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domingo, 5 de junio de 2011

SIN DILACIONES, LIBERTAD PARA EL PROFESOR MIGUEL ÁNGEL BELTRÁN


Persecución y pensamiento crítico -


Por Miguel Ángel Beltrán Villegas

Escribía Quevedo en su famosa carta al poderoso Conde de Olivares que le había impuesto la censura: “No he de callar, por más que con el dedo, tocando ya la boca o ya la frente, silencio avises o amenaces miedo”. 

Los verdugos de la palabra y la razón me han colocado tras las rejas con la pretendida ilusión de que ellas impedirán expresar mi pensamiento crítico y quebrantar mi moral; quisiera decirles que no lo han logrado ni lo van a lograr. Nada, ni siquiera la amenaza de una condena ejemplar por no admitir el delito rebelión, hará cambiar mi compromiso con un pensamiento alternativo al pensamiento único que se nos quiere imponer y que ubique en la lucha de las ideas, el eje de la disputa por una Colombia más soberana y más humana.

Sólo que si antes, libraba esta batalla en las aulas de clase, en los recintos universitarios y en los foros públicos, hoy debo hacerlo desde este pabellón de alta seguridad, donde pese a las deplorables condiciones de supervivencia, he hecho de él - al igual que millares de presos políticos más- otro espacio de resistencia y lucha por la libertad de pensamiento.

Históricamente las ciencias sociales han sido blanco de los poderes de turno, que han visto en su praxis discursiva una amenaza para sus mezquinos intereses políticos y sociales. En los años sesenta y setenta, centenares de intelectuales fueron perseguidos, encarcelados y forzados al exilio, cuando no asesinados, por las dictaduras militares que se impusieron en Brasil, Argentina, Chile, Uruguay, Paraguay y Bolivia. De esta forma pretendían los mandos castrenses cortar de tajo la investigación social comprometida y amordazar el pensamiento crítico, sin que las fronteras nacionales constituyeran un obstáculo para su tarea represiva como lo puso al descubierto la llamada “operación cóndor”.

Pero así como hubo pensadores que con sus posturas “neutrales” y su silencio terminaron por legitimar estas prácticas autoritarias, hubo también pensadores que a contrapelo de este pensamiento hegemónico, no dejaron de proyectar su mirada crítica, sufriendo las consecuencias de un poder despótico que proscribió sus escritos, cerró sus centros de investigación y amenazo sus vidas.

Los nombres de Sergio Bagó, Gregorio Selser, Ruy Mauro Mariné, Rene Zavaleta Mercado y Eduardo Ruiz Contardo, entre otros muchos, hacen parte de esta legión de pensadores críticos que desafiaron abiertamente la censura impuesta por los militares, y gracias a esta coherencia con sus ideas críticas pudo enriquecerse la Teoría Social Latinoamericana con sus aportes al estudio de la democracia, las clases sociales, el desarrollo, la cultura y el Estado.

En Centroamérica se hizo tristemente célebre el episodio sangriento que cobró la vida de varios intelectuales jesuitas, entre los que destacaban el filósofo Ignacio Ellacuría y el psicólogo Martín Baró, asesinados en el mismo campus universitario, por escuadrones de la muerte amparados en el Estado, que los señalaban como ideólogos de la guerrilla salvadoreña.

Colombia no constituyó la excepción, pese a ufanarse de tener la democracia más estable del continente. Por estos mismos años el cofundador de la facultad de Sociología de la Universidad Nacional y su compañera sentimental y también socióloga, María Cristina Salazar, estuvieron privados de su libertad bajo el amparo del Estatuto de seguridad Nacional, promovido por el gobierno de Julio César Turbay Ayala, todo ello por su compromiso con una ciencia social, crítica, propositiva y de cara a las necesidades del pueblo.

Pero mientras en aquellos países que padecieron las dictaduras militares, en los últimos lustros se abrieron importantes procesos de transformación política y social; en Colombia el Estado mantuvo vigente los principios fundamentales de la doctrina de la seguridad nacional, actualizados bajo la política de la “Seguridad Democrática”, que criminaliza la oposición política y la protesta social; que equipara el delito de rebelión con el delito de opinión; que coloca a la población civil como blanco fundamental de la lucha contrainsurgente y que presenta a las víctimas de la represión oficial como guerrilleros muertos en combate. No sorprende, entonces, que bajo este esquema represivo la persecución contra el pensamiento crítico se haya incrementado.

