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TV EMANCIPACIÓN

martes, 14 de marzo de 2017

CAPITULO VII DE LA JURISDICCIÓN ESPECIAL PARA LA PAZ ES IMPUNIDAD

La Jurisdicción Especial para la Paz

¿Impunidad para la Fuerza Pública?

Federico Andreu
Razón Pública


Un tratamiento especial

Durante las negociaciones en La Habana, el gobierno anunció de modo reiterado que los agentes del Estado recibirían un tratamiento especial.

Tiempo después el Acuerdo Final–tanto en la versión de agosto como en la revisada de noviembre de 2016– estableció en el punto “Jurisdicción Especial para la Paz” que los agentes del Estado serían objeto de “un tratamiento especial, simultáneo, equilibrado y equitativo basado en el Derecho Internacional Humanitario”.

Las líneas generales de ese tratamiento fueron enunciadas por el presidente Santos en varios discursos ante el estamento militar en diciembre de 2015, pero extrañamente nunca fueron publicadas en el sitio web del alto comisionado para la Paz.

El hecho es que, en agosto de 2016, junto con el Acuerdo de La Habana se conoció el “Anexo II” sobre los tratamientos penales especiales para agentes del Estado. Según la Presidencia de la República, este era resultado de una decisión “autónoma e integral” del gobierno que “no fue objeto de negociación alguna en la mesa de negociación de La Habana”. No obstante, varios de los lineamientos de ese régimen especial fueron pactados en la mesa y plasmados en el Acuerdo.La Jurisdicción

La ley que establece la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) no ha sido expedida hasta el momento.

Sin embargo, la Ley 1820 de 2016, “por medio de la cual se dictan disposiciones sobre amnistía, indulto y tratamientos penales especiales y otras disposiciones”, así como el Decreto 277 de 2017 que regula su implementación, establecen el tratamiento especial y los beneficios que se les podrán conceder a los agentes del Estado.

En resumen, la JEP tendrá básicamente dos funciones:
Renunciar a perseguir penalmente a los agentes del Estado que “hayan sido condenados, procesados o señalados de cometer conductas punibles por causa, con ocasión o en relación directa o indirecta con el conflicto armado”; y
Procesar a los agentes del Estado que hayan cometido crímenes de lesa humanidad, genocidio, graves crímenes de guerra, toma de rehenes u otra privación grave de la libertad, tortura, ejecuciones extrajudiciales, desaparición forzada, acceso carnal violento y otras formas de violencia sexual, sustracción de menores, desplazamiento forzado, o reclutamiento de menores”, entre otros.

Aunque al tratarse de agentes del Estado no se habla de amnistía o indultos, el mecanismo de renunciar a la persecución penal tiene efectos similares. Es más, la JEP no es solo una jurisdicción penal: está facultada para anular o extinguir la responsabilidad o la sanción disciplinaria, fiscal o administrativa correspondiente al delito que se renuncia a perseguir penalmente.Puertas para la impunidad

Varios aspectos del tratamiento a los agentes del Estado bajo la JEP son problemáticos, cuando no incoherentes o incompatibles con el derecho internacional. Algunos de ellos ya fueron señalados por Camilo Umaña en un artículo publicado en Razón Pública. No obstante, cabe señalar otros:
Aunque el Acuerdo de La Habana estipulaba que la JEP sería competente para juzgar las “conductas de financiación o colaboración con los grupos paramilitares”, estas no fueron excluidas del beneficio de renuncia a la persecución penal. Tampoco lo fueron las violaciones de derechos humanos, como las interceptaciones y las actividades ilegales de inteligencia.

Estas últimas –como fue constatado en numerosos casos de ejecución extrajudicial o desaparición forzada, así como en el escándalo de las “chuzadas” del DAS– muchas veces hacen parte de la preparación de un crimen mayor, pero se han investigado separadas de él. En el caso de las “chuzadas”, por ejemplo, varios funcionarios fueron condenados solo por interceptaciones y actividades ilegales de inteligencia, cuando estos delitos no eran más que actos preparatorios de un crimen de lesa humanidad bajo la modalidad de persecución política.

De este modo se abre el camino a la impunidad para agentes del Estado involucrados en paramilitarismo o en actividades ilícitas de inteligencia destinadas a preparar la comisión de crímenes que el Estado no puede renunciar a perseguir.
Paradójicamente, la Ley 1820 incluyó en la lista de delitos que no se puede renunciar a perseguir penalmente los “delitos contra el servicio, la disciplina, los intereses de la Fuerza Pública, el honor y la seguridad de la Fuerza Pública, contemplados en el Código Penal Militar”.

