DOSSIER:
1. Cómo se construye un sentido común geopolítico contra Rusia
La guerra, según una fundación del gobierno de Estados Unidos
Por Gustavo Veiga
La sede de la NED, financiada por el gobierno de EE.UU. y muy activa en Ucrania.
La Guerra 2.0 que hoy se dirime en Ucrania no empezó con la invasión rusa. Tampoco con las imágenes de los tanques camino a Kiev. Esa es apenas una parte, la que se ve por televisión. La mirada global que priva sobre los hechos que sacuden al mundo es unidireccional. Condena a Moscú, al presidente Vladimir Putin y sus ínfulas de nuevo zar. Sobre esa visión sesgada donde la OTAN parece un actor de reparto, se montan operaciones virtuales que quedan en evidencia como las que difundió la agencia AFP. Las llamó: “Desinformación sobre el conflicto ruso-ucraniano”
Pero hay datos – si hablamos del periodismo de datos que los medios occidentales experimentan poco y exploran menos – que están a la vista y se soslayan. La operación especial sin anestesia sobre los 603.548 km2 de Ucrania – casi el equivalente a dos provincias de Buenos Aires – es la consecuencia de múltiples causas. Una perogrullada que minimiza la dimensión del papel que juega Estados Unidos. Su intromisión sotto voce en un conflicto que se ha desmadrado. La propia información aportada por una agencia de EE.UU, la NED (Fundación Nacional para la Democracia) es la mejor evidencia de cómo se construye una subjetividad geopolítica para desestabilizar a una potencia enemiga. Con los dólares que siempre aporta el Departamento del Tesoro norteamericano.
La NED creada en 1983 durante el gobierno de Ronald Reagan se pronunció esta semana sobre la crisis, incluso antes de que Putin decidiera movilizar su maquinaria bélica: “Ucrania representa hoy el epicentro de la lucha por la libertad. Como tal, NED continúa brindando asistencia a grupos civiles independientes y medios de comunicación para ayudar a fortalecer la capacidad del pueblo ucraniano para determinar su propio futuro”.
Un casus belli que pasó inadvertido para la prensa embelesada por la estela que dejan los misiles cuando procuran su objetivo. En ese caso una mirada acotada al terreno militar. Aunque existen otras. Una y clave es cómo se gana a la opinión pública cuando se desata una operación de gran envergadura como la que desplegó Rusia en Ucrania. Recuérdese a la Guerra de Irak y “las armas de destrucción masiva” atribuidas a Saddam Hussein.
La organización de EE.UU que depende del financiamiento del Congreso no es formalmente gubernamental, pero tiene la envergadura de un organismo del Estado. La preside Damon Wilson desde junio del 2021, ex funcionario de la embajada en Irak durante la invasión de Estados Unidos y del Consejo de Seguridad Nacional. De su currículum se desprende que ayudó a “ampliar la OTAN, a asociarse con Alemania y a apoyar una Ucrania democrática”. No es un improvisado, como tampoco lo son la NED y la USAID –su alma gemela– que inyectan millones de dólares para apoyar gobiernos dóciles a Washington o socavar a los que no lo son.
En América Latina pueden dar fe Cuba, Venezuela, Nicaragua y la Bolivia que gobernaba Evo Morales. La NED rinde cuentas de sus actos ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado estadounidense. Un hecho insólito para una ONG o fundación, como se autoproclama.
En Ucrania ha cumplido un papel influyente. Su propia información, solo si se toma 2021, reveló el 2 de febrero los fondos millonarios aportados a organizaciones de la sociedad civil. Sobre todo a medios periodísticos afines al gobierno de Kiev, veteranos de guerra ucranianos que actuaron en la región de Donbass y otras instituciones que bregan por la “buena gobernanza” o “la democracia”, con base en los dos oblast de Donetsk y Lugansk.
Es la zona en disputa donde comenzó el conflicto armado en 2014 – invisibilizado hasta hoy - después de un golpe de Estado en la capital con apoyo de grupos neonazis. El 2 de mayo de ese año, militantes de extrema derecha atacaron la casa de los sindicatos en Odessa y quemaron vivos a 42 ucranianos prorrusos. La abrumadora mayoría de la población en las repúblicas separatistas no se sometió al gobierno que emergió después de derrocar al presidente Víktor Yanukóvich, condenado en ausencia a 13 años de prisión. Por eso Putin habló de desnazificar al país vecino.
La NED pagó fondos por 96 mil dólares para la promoción y protección de los derechos de veteranos que actuaron en Donbass. Lo hizo con el objeto de “ayudar en la reintegración social de la población considerable, pero cada vez más marginada, que luchó en el conflicto”. También aportó 91 mil dólares a un llamado Centro Internacional de Asuntos Políticos para “promover la investigación y el debate público sobre la influencia del gobierno chino en Ucrania y los países vecinos”. Ni Beijing quedó al margen aunque no es parte del conflicto. A ésa y otras contribuciones la NED suele justificarlas en que el beneficiario “creará conciencia pública sobre el programa a través de publicaciones en los medios, incluidos artículos, blogs, videos y programas de televisión”.
