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La VERDADERA historia de la revolución comunista

La VERDADERA historia
 de la revolución comunista

La efímera Comuna de París de 1871, la revolución rusa de 1917 a 1956 y la revolución china de 1949 a 1976 eran titánicos levantamientos de los “esclavos” de la sociedad de ese tiempo contra sus “amos”. Ante adversidades y obstáculos increíbles y durando lo que constituye un nanosegundo de la historia humana, estas revoluciones realizaron cosas asombrosas — y cambiaron el curso de la historia humana. Por primera vez, se despejó la larga noche de tinieblas de la humanidad — el período en que la sociedad ha estado dividida entre el explotador y el explotado, entre el opresor y el oprimido. Se inició el proceso de forjar una forma de sociedad completamente nueva.

El Manifiesto Comunista

De inicios a mediados
del siglo 19
El capitalismo empezó a dominar en Europa y ocasionó cambios políticos, económicos y sociales tumultuosos. El capitalismo sacudió al viejo orden, pero solamente lo reemplazó con nuevas formas de explotación y opresión. De Gran Bretaña a Rusia, expulsó violentamente a decenas de millones de gentes trabajadoras del campo hacia las ciudades en rápida expansión. Se generalizaba la muerte de los obreros por cólera y otras enfermedades. Un millón de rusos murieron en la epidemia de cólera de 1847 a 1851. Era común que los niños —a menudo huérfanos— trabajaran en las fábricas de 12 a 14 horas al día.

1848
Carlos Marx y Federico Engels publicaron el Manifiesto Comunista, el que reveló por primera vez “que la existencia de las clases sólo va unida a determinadas fases históricas” del desarrollo humano. Otro mundo mucho mejor era posible para la humanidad. El Manifiesto Comunista convocó a los trabajadores de todos los países a unirse para derrocar al capitalismo y a establecer sociedades socialistas con el objetivo de un mundo sin clases.

La Comuna de París

1871
En marzo, los obreros, gente de la clase media baja y otros sectores de la población de París, Francia, se levantaron contra el régimen capitalista. Expulsaron al ejército francés de la ciudad. Los revolucionarios establecieron la Comuna de París. Ésta separó la iglesia y el estado. Los obreros tomaron y administraron las fábricas abandonadas por los capitalistas. La Comuna se puso a darle el poder de gobernar la sociedad a toda la población. Las mujeres jugaron un rol importante y heroico en el levantamiento y el breve desarrollo de la Comuna.
El viejo régimen reagrupó sus fuerzas militares y lanzó un sanguinario ataque contra la Comuna. Ahogó a la Comuna en sangre con un claro mensaje: nunca más se levantarán los de abajo, nunca más llegarán al poder el socialismo y el comunismo.
La Comuna proclamó ante el mundo que los oprimidos y explotados tomaban por asalto el escenario de la historia para escalar las alturas de la emancipación humana. Marx apoyó la Comuna y le sacó lecciones cruciales, como la de que no puede limitarse simplemente a tomar posesión de la máquina estatal del viejo sistema que le había servido al viejo orden… es necesario destrozar y desmantelar el viejo poder estatal y reemplazarlo con un poder estatal radicalmente nuevo y distinto.

El primer estado socialista del mundo

1914
Al inicio de la Primera Guerra Mundial en 1914, enviaron a trabajadores, campesinos y otros al frente para matarse entre sí en una guerra entre las potencias imperialistas por la supremacía mundial y en particular por el control de las regiones coloniales oprimidas de África, Asia y el Medio Oriente. Unos 20 millones de personas murieron en esa guerra.
El líder comunista ruso V.I. Lenin luchó por defender y aprender de la experiencia inspiradora de la Comuna de París así como de sus debilidades. Identificó la necesidad de tener un partido comunista de vanguardia y forjó ese partido — conocido como los bolcheviques. Lenin y los bolcheviques sobresalieron entre todos los partidos importantes de Europa por su oposición al patriotismo de “unirse en torno a la bandera nacional” que echó raíces en sectores de las masas de los países imperialistas de modo que apoyaran y combatieran en la guerra.

1917
Lenin llamó la Primera Guerra Mundial una guerra imperialista “de conquista, de bandidaje y de robo”. La gente de Rusia sufrió terriblemente bajo la tiranía autocrática del zar (el emperador). Rusia era un país imperialista, pero la abrumadora mayoría de la población eran campesinos muy pobres. En octubre de 1917, Lenin y los bolcheviques dirigieron una insurrección armada que arrasó del poder al viejo régimen. Al principio el levantamiento revolucionario se basaba en los trabajadores en las ciudades principales de Rusia y luego se extendió al campo, uniéndose especialmente con los más pobres y oprimidos de los campesinos.