El sociólogo y periodista Alfredo Molano ha tenido que salir varias veces del país amenazado por la intolerancia del régimen y fue objeto de un proceso judicial por injuria y calumnia iniciado por la familia Araujo, fundamentando su denuncia en una columna periodística publicada por Molano en el Espectador. Más recientemente se han presentado los casos del profesor William Javier Díaz y el artista Luis Eduardo Sarmiento. La detención de este último además de criminalizar el trabajo artístico de un joven comprometido con las causas populares, constituye una clara represalia contra su padre, el intelectual Libardo Sarmiento, en un intento por acallar su voz crítica y su valiente mensaje democrático.

Así mismo, Fredy Julián Cortes, docente de la Facultad de Agronomía de la Universidad Nacional y con quien compartía prisión, fue presionado para que reconociera el delito de rebelión y de este modo, recibir los beneficios de un sistema penal acusatorio basado en una lógica de castigos y recompensas.

En algunos casos la represión no se ha limitado al simple encarcelamiento sino que se ha extremado hasta la aniquilación física de la persona. Es el caso del Sociólogo Alfredo Correa de Andreis, impulsor de la Asociación Colombiana de Sociología en la Costa Atlántica, quién fuera encarcelado y luego asesinado con la complicidad de los organismos del Estado, tras demostrarse su inocencia. Una suerte similar sufrió el profesor Edgar Emiro Fajardo Sociólogo de la Universidad Cooperativa.

Bajo la retórica de la “amenaza terrorista”, quienes hemos asumido una postura crítica y nos hemos opuesto a la política guerrerista del Estado colombiano se nos pretende estigmatizar y señalar como “ideólogos de la subversión”, esta es la razón fundamental por lo que me encuentro privado de la libertad y enfrentando un juicio por los “delitos de rebelión” y “concierto para delinquir”.

Quisiera antes de terminar y para conocimiento de todos los lectores, hacer una breve referencia a mi situación jurídica: En la audiencia preparatoria celebrada hace algunos meses, se incorporó como testigos en mi contra a víctimas del conflicto armado y social (desplazados y efectivos del ejército que han sufrido lesiones por la colocación de minas antipersonales), ninguno de los cuales tiene relación directa conmigo, pero que han sido reconocidos como testigos a favor de la fiscalía con el argumento que (cito textualmente) “Las víctimas de las FARC deben ser indemnizadas por aquellos académicos, dirigentes políticos y demás personas que son investigadas por supuestos nexos con la subversión”.

Esta situación revela un ataque más a la universidad pública, en el marco de un proceso de hostigamiento, evidenciando en las detenciones arbitrarias, la intromisión de la fuerza pública en el campus universitario, el asesinato y desaparición de estudiantes, las amenazas a profesores críticos, la solicitud por parte de la fiscalía General de la Nación de los listados de estudiantes pertenecientes a universidades públicas de Bogotá y la proliferación de acusaciones por rebelión a miembros de la comunidad universitaria.

Por eso, aunque soy inocente de los cargos que se me imputan, no espero justicia de estos tribunales venales, porque esta palabra parece haber desaparecido en nuestro país. Mantengo sin embargo, firme mis ideas y convicciones y aunque en este momento los inquisidores del régimen controlen desde su panóptico todos mis movimientos y violen flagrantemente mis derechos fundamentales, encadenen mis pies y manos, jamás impedirán que mis palabras críticas atraviesen los blindados muros de este establecimiento, porque tengo la fuerza de los que creen en el respeto de la dignidad humana.

Quiero concluir este escrito evocando las palabras de ese pensador crítico que fue Antonio Gramsci, a quién el fascismo pretendió quebrar como revolucionario y trato de impedirle pensar durante décadas, condenándolo a morir tras las rejas. En la carta a su madre decía el filósofo italiano estas palabras que ahora hago mías:

Quiero que comprendan bien, incluso con el sentimiento, que yo soy un detenido político y seré un condenado político, que no tengo ni tendré nunca que avergonzarme de esta situación. Que, en el fondo, la detención y la condena las he querido yo mismo en cierto modo, porque nunca he querido abandonar mis opiniones, por las cuales estaría dispuesto a dar la vida, y no sólo a estar en la cárcel y que por eso mismo yo no puedo estar sino tranquilo y contento de mi mismo.

Por Miguel Ángel Beltrán Villegas
http://elsalmonurbano.blogspot.com/

sábado, 4 de junio de 2011

CRISIS EN EL FMI REVELA PROFUNDIDAD DE LA CRISIS SISTÉMICA


Sudamérica ante la tormenta global

Por Raúl Zibechi  
ALAI

La guerra por la sucesión del director del FMI revela lo mucho que ha cambiado el mundo y lo demasiado estancadas que están sus elites, dispuestas a aferrarse a sus privilegios aún a riesgo de colocar al planeta al borde del abismo. Para Sudamérica, es el momento de afianzar la unidad regional o caminar hacia la desintegración. 