De sus páginas se desprende lo generosa que ha sido con los medios, sobre todo en la zona donde Rusia tiene más influencia. Al Instituto de Información de Donetsk le dio 100 mil dólares bajo el pretexto de “fomentar los medios independientes en el este de Ucrania”. Del receptor de los fondos dice que “continuará monitoreando los medios impresos y en línea en las áreas controladas por los separatistas para contrarrestar la desinformación”. También que “producirá y transmitirá episodios de su programa de televisión semanal Donbass Today, promocionándolo a través de videoclips en las redes sociales”.
La NED además financió a una radio comunitaria de Crimea con 16 mil dólares, que emite desde la península de mayoría rusa que Moscú se anexó en 2014. “El programa llegará a una audiencia de hasta 1,2 millones de personas” sostiene la organización de EE.UU en su relevamiento de aportes. La discrecionalidad en el reparto alcanzó a la Asociación Nacional de Medios con 51,5 mil dólares con el propósito de que “los gerentes, editores y directores de ventas de los medios de comunicación locales y regionales” puedan monetizar los contenidos.
La lluvia de dólares refrescó también al Centro de Investigación sobre las Perspectivas Sociales de Donbass. Los 50,5 mil dólares pagados, como declara la NED, le permitieron fijarse un objetivo mediático: “el popular sitio web de noticias de la organización ampliará sus informes analíticos sobre el conflicto, continuará monitoreando los medios y eventos dentro de los territorios controlados por los separatistas y desacreditará las narrativas propagandísticas”.
En el país de Hollywood el cine tampoco es ajeno a la NED y la influencia que puede tener sobre Ucrania. Destinó 62 mil dólares en 2021 a mantener “una red de cineclubes” y crear “una nueva colección de documentales sobre reformas democráticas y derechos humanos. Los cineclubes albergarán proyecciones de documentales seguidas de debates públicos sobre temas de democracia”.
Son apenas algunos ejemplos de cómo una organización que responde por sus actos ante el Senado de EE.UU, se involucró en Ucrania mucho antes de que los tanques rusos cruzaran la frontera.
gveiga@pagina12.com.ar
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2. EU invirtió millones para crear un sentido común antirruso en Ucrania
Se basa en un informe de la Fundación Nacional para la Democracia (NED, por sus siglas en inglés), que no es formalmente gubernamental pero recibe su financiamiento del Congreso y rinde cuentas a este
Ángel guerra Cabrera
Gustavo Veigas denuncia en el argentino Página 12 la actividad de Estados Unidos para crear un sentido común antirruso en Ucrania mucho antes del inicio de la guerra. Se basa en un informe de la Fundación Nacional para la Democracia (NED, por sus siglas en inglés), que no es formalmente gubernamental pero recibe su financiamiento del Congreso y rinde cuentas a este. Vamos, hace rato se sabe que la NED es una organización fachada de la CIA. Resumo apretadamente la nota de Veigas: La NED manifestó esta semana: Ucrania representa hoy el epicentro de la lucha por la libertad. NED continúa brindando asistencia a grupos civiles independientes y medios de comunicación para ayudar a fortalecer la capacidad del pueblo ucranio para determinar su propio futuro.
Preside la NED Damon Wilson, ex funcionario de la embajada en Irak durante la invasión de Washington y del Consejo de Seguridad Nacional, que ayudó a ampliar la OTAN. La información en comento, sólo si se toma 2021, revela los fondos millonarios aportados a organizaciones de la sociedad civil. Sobre todo a medios periodísticos afines al gobierno de Kiev, veteranos de guerra ucranios que actuaron en la región de Donbás y otras instituciones que bregan por la buena gobernanza o la democracia en la región prorrusa de Donietsk y Lugansk. Es la zona en disputa donde comenzó el conflicto armado en 2014 –invisibilizado hasta hoy– después de un golpe de Estado en la capital con apoyo de grupos neonazis.
La NED pagó 96 mil dólares para la promoción y protección de los derechos de veteranos que actuaron en Donbás, 91 mil a un llamado Centro Internacional de Asuntos Políticos para promover la investigación y el debate público sobre la influencia del gobierno chino en Ucrania y los países vecinos. Al Instituto de Información de Donietsk le dio 100 mil dólares para fomentar los medios independientes en el este de Ucrania, a una radio comunitaria de Crimea, 16 mil; a la Asociación Nacional de Medios, 51.5 mil; al Centro de Investigación sobre las Perspectivas Sociales de Donbás, 50.5 mil, y a una red de cineclubes 62 mil. Son algunos ejemplos.