Los capitalistas atacan a la nueva sociedad

De 1917 a 1921
El nuevo gobierno revolucionario publicó de inmediato dos decretos asombrosos. El primero retiró de la guerra a Rusia e hizo un llamamiento por el fin de la matanza y por una paz sin conquistas ni anexiones. El segundo autorizó que los campesinos se tomaran las vastas tierras del zar, de las clases terratenientes aristocráticas y de la iglesia (un gran terrateniente).
Nacía un mundo nuevo — por primera vez desde el surgimiento de la sociedad de clases, una sociedad no estaba organizada en torno a la explotación. La revolución bolchevique repercutió e inspiró a los oprimidos por todo el mundo. Los revolucionarios del mundo forjaron partidos comunistas de vanguardia. Las potencias capitalistas imperialistas atacaron con furia a la Unión Soviética — con calumnias y fusiles. Catorce países invadieron para aniquilar la revolución y se aliaron con los defensores reaccionarios del viejo orden ahí.
La devastadora guerra civil ardió durante tres años. Las fuerzas soviéticas “rojas” combatieron con heroísmo contra las fuerzas contrarrevolucionarias “blancas”. Para 1921, ya se había establecido el dominio revolucionario en toda la Unión Soviética.

La economía socialista soviética

Los años 1920
Lenin dirigió a la Unión Soviética hasta su muerte en 1924. Después de su muerte, Stalin dirigió al pueblo soviético en la construcción de una sociedad y economía socialistas. En 1928, la Unión Soviética lanzó el primer “Plan Quinquenal”. Millones de trabajadores y campesinos se prendieron del espíritu de “estamos construyendo un mundo nuevo”. En las fábricas y aldeas, la gente discutía los planes: cómo reorganizar la producción y qué tanto iba a importar para su vida —y la vida de la gente del mundo— el hecho de que se estaba construyendo una economía de ese tipo. Se ofrecían como voluntarios para construir los ferrocarriles en tierras silvestres. Los obreros trabajaban horas extras por voluntad propia. En las acerías, cantaban canciones revolucionarias rumbo al trabajo. Nunca antes en la historia había ocurrido semejante movilización de la gente para alcanzar conscientemente los propuestos objetivos económicos y sociales.
Todo eso constituyó un fuerte contraste con el mundo capitalista azotado por la Gran Depresión. El índice de desempleo en Estados Unidos fue de 24% en 1933. En la Unión Soviética, en esencia existía el pleno empleo y el Partido Comunista movilizó a la sociedad para satisfacer las necesidades cruciales.

De una cárcel de pueblos a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas

Los años 1930
La Rusia pre-revolucionaria había sido un imperio — conocido como la “cárcel de pueblos”. La nación dominante rusa había colonizado a las zonas y regiones de Asia central (por ejemplo, Uzbekistán) y también había subordinado a las zonas más desarrolladas como Ucrania. Las nacionalidades no rusas componían aproximadamente el 45% de la población, pero esas culturas minoritarias eran objeto de una supresión por la fuerza y prohibiciones de hablar o enseñar sus idiomas en las escuelas. Los judíos estaban sujetos a periódicos “pogromos” antisemitas, similares a las chusmas de linchamiento en Estados Unidos.
Después de la revolución, la mayoría de estos pueblos y nacionalidades se unieron en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Dedicaron recursos para elevar el nivel de vida de las nacionalidades de Asia central y para promover sus culturas anteriormente suprimidas y rechazadas. El sistema educativo, los medios de comunicación y las instituciones culturales concientizaban a la población acerca de las condiciones de los pueblos oprimidos y combatieron los prejuicios. El nuevo estado declaró ilegal el antisemitismo.