El debate en curso sobre la sucesión de Dominique Strauss Khan enseña cómo las potencias del Norte pretenden congelar el mundo de 1944 cuando se firmaron los acuerdos de Bretton Woods y se crearon el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI). En aquel momento, el PIB de Estados Unidos era alrededor del 50% del mundial y en esta década decae por debajo del 20%.

El Norte parece dispuesto a pasar por alto la demanda de los países emergentes. Brasil ha dicho, por boca del ministro de Hacienda Guido Mantega, que el candidato debería ser designado sólo hasta fines de 2012 para “tener un tiempo mayor para madurar la sucesión”. Zhou Xiaochuan, gobernador del Banco Central de china, señaló que el FMI debe “reflejar mejor los cambios en la composición económica mundial y a los mercados emergentes” (Diario del Pueblo, 24 de mayo).

Más allá de los discursos para el gran público, las elites mundiales van cobrando clara conciencia de lo que está en juego, pese a las declaraciones y malabarismos de los políticos. Cuando hablan para “su” público, no ocultan un ápice la realidad. Es el caso de David Wessel, editor de economía de The Wall Street Journal, el diario más cercano a las altas finanzas. Comienza su columna semanal del 19 de mayo con una frase que resume la coyuntura histórica que atravesamos: “Los imperios no acostumbran sucumbir de un día para el otro. Las viejas potencias no abdican de sus regalías. Y las que ascienden no consiguen ejercer el poder ágilmente”.

Wessel señala que la costumbre de que un europeo dirija el FMI y un estadounidense el Banco Mundial, “es una tradición arcaica, si no ilegítima”, consecuencia de que las instituciones globales “aún no se ajustaron al peso de los países emergentes” ya que Europa y Estados Unidos son reacios a aceptar “un mundo que no dominan más”. En su opinión hay dos escenarios posibles por delante. Uno con final feliz, en el cual las grandes economías cooperen mutuamente sin que los países desarrollados traben el ascenso de los países emergentes. Sería lo mejor para el mercado.

El segundo escenario, es una repetición ampliada de lo sucedido en la primera mitad del siglo XX: “Las décadas posteriores a la Primera Guerra Mundial fueron marcadas por la incapacidad de las potencias en decadencia y en ascenso de estabilizar la economía global y crear instituciones funcionales; el resultado fue la Gran Depresión y la Segunda Guerra”.

La única novedad de este análisis es el medio en el que fue publicado, que revela que las elites financieras prefieren un “final feliz” y que saben que una nueva hecatombe militar-humanitaria no sería capaz de hacer retroceder la flecha del tiempo. Pero las elites financieras no juegan solas, ni siquiera en los salones del gran poder, donde conviven con políticos y militares, con quienes tienen relaciones estrechas y mutuas interdependencias.

Unos y otros saben que el último pronóstico del Laboratorio Europeo de Anticipación Política, en su boletín mensual del 17 de mayo, no es una previsión de lunáticos sino la advertencia del instituto que acertó con mayor precisión la cadena de sucesos que se vienen dando desde 2007: “Ahora se reúnen todas las condiciones para que el segundo semestre de 2011 sea el teatro de la fusión explosiva de las dos tendencias fundamentales que subyacen en la crisis sistémica global, la desarticulación geopolítica y financiera globales”.

El catalizador de esta “fusión explosiva” es el sistema monetario internacional, “o más bien el caos monetario internacional que se ha agravado aún más desde el desastre que afectó a Japón en febrero”. Por esa razón, la pelea por el poder en el seno del FMI no es ociosa, sino uno de los principales reveladores de lo mucho que está en juego. Es la arquitectura maestra del sistema-mundo, o sea la relación centro-periferia, la que está en cuestión. Se trata de una relación con cinco siglos de antigüedad, anterior incluso al capitalismo y a las revoluciones industriales, que ha hecho posible la hegemonía de Occidente que ahora está virando hacia Asia y hacia el Sur. Desde el punto de vista histórico, es un terremoto mayor aún que una improbable crisis del capitalismo.