Twitter: @aguerraguerra
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Fuente:
Guerra premeditada
3. La desinformación en la guerra ruso-ucrania
Marcos Roitman Rosenmann
Veamos un ejemplo. España es un país perteneciente a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). En su territorio cohabitan fuerzas armadas estadunidenses y sus gobiernos se hayan atados a sus designios. Como parte de los acuerdos, tuvo a Javier Solana, socialista anti-OTAN en los años 80 del siglo pasado, como su secretario general. Hoy ocupa el cargo de comandante en jefe del Estado Mayor de la Unión Europea. Por otro lado, Josep Borrell, otro anti-OTAN en su juventud, funge como representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad. En esta dinámica, la capacidad de crítica, la soberanía de España en temas de seguridad estratégica y defensa está hipotecada. Sólo cabe una dirección en los análisis, una visión de los conflictos y un enemigo, aquel que la OTAN y Estados Unidos señalen como tal: en este caso, Rusia. Pero no es sólo España la que asume el relato hegemónico de la OTAN y Estados Unidos: son todos los países aliados.
El encuadre político, las imágenes, los relatos de enviados especiales, las agencias de prensa de la guerra ruso-ucrania están sometidos a un férreo control de la OTAN y sus mandos, tanto políticos como militares. En su interior se despliega una estrategia, la opinión pública debe ser manipulada. Hay que ocultar hechos, borrar la historia, resaltar la crueldad de los invasores y la muerte de civiles haciendo hincapié en los desplazados, el llanto de las mujeres y los niños desorientados y con miradas perdidas. Todo sirve para justificar a unos y descalificar a otros. En este caso, Vladimir Putin, encarnación del mal, es un sicópata, un ser despreciable, ávido de sangre y muerte. Enfrente tiene a un hombre de bien, un demócrata, defensor de las libertades, un héroe de su patria que llama a resistir, tomar las armas y protegerse del invasor. El mal y el bien, confrontados. Europa, Occidente y la OTAN se identifican con el bien, toman partido. Imponen sanciones, llaman a boicotear actos deportivos, claman no a la guerra y piden solidaridad bajo el atento mirar de la OTAN, cuyo papel se presenta como mediador, no como parte de la guerra creada por sus estrategas. Todo es poco para combatir al lado de Ucrania y convertirla en víctima del imperialismo ruso, que busca reditar la guerra fría. El miedo de una amenaza rusa se pone sobre el tapete. El enemigo ha resurgido de sus cenizas.
Ni tanto ni tan poco. Ni Putin es un diablo ni Zelensky un santo. Ucrania ha sido utilizada por Occidente para sus espurios intereses: alterar la balanza de poder en la región. Lo que está en juego sobrepasa a Ucrania y destapa la farsa de Occidente: el coste en vidas humanas es irrelevante, son rusos y ucranios. Ni españoles ni alemanes ni británicos, franceses o belgas, tampoco estadunidenses. El gobierno de Joe Biden no tiene problemas para lanzar a Europa al campo de batalla. Es la comparsa que pone la cara, mientras Biden cubre sus vergüenzas. Bravuconería cuyas consecuencias las pagan, como de costumbre, los pueblos y las clases populares, mientras el complejo financiero militar tecnológico se frota las manos. Más fondos para armamentos y comisiones que irán a parar a los de siempre.
Los países occidentales y Estados Unidos han dejado que Ucrania se desangre. Han financiado grupos neofascistas, han patrocinado un golpe de Estado en 2014, han incumplido acuerdos de dotar de autonomía a las regiones rusoparlantes, han masacrado a su población. En un lustro, las cifras hablan de 15 mil asesinados a manos de las fuerzas de choque neofascistas y el ejército ucranio. El poder está en manos de una plutocracia sin escrúpulos. El hambre, la miseria y la desigualdad han aumentado exponencialmente. La OTAN ha surtido de armamento a las fuerzas de choque y, de paso, Ucrania se ha convertido en territorio de formación y adiestramiento paramilitar de los grupos de extrema derecha de la Unión Europea. Pero lo dicho ha desaparecido del análisis político. En esta guerra, como en todas, donde somos parte de uno de los bandos, se busca desinformar, manipular, mentir y poner todos los medios de propaganda al servicio de la desinformación de inteligencia en manos del estado mayor de guerra. Periodistas, políticos, académicos, sicólogos, militares, especialistas en relaciones internacionales y publicistas son una piña. No hay fisuras en el discurso. En esta lógica no aparece la historia, se desvanece en proclamas y en bloquear la información que ponga en duda el discurso oficial. Censura acompañada de presiones, emociones cerriles y descalificaciones. No hay espacio para reflexionar, para pensar y dudar de quienes fomentan la guerra.
Durante estos días, es posible saber que Ucrania ha sido invadida. Sin embargo, la explicación no se halla en el hecho, una verdad particularmente evidente; se encuentra en el devenir de acontecimientos que tienen larga data, décadas. Por ello no se puede caer en el maniqueísmo. El tiempo de la guerra debe ser ralentizado. Los acontecimientos fraguados por la OTAN, Estados Unidos y sus aliados europeos han supuesto una guerra que tendrá enormes consecuencias. Para revertir la deriva, hay que escuchar las propuestas de paz de Rusia. Las mismas que no se tuvieron en cuenta y podrían haber evitado la guerra. Cualquier intento de obviar esta realidad es un acto de hipocresía.
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