El punto no es insignificante. Aquellos miembros de la Fuerza Pública que fueron procesados o condenados por negarse a ejecutar órdenes que implicaban la comisión de crímenes (como ejecuciones extrajudiciales y desapariciones forzadas) o la colaboración con grupos paramilitares, o aquellos que tomaron medidas para que esos delitos fueran investigados por la jurisdicción penal ordinaria, no podrían beneficiarse de la renuncia a la persecución penal.

Ese sería el caso del capitán y exjuez de instrucción penal militar Alexander Cortés, quien investigó 55 casos de “falsos positivos” y los remitió a la jurisdicción penal ordinaria.

No sobra recordar que, según el derecho internacional, los funcionarios tienen el derecho –y el deber– de negarse a obedecer o ejecutar órdenes que impliquen violaciones de los derechos humanos. Igualmente, el Estado tiene la obligación de garantizar que estos funcionarios no sean perseguidos ni sancionados penal o disciplinariamente por ello.
La Ley 1820 excluyó de los beneficios del tratamiento penal especial los “graves crímenes de guerra” y los definió como “toda infracción del Derecho Internacional Humanitario cometida de forma sistemática”. El Acuerdo de La Habana va todavía más allá al agregar a esta definición que el crimen sea cometido “como parte de un plan o política”.

Pero en el derecho internacional no existen “graves crímenes de guerra”, sino que frente a cualquier crimen de guerra el Estado tiene la obligación irrenunciable de perseguir, juzgar y sancionar a sus autores. Así mismo, según el derecho internacional, un crimen de guerra no tiene que ser cometido de forma sistemática ni como parte de una política o un plan para ser considerado como tal: basta con que se cometa la conducta ilícita, aunque haya sido de forma “aislada”.

De este modo, este nuevo concepto incluido en la Ley 1280 abre una inmensa puerta para que numerosos crímenes de guerra queden impunes.
El Acuerdo de La Habana estipula que la JEP valorará las conductas de los miembros de la Fuerza Pública según “lo establecido en las reglas operacionales de la fuerza pública en relación con el DIH” y partiendo del principio de que “sus acciones se presumen legales”.

Esto es incompatible con el principio del derecho internacional según el cual en situaciones de conflicto armado el ser humano está bajo la protección tanto del derecho internacional humanitario como del derecho internacional de los derechos humanos, y la ilegalidad de una conducta debe ser valorada de acuerdo con estas normas. Además, la referencia a “las reglas operacionales de la fuerza pública” y la presunción de legalidad de las acciones de los agentes estatales son ambiguas y abren un camino para la impunidad.

En efecto, como señalaron los excomandantes de la Fuerza Pública en su carta dirigida al presidente Santos, por “reglas operacionales” deben entenderse los reglamentos, manuales y directivas de las Fuerzas Militares que se “presume de hecho estar totalmente acordes con la legalidad”. Varios de esos lineamientos consideran “blanco legítimo” a sectores de la población civil, ordenan el desplazamiento interno de población, promueven la práctica de la desaparición forzada y las ejecuciones extrajudiciales u ordenan crear grupos paramilitares. La Directiva 29 de 2005 del Ministerio de Defensa Nacional es un ejemplo de esto.

Pretender que esos reglamentos, manuales y directivas establezcan los criterios para determinar si ciertas conductas son un delito, y presumir que estas “reglas operacionales” son legales, va en contra de cualquier intento de hacer justicia.
La manera como el Acuerdo de La Habana define la cuestión de la responsabilidad penal del superior es incompatible con las normas del derecho internacional, como las establecidas en el principio 27 del Conjunto de principios actualizados para la protección y la promoción de los derechos humanos mediante la lucha contra la impunidad.

El Acuerdo condiciona la responsabilidad penal del superior a que este tuviera “el conocimiento basado en la información a su disposición antes, durante y después de la realización de la respectiva conducta” criminal, así como “el control efectivo de la respectiva conducta”.

No obstante, según el artículo 28 del Estatuto de Roma y otras normas internacionales, la responsabilidad penal del superior se aplica igualmente cuando éste, aunque no haya tenido la información, estaba en una posición de control sobre sus subordinados por la cual él debería saber que el crimen se iba a cometer, se estaba cometiendo o se había cometido. Es lo que la jurisprudencia penal internacional llama el “conocimiento inferido”.