Sucede que ese mundo emergente está empezando a marcar la cancha. La alianza BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) exige que si el FMI quiere tener credibilidad y legitimidad debe aceptar una representación más adecuada de los países emergentes, no sólo de los cinco mencionados. “El próximo director no sólo debe ser una persona altamente calificada, con sólido background técnico y capacidad de articulación política, sino comprometido en continuar el proceso de cambios y reforma de la institución para adaptarse a las nuevas realidades de la economía mundial”, señala el comunicado que rechaza una elección en base a la nacionalidad.

Para los países sudamericanos, el momento es propicio para profundizar la unidad pero está a su vez atestado de riesgos. La inauguración del Centro de Estudios Estratégicos de la Defensa de la UNASUR, el 26 de mayo en Buenos Aires, muestra que el camino de la integración y la unidad política sigue adelante pese a la formación de la Alianza del Pacífico (México, Colombia, Perú y Chile) semanas atrás. Es una buena noticia en momentos en que el clan Fujimori puede regresar al poder en Perú, cuando algunos proyectos estratégicos como el Banco del Sur están estancados y otros, como el Gasoducto del Sur, parecen hacer sido archivados.

La crisis en el FMI, como revelador de la profundidad de la crisis sistémica, enseña que los tiempos se aceleran y que el desafío de posicionar la región sudamericana en el escenario global no puede esperar tiempos mejores: se producirá en medio de la tormenta o no será.

ALAI, mayo 29 de 2011.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

EL CAPITALISMO "UN MODO DE VIDA QUE ESTÁ COLAPSANDO"


"HAY QUE CONSOLIDAR EN AMÉRICA LATINA NUEVAS LÓGICAS ECONÓMICAS PARA LOGRAR UN MODELO ALTERNATIVO DE DESARROLLO"


Entrevista con Pedro Páez Pérez, asesor presidencial de Ecuador para la Nueva Arquitectura Financiera
Por Fernando Arellano Ortiz, enviado especial a Buenos Aires

“La del sistema del capitalismo es una crisis de un modo de vida que está colapsando y lo que está en juego es el sujeto histórico, la capacidad de reaccionar, por ello es necesario poner en marcha otras lógicas económicas para darle sustento a un nuevo tipo de relaciones humanas, así como a otro tipo de modos de producción”. La reflexión la hizo durante su intervención en el IV Encuentro Internacional de Economía Política y Derechos Humanos, organizado por la Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo de Buenos Aires, el economista Pedro Páez Pérez, director de la Comisión Técnica Presidencial del Ecuador para la Nueva Arquitectura Financiera y embajador plenipotenciario del primer mandatario Rafael Correa en esta temática.

Páez Pérez lidera dicha comisión que viene formulando una serie de recomendaciones y reformas en el plano socioeconómico en su país, así como impulsa mecanismos de integración regional financiera que permita construir un modelo de desarrollo alternativo y sustentable.

Considera que en América Latina están dadas las circunstancias para enfrentar la crisis capitalista mediante una nueva arquitectura financiera internacional, porque lo que se observa hoy en día es que “hay un desmadre generalizado de los mecanismos de la economía del mercado, así como un problema de coherencia de producción y de consumo”.

“La institucionalidad internacional –señala- ha evidenciado que aún vivimos un mundo unipolar con el fracaso de la Cumbre sobre cambio climático en Copenhague, razón por la cual las naciones latinoamericanas deben concretar una agenda regional para avanzar hacia un mundo multipolar”.

Advierte desde su experiencia internacional que la “salida” (entre comillas) a la actual crisis económica “la están trabajando desde las esferas especulativas vinculadas en relación de socio-rival con el complejo industrial militar, quienes han impulsado el proceso de reformas del fundamentalismo del mercado y la respuesta a los problemas de rentabilidad del capital durante las últimas décadas, en una red de complicidades y lealtades con fuerte presencia en todo el mundo, lo que ha ocasionado que esté amenazada no sólo la vida, sino también la dignidad de la humanidad”.

Por eso su conclusión es perentoria: “hoy, no se puede salir de la crisis del capitalismo sino salimos al mismo tiempo del capitalismo en crisis”.

Nueva Arquitectura Financiera Regional

Desde el Gobierno del Ecuador, Páez Pérez viene trabajando por lograr una integración entre los países latinoamericanos que posibilite en el corto y mediano plazo generar una nueva arquitectura financiera regional. 

Los pilares básicos de esta propuesta, explica, incluyen:

•    Una banca de desarrollo de nuevo tipo, como la iniciativa del Banco del Sur, con un conjunto de nuevas prioridades en materia de alimentación, energía, cuidado de la salud, ciencia y tecnología, conectividad física, financiamiento de la economía popular y nuevas prácticas bancarias.