La liberación de la mujer en la Unión Soviética

1927
En los primeros 10 años, una extensísima revolución social transformó a la sociedad soviética. El hombre ya no tenía la autoridad patriarcal absoluta bajo la ley sobre la esposa y los hijos. La mujer recibió un salario igual. Se ofreció gratis el cuidado para la maternidad. La Unión Soviética fue el primer país en la Europa moderna que despenalizara el aborto. Todos esos cambios fueron trascendentales en sí, pero fueron parte de una visión y misión más amplias de construir un mundo nuevo libre de toda explotación y opresión.
1927. Un eje importante de la transformación socialista en la Unión Soviética fue la liberación de la mujer. Un hito: el Día Internacional de la Mujer, el Partido Comunista lanzó un movimiento para echar por tierra las tradiciones cruelmente opresivas y profundamente arraigadas impuestas sobre las mujeres en las repúblicas soviéticas de Asia central, como el matrimonio de niñas con viejos y los hombres con múltiples esposas. En Uzbekistán, Tayikistán y Azerbaiyán, el estado revolucionario apoyó a las mujeres para deshacerse de la vestimenta pesada de pies a cabeza hecha de crin y algodón que las mujeres y niñas mayores de 9 o 10 años tuvieron que ponerse en la presencia de un hombre de fuera de la familia.

La Segunda Guerra Mundial y la Unión Soviética

De 1933 a 1938
Hitler y los nazis subieron al poder en Alemania en 1933. Para fines de los años 1930, la Unión Soviética estaba en la mira del poderoso ejército imperialista alemán, el que se veía impelido a hacer añicos y dominar a la Unión Soviética. La nueva sociedad socialista se enfrentaba a una situación sumamente peligrosa.

De 1939 a 1945
En 1939 estalló la Segunda Guerra Mundial entre bloques de potencias imperialistas que pretendían repartir el mundo por medio de la violencia. Encabezaron los bloques en contienda Japón y Alemania por un lado y por otro, Estados Unidos y Gran Bretaña.
En 1943 la Unión Soviética venció a las tropas invasoras alemanas en la épica Batalla de Stalingrado. Unos 26 millones de ciudadanos soviéticos perdieron la vida en la Segunda Guerra Mundial. La Unión Soviética salió victoriosa pero sufrió una enorme devastación.

1956
Después de la muerte de Stalin en 1953, nuevas fuerzas burguesas (capitalistas imperialistas) dentro del Partido Comunista maniobraron para tomar el poder. En 1956, Jrushchov consolidó el dominio de una nueva clase capitalista y dirigió la reestructuración sistemática de la Unión Soviética en la forma de una sociedad capitalista, la que siguió llamándose socialista. Eso representó el fin del primer estado proletario.
Los comunistas en todo el mundo confrontaron la necesidad de resumir esa experiencia, sacarle lecciones y avanzar sobre esa base. Mao Zedong, el líder de la Revolución China, asumió ese gran desafío.

China antes de la revolución


Antes de la revolución de 1949, las grandes potencias capitalistas habían repartido y dominado a China en los ámbitos económico y militar. La gran mayoría de la población eran campesinos indigentes, sujetos al dominio cruel y arbitrario del latifundismo. Ante frecuentes hambrunas y la cruel explotación, a menudo el campesino moría de hambre y a veces tuvo que vender a una o uno de sus hijos para que otros de su familia pudieran sobrevivir. Las mujeres estaban sujetas a las golpizas, matrimonios concertados, la prostitución forzada y los pies vendados, una práctica que en el caso de las jóvenes les amarraba fuertemente los pies con vendajes y los doblaba para achicarlos y hacerlos “atractivos” para los hombres. En las ciudades cundía la desesperación. En Shanghái antes de la Segunda Guerra Mundial, se recogían 25 mil cuerpos sin vida en las calles al año. Era un país de 500 millones de habitantes que solo tenía 12 mil doctores entrenados en la medicina occidental. Cuatro millones de personas morían al año de enfermedades infecciosas y parasíticas. La expectativa de vida era de 32 años. Había 60 millones de adictos al opio.
Ésta es la situación en la que la gente hizo la revolución.

Triunfa la revolución china

1921
Mao Zedong participa en la fundación del Partido Comunista de China — la dirección de vanguardia de la revolución china.

1934
Mao dirigió a 100.000 soldados del Ejército Rojo y organizadores comunistas en la Gran Marcha — una peligrosa travesía de 9.600 km por ciénagas y montañas para reagruparse y reorganizarse ante la represión generalizada y para propagar la revolución. Combatieron contra los ejércitos reaccionarios y señores de la guerra. Solamente 10.000 personas lograron terminar la marcha en Yenán en el noroeste de China, pero la revolución logró seguir adelante. Mao, ahora el líder definitivo del Partido Comunista de China, forjó y aplicó un camino para tomar de poder nacional y establecer el socialismo — un camino que incluyó la estrategia militar de la guerra popular prolongada.

