez por todas la pesadilla que viven en carne propia desde hace ocho años.


Los vecinos de los barrios cercanos al aeropuerto de Donetsk aún recuerdan muy bien los intensos combates que tuvieron lugar en esta área. En las calles se pueden encontrar algunos monumentos a civiles fallecidos durante la agresión del Ejército de Ucrania en los años 2014-2016. Muchas de estas víctimas eran niños.

"Mi hija tenía 22 años. Todavía no logro resignarme. Una esquirla le hirió el corazón en plena calle y además le agujereó el pulmón. Murió en dos horas, el 24 de julio del 2014", cuenta Liudmila Rut, madre de una de las víctimas homenajeadas en uno de estos monumentos.

Otra de cicatrices que han dejado los bombardeos, es un edificio residencial que sufrió el impacto de decenas de ataques provenientes de Ucrania y, aunque cueste creerlo, no todos sus inquilinos se han marchado. En cada portal hay dos o tres familias que a pesar de todo el peligro continúan viviendo en los mismos departamentos simplemente porque no se imaginan una vida fuera de ese lugar.
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