•    Una banca central alternativa, comenzando por la conexión directa, en red regional, de los bancos centrales, enlazados a sistemas de compensación de pagos, mercados virtuales de liquidez, sistemas multilaterales de créditos recíprocos, facilidades de emergencia de balanza de pagos, caja fiscal, y un fondo común de reservas regional.

•    El desarrollo de un espacio monetario común, incluyendo la emisión de Derechos Especiales de Giro (DEG) regionales en el marco de convenios de compensación de pagos como la experiencia del SUCRE dentro de la Alianza Bolivariana para los Pueblos (ALBA).

•    Bloquear la restauración del poder de chantaje de la vieja arquitectura financiera, pues el FMI ha dado más créditos desde la explosión de la crisis que en toda la década previa, y espera aún mayores aportes.

•    Crear espacios para la política fiscal. La Conferencia de Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), por ejemplo, ha sugerido una moratoria inmediata de la deuda externa que debe ser combinada con la generalización de procesos de auditoría que podrían aprender críticamente de la experiencia ecuatoriana articulándose a la formación de un Tribunal Internacional de Arbitraje.

•    Bloquear con medidas efectivas la ofensiva de los especuladores a nivel mundial.

•    Para evitar retaliaciones políticas y sabotajes económicos a los procesos democráticos, es necesario impulsar una definición pronta y universal de controles de capitales y un impuesto a través de la denominada Tasa Tobin.

Por un modelo económico alternativo

En esta entrevista con POLO, Pérez Páez ahonda sus conceptos en torno del modelo económico alternativo por el que viene trabajando, y explica en qué estado se encuentra el proceso de concreción del Banco del Sur.

Este asesor presidencial con rango de embajador, es Ph.D y M.Sc. en Economía por la Universidad de Texas, Máster en Desarrollo y Políticas Públicas por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) y economista de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador. Fue profesor visitante de la Universidad de Utah, y del Instituto de Altos Estudios de América Latina IHEAL- Université Paris III, Sorbonne Nouvelle, Francia en la Cátedra Simón Bolívar, así como también de la Facultad de Economía de la Escuela Superior Politécnica del Litoral de Guayaquil.

Durante la actual administración del presidente Rafael Correa también se ha desempeñado como Viceministro de Economía y como Ministro Coordinador  de Política Económica.

-    ¿En qué va el proceso de la puesta en marcha del Banco del Sur?

-    Ya está firmado el acuerdo por los siete presidentes de los países miembros y estamos esperando la ratificación de los congresos, pero hay una propuesta que estamos impulsando desde el Ecuador y consiste en que el Banco del Sur pueda comenzar a través de un mecanismo de fideicomiso, lo cual permite una serie de flexibilidades, como por ejemplo, la participación de naciones que no están involucradas en la negociación de este proyecto como la propia Colombia, o inclusive países extra UNASUR que podrían participar con una cláusula de compromiso. Es decir, que una vez se protocolice la institucionalidad del Banco del Sur y comience a operar, pasaría a funcionar teniendo en cuenta los compromisos adquiridos mediante ese fideicomiso. Temas como la construcción de una red de ferrocarriles en toda América Latina, la producción de medicamentos genéricos en todo el continente, el proyecto de soberanía de alimentaria, infraestructura energética, el desarrollo de las artes y de las ciencias, el proyecto de apoyo a la economía popular, a la producción de conocimiento a nivel continental, son elementos particularmente importantes para posibilitar e integrar otras fuerzas de países hermanos.

-    ¿Es decir se abre la posibilidad de ampliar la participación accionaria?

-    Así es. El convenio constitutivo define un capital autorizado de 20 mil millones de dólares, pero el capital suscrito es solamente de siete mil millones. Primero porque se espera que de los siete países actualmente participantes: Venezuela, Argentina, Bolivia, Ecuador, Brasil, Paraguay y Uruguay, se pase, al menos, a los 12 países de UNASUR. Pero además se intenta que haya distintos tipos de socios. Los países miembros de UNASUR son socios de tipo A, pero hay categorías tipo B y C, que incluyen la posibilidad de que organismos financieros internacionales, como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la Corporación Andina de Fomento (CAF), y otras instituciones de desarrollo en la región puedan participar a título individual.

-    El presidente del Comité para la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo (CADTM), Eric Toussaint, sostiene que un obstáculo para la concreción del Banco del Sur es Brasil. ¿Usted qué opina?