De 1937 a 1945
En 1939, estalló la Segunda Guerra Mundial. En 1937, los japoneses ya habían invadido y ocupado grandes partes de China. En ese contexto y con la mira puesta en el premio de la toma del poder nacional, Mao y el Partido Comunista dirigieron la guerra contra la ocupación japonesa. Derrotaron a las fuerzas japonesas en 1945. De inmediato, estalló una guerra civil entre las fuerzas dirigidas por los comunistas, y las fuerzas reaccionarias del Kuomintang apoyadas por los imperialistas estadounidenses. Tras cuatro años de fuertes combates, la revolución triunfó en 1949.

El nuevo poder estatal en China

De 1949 a 1957
La revolución estableció un nuevo poder estatal, una forma de la dictadura del proletariado, cuyo eje era la alianza entre los obreros y los campesinos. Este nuevo poder estatal protegió los derechos del pueblo, suprimió la contrarrevolución e hizo posible la transformación integral de la sociedad y el apoyo para la revolución mundial. En las ciudades y en el campo establecieron nuevas instituciones en todo ámbito de la sociedad, dirigidas por el Partido Comunista y con la participación de millones y millones de los anteriormente explotados en la toma de la iniciativa para transformar y administrar la sociedad.
Con el poder estatal, llevaron a cabo la reforma agraria como un movimiento revolucionario de masas. Una nueva ley de matrimonio le dio el derecho de divorciarse a la mujer. Lanzaron campañas de masas de salud y educación y erradicaron la generalizada adicción al opio.

El Gran Salto Adelante

De 1958 a 1960
Se lanzó el Gran Salto Adelante en la China socialista. En el campo, las comunas reunieron a decenas y decenas de millones de campesinos para trabajar las tierras de forma colectiva. Además, combinaron actividad económica, la actividad política y social, la milicia y lo administrativo.
Movilizaron y desencadenaron las energías y creatividad de la gente. Las comunas hicieron labores para recuperar tierras, sembrar árboles, construir caminos y levantar proyectos de riego y control de inundaciones. Usaron tractores y maquinaria de manera más racional debido a la propiedad colectiva de las tierras. Desarrollaron industrias en pequeña escala como fertilizantes, fábricas de cemento y pequeñas plantas hidroeléctricas. Los campesinos empezaron a dominar la tecnología y el conocimiento científico. De esas y otras maneras, redujeron las brechas entre la ciudad y el campo, entre los campesinos y los trabajadores, y entre el trabajo intelectual y el trabajo manual.
Les han echado la culpa a las comunas por una gran hambruna de 1959 a 1960. Pero la realidad es que las comunas no causaron esa hambruna. Para 1970, China ya había solucionado el milenario problema del hambre. Las comunas y la economía socialista en general establecieron un sistema confiable de producción y distribución de alimentos para el pueblo por primera vez en la historia de China.
Desafiaron la opresión de la mujer. La colectivización de las cocinas, comedores y guarderías infantiles facilitó la participación de la mujer en la batalla por crear una sociedad nueva. Lucharon contra las viejas costumbres y valores persistentes, como la superstición, el fatalismo así como las costumbres feudales, como el matrimonio concertado.
Las comunas representaron un salto en la participación directa de las masas en todas las esferas de la sociedad y en la transformación de las relaciones entre las personas.

Mao lanza la Revolución Cultural

1966
En parte por su resumen de la restauración del capitalismo en la Unión Soviética, Mao entendió que era posible que el Partido Comunista se transformara en un instrumento de una nueva clase explotadora. De hecho, se dio una aguda lucha en la dirección del Partido Comunista entre un núcleo de revolucionarios dirigidos por Mao, y ciertos altos líderes del partido y del estado, los “seguidores del camino capitalista”, que habían venido cobrando fuerza y estaban trabajando para derrocar al socialismo y reinstaurar el capitalismo.
La Revolución Cultural representó un adelanto en la solución de un problema histórico-mundial de la revolución comunista: cómo impedir la contrarrevolución, pero de una manera que capacite a las masas para jugar el papel decisivo y consciente en la transformación de la sociedad y a sí mismas, y no la destitución desde arriba a los seguidores del camino capitalista. Mediante una amplia lucha política e ideológica dirigida por el núcleo revolucionario del partido, las masas jugaron un papel decisivo en la eliminación política de los centros de poder burgués en el Partido Comunista. La Revolución Cultural suponía la revolucionarización de toda la sociedad y la transformación del pensamiento, modo de pensar y valores de la gente.

