miércoles, 8 de junio de 2016

AFGANISTÁN, TRES DÉCADAS DE ÉXODO EN MASA POR INTERVENCIÓN Y OCUPACIÓN IMPERIALISTA

Del Servicio Noticioso Un Mundo Que Ganar:
Afganistán: Tres décadas de éxodo en masa

Periódico Revolución
revcom.us

Lo que se convirtió en la “crisis de los refugiados” en 2015 —cuando comenzó a impactar a Europa— no va a acabar pronto. Cómo manejar sus diferentes aspectos, principalmente cómo impedir la entrada de los refugiados a Europa, sigue siendo una cuestión central en la agenda cada vez que se reúnen los representantes de las potencias imperialistas. ¿Quiénes son estos refugiados, y por qué están tan desesperados por entrar a Europa?

Foto: AP
Afganistán es un ejemplo de cómo las intervenciones y ocupaciones imperialistas han destruido la vida de millones de personas. Este país tuvo el mayor número de refugiados del mundo durante 32 años consecutivos hasta el año pasado, cuando otra guerra reaccionaria impulsada por los imperialistas y otras potencias reaccionarias, cada una en pos de sus intereses particulares, generó más refugiados, esta vez de Siria. De hecho, hoy los refugiados de Afganistán constituyen una cuarta parte de todos los refugiados del mundo. Según cifras de la ONU, 95% de ellos vive en Irán y Pakistán. Arriba, una familia de refugiados afgana que huyó de la guerra en su tierra natal recoge sus pertenencias en Peshawar, Pakistán mientras que las autoridades gubernamentales demuelen los hogares de los refugiados. Muchos refugiados enfrentan la deportación de regreso a Afganistán. 

Del millón de personas o más que entraron a la Unión Europea el último año, 180.000 son de Afganistán, el segundo grupo nacional más grande después de los sirios, que son casi la mitad.

Afganistán es un ejemplo de cómo las intervenciones y ocupaciones imperialistas han destruido la vida de millones de personas. Este país tuvo el mayor número de refugiados del mundo durante 32 años consecutivos hasta el año pasado, cuando otra guerra reaccionaria impulsada por los imperialistas y otras potencias reaccionarias, cada una en posa de sus intereses particulares, generó más refugiados, esta vez de Siria. De hecho, hoy los refugiados de Afganistán constituyen una cuarta parte de todos los refugiados del mundo. Según cifras de la ONU, 95% de ellos vive en Irán y Pakistán.

La diferencia de esta nueva ola de refugiados de Afganistán es que muchos son acomodados, o por lo menos tienen una casa que hipotecar y preparación intelectual. Hay informes de que entre ellos hay mucha gente con empleos públicos o que cursa su último año de estudios universitarios en derecho, ingeniería y otras profesiones. Esto muestra que en Afganistán, casi todos los sectores no tienen esperanzas en el futuro, especialmente la gente joven.

Los individuos de Afganistán que tratan de cruzar a Europa tienen que pasar por Irán y Turquía, ante muchas adversidades, como el arresto, el encarcelamiento y las atrocidades de las autoridades y los guardias fronterizos. Por lo general tienen que pagar grandes sumas de dinero en sobornos. En muchos casos tienen que pagarles a los traficantes unos 3.000 dólares o más por persona. La mayoría no tiene todo ese dinero, así que tienen que vender las pertenencias que han reunido durante toda la vida. Hay informes acerca de que en Kabul y en otras importantes ciudades afganas se ha triplicado el número de tiendas de artículos usados. Es tanta la gente que ha tenido que vender o hipotecar su casa que los precios del mercado inmobiliario se han hundido.


La mayoría de los que cruzan a Europa desde Turquía por las islas griegas viajan en inseguros botes de plástico o madera. De las casi 4.000 personas que han muerto en el Egeo, 800 eran de Afganistán.

Gran parte de los individuos de Afganistán que entra a Europa se dirige a Alemania. En 2015 se registró la llegada ahí de unas 154.000 personas de Afganistán. En un primer momento la cancilleresa Ángela Merkel y los líderes alemanes querían sacar partido de la situación y utilizar a los refugiados para revitalizar algunos de las moribundas aldeas y pueblos del país. Pero esta oportunista bienvenida oficial pronto se convirtió en hostilidad contra los refugiados, que fueron falsamente acusados de llegar a “abusar” del sistema de bienestar social y del pueblo alemán.

Luego de que Estados Unidos y sus aliados imperialistas de Occidente invadieran Afganistán en 2001, y derrocaran al régimen fundamentalista talibán e instalaran el gobierno dirigido por el lacayo escogido a dedo, Hamid Karzai, prometieron reconstruir el país y llevar estabilidad y prosperidad. Pero el pueblo no vio sino guerras, ataques aéreos, incursiones nocturnas, encarcelamiento, tortura y un gobierno corrupto de traficantes de drogas y ex yihadistas respaldados por los países de Occidente. Junto con la pobreza y el desempleo vino el regreso de los cultivos de amapola y un elevado aumento de la adicción a las drogas. Para colmo, el fundamentalismo talibán resurgió como una fuerza poderosa y en constante crecimiento. Según las últimas estadísticas publicadas por la misión de la ONU en Afganistán, el número de civiles heridos o asesinados en el último año fue de más de 11.000, la cifra más alta desde el inicio de la ocupación. Incluso algunos funcionarios estadounidenses, como el director de Inteligencia Nacional James Clapper, creen que “Afganistán está bajo serio riesgo de un colapso político en 2016”.