-    Creo que hay un proceso de negociación muy difícil, las fuerzas del pasado son muy fuertes, hay una inercia que es necesario vencer, pero con la movilización, la discusión, el debate, porque aquí nadie tiene el monopolio de la verdad, es posible generar otro tipo de condiciones para que todos estos proyectos se hagan realidad.

-    ¿Cuál es el espíritu alternativo del proyectado Banco del Sur?

-    El Banco del Sur es una propuesta centrada en la transformación de la banca de desarrollo. La idea es contar con una institución que permita convocar al resto de los bancos de desarrollo ya existentes en el continente. Hay más de 100 instituciones, entre bancos regionales, subregionales, nacionales y subnacionales. El problema es que muchos de ellos perdieron el norte, y entonces hay que darles el sur. Hay que instituir un Banco del Sur que se replantee prioridades con otras formas de funcionamiento, que revalorice el papel y las funciones de las monedas nacionales y regionales. Y con otro tipo de prácticas bancarias que, desde el ejemplo, vaya sentando las pautas de lo que debe ser la banca de desarrollo de nuevo tipo necesaria para construir un modelo alternativo.

-    En el proceso de integración financiera regional se ha logrado concretar por algunos países el Sistema Único de Compensación Regional (Sucre). ¿En qué consiste?

-    El Sucre es básicamente una tarjeta de crédito que los bancos centrales se abren unos a otros. Básicamente empieza con eso. Es una herramienta que podría funcionar a la perfección en torno de la cuestión de los multiplicadores cruzados. Un sistema de crédito recíproco de los bancos centrales para financiar y promover exportaciones en circunstancias en que, además, existen problemas en el comercio internacional y su financiamiento. El diseño del Sucre es gradual. Puede empezar con lo mínimo e ir creciendo, como una tarjeta de crédito. Su crecimiento en el tiempo puede ir generando más y más funciones de defensa de las monedas nacionales. A diferencia del euro, el Sucre posibilita las condiciones, el paraguas que ampara una recuperación de las funciones y las propiedades de las monedas regionales y medios de pago alternativos, inclusive en el nivel territorial.

-    Tras el periodo neoliberal que proclamó la “independencia” de los bancos centrales y cuya experiencia ha sido negativa, ¿cuál es su visión respecto del rol que deben cumplir estas instituciones?

-    La banca central tiene que superar el dogmatismo neoliberal de los últimos años y reconocer que puede ser incluso autónoma pero no extraterritorial. La banca central forma parte de nuestros países, tiene una responsabilidad con nuestras naciones. En ese sentido, debe ser muy proactiva en términos de dar respuestas a los retos gigantescos que plantea la crisis. Esta es una crisis de nuevo tipo, nueva en su ferocidad, en su profundidad, en las dimensiones cuestionadoras de aquello que se asumía desde el pensamiento único en las últimas décadas. Los bancos centrales están muy imbuidos de ese asunto. Creo que hay que partir del análisis concreto de la situación concreta. ¿Cómo va a lograrse un funcionamiento más eficiente, más transparente, más ágil, más oportuno, que permita a nuestros países defenderse frente a la crisis? Por ejemplo, las posibilidades de ataques especulativos contra las monedas nacionales, contra las reservas monetarias, con corridas bancarias, con la construcción artificial de escasez y carestías, de acaparamiento. La cuestión del lavado, de la volatilidad en el manejo de capitales. Todo esto requiere respuestas concretas y no desde el dogmatismo ideológico. ¿Por qué tienen que ser tabú los controles de capitales? Hoy los bancos centrales tienen plataformas informáticas absolutamente homologadas. No hay ninguna dificultad para que estén conectados directamente unos con otros, sin necesidad de pasar por el SWIFT (Sociedad para las Telecomunicaciones Financieras Interbancarias Mundiales).

-    Usted ha advertido que la financiarización especulativa no sólo es parásita sino que va a ser autodestructiva del sistema capitalista, ¿por qué?

-    No en el futuro, ya lo es, porque hoy por hoy está socavando las bases fundamentales del funcionamiento del mercado, por ejemplo, al destruir los fundamentos de la propiedad privada con el tema del short-selling, mecanismo que permite a ciertos especuladores vender cosas que no tienen, o con el hecho de que se venden en papel riquezas que no existen, o porque a través de los títulos sintéticos estructurados se está separando el proceso de generación de una deuda y su proceso de cobro, produciendo una incertidumbre y una maraña en los derechos de propiedad y en los reclamos sobre una riqueza que es muy inferior al monto de títulos valores que están circulando en el sistema. Si a eso sumamos la distorsión de los mecanismos de formación de precios relativos, la cada vez más patente insolvencia estructural del sistema financiero, y por tanto la destrucción, la desintegración de los sistemas de crédito, los sistemas de confianza en la relación proveedor-cliente, en la relación de abastecimiento de los circuitos de valorización que ya tienen una dimensión planetaria, pues estamos viendo que el peligro latente es enorme y por tanto hace falta que haya iniciativas muy serias y rigurosas de parte de los pueblos para recuperar y garantizar la coherencia en la producción y el consumo.