Adicionalmente, tanto el Estatuto de Roma como las demás normas internacionales se refieren al control efectivo del superior sobre sus subordinados, no sobre su conducta. Así, el Acuerdo de la Habana define el principio de responsabilidad penal del superior de forma restrictiva y contraria a lo establecido por el derecho internacional y abre una puerta más para la impunidad.

En su “Declaración de principios” de junio de 2014, el gobierno y las FARC dijeron con respecto al reconocimiento de responsabilidades que “cualquier discusión de este punto debe partir del reconocimiento de responsabilidad frente a las víctimas del conflicto. No vamos a intercambiar impunidades”. De no resolverse estos problemas, la promesa que hicieron el gobierno y las FARC podría resultar vana.

Federico Andreu. Representante para Suramérica de la Comisión Internacional de Juristas.Fuente: http://www.razonpublica.com/index.php/economia-y-sociedad/10094-la-jurisdicci%C3%B3n-especial-para-la-paz-impunidad-para-la-fuerza-p%C3%BAblica.html


Senador A López presentó proposiciones plenaria del senado para evitar impunidad y se limite derechos de víctimas en Jurisdicción Especial para Paz

“En el proceso de paz no se acordó que altos mandos de la fuerza pública y terceros que cometieron delitos graves y violaciones a los derechos humanos obtuvieran impunidad”


-Gobierno Nacional en JEP limita la reparación integral a las víctimas al ser ligada a recursos disponibles.

-Senador López exigió que quienes han participado en otros procesos de paz y no han cumplido NO puedan acceder a JEP.

Por Oficina de Prensa Senador Alexander López

El senador Alexander López Maya presentó 3 proposiciones a la plenaria del Senado para que fueran tenidas en cuenta en el Acto Legislativo de Jurisdicción Especial para la Paz, con el propósito de evitar la impunidad y evitar que se limitara los derechos de las víctimas; proposiciones que fueron votadas negativamente y no quedaron incluidas en la reforma constitucional que aprobó el Congreso.

López Maya reiteró que respaldaba el proceso de negociación política y honraba los acuerdos logrados entre el Gobierno Nacional y las FARC EP, pero que era su deber político e histórico decirle a los colombianos y exigirle a la plenaria del Senado la eliminación del capítulo VII de la Jurisdicción Especial para la Paz. “En el proceso de paz no se acordó que altos mandos de la fuerza pública y terceros que cometieron delitos graves y violaciones a los derechos humanos obtuvieran impunidad”.

“También le propuse a la plenaria del Senado que quienes hicieron parte de otros procesos de paz y no cumplieron lo acordado con el Gobierno no deberían beneficiarse de la Jurisdicción Especial para la Paz, eso genera impunidad”, Agregó. 

El congresista del POLO indicó que la tercera proposición está encaminada a brindarle garantías a las víctimas. “Exigí que se eliminará de la JEP el artículo 17 que le pone limitantes fiscales a los recursos que se deben destinar a la reparación de las víctimas. Eso cercena y limita los derechos de las víctimas, dejándolas a merced del Ministro de Hacienda de turno”.

Expresó finalmente el senador Alexander López Maya “Estar con la paz no significa que tenga que estar con la impunidad y que tenga que aprobar capítulos como el VII. Lamento la posición del Gobierno del Presidente Santos y sus Ministros que no escuchan, ni respetan a la oposición e imponen sus mayorías para aprobar artículos que no fueron acordados en el proceso de paz y que le hacen daño a los colombianos”.


http://www.polodemocratico.net/noticias/titulares/11268-senador-lopez-maya-presento-proposiciones-plenaria-del-senado-para-evitar-impunidad-y-que-se-limite-los-derechos-de-victimas-en-jurisdiccion-especial-para-paz

Entrevista al senador Alexander López sobre la Jurisdicción Especial para la Paz

"La aplicación de la Jurisdicción Especial para la Paz puede tener graves consecuencias"

Radio Nizkor

Ante la inminente aprobación parlamentaria del Proyecto de Acto Legislativo Nº. 02/17 (Senado), "Por medio del cual se crea un título de disposiciones transitorias de la Constitución para la terminación del conflicto armado y la construcción de una paz estable y duradera", la corresponsal en Colombia de Radio Nizkor, Claudia Julieta Duque, ha entrevistado al senador Alexander López Maya sobre su posición frente a este proyecto de reforma constitucional que se da en el marco de la llamada Jurisdicción Especial para la Paz.