Según la Comisión Independiente de Derechos Humanos de Afganistán, “la violencia e inestabilidad en 21 de las 34 provincias del país causó el desplazamiento de más de 1,2 millones de afganis en 2015”. Solo una pequeña fracción de ellos ha podido llegar a Europa. Esto invalida el argumento de que los afganis solo se van a Europa en busca de un nivel de vida más alto. La mayoría se fue porque los obligaron a irse. Casi un millón de afganis han sido desplazados internamente o se han ido a Irán y Pakistán. Algunos no pueden irse tan lejos y tienen que aguantar la guerra, la pobreza, el hambre, la inseguridad y los vejámenes del Talibán, el Estado Islámico [ISIS o Daesh], las fuerzas del gobierno y los bombardeos de los imperialistas que tienen también como blanco a pacientes, médicos y enfermeros en los hospitales.

Pero el gobierno alemán y otros gobiernos de Europa occidental consideran a Afganistán como un país seguro, o al menos diferencian entre refugiados de zonas que ellos califican como seguras y los de las zonas inseguras en ese país. Presionan a los refugiados afganis a irse “voluntariamente” negándoles asilo, y amenazándolos con recurrir a la fuerza para devolver gente a un país que durante cuatro décadas ha sido un campo de batalla en la contienda entre imperialistas, y entre imperialistas y otros reaccionarios.

La cifra oficial de refugiados afganis en todo el mundo era ya de 2,6 millones antes de la nueva oleada de refugiados en 2015. Sin embargo la cifra real se calcula en hasta seis millones. Hay cerca de 1,5 millones de refugiados registrados en Pakistán, y se calcula que entre medio millón y un millón más de afganis viven allí de forma ilegal. Cerca de 900.000 están registrados en Irán y unos dos millones viven y trabajan “ilegalmente” allí.

Antes de mediados de la década de 1980, el número de migrantes afganis no era significativo. Sin embargo, tras la ocupación soviética a la que le siguió la intervención de Estados Unidos y otras potencias imperialistas que respaldaron y empoderaron a los fundamentalistas yihadistas, Afganistán se convirtió en uno de los más intensos campos de batalla de la rivalidad entre los dos bloques imperialistas encabezados por los imperialistas yanquis y los socialimperialistas soviéticos (falsos socialistas que sacaron a la Unión Soviética del camino socialista y se convirtieron en imperialistas). Los fundamentalistas de todo el mundo fueron movilizados para combatir a los “impíos” soviéticos en Afganistán. El país se convirtió también en un campo de batalla de la contienda entre Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos por un lado, con el respaldo de los fundamentalistas sunitas, y por el otro el régimen islámico de Irán, que respalda a los fundamentalistas chiítas.

Al mismo tiempo Afganistán se convirtió en el centro de otra contienda en la región, entre India y Pakistán. Pakistán vio una oportunidad de entrar al campo de juego en respaldo a los imperialistas de Occidente. La islamización de Afganistán servía a los intereses de Pakistán en su rivalidad con India. El respaldo financiero, militar y logístico a diversos grupos fundamentalistas se canalizó principalmente a través de Pakistán. Esto hizo que varias fuerzas yihadistas establecieran sede en Pakistán, los pastunes principalmente en Peshawar, los hazaras y los uzbekos en Quetta. Al auge de estos grupos le siguió la partida en masa de miles de afganis.

A medida que la intensificación de la guerra y la destrucción iban dejando a millones sin hogar, empezó un éxodo más masivo. Se calcula que cerca de un millón se desplazaron a otras zonas de Afganistán, mientras que tres millones huyeron al vecino Pakistán y una cantidad similar a Irán. Muy pocos afganis huyeron a países occidentales salvo Canadá, donde la inmigración se limitó a unas 4.000 personas.

La mayoría de los que dejaron Afganistán y su hogar pensaban que su partida era temporal, esperaban volver pronto a casa y reiniciar su vida normal. Pero estas ideas estaban desconectadas de los intereses y fines de los imperialistas y otras fuerzas reaccionarias en la región. La guerra en Afganistán continuó, y continúa hoy. Inclusive cuando las fuerzas armadas soviéticas se retiraron de Afganistán y el régimen prosoviético de Najibulaj fue derrocado, la guerra no terminó.

Durante ese período era ostensible el efecto a largo plazo de lo que los imperialistas y las potencias reaccionarias regionales habían hecho en Afganistán. Se inició una guerra entre diferentes grupos fundamentalistas yihadistas. Las diferencias se basaban no solo en los intereses inmediatos de los diferentes líderes yihadistas sino también en las diferencias entre sunitas y chiítas, entre las diferentes etnias en Afganistán y diferencias reaccionarias de otra índole, y obviamente en el respaldo que obtenían de Pakistán, Arabia Saudita, Irán, India y los imperialistas de Occidente.