-    Uno de los grandes retos que usted ha planteado para consolidar el proceso de cambios que se viene dando en buena parte de América Latina es la movilización social y la irrupción de nuevas fuerzas políticas. ¿Hay una reconfiguración del sujeto político en la región?

-    Sí, pero yo creo que no hay que esperar con los brazos cruzados que eso pase, porque es responsabilidad de todos, aquí todo el mundo cuenta, es necesario replantearnos el tema del sujeto histórico, todos podemos hacer la diferencia. Esta es un bifurcación civilizatoria e histórica que puede dar lugar a una degradación de la civilización que es el proyecto que están llevando a cabo las fuerzas del poder oligopólico, especulativo, guerrerista que están controlando los acontecimientos, o puede darse la posibilidad de una salida más democrática, humanista que se fundamente en otro tipo de relaciones sociales y humanas, y de eso tenemos que encargarnos cada uno de nosotros, no es posible que nadie nos dé haciendo las cosas, la historia la tenemos que hacer nosotros mismos: individuo por individuo, colectivo por colectivo, país por país. 



http://archivopolo.net/index.php?option=com_content&view=article&id=237:hay-que-consolidar-en-america-latina-nuevas-logicas-economicas-para-lograr-un-modelo-alternativo-de-desarrollo&catid=61:enprofundidad&Itemid=189

sábado, 21 de agosto de 2010

LA DANZA DE LOS MILLONES DEL GRAN CAPITAL A COSTA DEL TRABAJO

¿Crisis? ¿Qué crisis? ¡Los beneficios crecen como la espuma!

James Petras

Traducido para Rebelión por Ricardo García Pérez

Mientras los progresistas y los izquierdistas escriben sobre las «crisis del capitalismo», los productores, las empresas petrolíferas, los banqueros y casi todas las demás empresas grandes de ambos lados de la costa del Atlántico y el Pacífico no dejan de reírse camino del banco.

Desde el primer trimestre de este año los beneficios empresariales se han disparado más de un 100 por cien (The Financial Times, 10 de agosto de 2010, p. 7). En realidad, los beneficios empresariales han aumentado más que antes del inicio de la recesión en 2008 (Money Morning, 31 de marzo de 2010). Contrariamente a lo que dicen los blogueros progresistas, las tasas de beneficio aumentan, no disminuyen, sobre todo entre las empresas más grandes (Consensus Economics, 12 de agosto de 2010). La solidez de los beneficios empresariales es una consecuencia directa de las crisis agudas de la clase trabajadora, los empleados públicos y privados y las pequeñas y medianas empresas.

Con el estallido de la recesión, los grandes capitales destruyeron millones de puestos de trabajo (uno de cada cuatro estadounidenses ha estado sin empleo en 2010), obtuvieron contrapartidas de los líderes sindicales, gozaron de exenciones fiscales y recibieron subsidios y préstamos casi sin interés de los gobiernos locales, estatales y federales.

Cuando la recesión tocó fondo provisionalmente, las grandes empresas duplicaron la producción con la mano de obra existente, lo que supuso intensificar la explotación (más producción por trabajador), y redujeron costes trasladando a la clase trabajadora una cuota muy superior de los gastos de seguros sociales y pensiones con la conformidad de las autoridades sindicales multimillonarias. El resultado es que, aunque los ingresos descendieron, los beneficios aumentaron y las cuentas de resultados mejoraron (The Financial Times, 10 de agosto de 2010). Por paradójico que resulte, los consejeros delegados de las empresas han utilizado el pretexto y la retórica de las «crisis» extrayéndolos de los periodistas progresistas para impedir que los trabajadores exigieran una cuota mayor de unos beneficios rampantes, ayudados por la siempre creciente batería de trabajadores sin empleo o subempleados susceptibles de ejercer de «sustitutos» (esquiroles) en caso de huelga.