El senador Alexander López explica qué es lo que se plantea en este proyecto legislativo y qué le ha llevado a presentar una ponencia alternativa al proyecto que se pretende aprobar.

En relación con el proceso penal y los miembros de la fuerza pública y los paramilitares -responsables de desplazamientos masivos, desapariciones, ejecuciones extrajudiciales, tortura, etc.- expone que la ponencia gubernamental incumple los estándares internacionales... Se crea una jurisdicción especial para los miembros de la fuerza pública incursos en estos crímenes atroces que deja a las víctimas en una condición de revictimización y que viola sus derechos. Por eso la ponencia alternativa, rechazada en el debate plenario del Senado celebrado el 08mar17, quería garantizar los derechos de las víctimas y evitar la impunidad.

Las fuerzas militares, estando incursas en importantes violaciones de los derechos humanos durante el conflicto, quedan blindadas frente a la persecución penal gracias a esta reforma. En este momento hay unos 5.000 miembros de las Fuerzas Militares procesados por crímenes contra población civil. Ya de por sí en el acuerdo de paz se establece un juzgamiento especial mediante un mecanismo de justicia transicional, pero además, el Gobierno ha llegado a un acuerdo especial y diferente, y desconocido para el país, con las Fuerzas Militares, el cual ha sido negociado por fuera del proceso de La Habana.

Es así como se incluyó un Capítulo 7º excepcional que protege penalmente a los militares y a todos aquéllos en una posición de mando frente la aplicación del principio de responsabilidad del superior jerárquico, al requerirse para determinar esta responsabilidad la concurrencia de 4 requisitos que hace inoperante de hecho este principio, conduciendo pues a la más absoluta impunidad de responsables militares en el marco de esta JEP. Esto vulnera los estándares internacionales e incluso las obligaciones de Colombia al ser estado parte en el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional.

Otro aspecto de gran preocupación es el hecho de que esta reforma va a generar una discriminación entre víctimas al haber una calificación de que sólo serán reparadas las víctimas "graves", vocablo indefinido. Tampoco este diseño de JEP garantiza la participación de las víctimas en el proceso y, en cuanto a la reparación integral, el Estado determina que serán reparadas con los "recursos disponibles". Como hay 8.400.000 víctimas registradas, tomando los datos del informe de la Comisión de Seguimiento de la Ley de Víctimas, donde se dice que se dispone para el 2017 de 700.000 millones de pesos para reparación, a cada víctima le correspondería en 2017 por este concepto 28 USD. Esto dista mucho de reparación integral...

El senador plantea también otro aspecto preparatorio del escenario de impunidad, y es que el artículo transitorio 10 de este Acto Legislativo abre la puerta a la revisión y revocación de sentencias ya pronunciadas por la justicia ordinaria frente a violaciones de los derechos humanos. Por esta vía, con total seguridad, las condenas ya pronunciadas por la justicia ordinaria en casos tan trágicos como la masacre de Mapiripán, los falsos positivos de Soacha, los del Eje Cafetero, los hechos del Palacio Justicia, la masacre de Barrancabermeja, etc., podrían ser revocadas y llevar a la impunidad.

Por último, el Senador Alexander López lamenta lo absolutamente minoritaria que es su posición, incluso entre las organizaciones no gubernamentales. La carta que envió al Presidente Santos y a las FARC manifestando todas estas preocupaciones no ha tenido respuesta de ninguna de estas partes. "Estamos muy solos en esta pelea", manifiesta. "No se trata sólo de un acuerdo con las FARC, sino que tal y como están dadas las cosas en este modelo de justicia transicional, esto va a llevar a grandes escenarios de impunidad... Hay 1.200 miembros de la fuerza pública esperando a las puertas de las cárceles para que esto se apruebe y reclamar su libertad." La paz y la reconciliación son necesarias, pero no a costa de dejar por fuera el reconocimiento de los derechos de las víctimas y el cumplimiento de los estándares internacionales para este tipo de crímenes.

Se trata pues de una normativa que define un modelo de impunidad específico para Colombia y que tendrá efectos muy graves, tanto para las víctimas como para la justicia colombiana.

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=224026&titular=%22la-aplicaci%F3n-de-la-jurisdicci%F3n-especial-para-la-paz-puede-tener-graves-consecuencias%22-

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