La guerra civil entre caudillos militares en 1992-1996 destruyó Kabul y tuvo un efecto devastador en la población. No se puede olvidar la crueldad con que los grupos mutuamente hostiles actuaron contra gente de otras etnias. La guerra civil dividió a la población a partir de diferencias reaccionarias, un producto de las semillas sembradas por los imperialistas y las fuerzas reaccionarias de la región.

En un momento los principales caudillos militares pastunes se reunieron en torno a Gulbuddin Hejmaytar, un notorio caudillo militar respaldado por Pakistán y los sauditas, que combatió al actual gobierno de Afganistán. Hay informes de que en las últimas semanas él ha empezado a negociar con el gobierno para ser parte de la estructura de poder. Los principales yihadistas no pastunes se aglutinaron en la Alianza del Norte encabezada por Burhanuddin Rabbani (asesinado por los talibanes hace dos años) y Ahmad Shah Massoud (asesinado por Al Qaeda el 9 de septiembre de 2001). Esta situación no alentó a ninguno de los refugiados en Irán y Pakistán a volver a casa. Y si lo hicieran, muchos tendrían que huir otra vez, como lo hicieron muchos nuevos refugiados.

Los fundamentalistas extremos del Talibán llegaron al poder con el respaldo militar, financiero y político de Pakistán y el respaldo indirecto de los Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita, y el silencio de Estados Unidos. Impusieron uno de los regímenes islámicos más hostiles contra la población y en particular reforzaron la opresión de la mujer y de las nacionalidades no pastunes. No sorprende que la mayoría de los refugiados afganis en el exterior se quedaran donde estaban, a pesar de la presión de las autoridades del país de acogida. Solo unos pocos miles se fueron a Occidente, de nuevo principalmente a Canadá.

Luego del colapso del Talibán, muchos de los seis millones que huyeron a Irán y Pakistán planeaban volver a su país. Pero pronto fue claro que la ocupación significaría guerra contra la población, y eso en últimas hizo que la influencia del Talibán fuera más fuerte. Aunque algunos refugiados en Pakistán e Irán volvieron a casa, fueron reemplazados por nuevos refugiados. Lo que empezó a cambiar fue su destino de llegada, ya no estaban limitados principalmente a Irán y Pakistán, sino a los Emiratos Árabes Unidos (EAU), Australia y Europa. Para 2014, según cifras de la ONU, había más de 300.000 refugiados en los EAU, 150.000 en Alemania, 90.000 en Estados Unidos, 56.000 en Reino Unido, 20.000 en Australia, 20.000 en Austria y muchos más en una lista de cada vez más países.

Los refugiados afganis en Irán y Pakistán están bajo una presión tremenda, permanentemente enfrentan arrestos y deportación, en particular esos dos o tres millones de refugiados que no están registrados. Los informes indican que a los refugiados afganis arrestados al azar los pueden llevar a la frontera y deportarlos a menos de que acepten combatir en Siria. Muchos de los que no están registrados carecen de asistencia básica de salud y sus hijos de la educación. Incluso los que están registrados tienen restricciones para circular libremente.

Los refugiados en Pakistán también están bajo presión financiera y política. En toda su estadía han enfrentado serios hostigamientos y ataques terroristas. Por ejemplo, a una conmemoración religiosa en Quetta, organizada por la minoría étnica hazara, que principalmente es chiíta, la atacaron unos fanáticos sunitas en 2003, quienes mataron y dejaron heridos a muchos participantes. En diciembre de 2014, el Talibán pakistaní atacó una escuela en Peshawar, y mató a más de un centenar de niños. Luego de estos ataques los refugiados afganis en Pakistán han enfrentado una mayor hostilidad del gobierno, y les ha dicho con frecuencia que regresen a su país.

No es raro que los políticos y comentaristas de Occidente caractericen a Afganistán como un lugar con una guerra interminable, un país de fundamentalistas islámicos, atraso, tribalismo y caudillismo. Como si la población de Afganistán fuera culpable de su propio sufrimiento. Pero ¿quién es el responsable de tal situación y quién ha avivado la continua guerra y el éxodo de millones? Los imperialistas son responsables de lo que sufre hoy la población de Afganistán, tanto la guerra como la arremetida del fundamentalismo religioso.

Continuará la salida de refugiados de Afganistán y de otras partes devastadas por las guerras impulsadas por el imperialismo y por el funcionamiento del sistema imperialista. Las medidas para impedir la entrada de refugiados como la deportación o los acuerdos con el régimen de Erdogan en Turquía pueden tener un efecto, pero la crisis nunca acabará mientras el mundo siga organizado como lo está hoy. La “crisis de los refugiados” es una crisis del sistema imperialista global y solo se le puede poner fin de forma que beneficie los intereses de los pueblos del mundo poniéndole fin al sistema imperialista y sus brutales guerras de ocupación, a los regímenes represivos y dependientes del imperialismo y a la globalización imperialista de la economía del planeta que en vez de satisfacer las necesidades de los habitantes del mundo, los obliga a huir para sobrevivir.

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