La actual expansión de los beneficios no ha repercutido en todos los sectores del capitalismo: las ganancias imprevistas se han acumulado de forma abrumadora en las empresas más grandes. En cambio, entre las pequeñas y medianas empresas se ha disparado la tasa de quiebras y de pérdidas, lo que las ha convertido en presas baratas y fáciles de adquirir para las «hermanas mayores» (The Financial Times, 1 de agosto de 2020). Las crisis del capital intermedio han desembocado en la concentración y centralización de capital y han contribuido a elevar la tasa de beneficios de las empresas más grandes.

Los errores de diagnóstico de las crisis capitalistas en que han incurrido la izquierda y los progresistas ha sido un problema permanente desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, cuando nos dijeron que el capitalismo se había «estancado» y se precipitaba hacia el derrumbamiento final. 

Los últimos profetas del apocalipsis vieron en la recesión de 2008-2009 la quiebra absoluta y definitiva del sistema capitalista mundial. Cegados por el etnocentrismo euroamericano, no lograron apreciar que el capital asiático no ha entrado nunca en la «crisis final» y América Latina padecía una versión tibia y pasajera (The Financial Times, 9 de junio de 2010, p. 9). Los falsos profetas no acertaron a reconocer que los diferentes tipos de capitalismo son más o menos susceptibles a las crisis... y que algunas variantes suelen experimentar recuperaciones rápidas (Asia, América Latina, Alemania), mientras que otras (Estados Unidos, Gran Bretaña, Europa oriental y meridional) son más propensas a experimentar recuperaciones endebles y precarias.

Mientras Exxon-Mobile registraba un aumento de los beneficios superior al 100 por cien en el año 2010 y los fabricantes de automóviles obtenían sus mayores beneficios en los últimos años, los salarios y el nivel de vida de los trabajadores descendía y los empleados del sector público padecían recortes salariales y de plantilla masivos. Está claro que la recuperación del beneficio empresarial se basa en el recrudecimiento de la explotación de la mano de obra y en el incremento de transferencias de recursos públicos a las grandes empresas privadas. El Estado capitalista, con el Presidente demócrata Obama a la cabeza, ha transferido miles de millones de dólares al gran capital a través de operaciones de rescate directas, préstamos casi sin intereses, reducciones de impuestos y presiones a la mano de obra para que acepte salarios más bajos y retrocesos en el ámbito de la salud y las pensiones. El plan de la Casa Blanca para la «recuperación» ha superado con creces las expectativas: los beneficios empresariales se han recuperado; «sólo» la inmensa mayoría de los trabajadores se ha hundido más en las crisis.

Las predicciones fallidas de los progresistas al respecto del ocaso del capitalismo son consecuencia de haber subestimado el extremo hasta el cual la Casa Blanca y el Congreso serían capaces de saquear las arcas públicas para resucitar al capital. Subestimaron el extremo hasta el cual se había ayudado al capital para desplazar la totalidad de la carga de la recuperación de beneficios sobre las espaldas de la mano de obra. En ese aspecto, la retórica progresista sobre la «resistencia de la mano de obra» y el «movimiento sindical» reflejaban no entender que prácticamente no ha habido resistencia al retroceso de los salarios sociales y monetarios porque no existe mano de obra organizada. Lo que pasa por serlo está absolutamente anquilosado y actúa al servicio de los defensores de Wall Street del Partido Demócrata en la Casa Blanca.

Lo que revela el actual impacto desigual y no equitativo del sistema capitalista es que los capitalistas sólo pueden superar las crisis acentuando la explotación y haciendo retroceder décadas de «conquistas sociales». No obstante, el proceso en curso de recuperación del beneficio es enormemente precario porque se basa en la explotación de existencias previas, en tasas de interés muy bajas y en la reducción de los costes laborales (The Financial Times, 10 de agosto de 2010, p. 7). No se basa en inversiones privadas nuevas y dinámicas, ni en el incremento de la capacidad productiva. En otras palabras, son «conquistas caídas del cielo»; no beneficios derivados de los ingresos por un aumento de las ventas, ni por la expansión de los mercados de consumidores. ¿Cómo podría ser de otra manera, si los salarios descienden y la mano de obra desempleada, subempleada o desaparecida es superior al 22 por ciento? Sin duda, esta expansión de los beneficios a corto plazo, basada en ventajas políticas y sociales y en privilegios de poder, no es sostenible. El despido masivo de empleados públicos y la obtención de beneficios de la producción a base de intensificar la explotación de la mano de obra tienen límites... habrá que sacrificar algo. Una cosa está clara: el sistema capitalista no desaparecerá ni será sustituido a causa de su podredumbre o sus «contradicciones» internas.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


 
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