Retomando el poder político

De 1966 a 1969
Las y los jóvenes activistas revolucionarios, los Guardias Rojos, jugaron un papel crucial en el inicio y propagación de la Revolución Cultural. Esa lucha estaba llena de inventiva e innovación: mítines en las calles, protestas, huelgas y manifestaciones. Aparecieron “cartelones de grandes caracteres” por todo el país. Había afiches de protesta de letra grande que se colgaron en todas partes y en los que la gente criticaba a las políticas y líderes. Se pusieron a la disposición de la gente centros públicos para sus reuniones y debates. Florecieron los periódicos pequeños. Solo en Pekín había 900 periódicos. El estado revolucionario proporcionó materiales y lugares para la actividad política de masas y los debates.

De 1967 a 1968
La Revolución Cultural dio un giro nuevo. Cuarenta millones de trabajadores en todo el país se metieron en intensas y complejas luchas de masas para retomar el poder a las conservadoras y atrincheradas administraciones municipales y organismos del partido. Hubo paros de trabajo y, a veces, luchas para no suspender el trabajo.

La "Tempestad de Enero" de Shanghái

1967
Shanghái, otoño de 1966: unas 700 organizaciones existían en las fábricas. Las fuerzas revolucionarias se movilizaron, y los seguidores del camino capitalista contraatacaron en un intento de desacreditar a los revolucionarios y comprar a los trabajadores con aumentos salariales.
Los trabajadores revolucionarios, bajo dirección maoísta, unieron a amplios sectores de la población de Shanghái. En enero de 1967, rompieron el control de los seguidores del camino capitalista que gobernaban la ciudad. Se tomaron el principal edificio del gobierno municipal, se apoderaron de los centros de comunicaciones y empezaron a organizar la distribución de artículos de primera necesidad por la ciudad. Esa fue la “Tempestad de Enero” de Shanghái.
La gente discutía y debatía en masa sobre cómo manejar la ciudad y qué estructuras políticas servirían mejor a las metas de la revolución. Experimentaron con nuevas instituciones de gobierno político en toda la ciudad.

"Las mujeres sostienen la mitad del cielo"

De 1966 a 1976
La lucha contra la opresión de la mujer constituía una gran parte de la “revolución dentro de la revolución”. Se lanzaron campañas de masas durante la Revolución Cultural que criticaron los modos de pensar feudal de Confucio y del capitalismo que defendían las divisiones explotadoras de opresión y desigualdad en la sociedad.
En contraste con la cultura mundial de hoy que denigra a la mujer como débil o un objeto sexual, durante la Revolución Cultural las óperas y ballet modelos presentaban a las masas al frente y al centro del escenario y a las mujeres como personajes centrales con fuerza física e ideológica. Esas obras expresaban la vida del pueblo y su papel en la sociedad y la historia y se popularizaron por todo el país.
Millones de jóvenes mujeres participaban en la lucha revolucionaria más amplia. Tanto las mujeres como los hombres se movilizaban para combatir la opresión de la mujer, como parte de construir una nueva sociedad. Y al construir el socialismo, se dio el desencadenamiento de las mujeres para “sostener la mitad del cielo”, no solo en la lucha contra su propia opresión sino en la lucha por transformar y liberar a toda la sociedad.

El arte revolucionaria

De 1966 a 1976
Antes de la Revolución Cultural, los temas y los personajes feudales y burgueses dominaron la cultura popular, por ejemplo en la ópera china, y los seguidores del camino capitalista promovían eso.
La Revolución Cultural prendió una explosión de actividad artística entre los trabajadores y campesinos, en la poesía, la pintura, la música, los cuentos e incluso el cine. Los proyectos de arte de masas y las nuevas formas de colaboración artística se extendían, incluyendo al campo y las zonas remotas.
Se organizaron equipos de trabajadores culturales para viajar a zonas remotas y trabajar con los campesinos en la creación y presentación de dramas y conciertos, y cargaron generadores accionados por bicicletas para proyectar películas. La enorme mayoría de la población, los campesinos chinos, jamás había visto una película o un drama ni tampoco había tenido la oportunidad de participar en alguna actividad cultural a ese nivel. Algunos artistas se mudaron al campo, donde convivían y trabajaban con los campesinos, aprendiendo de éstos y a su vez enseñándoles las artes. Así crearon una cultura revolucionaria fresca y dinámica y también se iban echando abajo las divisiones entre la ciudad y el campo y entre los que hacían trabajo manual y los artistas e intelectuales.

Las "nuevas cosas socialistas"

De 1966 a 1976
La educación se transformó radicalmente durante la Revolución Cultural. Cuestionaban los métodos de enseñanza basados en la memorización para pasar los exámenes y se promovía un espíritu crítico en las escuelas. Se combinaron los estudios y la actividad productiva. Las políticas de admisión a las universidades posibilitaron la matrícula de las y los hijos de campesinos y trabajadores. Se libró una lucha contra la idea burguesa-elitista de usar el conocimiento para sacar una ventaja competitiva sobre los demás y para el éxito individual, el lucro propio y el prestigio. Al contrario, se usaba el conocimiento al servicio de la lucha revolucionaria de rehacer la sociedad y el mundo en beneficio de la humanidad.
Las “nuevas cosas socialistas” reflejaron y promovieron las nuevas relaciones y valores socialistas. Las investigaciones a “puertas abiertas” trasladaron a los científicos al campo para hacer sus experimentos entre los campesinos. Los científicos aprendieron sobre la vida de los campesinos y de sus preguntas y observaciones; y los campesinos aprendieron el método científico. Las instituciones educativas y los institutos de investigaciones en las ciudades desarrollaron relaciones de cooperación con las fábricas, los comités vecinales y otras organizaciones. La gente fue a los laboratorios y los laboratorios fueron a la gente.
En lo que se llamó “el movimiento de médicos descalzos”, capacitaron a campesinas y campesinos jóvenes en los elementos básicos de la medicina preventiva y la asistencia sanitaria. Había 1.3 millones de médicos descalzos que vivían en el campo y contribuían a solucionar las necesidades sanitarias básicas del pueblo.

Servir al pueblo

De 1966 a 1976
En la China revolucionaria, convocaron a los artistas, médicos, trabajadores técnicos y científicos y muchas otras personas educadas a ir entre los trabajadores y campesinos: a aplicar sus conocimientos a las necesidades de la sociedad, a compartir la vida de la gente trabajadora y a aprender de ésta. Un gran número de jóvenes y profesionales respondieron al llamamiento de la Revolución Cultural de “servir al pueblo” e ir al campo y servir de ejemplo para los demás.

La última gran batalla de Mao

De 1973 a 1976
Mao seguía advirtiendo del peligro de la restauración capitalista. Las masas tenían el poder estatal en el socialismo, pero la revolución tenía que continuar. Pero el socialismo nace con los rezagos de la sociedad de clases. La Revolución Cultural ardía durante 10 años, si bien mediante complejas curvas, giros y vaivenes.
Cuando Mao murió en septiembre de 1976, eso representó la señal para los reaccionarios dentro del partido. En octubre del mismo año, éstos montaron un golpe de estado militar. Tomaron acción inmediatamente contra el núcleo revolucionario en los altos niveles del partido y desplegaron tropas en importantes regiones del país. Hubo resistencia, pero la represión fue rápida y severa, con un gran número de arrestos y ejecuciones.
El socialismo en China fue derrotado. La primera etapa de la revolución comunista llegó a su fin.

Bob Avakian desarrolla una nueva síntesis del comunismo


La derrota en China fue un verdadero punto de viraje. Suscitó confusión, conmoción y desorientación en todo el mundo entre aquellos que habían considerado a China como un modelo de inspiración. En esas circunstancias Bob Avakian (BA), el presidente del Partido Comunista Revolucionario, Estados Unidos, se puso a la altura de cumplir con una gran necesidad histórica: hacer un balance de lo que pasó en China y de las responsabilidades que eso acarrea para los auténticos revolucionarios.
BA aportó una claridad científica a esa coyuntura crucial y empezó a desbrozar y trazar el camino para seguir adelante. Defendió los grandes logros de Mao y de la revolución china, al mismo tiempo que investigaba profundamente la experiencia no solamente de China sino de toda la primera etapa de la revolución comunista. Exploró profundamente y examinó críticamente la primera etapa de la revolución comunista y, en realidad, el proyecto comunista entero. Además, en las más de tres décadas que han pasado desde la contrarrevolución en China, Bob Avakian desarrolló y forjó una nueva síntesis del comunismo.

Por Bob Avakian y el trabajo que ha hecho durante varias décadas, de sintetizar las experiencias positivas y negativas de la revolución comunista hasta hoy y de aprender de una amplia gama de experiencias de la humanidad, se ha desarrollado una nueva síntesis del comunismo — existen en realidad una visión y estrategia viables para una sociedad y mundo radicalmente nuevos y mucho mejores, y existe la dirección crucial que se necesita para hacer avanzar la lucha hacia ese objetivo.

 
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